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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005.
Y entonces aprendí a poner los punto y final al principio de las oraciones condicionales... Cerrar puertas y no dejarlas entornadas... Ya me lo decía mi madre de pequeño, que luego se crean corrientes de aire que arrastran demasiadas cosas. El hijo de Satanás, harto de pasar su adolescencia dentro del armario, decidió confesar a su padre su pecado: siempre había sufrido un calor insoportable en el infierno... Hoy es mi cumpleaños y no lo pienso esconder. Y ya he tenido que borrar dos veces mensajes del móvil porque se llena de felicitaciones. Y he bajado dos veces a ver el buzón y me he llevado dos sorpresas grandes. Y ayer el comentario, casi tonto, de una amiga de trabajo, hizo que volvieran las ganas de soñar y de ilusionarse. Y planeamos cuatro escapadas para este verano. Una en su pueblo, la otra en Madrid, otra más en una playa de Mallorca y una más en mi ciudad italiana (lo siento, pero nos vamos solos). Y ya estoy notando el fresquito del anochecer en mi piel, mojada y llena de salitre, después de un día de no hacer nada y leer y escribir. Escribir en el nuevo cuaderno que he recibido. Y ahora acabo de leer (por fin), la despedida que Javi puso en su blog, y he pensado que me encantaría poder escribir alguna vez una despedida así de bonita, y también que me gustaría haber aparecido. Y esta mañana, mientras limpiaba, se me ha ocurrido la poesía más corta que jamás he escrito y que pienso que es bonita. Y fuera puede que amenace llover, pero esta tarde me voy a tomar cafés, después de haber visto películas en casa y haber leído libros y haber escrito y echado de menos, y abrazado a Momo. Hay que celebrar 23 años. Y el móvil continúa vibrando en mi bolsillo... Cuando la cocinera acabó de preparar el magnífico manjar y lo sirvió en bandejas de plata, los comensales, algo desaprensivos y borrachos, decidieron hacer una guerra de comida.
Entonces ella, sin casi inmutarse, admitió el verdadero origen de la carne, momento en el cual, los allí presentes callaron y emblanquecieron.
Los próximos, continuó ella, podríais ser vosotros... El ahogado salió a dar una vuelta por el fondo marino. La piedra que llevaba atada a una pierna impedía que la marcha fuera rápida. Y además, de vez en cuando se enredaba con algún resto de los naufragios, por lo que hacía constantes altos y quitaba aquello que se había enganchado. Así, poco a poco, alcanzó la playa, y ya fuera del agua, se tendió al sol para secarse un poco. Unos chavales que le encontraron un poco después no pudieron evitar muecas de asco ante la pestilencia que desprendía. ¿Qué es esto sino otra tensa espera? El tedio del infinito sin ti que me abruma y me esconde de las miradas de los más inútiles. Y ahora no me queda más que el sabor del café con sal que tomo cada mañana para olvidar la dulzura de esos tus labios que entre sueños no paran de besarme. Malditos sueños. Siempre me acaban jodiendo el día... Quizá no haga nada más que empeñarme (o más bien, engañarme) en creer que los paquetes, desde Parma, tardan más tiempo en llegar. Porque últimamente hay pocas cosas que tenga claras. Que no quiero que la gente me olvide y que me gusta amar con fuerza. Poco más. Como que me gusta el frescor de las tardes de primavera en mis brazos sin mangas. Y los helados de limón y panna cotta. Los trenes y los aviones. ... El árbol que apareció en la playa traía entre sus ramas una sorpresa. La ahogada había quedado atrapada con su pelo entre el laberinto de ramificaciones. Los peces le habían comido la punta de los pies y de los dedos, y una estrella de mar decidió quedarse a vivir en su frente. A pesar de los nuevos inquilinos que ahora habitaban su cuerpo, cuando la encontré me enamoré perdidamente, y no paré de pensar la razón por la que una chiquilla así, de no más de dieciséis años, se había podido quitar la vida en el acantilado. La escondí en una gruta que el mar había creado en la ladera de la montaña, de nuevo dentro del agua, en el lago que no se vaciaba ni con la bajamar. Al pie del árbol sin hojas, con el pelo enredado, que se mecía con las ondas del mar, con la estrella de mar que asemejaba un bonito tocado y los pececillos, que continuaban buscando algo de carne en los tiernos piececillos. Aún hoy, después de que el terremoto sellara la entrada de la cueva, no me la puedo quitar de la cabeza. Necesito tomar helado para alegrarme... Pero quiero adelgazar. Que me despertaba sobre un colchón tirado en el suelo, arrinconado en un ángulo de tu habitación grande, y tú pintando con los dedos negros las sombras a mi cuerpo desnudo, y tú vestido con tu camiseta sucia de barnices y unos calzoncillos y tus piernas sucias de pinturas.
