|
Temas
Archivos
Enlaces
Webs o Blogs Personales
En mi MP3
En mi mesita de noche
Alter ego...
Enlázame!
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2005.
— Debes de tener paciencia. Saber esperar. — Pero si el problema es ese. Que no sé ni si quiera lo que significa la paciencia. Que cuando he querido algo, he luchado por ello durante poco tiempo antes de conseguirlo. — Tener paciencia significa leer cada noche un capítulo de Seda. Uno y no más. Aunque sea de tres líneas. Paciencia es tener la certeza de que volverás. O de que volveré. Y no querer disminuir los lapsos de tiempo que nos separarán. Paciencia es un beso tuyo a media noche y no estresarme hasta la mañana siguiente... Anoche, después de dos meses y medio de lectura, terminé mi edición en italiano de Seda, de Alessandro Baricco... Leyendo un capítulo cada día. La vez que nací pez lo pasé realmente mal. Fui hijo de un parto en el que mis padres pasaron a ser familia numerosa. Tanto yo como mis 130 hermanos nos dedicamos desde nuestra más tierna infancia a no hacer nada más que nadar y poner esa cara de tontos que suelen tener los peces. No sé por qué extraña razón, cogíamos agua en nuestra boca y llenábamos los carrillos casi hasta hacerlos explotar... Alguno de mis hermanos (más de 20, creo recordar) acababan con las mandíbulas desencajadas. Cuando no comíamos o hacíamos el pez, nos dedicábamos a huir de los peces más grandes y de las sepias... Qué pelmazas eran, las tías. Siempre tenían un brazo para cogerte. Puedo considerarme agraciado al decir que morí (según creo, hay momentos que no me los recuerdo bien) casi de viejo, cuando ya contaba con unas 20 semanas de vida. No fui tragado, ni me pescaron, ni nada por el estilo. Quise probar un poco de aquella agua de colores que estaba haciendo flipar a mis amigos. Morí de sobredosis de Mercurio. — ¿Tú no buscas nada?
— Pues últimamente, a parte de un trabajo digno, busco algo de calma en la cabeza, un corazón al que abrazar por las noches (que sea calentito en invierno y fresco en verano) y algo de comer que esté bueno y sepa a comida italiana. Acaban de comunicarme que no he pasado el primer corte del examen de italiano. Se ve que me dejé la mayor parte de las dobles consonantes... Es lo que tiene no haber desayunado demasiado, que te comes letras. Para la próxima vez lo tengo claro, un buen tazón de leche con cereales.
A partes, concierto el sábado en Alicante (genial, aunque estaba algo agotado después de otra sesión de mi nuevo trabajo/explotatontos.
Parece que puedo volver a respirar, se me ha quitado esa bola que tenía en la garganta... Veremos cuanto dura. Esta noche he soñado que pintábamos las paredes de mi cuarto de color azul y verde. Como es lógico, acabábamos llenos de pintura. En el pelo, en la ropa, en las piernas y en los piés. Y juntos nos metíamos en la ducha.
Lo más curioso del sueño era esa sensación de frescor que lo inundaba. Desde las nuevas tonalidades de las paredes hasta el airecillo que tras la ducha se colaba por debajo de las camisetas.
Después, nos metíamos en la cama estrecha y despertábamos, horas después, con carcajadas, comentando un sueño extraño en el que pintábamos las paredes de la habitación.
De azul y verde. Después de que, ya hace cinco años, la vecina del 1º D dejara a su marido y metiera en casa a su novia, mi bloque había estado bastante paradito en cuanto a normalización sexual se refiere...
Hasta la semana pasada.
Desde el lunes puedo alardear de contar con dos gays entre mis vecinos. Son una pareja joven, aunque ninguno de los dos llama la atención en cuanto a su atractivo. Las cotillas del 4º y el 6º están todo el día en el portal controlando sus idas y venidas, comentando los gritos que se escuchan a altas horas de la noche. Gritos de dos chicos, claro está.
Parece ser que la acogida ha sido aceptable. La última pareja que se instaló en el piso antes que ellos, los Rodríguez (2º B) ya han cenado con ellos y comentan que son encantadores.
Por lo pronto, y por si acaso, ya les han cortado el agua en dos ocasiones, y ayer a medio día, cogí a la viejecita del 3º A echándoles agua en el buzón de correos...
Creo que mejor me espero a salir del armario. — ¿Cuánto cuestan los mejillones? Acerco mi índice a la pantalla y los busco, desde arriba hacia abajo. —3'62. —Pues en las estanterías marca 3'59. Es entonces cuando algo comienza a hervir dentro de mí. El justo momento en el que comprendo que la humanidad dejó de tener salvación el día (más o menos) en que se inventaron los supermercados. —Tranquila, que si lo marca en la estantería, ahora le doy los 3 céntimos de diferencia. —Es que me he llevado 2 paquetes. —Entendido ... —Son 20'56, pero como le tengo que descontar 6 céntimos (tres de cada paquete de mejillones), pues se le queda en 20'50. Con esos tres céntimos le compra a su nieto un chupachup (pedazo de zorra —pienso—). Mamá es tan impaciente papá es tan impaciente a su hijo no le gustan las mujeres...
