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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2007.
Tantos años esperando tener internet en casa y ahora no sé muy bien qué hacer con él... ¿Recomendaciones? Imagino que siempre supe que llegaría este día. Aún oigo los gritos. Las palabras más duras han sido "decepción" y "amargada" . No sé cuando podré dejar de llorar... Hay gente (y madres) que continúan creyendo en el significado peyorativo de la palabra "desviado". Gente (y madres) que etiquetan con esta palabra a personas que se empeñan en amar y ser felices, sea a quien sea. El problema reside en la ampliedad de significados que se puede adscribir a la palabra "desviado". Quizá por eso duele más cuando se utiliza que un simple mariquita o maricón. Un maricón deja que le den por detrás. Un desviado hace otras perversiones... Continúo llorando un poco. La ducha caliente ha quitado parte del humo y la resaca. Comida ligera, no hay hambre con el estómago revuelto. No volveré a bailar pachanga, me digo casi siempre, y casi siempre reincido. Me levanto y leo el periódico en internet. Cambian las costumbres. Hoy no hay prensa escrita. Escucho por encima la música que se ha descagado. Annie Hall ya está preparada para ser vista. Trabajo a las 14'30, y aunque me propongo no cabrearme, sé que no lo conseguiré. Mañana igual veo delfines y peces. Podré coger a E. de la mano. He estado en una pecera gigante. A veces pasaba por debajo de los peces, por uno de esos túneles de cristal, y no sabía muy bien quién miraba a quién. Hay padres que saben hacer daño incluso sin abrir la boca. Esta noche leeré y dormiré bien. Por fin.
Dormí mal y hasta tarde. Esta noche no me podré acostar hasta las mil. Me cabreé. Hablé mucho por el msn, con un amigo, no creí que se pudiera escribir tan rápido. Lo que hace la ira. Ayer. Ahora me visto. Me ducharé más tarde. Tengo asignaturas pendientes. Felicité un cumpleaños y me sentí mejor. Necesito sanarme. Por dentro y por fuera. Necesito un lugar en el que encontrarme y estar solo y bien. Leo poco últimamente. Quizá deba volver a empezar. Estoy temblando. No sé muy bien la razón. Las comidas en silencio me ponen nervioso. Las discusiones por teléfono aún más. Quedarme solo... no puedo soportarlo. Tiemblo. Las manos no paran de zarandearse. No tengo frío, en casa no hace frío. El frío lo llevo yo dentro. Me estoy quedando helado... El miércoles pasado quería contar que había tocado a un feto. Bueno, toqué barrigas enormes de chicas y señoras embarazadas. Estuve violando su intimidad y la de sus bebés, aunque con el consentimiento de las primeras. Notaba bultos que imaginaba cabezas, rodillas y pies, en las barrigas. Quería contarlo porque quizá fue uno de los días más bonitos. Por la mañana. Claro, luego pasó lo que pasó. Ayer por la noche estaba acostado en la cama boca arriba, con las manos cruzadas sobre el pecho, y pensé "estoy muerto". No me equivocaba demasiado. Al despertarme me he notado sorprendentemente frío y distante de mí mismo. Mi temperatura corporal oscilará entre los 10 y los 15 ºC (temperatura local). Hoy creo que mejor me dejo llevar...  Hoy es día de mercado. El cielo ha despertado despejado. Yo me he despertado algo más cansado de costumbre, y eso que no estoy haciendo prácticamente nada por las mañanas. Continúo viviendo en este paréntesis parental que me produce una sensación de irrealidad. Tengo personas que me ayudan a colocar los pies en tierra (y el culo en la cama), pero me gustaría ya abandonar este cuento. Hace unos años decía constantemente que quería ser villano de serie de dibujos animados. Creo que ya me he cansado. Ahora quiero un papel secundario. Mal que le pese a algunos, nunca quise llamar demasiado la atención. Duermo la siesta desnudo. Bueno, en realidad duermo siempre desnudo, pero las siestas las duermo especialmente desnudo. Me gusta quitarme la ropa y notar el calor que continúa desprendiendo el día a estas horas. Creo que el secreto de las siestas está en eso. No es el hecho de descansar o relajarse a media tarde. No. El secreto reside en ese calor que aún queda del día, que entra por las ranuras de las sábanas y te reanima. En realidad dormir una siesta es muy parecido a dormir acompañado. Sólo que si se duerme acompañado, lo más probable es que no se duerma. Quiero dormir acompañado.  