Que venías caminando descalzo desde el otro lado de la habitación y del mundo, y me besabas [despacio] en la frente.
Entonces me he despertado. Necesito, aún, más tiempo de piernas cerradas para estabilizarme del todo.
No quiero ningún desliz.
Mi spiace. Busco (¿desesperadamente?) expendedor de popper para noche de risas sin fin... Asco. Me doy asco cuando se está haciendo de día. Un viernes o un sábado en la madrugada, y yo aún medio borracho. Entonces me acuerdo de mi padre, que se estará vistiendo para ir a trabajar. Salgo corriendo del pub y levanto la vista. Arriba, el cielo clarea y la gente comienza a salir de los portales. Con el mono de trabajo y la mochila para el almuerzo. Intento huir hacia el metro, refugiarme en la esperanza de llegar a casa antes de cruzarme con 10 personas más con los ojos legañosos y las manos llenas de callos. Imposible. Tan solo tu beso me rescata, casi cuando comenzaba a pensar en el suicidio público. Anoche, mientras veía el nacimiento de Luke y Leia, comprendí parte de mi infancia. Es como si con la revelación, con el parto de dos de los personajes que marcaron mis primeros recuerdos, me alcanzara también un entendimiento que había permanecido escondido hasta ahora. No pregunten qué es lo que entendí. No lo sé. Sólo me consta el ENTENDIMIENTO en general y mayúsculas. También tuve momento de plantearme, de nuevo, la hipótesis sobre la acupuntura en la oreja y el impedimento, mediante piercings, del flujo de corrientes energéticas. ¿Será debido al agujero que tengo ahora en mi apéndice auditivo izquierdo (parte superior) que he perdido parte del apetito sexual? ¿Se escarparán mis ansias libidinosas por ese pequeño orificio (1'2 mm aprox.)? Desde que lo hice he hecho el amor tan sólo 5 veces. Desde que me lo practiqué (el agujero, digo), sólo he gemido dos veces realmente. Creo que mejor me tomo un té y me apunto a yoga... Acabo de aceptar un trabajo que, por una parte me da libertad (en cuanto a que tendré dinero y posibilidad de usarlo), y por otro me la resta (al estar en mi pueblo).
Abandono mi futuro como infanticida potencial y me paso al sector servicios.
Mejor no pregunten. Me avergüenzo. Visita relámpago a la uni. Napolitana de chocolate con Miguel (dos términos que muchas veces van juntos) y búsqueda infructuosa de profesores.
[Inciso: Hace un par de años me acerqué a la secretaría de uno de los departamentos preguntando por un profesor y me dijeron: -¿Tú lo ves? Nosotros tampoco. Se mueve por aquí como si de un alma en pena se tratase.]
Ahora me bajaré a Alicante a acabar de gastarme parte del sueldo inexistente que me daban por planear el exterminio de las nuevas generaciones.
Comienzo etapa nueva (¿otra vez?).
Cambios, a mí. La lluvia de hojas llegó desde el norte. Inexplicablemente, una tarde de junio comenzaron a caer. Moradas, incesantemente. Desde el cielo. Continuó durante tres días. Y cuando paró, los habitantes del pueblo ya se habían habituado. Los niños salieron y jugaban con ellas. Las niñas se imaginaban casándose bajo tan peculiar tormenta. Los adultos se apuraban en hacer grandes hogueras para quemar las hojas, pues impedían el normal funcionamiento del pueblo. De aquellos días, de aquel magnífico año, sólo queda la tradición de encender las hogueras en la noche en que la tormenta escampó. Y un vino excelente que ayuda a los más desesperados a encontrar moza para dormir... -¿Sabes que lo que te están haciendo en casa es mobing de ese? Ayer, por fin, cumplí un sueño que tenía desde hacía mucho tiempo.
Fuimos a un 24 horas, compramos helado (de panna cotta y frambuesa) y cucharas de plástico, y nos lo comimos en el coche.
Noche rara. El local llenísimo (Voodoo, casi como nunca) y música que incitaba a no parar en toda la noche...
... Y después hay gente que necesita adulterarse para no dejar de bailar... Esta mañana, cuando me he duchado, he vuelto a ponerme acondicionador para el pelo. Digo volver porque en Parma ya usaba aquel de Chris que olía mar. A agua salada y a salitre en la piel (me encantaba). Lo uso porque el pelo ya comienza a rizarse y no quiero usar espumas. Las espumas (y gominas, ceras, lacas...) no dejan a segundas personas jugar bien con el pelo (Andrea dixit). Mientras lo usaba, he pensado que sería agradable encontrar un acondicionador que, tomado por la mañana, suavizara el resto del día... Científicos americanos descubrieron hace unos meses que cualquier figura del antiguo arte del Origami se puede realizar mediante simples doblados y un solo corte de tijera. Ahora comprendo. Con tu tijeretazo sobre nuestro papel diste forma a dos niños llorando.
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