Bajo Arboles Mojados |
![]() Hay días en los que la lluvia te moja la cara y tú, aunque lleves gafas, miras hacia arriba para notar el frescor... Hay otros días en los que los árboles se mojan y tú estás en casa, bajo una manta viendo una buena película o con un libro entre las piernas... Hay días que llueve y tú estás en la piscina, mojándote por arriba y por abajo... Hay días que llueve y os mojáis los dos, besándoos... Hay días que llueve y eres tú el que estás lloviendo... Hay días que la lluvia te coge Bajo Árboles Mojados...
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Está pasando...
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El lunes, mientras veía La vida secreta de las palabras, descubrí que yo debí aprender a besar fijándome mucho en los besos del cine. Porque mis besos comienzan igual que el que le da Tim Robbins a Sarah Polley al final de la película. Mi hermano pequeño se empeña en cerrar los ojos cada vez que sale un beso en la tele. Mi hermano pequeño tiene a penas 11 años, aunque como continúe así no podrá dar un beso como dios manda nunca. Creo que tendré que comenzar un ciclo de cine de besos con él, y atarle las manos para que los vea y no se tape los ojos. Yo, con 11 años, miraba los besos de la tele, e incluso me asomaba por la rendija de la puerta del comedor entrecerrada para adivinar los senos de las mujeres en las películas para adultos, cuando ya se hacía de noche y yo debía de estar durmiendo. Sí, antes me gustabas los senos de las mujeres. Ahora me encanta hacer fotos a besos… Tendré que probar mi nueva Lomo con un beso a cuatro tiempos… La vida en cuatro tiempos… Parece ser que estoy condenado a llegar siempre en segundo lugar. Siempre hay alguien que se me adelanta a todo. Aunque lejos de desanimarme, me impulsa a continuar mejorándome. He quedado primero en muy pocas cosas en mi vida. Quizá alguna carrera de natación, los 200 metros estilos, un concurso desconocido de relatos en la web, algún corazón y alguna cima. Poco más. El resto siempre son segundos puestos … Que las islas dejen de ser Sopla en las velas Hoy hace dos añitos que comenzó a llover bajo estos árboles... Quién se lo iba a creer... Nos continuamos leyendo... Así me ve Cu4trojos... Anoche imaginé un mundo mecánico. Un lugar en el que todo se movía con mecanismos de poleas, palancas, cuerdas… Donde para arrancar un coche debías dar vueltas a una manivela y para conseguir que tu pareja te besara estirabas de un cordel. Debería haber un grupo de personas encargadas de dar cuerda al planeta, para que girara sobre su propio eje. U un despiste por su parte sería igual de catastrófico que si un farero se quedara dormido al atardecer. En el mundo mecánico que imaginé, mi corazón era una amalgama de cristales a penas unidos con cola de carpintero. Restos de todos los sueños rotos que latían bajo el influjo de unas pequeñas manecillas. Algunas noches decidía sacarlas y desmontar mi corazón, colgando del techo los trozos de cristales con hilo de pescar y alumbrándolos con una linterna. Mientras giraban allí arriba, reflejaban la luz, creando estrellas y constelaciones. Y si callaba y me quedaba muy quieto, las estrellas me cantaban nanas… Los simulacros de vida conjunta continúan rodeándome. Aunque me tenga que levantar a las 8 de la mañana para volver a mi cama. Los almuerzos simulacros aún no han llegado a mi vida. Y tengo ganas. Porque me encantan los almuerzos de los domingos por la mañana. Los tazones llenos de leche con cereales, y magdalenas y toña. Los dos sentados frente a frente, o mejor, con la tele encendida, en el comedor, los dibujos animados en la tele. Me gustan las Supernenas por la mañana y los almuerzos de los domingos. Lástima que no haya croissants del día los domingos para almorzar… Alguien