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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2005.
Más o menos al mismo momento en el que Poseidón hacía crecer el mar, y la luna juguetona se escondía en su propia sombra, su respiración entrecortada chocaba contra mi cuello y su cuerpo desnudo se deshacía entre mis dedos que, como cada vez, volvían a saberse primerizos en el arte de acariciar.
Las olas marcaban el ritmo de una pasión lenta y sin prisas. Las veces anteriores hicimos el amor bajo el compás de un chaparrón. Esta vez el agua aún nos decía el dónde, el cómo y el cuándo.
Por la mañana, despertar viendo sus ojos sonrientes me bastó para saber que haría todo lo que tuviera en mis manos para volver a amanecer a su lado. Después de su aparición estelar en los informativos de Antena 3, esa maravillosa cadena privada de información veraz y más que objetiva, lanzo desde aquí una campaña para su ensalzamiento como figura pública de la televisión.
Quiero llegar a cansarme de verle en los programas del corazón, siendo víctima de las críticas inhumanas de Carmele Marchante o acusando a Dinio de falaz por la longitud de su órgano reproductor.
Así que desde ya mismo comienzo la campaña…
Queremos a Miguel en el Tomate!!
Pd.: En breve crearé un clické para todos aquellos que quieran adscribirse a mi propuesta. Qué hacer cuando por fin descubro la razón de enamorarme así, perdidamente, de ciertas personas. Que no es que fueran especialmente especiales, aunque yo me empeñara en creerlo. Es más bien que no hubo tiempo para que la relación se desarrollara. Es que no me quedé más que con sus sombras, con los rincones de su cuerpo desnudo en una noche. Porque no hubo más de una noche.
Y es por eso que no podía olvidarlos. Porque en tan solo una noche no se aprenden los errores de las personas. Porque en tan solo una noche siempre se parecen ángeles caídos, y nunca personas.
Anoche me acabaron de confirmar esta teoría que ya rondaba por mi cabeza. Yo también fui ángel caído. Lo siento.
Soy humano… Esconder las cosas, las personas, los recuerdos y los hechos bajo una capa de tiempo es algo muy utilizado por el común de los mortales. Los segundos ocupan mucho espacio, por lo que es muy fácil echar sobre aquellas cosas que nos hacen daño, o a las que simplemente tenemos miedo, un montón así de grande de segundos, minutos y demás unidades de medida del tiempo.
Es un recurso muy utilizado, decía, porque muchas veces es la opción más fácil o más sencilla. En algunos casos, incluso, la adecuada. Pero hay un ligero problema.
Los segundos son un material que pesa muy poco. Os sorprenderías al comprobar en una balanza de precisión el peso exacto de un segundo. Por lo que es relativamente frecuente que la más ligera brisa desentierre aquello que tan celosamente habíamos enterrado.
Así pues, cuidado… Los besos se dan con los ojos cerrados.
Se hace el amor con los ojos abiertos. Abran los ojos. Es muy fácil perderse en el cuerpo ajeno cuando se hace el amor... Hipótesis: ¿Qué sentido tiene esperar un viernes si sabes de antemano que es pre-sábado-laboral?
El único sentido que posee es esperar la noche (o la madrugada del sábado) para ver películas abrazados.
O simplemente abrazarnos.
A veces hasta las películas sobran.
Corolario a la teoría de los viernes tontos: un sábado tonto tiene siempre mejor sabor de boca... Porque se sabe que se puede hacer el amor hasta las 5 sin miedo a madrugar el domingo.
Hipótesis nula al corolario de la teoría de los sábados tontos: un sábado tonto no tiene mejor sabor de boca si el domingo se tiene comida familiar con la abuela a la que ves cada tres meses y siempre te pregunta por la novia. Aunque se hace el amor hasta las cinco de igual modo. Dos mejor que uno para revolver sábanas... Sobre la espalda del dragón construyeron una hilera de casas. Comenzaban en el arco de la cola y se alargaban hasta el nacimiento de las alas. Allí los habitantes decidieron hacer un parque para los niños, que además corrían hasta las fauces de la fiera y jugaban al escondite en sus narices.
Como los movimientos del dragón eran muy lentos, nadie se sentía molesto. Hacía milenios que dormía.
Por las noches, las casas de madera crujían ligeramente por el balanceo de la respiración del monstruo, aunque eso tranquilizaba a los más pequeños, que descansaban reconfortados.
Y cuando de vez en cuando el dragón decía algo en sueños, los lugareños se alegraban y hacían fiesta y bebían y bailaban hasta que amaneciera.
Era bonito vivir sobre el dragón... Lo más probable es que ese maldito recuerdo vuelva a tu cabeza en el momento más inoportuno.
Cuando estás triste en casa. Y llueve.
