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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2008.
Los reyes pasaron, sin pena ni gloria, y ahora me enfrento a mi último periodo de clases por un tiempo indeterminado (como las treguas). Por delante me quedan dos semanas más de lecciones y 4 meses de prácticas hospitalarias, en las que debo afianzar todo lo que sé, lo que no sé y lo que intuyo. Después, quizá, comenzar a vivir... El miércoles lloré en el pasillo de un hospital. No había allí nadie que me tendiera un pañuelo, la mano o un abrazo. Nos hemos vuelto unos desconsiderados, los hombres. Yo quiero evitarlo... Ahora estoy en una sala de ordenadores de mi universidad, llena de gente que murmulla y habla, y tengo ganas de taparme los oídos y balancearme y pensar que el ruido se irá, el que hay dentro y fuera de mi cabeza. Pero el ruido no se va, y me canso, y me altero, y tengo ganas de gritar porque estoy algo nervioso por los exámenes y por los trabajos, y porque en menos de 6 meses estaré por fin trabajando en algo en lo que me sentiré realizado. Pero mientras tanto tendré que soportar el ruido y la gente que me mira y me mira por encima del hombro, creyéndose mejor, o simplemente creyéndome otro maricón más. Sin embargo, ayer volé la cometa. Fue liviano, y E. me ayudaba a mantener los pies en el suelo. La cometa volaba. Yo la sostenía y sonreía. Arena en los pies... El pelo se alborota a la mínima oportunidad. Mi pelo. Si salgo de la ducha e inmediatamente decido bajar a la calle a robar algún beso. Por el camino, el viento se mece en mi pelo y lo alborota. Hoy es un día extraño. No pregunten por qué, desconozco la razón. Es extraño. Y punto. Llevo un par de días pensando acerca del olvido... Quizá sea por la situación de mi iaia, o quizá no haya ninguna explicación para ello. El hecho es que pienso repetidamente sobre los olvidos y la memoria. Sobre las personas que creímos que permanecerían en nuestra cabeza eternamente y un día alguien dice un nombre y caes en la cuenta de que no recuerdas cuándo fue la última vez que lo tuviste en mente. Sobre los lugares que es imposible que desaparezcan del cerebro. Sobre las peleas que se anclaron y se clavaron en alguna circunvolución, o quizá, más cerca del corazón que de la cabeza. Sí, creo que el corazón es un órgano secundario de la memoria, que deberíamos estudiar con más profundidad en alguna de las asignaturas de mi carrera... ...tan solo una gominola tuya bastará para sanarme... Fue más bien casualidad que remangara estos pantalones vaqueros que llevo ahora puestos. Lo que nunca llegaré a comprender es cómo se colaron dos trozos de vidrio de tu corazón en ese espacio que se queda al hacer el doblez... Ayer volví a escuchar las voces. No son muchas, es una, y siempre me habla cuando lloro... Aunque hace tiempo que apredí a no hacerle caso. ¿ Y tú? ¿Oyes voces? Hace un rato he salido a recoger florecillas. Miren lo que he encontrado , pasen y echen un vistazo..  Después del fin de semana intenso (dos exámenes y curro y ginctonic DORMIR bronca y r ehabilitación y cometa e inglés y DORMIR), vuelvo a la tranquilidad de la universidad sin complicaciones. Esta mañana, llegando, hemos comprobado que aún no se había levantado. La universidad. Y que estaba envuelta en una sábana de algodón de azúcar blanco. No, no era smog. Era niebla. Espesa. Niebla. Estos días ya no me siento embotado. Parece que dejé de medicar a mi ánimo con corticoides. No. Ahora me siento algo más liviano. No hay niebla en los ojos... Los borlitones que suben y bajan sí, esos continúan ahí, en mis ojos. El otro día en clase nos explicaron qué eran. A mí me importa bastante poco lo que diga la medicina que son. La verdad es que no me molestan demasiado. Son mis borlitones de dentro del ojo. Y punto. Soñar no sueño mucho estos días.  Felisa estaba cansada, y antesdeayer en la cama decidió que se había cansado de respirar. Tenía los ojos cerrados, como los había tenido durante todo el día, y un parche de morfina por el que nos tuvimos que pelear con el médico de cabecera. Dejó de respirar y estuve a su lado junto con mi madre y alguna de sus hermanas (de mi madre y de mi abuela). Felisa era mi abuela, aunque la llamábamos Mare, y sonrió hasta el día 5 de enero, cuando le dió una embolia que le paralizó medio cuerpo, el izquierdo, y le arrancó las ganas de ser feliz. Ayer fue un día raro, de llorar mucho y dormir poco, aunque en realidad dormía poco desde hacía 3 días, que esperaba una llamada al móvil que me confirmara lo que esperaba.
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