No me gusta el cine de terror. Además, creo que a la gente tampoco le gusta ir conmigo a ver este género de cine. Agacho la cabeza y la hundo en el hombro de mi compañero de butaca. Y paso toda la película sin ver la película, preguntando qué es lo que está sucediendo. Claro, E acaba harto de mí y me dice que le doy calor, que no le estoy dejando enterarse de la peli, que es una mierda ver pelis de miedo conmigo. Y yo le doy la razón... Ando algo tristón, yo. Esta mañana he aplazado levantarme de la cama como tres veces. Necesito piscina, y cansarme de verdad, y pasar por lo menos 24 horas con mi chico, a solas y sin aburrirnos. Quiero chocolate y cine con mis amigos, y salir de fiesta y emborracharnos todos casi sin querer. Lo bueno de volver al "cole" es poder hacerlo al lado de una matrona. Imagino que habrá de todas, pero la que me ha tocado a mí es de lo más interesante. Podemos pasar horas hablando de sexo adulto, comentar historias y casos, tomar un café con tostadas y aceite, o simplemente, tocar las barrigas de las embarazadas. Es interesante y emocionante estar con la matrona. Imagino que deben sentirse inmensamente responsables, pues la educación primera que reciba un recién nacido procederá de la matrona. Así pues, son como unas madres, pero en la distancia. Las matronas. La ducha caliente. Me acurruco en una esquina, denudo, y dejo caer el agua. Hirviendo. Lloro. El baño se llena de vaho. El vaho nace en mi piel y se deposita en las paredes, el espejo, la ropa. Parezco un grifo de vaho. Calmado, me seco. Hoy, decido, continúo... Me despierto en mitad de la noche y miro ese lado de la cama que has ocupado eventualmente. No me gustan las eventualidades. Doy vueltas y más vueltas. Creo que me estoy convirtiendo en un huracán o que han puesto la lavadora en el programa de centrifugado. Siento que te fugas y te vas. No me queda más que esperar, sentado en mi butaca, los títulos de crédito. El día comenzó bastante bien. Escuché un apelativo cariñoso a las 3 de la madrugada que me hizo dormir mejor de lo que en un principio hubiera previsto. Me desperté cansado, tanto como puede estarlo una persona que duerme menos de 6 horas durante 4 días. Y estuve atento a las cosas que me rodeaban y me explicaban. El café me supo a gloria y estaba, además, acompañado. Pero, entonces, llegó la comida...
(y aquí me quedo) Me obligaron. En la tienda. Ahora sólo raspo un poco... (Por cierto, estoy actualizando de nuevo mi fotolog, el enlace está en el lateral izquierdo, "en algún rincón de tu espalda"... que lo sepan). El insomnio hoy ha querido darme una noche de tregua. La pactamos ayer tras largas horas de negociación. Salí ganando yo. Creo. Más descansado, me enfrento a un día de trabajo agobiante, la soledad, y una cena con una amiga que deparará muchas sonrisas y quizá (sólo quizá) una borrachera. Sería divertido emborracharme esta noche. Quizá lo intente. E dice que dese que tengo internet y cuelgo posts casi todos los días, cuento cosas poco interesantes. Que él prefería que escribiera menos y contara cosas con más contenido, con más sustancia. Creo que tiene bastante razón. Podéis pensar que no os importa lo más mínimo si he quedado con alguien o si me he duchado y he llorado. Aunque a mí a veces me apetezca contarlo. Así que a partir de ahora voy a intentar contar cosas algo más interesantes. Hoy es el día de las hogueras en mi pueblo. Quemamos montones de leña. Se supone que también se queman las cosas malas que almacenamos en nuestras estanterías interiores. Sacar todo lo podrido y tirarlo a la hoguera. Tengo muchas cosas podridas últimamente. Dentro. Habrá que ir haciendo sitio a libros nuevos... Había un niño llorando. Enfrente de mi casa. Llorando. Gritaba "Papá papá". No sabía muy bien si era porque le había castigado y le había dejado en la calle o porque se había perdido. Podría haberme acercado a preguntar, aunque he temido que apareciera el susodicho padre y me mandara a la mierda por metomentodo. Al final, no sé por qué extraña razón, me he metido en mi portal y he cerrado rápido para dejar de escucharle llorar. Aunque ahora no dejo de escucharle en mi cabeza... Sé que son las 7 de la mañana. Lo sé. Aún así, no puedo evitar recalcar ese halo de desgracia que tienen para mí las fiestas de Moros y Cristianos que comienzan mañana. Desgracia que se ceba y toma forma de nubecita negra de tormenta sobre mi cabeza. Parezco el tonto de una serie de dibujos animados. Un poco más solo, ahora. Un poco que va desde bastante solo a infinitamente solo.
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