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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2007.
Compartir mesa, sofá, cama y desayuno (más tarde de las 7 de la mañana) en menos de 24 horas es todo un acontecimiento. Celebrémoslo hoy con un bis. Digamos que no es mi mejor noche. Supongamos que por diversas razones, al final me he quedado solo, con la posibilidad de ver mil películas y con mucha pereza. Pensemos en el montón de platos por lavar que me espera en la cocina, o la cama, aún por hacer, prestada de mi hermano en su habitación, un poco más fresca que la mía en estos días. Volvamos a la cama, aunque esta vez, a la mía, esa cama que esta noche volverá a ser tan ancha en su estrechez, tan fría aún a pesar del calor que continuará cayendo como niebla sobre este pueblo perdido de la mano de algún dios. Quizá la causa de la pereza no sea otra más que la imposibilidad de poder estirar el brazo y encontrar un brazo ajeno, que se queja de mi pesadez aunque siempre acaba tendiendo una mano. No me apetece ni cenar... Vuelve el patito feo y reclama su trono. El día anuncia tormenta y mi cabeza reclama venganzas. Mejor no dolerme más.
Hay polvo en mi escritorio. Crecen las montañas de trastos y propaganda, y regalos repetidos. Odio los regalos repetidos. Mañana, siempre me digo, recogeré la mierda. Mañana estudiaré. Mañana no lloraré. Mañana dejaré de quererte. Sé que lo dije en marzo , pero al final no pudo ser. Ahora sí. En no más de 10 días (si las vacaciones no afectan al servicio de reparto Lomo), tendré esta cámara que reclama, ya en la distancia, ser usada. No podía irme a Italia y no fotografiar, a través de estos peculiares objetivos, canales, torres inclinadas y besos. Me pregunto cómo saldrán los besos vistos a través de una Smena 8mm. Terminar de comer, preparar el café, y tener que correr a refugiarse... Las tormentas de verano llegan. Y se van. Ya no hay tormentas de verano en mi cabeza.  ¡¡Tiene el libro de instrucciones en ruso!! Hay tres pixeles en blanco en mi iPod. Uno, dos. Y tres. Me pregunto cuántas neuronas habrá en blanco en mi cabeza. ------- Crepe, con atún, queso y tomate. Buenísimo. Hacen falta pocas cosas más para pasar un domingo tranquilo y a gusto... Aunque siempre se puede mejorar con un crepe de chocolate y un trozo de tarta de chocolate de postre. Creo que tengo que enseñar un nuevo restaurante a mis amigos...  Lo juro. Lo intento cada poco tiempo. Me recuesto en la cama, en el sofá, incluso en algún que otro regazo. Y cierro los ojos e intento no pensar. Entonces llega mi hermano pequeño y me llama a gritos, o suena el teléfono, o alguien tiene una crisis convulsiva en el vecindario o hay una invasión extraterrestre. Y ya no me queda otra que levantarme y dejar otra vez de intentar dormir la siesta. No sé. No me sale...  Yo creo que sí que me concentraría en una cafetería. En las series americanas, los alumnos siempre acaban estudiando en cafeterías, donde la gente respeta un aceptable tono de voz. Se habla flojito. Yo creo que será por eso que no puedo estudiar bien. Porque mi casa la tengo aborrecida. Demasiados gritos atrapados entre las paredes. Aunque igual el problema está en las mismas series americanas, que siempre nos enseñan esas cafeterías perfectas. Con tazones gigantes para el café con leche. Y en invierno, ponen una seta de esas que tira calor, y la gente se continúa refugiando en las mesitas de la calle. Con chaqueta, bufanda, un libro, un maletín, la mochila, los apuntes (una mirada de estar esperando a que pase la persona de sus vidas y se siente a su lado)...
Voy a buscar una cafetería. Ya. Esta misma tarde. Y luego que venga él y se siente a mi lado, aunque no sea en la terraza. Y que nos tomemos juntos un café con leche aunque sean las 10 de la noche. Al principio llegué a pensar que quizá me estaba contando un cuento. Medem. A mí. En el cuento había puertas pintadas en paredes de cuevas. Entonces pensé que iba a colgar un post-it en la pared de mi habitación que pusiera: ventana. A ver si así llegaba más luz. A través de esa ventana que no estaba pero que yo decidía inventar. El cuento acabó siento otra cosa muy diferente, que no me agradó demasiado. Pero la idea quedó en mi cabeza. Y ahora no sé muy bien dónde instalar la ventana, si mirando hacia el sur, y esperar asomarme al mar, o hacia el este para ver amaneceres. En frente de mis ventanas imaginarias no quiero que haya edificios. Salvo en la que dará hacia el norte, que tiene una vista de los tejados más altos del pueblo. Aunque viva en un quinto y aunque tenga que esforzarme un poco más en imaginármelos... A veces releo los posts antiguos y me envidio a mí mismo por el estilo que utilizaba, que soy incapaz de copiar ahora. Una vez me dije a mí mismo que escribía de cierto modo dependiendo de lo que leyera en ese momento. Baricco me hace escribir como me gusta. Anne Rice no. Pero se me terminan los libros de Baricco por leer. Y ya saben que no suelo retomar lecturas. Me aburro. Sé cómo termina. ----------------------------- E. a veces relee los posts antiguos, y envida esa suerte de inocencia que tenía la relación entonces. "Lo hago para recordar que una vez me querías". Quizá no comprende que el amor madura. Y que al igual que los olores o los sonidos que están en el ambiente, te acabas acostumbrando y no lo notas, aunque está ahí. Y llega un día en que sales de la habitación donde está el amor, y cuando vuelves a entrar, lo vuelves a apreciar, tan intenso (o más) que el primer día. E. hay muchas cosas que no sabe sobre el amor. Yo tampoco.
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