Cuando intentas olvidar precisamente ese maldito recuerdo.
La opción más sensata en estas situaciones es buscar otros recuerdos no tan malditos. Y regodearse en el recuerdo del recuerdo. Casi siempre funciona.
O dar abrazos. O comer chocolate. O todo al mismo tiempo. Los días grises y con lluvia tienen muchísimas aplicaciones. Las madres suelen aprovechar estos días tristes para sacar del armario la ropa de invierno y algún recuerdo. Normalmente de cuando éramos pequeños y no les dábamos preocupaciones. O de cuando aún vivíamos en casa. O incluso de cuando se veían en el espejo y no encontraban arrugas en la frente. Las madres sacan muchas cosas de los armarios y los altillos los días grises con lluvia. Yo prefiero hacer cosas un poco más alegres los días tristes con lluvia. Como ordenar los libros de mi habitación por tamaño o por la tonalidad de amarillo que van cogiendo sus páginas. Aunque a veces también pongo nombre a las pelusas que tengo debajo de la cama. M. opina que todas las pelusas del mundo vienen del ombligo de los hombres. A mí me deberán crecer a un ritmo exagerado, porque limpio mi habitación cada pocos días y ya hay cantidades industriales de pelusas. Mis pelusas del ombligo se alían con los pelos que dejo en el cojín por las mañanas y que después caen al suelo, formando una masa que más bien se parece a una medusa del mundo de las pelusas. Creo monstruos pelusas, yo. Según la misma teoría de M., la primera pelusa de la historia se formó cuando Dios se quitó su primer jersé de lana una noche de frío, poco después de haber inventado el invierno. Los días grises y tristes con lluvia también son muy apropiados para tés, cafeses varios (véase cappuccinos, marrochinos, cortados, cafés con leches, bombones...), y para continuar comiendo chocolate. Yo creo que el chocolate es el principal motor mundial. Más que el petróleo. Sin chocolate no habría personas felices. Seguro que el mundo era triste antes de que Colón trajera el chocolate. Que los sábados cada vez me saben a menos, y me aburro y tengo ganas de quedarme en casa y leer hasta las tres mil y media. O ver películas. [Mi madre compró no-sé-qué colección de música y le han regalado un reproductor de DVD portátil, que se convertirá en mi perdición por las noches. Insomnio, bienvenido de nuevo...] Decía, que los sábados ya no tienen ningún aliciente a parte de ver a mis amigos. Y cada vez les veo menos, y ya ni siquiera nos lo pasamos bien juntos. Porque los pubs de un pueblo de 7000 habitantes en decadencia son aburridos. Y los bares igual. Y no nos ponemos de acuerdo en las películas que queremos ir a ver en el cine. Y siempre hay quien se queje de las continuas propuestas de bajar a Alicante y cambiar un poco de aires. Mis sábados se habrían convertido en una completa mierda si no fuera por E., que me hace reír. Bueno, reír y otras cosas. Creo que necesito irme a vivir a Alicante. ¿Alguien me adopta temporalmente? Tres velas dan suficiente luz como para coger frío. Son difíciles las casas con frío. Aún más los corazones con frío, pero por suerte hace tiempo que no visito de estos.
Las casas con frío lo parecen menos si se junta gente. La gente siempre desprende, con las ideas y las risas, algo de calor. Hay personas que desprenden más que otras. Calor y risas, digo. Hay personas con las que no se puede dormir porque desprenden mucho calor. Hay otras con las que tampoco se puede dormir porque no dejan de reírse, aunque esto es menos incómodo.
Se puede coger frío de modos diversos modos. Con la garganta al aire o con el culo al aire. O porque se ha gritado mucho y también porque no se ha gritado lo suficiente.
Yo ando algo resfriado últimamente. Los hombros siempre fueron un buen lugar para escuchar. Si no, Dios no hubiera puesto las orejas tan cerca de ellos. ¿Qué finalidad tendrían, al fin y al cabo, los hombros, si no fuera la de que se apoyaran cabezas?
Ocurre algo similar con los regazos, pero ahí no hay orejas cerca. Para escuchar lo que te dice alguien desde el regazo debes acercar un poco la cara. Creo que a Dios se le olvidó colocar allí orejas, aunque sería algo incómodo. Porque te pondrías camisetas encima y no podrías escuchar bien la mayor parte del día. Seguro que se comenzaron a degenerar las orejas del estómago cuando el ser humano comenzó a llevar ropa.
Pero aún guardamos un poco de capacidad auditiva allí. En el regazo, digo. Cuando un sonámbulo habla en sueños, siempre se ha dicho que tienes que preguntarle dirigiendo tu voz al estómago. Seguro que aún nos queda algún tímpano interno. O casi seguro.