me preguntó el otro día si había sacado ya el nórdico del altillo. Alguien sabe que es casi un ritual para mí, la primera noche con nórdico (PNCN). La verdad es que lo he sacado esta noche, pero no ha sido estrictamente la primera noche con nórdico. Porque el sábado visité camas ajenas que ya estaban armadas con esta armadura. Contra el frío. Estoy seguro de que los nórdico están diseñados, además de contra el frío, para los sueños. Es decir, que se sueña más y mejor con nórdicos. Hoy soñé que me moría, y era feliz. Estoy teniendo unos sueños de lo más raros últimamente… De nuevo frente a una hoja en blanco. El mítico reto de la hoja en blanco. Nunca me ha supuesto un gran esfuerzo enfrentarme a una hoja en blanco. No digo que lo que salga de ella sea bueno. No. Para nada. Simplemente digo que no me da miedo comenzar a llenar un ahoja en blanco. Me he dado cuenta que me gustan las cosas que escribo pero solo unos cinco minutos después de haber comenzado. Esto de escribir se está convirtiendo en algo como hacer deporte. Si quieres que te salga bien, si no quieres acabar con agujetas, debes calentar un poco antes… A veces he escrito cosas que me han salido a la primera bonitas. Pero era trampa, porque estaba tecleándolas en mi cabeza desde hacía tiempo. Mucho tiempo. Sé teclear en mi cabeza… No es difícil. Aprendí el teclado del ordenador ya hace unos cuantos años. De memoria. En mi cabeza imagino que escribo estas líneas. De hecho, ya tenía pensadas estas mismas desde hace un rato, pero estas últimas ya las estoy comenzando a improvisar. No había improvisado hablar de que sé que estoy a punto de abortar algo. Algo grande. No me refiero a algo grande de calidad, sino a algo grande de lo que estaré orgulloso, porque no suele pasarme que esté orgulloso de lo que escribo… Me ha pasado ya antes. Esta sensación de estar a punto de abortar algo grande. Y digo abortar porque es algo bastante traumático para mí. Escribir algunas poesías es para mí un aborto. Cuestan de salir. Cuesta admitir que llevo todo eso dentro. Muchas cosas malas, muchos sentimientos que debería decir y que no me atrevo… Ahora voy a dejar de escribir, que no me gustan los posts largos. Y además, necesito algo de calma para que lo grande salga… Un abrazo. Y perdonad estas cosas. Pero es que a veces necesito escribirlas. Hoy llueve. Cualquier cosa más que quiera añadir no será ni la mitad de bonita que el día. Llueve, que no es poco. Es bastante. Las tiendas de muebles son sorprendentes. Metros y metros cuadrados de cocinas, comedores, habitaciones… Me pasaría horas viendo alguna de estas tiendas. He estado alguna vez en un Ikea y fue toda una experiencia. En las tiendas de muebles uno va a imaginar su vida futura. Imagina qué cocina elegirá para su casa, en qué cama pasará sus mejores noches, sobre qué sofá ser recostará para leer, acurrucado. A veces, incluso con qué manta se cubrirá en las noches de invierno con lluvia y frío (como ayer)… Así pues, las tiendas de muebles son como un anticipo de una vida mejor. Anticipo de madrugadas frente a la tele con tarrinas de un litro de helado. ¿Alguien se apunta? Odio las sábanas. Son un organismo pérfido, traicionero y siempre hambriento. Hay pocas cosas más fáciles que perderse entre unas sábanas. Cuando se duerme solo, las sábanas tienden a enroscarse entre las piernas de uno. Entre los brazos también. Y a veces se ajustan incluso en el cuello. Son como boas constrictores las sábanas. Si se acuesta uno acompañado, la sábana se vuelve celosa, y se empeña en separar a la pareja. Y cuando comprueba que es difícil, casi imposible, se aparta. Al menos que se constipen, pensará. Yo intenté mandar una petición al gobierno para que instalaran faros en todas las camas. Para no perderse entre las sábanas. Un