Bajo Arboles Mojados |
![]() Hay días en los que la lluvia te moja la cara y tú, aunque lleves gafas, miras hacia arriba para notar el frescor... Hay otros días en los que los árboles se mojan y tú estás en casa, bajo una manta viendo una buena película o con un libro entre las piernas... Hay días que llueve y tú estás en la piscina, mojándote por arriba y por abajo... Hay días que llueve y os mojáis los dos, besándoos... Hay días que llueve y eres tú el que estás lloviendo... Hay días que la lluvia te coge Bajo Árboles Mojados...
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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2005.
La niebla suele salir cuando hay frío. Ya hablé del frío en otra ocasión. La niebla es diferente. Nace en la boca de los ahogados en los ríos. Si te acercas a algún río que tenga ahogados lo podrás ver. Siempre llenos de ahogados exhalando niebla. Por eso se intentan recolectar pronto. Porque si no, con el frío, los ahogados comienzan a emanar niebla, y no se puede ver. Esto de llevar una vida secreta al lado de E. sin ni siquiera saberlo es algo extraño. Saber que todas las noches le estoy viendo y durmiendo con él a pesar de que duermo solo… Porque ayer llegaron ciertos comentarios a mis oídos sobre nuestra convivencia en común desde hace casi 3 meses ya… Imagino que será la razón de los morros que mi madre muestra últimamente. Así que mientras terminábamos de trabajar, le pregunté a E. qué era lo que quería para cenar, y como yo no tenía muchas ganas de cocinar, decidimos coger una pizza preparada para hacerla en el horno. Lo raro fue llegar después a casa y que él no viniera conmigo… Es una lástima que en este caso, las habladurías de la gente (cotillísima en mi pueblo) no sean ciertas. Porque, la verdad, me encantaría poder darle un beso de buenas noches y cerrar los ojos. Y saber que si me despertaba en mitad de la noche, iba a poder darle un abrazo y dormir con su calor… Podría decir que casi había olvidado los amaneceres. Hacía demasiado tiempo que no veía salir el sol. Porque no madrugaba o porque ya había salido o porque estaba nublado el cielo. Hace dos días que, con el coche camino de la universidad, el cielo me regala con colores naranja sobre azules intensos. Me gusta. Es como un cuerpo desnudo sobre el agua. El contraste es casi igual. Pero los cuerpos desnudos además suman el contraste térmico. Sobre el agua fría. Me gusta el agua fría. También en invierno. El agua siempre de la nevera, en mi casa. Y también me gustan los cuerpos calientes entre mis manos. También en verano. Los cuerpos desnudos calientes, en mi cama. Cuando la realidad no es tan buena como quisieras; cuando el día a día no contiene esos elementos que creías necesarios para continuar viviendo…Una vez que descubres estas cosas, comienzas a llenar tu vida de simulacros, simulacros de felicidad. No mucho después sonará el despertador, quizá a las seis y veinte de la madrugada, y perezosos nos vestimos para ir de nuevo a casa, cada uno a la suya y abandonar ese lapso de tiempo, eses simulacro de vida en el que abría los ojos y lo veía respirando despacio a mi lado. Las chucherías recién comidas saben más dulces si E. acaba de comer pipas… Los volcanes son válvulas. Las válvulas son mecanismos a través de los cuales se libera un aumento de presión en un sistema interno. Con válvulas. Si el sistema no tiene válvulas, sufre el peligro de estallar. Las ollas a presión tienen válvulas. Y los coches. No sé qué más, a parte de los hombres, tiene válvulas, porque no sé nada de mecánica ni física. Los hombres tenemos válvulas de diferentes tamaños y formas. Yo tengo 4 blogs diferentes que actúan a modo de válvula. Y de vez en cuando chirrío y chillo y grito como lo hace la válvula de la olla a presión. En clase me han dicho que la gente que sale a correr lo hace para liberar presiones (en este caso llamadas tensiones). Creo que deberé comenzar a correr, no sea que acumule demasiado gas. Las válvulas a veces se estropean. Mi madre parece que no la tiene muy potable. La válvula. Porque grita mucho. Le propondré que salga a correr, aunque temo que me mande al carajo. Ayer ya lo advertí, aunque quizá no me había decidido aún escribir al respecto. Pero es que hoy se ha vuelto a repetir. Y es que por fin, con casi un mes de retraso con respecto a mi pueblo, pero