Yo vuelvo a prepara mi hombro para escuchar. Mi regazo está algo ocupado últimamente… La niebla suele salir cuando hay frío. Ya hablé del frío en otra ocasión. La niebla es diferente. Nace en la boca de los ahogados en los ríos. Si te acercas a algún río que tenga ahogados lo podrás ver. Siempre llenos de ahogados exhalando niebla. Por eso se intentan recolectar pronto. Porque si no, con el frío, los ahogados comienzan a emanar niebla, y no se puede ver. Hay personas que tienen el corazón ahogado, por eso, aunque continúen caminando, y respirando, y hablando contigo... Aunque continúen estando vivos, producen niebla. Y con la niebla no dejan que los demás veamos bien. A ellos y a nosotros mismos. Es difícil recolectar vivos con corazones ahogados. Aunque la solución para ellos es bastante fácil (no penséis en magias o hechizos o demás tretas de la literatura fantástica; por favor, estáis leyendo un blog serio). Tan sólo acudir a una cafetería, la más cercana, e invitar al afectado a una bebida. Si está caliente, mejor. Si está fría, además, deberemos estrecharle en un fuerte abrazo, para que el agua que ahogaba el corazón se salga (a veces por los ojos, así que cuidado) y deje de producir niebla. Esto de llevar una vida secreta al lado de E. sin ni siquiera saberlo es algo extraño. Saber que todas las noches le estoy viendo y durmiendo con él a pesar de que duermo solo… Porque ayer llegaron ciertos comentarios a mis oídos sobre nuestra convivencia en común desde hace casi 3 meses ya… Imagino que será la razón de los morros que mi madre muestra últimamente. Así que mientras terminábamos de trabajar, le pregunté a E. qué era lo que quería para cenar, y como yo no tenía muchas ganas de cocinar, decidimos coger una pizza preparada para hacerla en el horno. Lo raro fue llegar después a casa y que él no viniera conmigo… Es una lástima que en este caso, las habladurías de la gente (cotillísima en mi pueblo) no sean ciertas. Porque, la verdad, me encantaría poder darle un beso de buenas noches y cerrar los ojos. Y saber que si me despertaba en mitad de la noche, iba a poder darle un abrazo y dormir con su calor… Podría decir que casi había olvidado los amaneceres. Hacía demasiado tiempo que no veía salir el sol. Porque no madrugaba o porque ya había salido o porque estaba nublado el cielo. Hace dos días que, con el coche camino de la universidad, el cielo me regala con colores naranja sobre azules intensos. Me gusta. Es como un cuerpo desnudo sobre el agua. El contraste es casi igual. Pero los cuerpos desnudos además suman el contraste térmico. Sobre el agua fría. Me gusta el agua fría. También en invierno. El agua siempre de la nevera, en mi casa. Y también me gustan los cuerpos calientes entre mis manos. También en verano. Los cuerpos desnudos calientes, en mi cama. Cuando la realidad no es tan buena como quisieras; cuando el día a día no contiene esos elementos que creías necesarios para continuar viviendo…Una vez que descubres estas cosas, comienzas a llenar tu vida de simulacros, simulacros de felicidad. Yo he descubierto uno nuevo que me hace sonreír bastante últimamente. Consiste en aprovechas las pocas noches en las que puedo estar con E y subimos a una de las habitaciones frías del local que tenemos los amigos alquilado. Allí hay un viejo colchón en el suelo con un saco de dormir abierto. Nos desnudamos y nos abrazamos, para luego cerrar los ojos y quedarnos dormidos así, pegados. No mucho después sonará el despertador, quizá a las seis y veinte de la madrugada, y perezosos nos vestimos para ir de nuevo a casa, cada uno a la suya y abandonar ese lapso de tiempo, eses simulacro de vida en el que abría los ojos y lo veía respirando despacio a mi lado. Las chucherías recién comidas saben más dulces si E. acaba de comer pipas… Los volcanes son válvulas. Las válvulas son mecanismos a través de los cuales se libera un aumento de presión en un sistema interno. Con válvulas. Si el sistema no tiene válvulas, sufre el peligro de estallar. Las ollas a presión tienen válvulas. Y los coches. No sé qué más, a parte de los hombres, tiene válvulas, porque no sé nada de mecánica ni física. Los hombres tenemos válvulas de diferentes tamaños y formas. Yo tengo 4 blogs diferentes que actúan a modo de válvula. Y de vez en cuando chirrío y chillo y grito como lo hace la válvula de la olla a presión. En clase me han dicho que la gente que sale a correr lo hace para liberar presiones (en este caso llamadas tensiones). Creo que deberé comenzar a correr, no sea que acumule demasiado gas. Las válvulas a veces se estropean. Mi madre parece que no la tiene muy potable. La