Algora - planes de verano Sábado, 20:35, Onil y alrededores. Desde mi punto de observación de la humanidad me dispongo a comenzar el fin de semana trabajando. Es triste ver cómo la gente compra la bebida para emborracharse al salir de la tienda y uno saber que aún le queda una hora de trabajo. Adivino los planes de la gente por su compra. Una pareja que lleva pan de hamburguesas, hamburguesas, patatas fritas, dulces (y los preservativos que se olvidan, claro, después la joven se queda embarazada. Una señora rara que entra dos veces en la tienda y sale a los 40 segundos con las manos vacías. "Adiós", le digo... "¡No llevo nada!" responde ella medio ofendida. Un señor sin manos, que en el brazo derecho lleva una prótesis, como dos garfios con los que consigue hacer pinzas y coger objetos. En el muñón del otro brazo se coloca una bolsa abierta, y si no puede con algo, pide ayuda. Hoy, le he tocado el muñón sin querer. Ha sido extraño tocar algo que es pero que en realidad revela una ausencia. Los muñones se merecen un post. Quizá otro día que no esté tan ido... (...) Doro: Creo que eso tiene algo que ver con que estemos madurando...
Gema: La verdad, creo que la madurez que estoy alcanzando, lo único que me ayuda es a darme cuenta de que cada vez estamos más locos.
Doro: Sí, y cuando crezcas un poquito más te darás cuenta de que esas locuras que haces, te hacen más encantadora. Y yo, lo siento, prefiero mis locuras a ser uno más.
Gema: Locuras como estar hoy, sábado, a las 2 y media de la noche, con un cubata en la mano paseando por el medio del pueblo, en vez de estar en los pubs saltando y emborrachándonos como el resto de la gente de nuestra edad...
Doro: Locuras como esa, por ejemplo. Íbamos a ver los partidos de los niños del pueblo. A domingos alternos, el equipo local se batía con otros grupos de escolares y nos gustaba ir al campo. Eran bastante malos. Solían perder siempre e incluso una vez el marcador llegó a apuntar una derrota de 15-3 en nuestra contra. Nosotros nos cargábamos de chucherías, dulces y gominolas e íbamos a ver a los niños correr tras la pelota. A veces, incluso, acababan llorando tras las siempre amargas derrotas. La verdad es que nunca prestábamos atención al juego, sino que hablábamos de cine, pintura, música... El campo era sólo un lugar en el que las ideas salían con más facilidad. Quizá era la energía que los chavales liberaban, y que nosotros éramos capaces (no me pregunten cómo) de canalizar. La verdad es que de allí salieron más de una idea interesante para novelas o esculturas que más tarde se materializaron. Fue más o menos por aquel entonces cuando decidimos hacernos bohemios... Anteayer me di cuenta, viendo El Indomable Will Hunting, de cómo echo de menos hacer el amor... Por cierto, la película preciosa  Sólo quería constatarlo... El último disco de Coldplay no tiene nombre. Aún estoy alucinando. En breve, algo más cuerdo al respecto Parece que comienzo a ser consciente de lo que me pasa, así que voy a intentar arreglarlo. Son pocos cambios y sencillos los que tendré que hacer. Comenzaré por volver a bares y cafeterías a estudiar y leer y simplemente a ver a la gente que va allí. Puede que esto afecte algo a mis ingresos, pero creo que valdrá la pena, y además, ahora ya tengo fuente de ingresos asegurada. Después también me gustaría salir a correr con cierta frecuencia. Para desfogarme y fortaleces y disminuir el culo, y quemar las calorías de los helados y chocolates de los que no me pienso privar. Y continuaré soñando despierto (aunque he perdido algo de práctica). Y saldré a regar las plantas del balcón cuando la luna esté alta. Y me acostaré tarde aunque a la mañana me muera de sueño en el trabajo. He descubierto, hace unas horas y por pura casualidad, que aún me duele el piercing que me hice en enero. Y bastante. Es un dolor penetrante, intenso e insoportable. Aunque me he acostumbrado a él y no me doy cuenta de que existe. De la misma manera, me he acostumbrado a la ausencia de las personas sin las que no puedo vivir. Las manos sobre las palabras; soy sanador de cristales. Sobre las palabras que llegan del horizonte por las aceras del alba.
Mis dedos de gamuza sobre los pies heridos de las palabras.
Llegan bajo una lluvia consante, sobre el costillar de los caballos, iluminadas por la sal de tu recuerdo. Llegan con salpicaduras de ácido sobre el mapa incierto del significado.
Mis manos sobre sus ojos de tiza, mis manos sobre el sexo de las palabras; cuido su silencio como si contaran una historia.
