Chico listo (II, otro final, otra historia)

Sin embargo, más que envidiarle, le compadecía... Yo sabía cómo eran los amaneceres de 2 en un ático, las noches interminables, las tardes de cafetería arreglando o destrozando el mundo, las mañanas de césped, llorando o escuchando o viendo llorar...
Yo había vivido
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Aldeana -