Distracción (VI)

Se movía sigiloso por entre la hierba. Había descubierto que el ligero zumbido de sus alas espantaba a los bichejos, por lo que tenía que practicar sus artes andando. Con mucha cautela, se arrastraba intentando ocultarse entre la espesura de las briznas. Y cuando detectaba un grupo importante de presas... ¡zas! Lanzaba la sábana al aire, que caía sobre los insectos y los atrapaba.
Ya de vuelta en casa, antes de que amaneciera, cerraba cuidadosamente todas las ventanas y orificios de la estancia. Y las dejaba libres. Una a una, las luciérnagas se desperdigaban por el techo, primero con sus luces apagadas, y conforme iban adaptándose al nuevo ambiente, iban recuperando el fulgor de sus abdómenes. Así, con un cielo propio dentro de casa, podía dormir tranquilo hasta pasado el medio día.
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oroD -
Juank -
Yo Misma -