faro siempre encendido al final de la cama. En la pata izquierda. Aún no me han respondido los del gobierno… Il freddo si attaca nel cuore... C’è un giorno in cui i sogni ritornano nella realtà e si scioglono... E la realtà diventa più brutta e cattiva... (El frío se pega en el corazón... Hay una mañana en la que los sueños vuelven a la realidad y se deshacen... Y la realidad se vuelve fea y mala...) Anoche sucedió. Ni yo quería evitarlo ni lo causé. Simplemente sucedió. Hay actos que parece que se realicen solos. Una compañera de prácticas decía ayer que el destino te evita hacer ciertas cosas. Llegas tarde a la subasta de una carrera por un accidente en la autopista. Llueve el día que tenías que presentarte a una entrevista de trabajo… Tantas cosas que parece que estén preparadas para fastidiarnos, y que al final, siempre, tienen un efecto. Me gustaría conseguir escribir un libro. Aún no he pensado sobre qué trataría mi libro. No me acabo de decidir. La poesía podría ser un tema interesante, es decir, podría ser un poemario. Pero también me ha gustado siempre escribir cuentos, así que podría ser una antología de cuentos. Pero odio las antologías. Hay dos cosas que odio sobre todas las cosas. Y aún más en poesía. Las antologías y los versos rimados. Llamadme reaccionario o como queráis. No me gusta la rima. Me gusta el ritmo, pero no la rima. En cuanto a las antologías… Prefiero con diferencia los poemarios, que tienen una coherencia. Una antología es como si para enseñar un árbol a un niño tomáramos una hoja, un trozo de corteza y un trozo de raíz y le dijéramos: esto es una encina. Yo no sé vosotros, pero yo no me lo creería. Pues me pasa lo mismo con las antologías. Que no me las creo. Imagino que Madrid tendrá esto. Que hace frío y eso, pero la buena compañía te lo apaga un poco, ¿no? Y los miedos a los reencuentros son menos con la palestina enrollada en el cuello. Las chapas me las dejé en casa, menos mal dice G., pero yo sin las chapas siento a veces que me falta algo, y cuando mañana vea a V. notaré eso, que me falta una barrera más para soportar los dos años y medio sin verle y el miedo que tengo de hacerlo. Anoche se me cerraban los ojos aunque sonara Fangoria y amara el peligro, así que terminamos pronto y nos volvimos a casa, y dormí al lado de M., que no ronca pero parece mi osito de peluche, bueno, mi burrito de peluche, aunque sin querer ser despectivo. No le abracé ni nada, al igual que tampoco lo hago con Momo el burro, porque simplemente me gusta que estén ahí. Los peluches son un poco como los amigos. Y que también estoy echando de menos a E. Es raro, porque le echo mucho de menos, más que cuando me fui a Italia, pero creo que es normal, porque la relación va a más y le echo de menos más, pero creo que es normal, no? aunque no esté muy acostumbrado a esto de estar enamorado más de dos meses seguidos. Pero eso es otra historia que será contada en otro momento... Sé que esta noche, cuando vuelva a acostarme, se encenderán las dos luces. Sólo espero que no se asome nadie. Uff! qué susto... No gracias, tengamos el viaje en paz. Son extrañas las ciudades como Madrid. Hay muchas ciudades dentro de ciudades como Madrid. Ayer me dediqué a buscar estas ciudades endógenas. Y encontré unas cuantas. Me encanta pasear por las ciudades en invierno. Y me encanta perderme en las líneas del metro. Y luego llamar a alguien y quedar para tomar algo. Imaginé por un momento cómo sería vivir exclusivamente en el metro. No sería algo tan difícil, la verdad. Esa es una de las ciudades que encontré. Otra estaba formada de trocitos… Imaginé vivir de café en café, de bar en bar, y acabar dormido en los sofás de algún cuarto oscuro de algún pub oscuro de Chueca. Sería algo incómodo, pero llegaría a formar otra ciudad