Juan Massana Y mientras se apoyaba en mi cintura pensaba que desde la última vez me han crecido muchas esquinas y agujeros y pinchos en el cuerpo. Que ya no soy tan cómodo como lo era hace un año. Y que he aprendido cosas nuevas. Pensé que he vuelto a saber del amor y no por lo que me decían los ojos de los demás, sino desde mis ojos, porque creo que muchas veces, cuando he tenido una relación, he intentado sentir aquello que veía enfrente, y no procuraba sentir por mí mismo... Dicen que se enteró de la muerte de Federico cuando estaba exponiendo en París. Había debido salir al exilio, pues su situación era peligrosa; rojo, artista y maricón. Dicen que se encerró en su estudio y no dejó entrar a nadie en tres días. Que la asistenta se preocupaba porque no comía y que en ningún momento apagó la luz. Sólo habló una vez en esos días con el servicio doméstico, y fue para pedir más pintura blanca. Ahora se recuesta en un sillón de mimbre con una camiseta demasiado juvenil para sus 95 años. De muchos colores. Dicen que la chica que esposó años después no descubrió ni su nombre real ni su homosexualidad. Que murió joven dejando solos un niño y un esposo que la quiso con locura. Ahora pasa horas con la mirada perdida en el lienzo que salió de su habitación en su exilio personal. Una tela negra repintada de blanco a conciencia... Rimarrò es una de las palabras que más me gustan del italiano. Tiene una sonoridad especial. Es la primera persona del futuro de un verbo. El verbo en infinitivo es rimanere. Rimanere significa permanecer en español. Si una noche de invierno un viajante viniera a encontrar cobijo entre estos labios secos encontraría
una habitación sin amueblar, un colchón unido a otro colchón en el suelo, (una caja de esperanzas vacía), una jarra de agua para lavar el cuerpo tras los sudores que provocaron tus manos en mis muslos, una puerta cerrada que esconde a un pequeño diablo que de vez en cuando se escapa. Un arco iris roto, una lata de viento embotellado, unas películas viejas de amaneceres.
Si una noche de invierno un viajante viniera, me encontraría cerrado por reformas. Un reportaje en los informativos y quizá la portada de la mayoría de los periódicos de tirada nacional. El desmantelamiento de otra red de blanqueo de dinero, otra mafia rusa, prostitución, pedofilia...
Estaba cansado de escuchar estas palabras y sin embargo, hasta que no me tocó de cerca, ni se me ocurrió dudar en las palabras de los telediarios.
No caí en la cuenta de que era un método ideal para silenciar a los contrarios al "régimen democrático". Que era fácil falsear pruebas en el ordenador, o incluso crear cuentas en el banco.
Era muy fácil si eras uno de ellos.
Era myu fácil si estabas dentro del gobierno... Comienzo el sábado pensando que debo estudiar y a medio día del domingo compruebo que no he hecho prácticamente nada (son bienvenidos los reproches de Aldeana al respecto, me los merezco). Me empeño en echar las culpas a la falta de costumbres y hábito que tengo tras mi Erasmus. Que no es que allí no hiciera nada (o sí), pero es que llevo tres meses sin tocar un subrayador, y ahora lo único que me apetece hacer son dibujitos con el amarillo fosforescente, y rellenar los espacios de las letras en las frases escritas sobre los apuntes (que a penas he leído). Lateralmente, me descubro en mis continuas despedidas. De gente que se atreve a emprender el viaje que tanto miedo me da. De otras personas que parten a unas vacaciones merecidas y a las que voy a echar de menos. Entonces abro los libros y no encuentro el consuelo necesario porque todos me dicen aquello que debería estar haciendo. Frustrante. Esta mañana, cuando ha sonado el despertador y lo he vuelto a poner para una hora después (ayer me pasé; pensaba volver a casa tres horas y media antes de lo que lo hice), el montón de apuntes sobre el escritorio se me ha echado encima para recriminarme mi falta de responsabilidades. Tiene razón. No valgo ni para basurero (y con un gran respeto hacia los basureros)… El sábado noche, se me olvidó contarlo, debí realizar una visita de urgencia al supermercado nocturno de los besos.
Compré una caja de roces encapsulados y unos cuantos besos dulces, que aunque ya no estaban de oferta no me salieron demasiado caros.
Ójala hubiera supermercados 24 horas donde encontrara algo de motivación en sobres efervescentes, porque a este paso no me siento a estudiar ni a la de 3... Anoche me sucedió un hecho de lo más extraño. Desarrollaba mis funciones con fantasma profesional a tiempo parcial en el caserón de la colina, trabajo con el que gano un sobresueldo para mis caprichos (véase mi extensa galería donde acumulo huesos de colección), que ya se sabe, que con la pensión de defunción uno no puede sobrevivir -esta frase no pretendía ser un chiste-, cuando de pronto entró, intrépido, un niño. Horas antes había espantado a una pareja de jóvenes que querían convertir mi morada en su nidito de amor, y aún quedaban repartidas por el suelo las velas que no llegaron a ser testigo de su pasión. Bajo aquella tenue luz, el niño entró y acercándose a mí, me dijo: -Hola, fantasma, ¿sabes? Yo soy tú... Estoy seguro de que si prohibieran el uso de gafas de sol en el interior del transporte urbano, el número de parejas crecería exponencialmente...
|