por fin, ha llegado el frío a Alicante. Y la gente camina encogida y con las chaquetas de manga larga, y nadie se atreve a mostrar las camisetas hasta bien entrado el medio día. Y hay esa extraña bruma que llena todo el ambiente y hace que la luz sea un poco más perezosa y le cueste alcanzar el suelo, creando arcos entre las copas de los pinos (que abundan en el campus). En definitiva, que ya apetecen los cafés con leches y los croissant calientes rellenos de chocolate. ¿Alguien se apunta a un café conmigo? Que había accedido un intercambio de estudiantes entre mi universidad y otra de Nueva York y me encontraba haciendo unas maletas gigantescas, que albergaban material de supervivencia para siglos sin lavar ropa. Y tenía esa extraña sensación que se siente en el estómago justo antes de hacer un viaje. Justo antes de salir de casa recordaba que en Nueva York, en invierno, hace un frío que echa de culo, chungo con ganas (y eso que nunca he estado allí para comprobar la temperatura media invernal), por lo que volvía para coger una bufanda y un gorro y la chaqueta más caliente, que aunque es muy seria, muy de mudar los domingos para ir a misa, pues se puede utilizar en caso de improviso/inclemencia meteorológica. Tren a Madrid con prisas y casi con retraso, Barajas, y el avión que va a salir y la alarma del móvil para decirme que ya va siendo hora de levantarme y dejar de soñar… ¿A alguien le sobra un billete de avión en Nueva York? El lunes, mientras caminaba por la universidad, vi a un chico durmiendo en el césped. Y se me ocurrió, de momento, la historia que conformaría mi primer guión cinematográfico. El chico dormía apacible, recostado de lado, con cara dulce. En el guión, un chico que camina por la universidad verá otro chico durmiendo apacible en el césped. El chico tenía una cara dulce. El chico tendrá una cara dulce, y el protagonista se le acercará y le besará. Al abrir los ojos, el durmiente le confesará “Hola niño, hacía tanto tiempo que te esperaba que ya comenzaba a cansarme de vivir sin ti”. Y a partir de ahí, comenzarán a vivir juntos, como si se conocieran de toda la vida pero descubriéndose poco a poco. Sin llegar a nombrar, por miedo a admitirlo, que no se conocían antes de la escena del beso con la que comienza el corto. Porque a veces, el destino o las casualidades, son perezosas y les cuesta alcanzarte. Pero siempre llegan… Porque las piernas me duelen, ya ves, son 5 horas trabajando de pies, de pies porque son dos, y no estoy en la caja haciendo la pata coja. A veces el móvil que llevo en el bolsillo vibra y me río un poco con lo que me cuentan mis amigos y a veces incluso, si sé que no viene el jefe, contesto a llamadas o las hago yo mismo mientras estoy cobrando, pues eso, M., como te contaba, diecinievecincuenta, señora, como te contaba, M… Y ahora ducha y a volver a cansarme, pero ahora con gusto, que sarna con gusto no pica, dicen, porque subimos al local y bailamos y puede que incluso bajemos de fiesta a Alicante, que tengo ganas. Y después puede que coja fríos y le de besos con sabores extraños a E., que me gusta mucho darle besos, y los sabores extraños… Porque los sábados, de un modo u otro, son los días de E. y míos, que al fin y al cabo son los únicos días en los que podemos abrazarnos y darnos besos sin que nadie se extrañe o se escandalice, en el local… Y hoy G. me ha mandado un mensaje, porque era un aniversario un poco especial para ella, ya decía yo que me había levantado algo triste esta mañana, algo inverso, como decían allí, y esta tarde G. me ha mandado un sms y me lo ha recordado, y le he dicho que los ángeles también tienen ilusiones, porque mi prima me susurra en el oído cada vez que hago algo mal y cada vez que hago algo bien y estoy feliz la oigo reírse cerquita de mí, porque quizá no sea creyente, pero los ángeles existir, existen… No sé por qué pero me he levantado con un miedo tremendo que ha nacido en algún lugar de mis pies. Es un miedo que ha ido creciendo durante toda la mañana, a pesar de que he almorzado y me he duchado con calma. Un miedo que se ha tomado un descanso a la hora de comer pero que ha decido volver a visitarme justo cuando volvía a mi casa. Lo peor de todo es que no conzco la causa. Pero tengo algo de miedo. ¿Alguien me da un abrazo? |
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