Bajo Arboles Mojados |
![]() Hay días en los que la lluvia te moja la cara y tú, aunque lleves gafas, miras hacia arriba para notar el frescor... Hay otros días en los que los árboles se mojan y tú estás en casa, bajo una manta viendo una buena película o con un libro entre las piernas... Hay días que llueve y tú estás en la piscina, mojándote por arriba y por abajo... Hay días que llueve y os mojáis los dos, besándoos... Hay días que llueve y eres tú el que estás lloviendo... Hay días que la lluvia te coge Bajo Árboles Mojados...
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Está pasando...
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Comencé las prácticas en el hopital. Por eso actualizo poco o nada. Sé que me sienta bien escribir. Me prometo a mí mismo constantemente escribir en una libreta y luego colgar, aunque sea semanalmente, post con un montón de días. Pero luego acabo demasiado cansado para ponerme a escribir. Así, en resumidas cuentas, la semana ha pasado bien. Comí mucho helado en una feria de helado, besé un montón, dudé sobre si me querían, dormí acompañado y sin acompañar, leí a raudales y vi muchos capítulos de esa serie de médicos residentes que me encanta (que no se llama MIR). Poco más. O mucho más. No sé. No tuve regalos por San Valentín. No los quería. Me conformé con no dormir solo. En tan solo dos semanas da tiempo de coger cariño a la gente, perfectos desconocidos meses antes. Y te entristece saber que vas a dejar de verles todos los días, a pesar de que estén a un pasillo de donde estás. Se crean relaciones afectivas extrañas. En los hospitales. Pasan cosas extrañas. En los hospitales. No me gusta tener que decirle a mi abuela, tranquila abuela, que me voy a hacer un recado y vuelvo en un momento, aunque ella no lo recuerde 5 minutos después. No me gusta dejarla sola. No me gusta estar con ella. Me agobio pensando que no puedo hacer nada para que no se aburra. No puedo comenzar una partida de cartas porque olvida a mitad a qué estamos jugando. No puedo dejarle un libro porque olvida la trama a las dos páginas. No puedo dejar de quererla y de sentirme impotente. Por no poder hacer más por ella. Por eso no me gusta estar con ella. Creo que nadie se sorprenderá si digo que odio a mi jefa. Y mi trabajo. Sólo que no tengo la suficiente cara dura como para simular una depresión y coger una baja por ella. También odio tener que estar siempre disponible para soportar sus gilipolleces (las de mi jefa y las de mi trabajo), y que ellos no estén dispuestos a aceptar que no tengo una dedicación exclusiva para con ellos. Ganas tengo de acabar enfermería y poder ir a comprar a las nueve menos diez de la noche de un sábado cuatro botellas de ginebra y alguna de pacharán... El sábado estaba acostado y durmiendo a la 1 de la madrugada. Aún no consigo echar la culpa a alguien en concreto por ello. Por un lado está el examen, que hizo que me levantara a las 5 para dar el último (o el primer) repaso. También podría inculpar al trabajo. Se me acabaron las vacaciones precipitadamente, y se me acabaron las buenas caras para con mi jefa. No sonrío más con ella. No vuelvo a hacer el tonto. No me pierdo otro concierto (esta vez Jorge Drexler, con entradas pagadas) para hacerle un favor a una zorra como ella. Por último, parte de la culpa también la tuvieron la pizza que me zampé o el calor que suelen coger las camas cuando se meten en ellas 2 personas. El domingo me levanté sin ganas de levantarme. Esta vez, la culpa era exclusiva de mi trabajo. Quizá sea mejor dejarlo para estar bien conmigo mismo. |
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