endógena. Ayer también encontré el reducto de los ángeles caídos. Estos no llegan a tener una ciudad, pero caminan como almas perdidas por una ciudad demasiado grande y a veces demasiado triste. El frío y la tristeza crecen por las esquinas de Madrid. Es una sensación extraña, esto de la emoción. Me pasa pocas veces. O menos de las que debería, creo. Me pasé todo el concierto pensando en C., quizá, la persona a la que más quiero. Fue muy divertido cuando me llamó y me dijo: Es que antes estaba en la bañera y no he podido escucharlo... Y en ese momento, en ese preciso instante, como si Chris Martin supiera que mi hermano pequeño de 11 años estaba al teléfono, comienzan a sonar los acordes de Clocks... -¿Lo estás escuchando? -Sí... Se oye muy bien. -¿Sabes cuál es? -¡Sí! Me encanta esa canción... Y yo levantaba el móvil para que se oyera mejor. Y cada veinte segundos lo bajaba y le preguntaba ¿Lo oyes bien? Y me imagino que sería en ese momento, más o menos, cuando comencé a llorar. Por nada, la verdad. Quizá sólo me gustaba que a C. y a mí nos gustara la misma música, y que estuviera disfrutando conmigo del concierto. Quizá simplemente me emocioné... Cuando los telediarios anuncian una ola de frío polar en el país, se debería decretar una ley marcial de abrazos obligatorios. Por ejemplo, 20 abrazos en público (15 a conocidos y cinco a desconocidos) y no menos de 30 en privado. Para ello inventaría unos sensores que se colocarían en el pecho, a la altura del corazón, y que emitirían un pitido cada vez que entraran en contacto con otra persona. Así se contabilizaría un abrazo. Y el sensor detectaría las personas conocidas de las desconocidas (según se ha dado antes un abrazo o no). Así, seguro que aumentaba la cordialidad entre los habitantes del país y además no tendríamos tanto frío por las calles. ¿Les ha dado alguna vez un abrazo un desconocido? Hoy ando algo cansado. Anoche fuimos al cine y se nos volvieron a hacer las mil y media (hora arriba, hora abajo). Esta mañana cuando ha sonado el despertador no he sentido mucho sueño, pero en el bus, el sol me golpeaba en la cara directamente, tan horizontal, que le he tenido que pedir, por favor, que dejara de molestarme así. G. dice que algunas mañanas, cuando sale a la calle camino de la parada del bus, el hombre que pone las calles aún no ha llegado a su zona. Yo imagino que caminará sobre las líneas-patrón cósmicas sobre las que el hombre se basa para montar las calles. Deberá ir con cuidado, porque si resbalara o perdiera el equilibrio, la caída sería considerable. Sería más bien cósmica. Yo ya hace tiempo que no salgo a la calle cuando el hombre que pone las calles aún no le ha dado tiempo de montar la mía. Quizá sea porque al ser una avenida mi calle, pues es algo más principal, y la coloca antes. Ahora, ya en la universidad, me dedicaré a atender si el sueño no me vence. Aunque la mayor tentación en la universidad, en invierno, no es el sueño, sino las cafeterías. Por lo pronto, yo ya he saciado mi “mono” por un ratito… Así pues, buena mañana pasen ustedes… Nada mejor para perder la tarde que ver una peli con mi mano perdida en algún rincón de tu barriga… Ya era hora de que me tocara algo así , porque al fin y al cabo lo escribí desde dentro, más o menos desde la altura del hígado, bueno, un poco más arriba, en anatomía creo que se le llamaría cavidad pericárdica, creo, no estoy seguro. De lo que estoy seguro es que ahora me tocará enseñárselo, porque lo prometí a alguien, y no sé cómo podrá reaccionar, no tengo ni idea, igual no le gusta que escriba de mí, y de ella, y de nosotros, la he visto pocas veces emocionada, a ella, y casi nunca por cosas buenas… Sea como sea… Era todo por ella… Va todo por ti. Mamá. |
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