válvula. Porque grita mucho. Le propondré que salga a correr, aunque temo que me mande al carajo. Ayer ya lo advertí, aunque quizá no me había decidido aún escribir al respecto. Pero es que hoy se ha vuelto a repetir. Y es que por fin, con casi un mes de retraso con respecto a mi pueblo, pero por fin, ha llegado el frío a Alicante. Y la gente camina encogida y con las chaquetas de manga larga, y nadie se atreve a mostrar las camisetas hasta bien entrado el medio día. Y hay esa extraña bruma que llena todo el ambiente y hace que la luz sea un poco más perezosa y le cueste alcanzar el suelo, creando arcos entre las copas de los pinos (que abundan en el campus). En definitiva, que ya apetecen los cafés con leches y los croissant calientes rellenos de chocolate. ¿Alguien se apunta a un café conmigo? Que había accedido un intercambio de estudiantes entre mi universidad y otra de Nueva York y me encontraba haciendo unas maletas gigantescas, que albergaban material de supervivencia para siglos sin lavar ropa. Y tenía esa extraña sensación que se siente en el estómago justo antes de hacer un viaje. Justo antes de salir de casa recordaba que en Nueva York, en invierno, hace un frío que echa de culo, chungo con ganas (y eso que nunca he estado allí para comprobar la temperatura media invernal), por lo que volvía para coger una bufanda y un gorro y la chaqueta más caliente, que aunque es muy seria, muy de mudar los domingos para ir a misa, pues se puede utilizar en caso de improviso/inclemencia meteorológica. Tren a Madrid con prisas y casi con retraso, Barajas, y el avión que va a salir y la alarma del móvil para decirme que ya va siendo hora de levantarme y dejar de soñar… ¿A alguien le sobra un billete de avión en Nueva York? El lunes, mientras caminaba por la universidad, vi a un chico durmiendo en el césped. Y se me ocurrió, de momento, la historia que conformaría mi primer guión cinematográfico. El chico dormía apacible, recostado de lado, con cara dulce. En el guión, un chico que camina por la universidad verá otro chico durmiendo apacible en el césped. El chico tenía una cara dulce. El chico tendrá una cara dulce, y el protagonista se le acercará y le besará. Al abrir los ojos, el durmiente le confesará “Hola niño, hacía tanto tiempo que te esperaba que ya comenzaba a cansarme de vivir sin ti”. Y a partir de ahí, comenzarán a vivir juntos, como si se conocieran de toda la vida pero descubriéndose poco a poco. Sin llegar a nombrar, por miedo a admitirlo, que no se conocían antes de la escena del beso con la que comienza el corto. Porque a veces, el destino o las casualidades, son perezosas y les cuesta alcanzarte. Pero siempre llegan… Porque las piernas me duelen, ya ves, son 5 horas trabajando de pies, de pies porque son dos, y no estoy en la caja haciendo la pata coja. A veces el móvil que llevo en el bolsillo vibra y me río un poco con lo que me cuentan mis amigos y a veces incluso, si sé que no viene el jefe, contesto a llamadas o las hago yo mismo mientras estoy cobrando, pues eso, M., como te contaba, diecinievecincuenta, señora, como te contaba, M… Y ahora ducha y a volver a cansarme, pero ahora con gusto, que sarna con gusto no pica, dicen, porque subimos al local y bailamos y puede que incluso bajemos de fiesta a Alicante, que tengo ganas. Y después puede que coja fríos y le de besos con sabores extraños a E., que me gusta mucho darle besos, y los sabores extraños… Porque los sábados, de un modo u otro, son los días de E. y míos, que al fin y al cabo son los únicos días en los que podemos abrazarnos y darnos besos sin que nadie se extrañe o se escandalice, en el local… Y hoy G. me ha mandado un mensaje, porque era un aniversario un poco especial para ella, ya decía yo que me había levantado algo triste esta mañana, algo inverso, como decían allí, y esta tarde G. me ha mandado un sms y me lo ha recordado, y le he dicho que los ángeles también tienen ilusiones, porque mi prima me susurra en el oído cada vez que hago algo mal y cada vez que hago algo bien y estoy feliz la oigo reírse cerquita de mí, porque quizá no sea creyente, pero los ángeles existir, existen… No sé por qué pero me he levantado con un miedo tremendo que ha nacido en algún lugar de mis pies. Es un miedo que ha ido creciendo durante toda la mañana, a pesar de que he almorzado y me he duchado con calma. Un miedo que se ha tomado un descanso a la hora de comer pero que ha decido volver a visitarme justo cuando volvía a mi casa. Lo peor de todo es que no conzco la causa. Pero tengo algo de miedo. ¿Alguien me da un abrazo?
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