Distracción (II)

Los viajeros caían en su hechizo y le seguían al otro lado, donde jugaban bajo unas sábanas de seda fosforescente, tejidas por orugas gigantes.
A la mañana siguiente, antes de que se despertaran, les llevaba desnudos de nuevo al bosque, perdidos, exhaustos y desorientados, donde pronto pasarían a formar parte de la cena de algún lobo.
En los pocos casos en los que conseguían llegar a alguna aldea, era tal su estado mental que los tomaban por locos y los recluían en habitaciones oscuras...
6 comentarios
Último hombre feliz -
Claro q todos tenemos nuestras contradicciones inherentes.
is-land -
jane eyre -
Aldeana -
Ame -
Juank -