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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2005.
Inmersos en una época en la que una noche de fiesta podía durar medio año, los humanos comenzaron a practicar la recién descubierta amputación de recuerdos pasados para conseguir no saturarse de las vivencias de sus momentos de ocio. Aunque en un principio se realizaba de forma muy controlada, pronto florecieron las clínicas ilegales en las que prometían borrones de infancia traumática o adolescencias tormentosas. Algunos de los más intrépidos se aventuraban incluso en la extirpación tardía, en la que se eliminaba todo recuerdo almacenado hasta la noche anterior. Y en medio de esta hecatombe histórica, nació una nueva profesión de la que me considero el profesional más adelantado. Por un módico precio, paso tardes con mis clientes con la simple compañía de un té. Las charlas son más bien monólogos, puesto que me dedico a contar datos del pasado de aquel que se encuentra enfrente de mí. Obviamente, su pasado lo desconozco, al igual que ellos, pero paso horas inventando aquellas vacaciones que pasamos juntos en la playa o la noche en que coincidimos en el bar de la esquina y le acompañaba una rubia despampanante o un fornido mocetón. El secreto de mi éxito es no contar nunca dos veces la misma historia... Adán besando a Abel después de que Eva le dejara por la serpiente.
Caín asesinado por una manzana gigante.
Fin de una civilización... Quizá existió otro futuro que dejó de ser nuestro en el momento en el que, interrumpiendo mis sollozos, te levantaste de la cama y te fuiste.
No lo sé, nunca me ha gustado profetizar y además, creo que carece de sentido (nadie sabe el desenlace de cosas que no han sucedido, los what if de los tebeos o los libros de ciencia ficción no se dan en la realidad).
Pero algo dentro de mí me dice que con tu ida, se iban también las esperanzas de días más claros y alegres... Que estoy tonto, loco o que me voy a cansar enseguida. Todo el mundo (bueno, casi todo el mundo) se empeña en criticar mi intención de comenzar en octubre enfermería.
Incluso una profesora del instituto me hizo llegar un recado: No se te ocurra. Te arrepentirás.
Yo no paro de debatirme entre mil dudas. Con miedo a mandar currículos y que me los acepten.
Quería volver a España sólo como un tránsito, y se está alargando todo más de la cuenta. Ahora el temor me gana al pensar que tengo más cerca que nunca la posibilidad de irme.
De casa. Del país.
Comenzar de nuevo… El otro día hablaba con un amigo sobre Venecia y le confesé que, entre otras muchas sorpresas, la ciudad me descubrió un loco.
Un loco de verdad, de los que gritan por el medio de la calle. Desquiciado.
Vestía harapos. Andrea y yo nos preguntábamos si sería un actor, aunque desechamos la idea. La interpretación era magnífica y no extendía la gorra para pedir compensación por su actuación.
Pienso que hay mucha gente que no se atreve a exteriorizar sus locuras y sin embargo, no están menos locos que aquel que encontramos entre los canales y las góndolas. Estoy seguro de que hay gente mucho menos cuerda que camina por el mundo sin ningún tipo de control psicológico.
Como yo, sin ir más lejos. No, Cristina, no vuelvas, de verdad que no sabes qué es lo que te vas a encontrar aquí. De verdad que, aunque no lo creas, no echas de menos a nadie. Tus padres siguen siendo tus padres y tus hermanas no han cambiado. Ni para peor ni para mejor. No hay aquí más oportunidades, y no hace falta que me digas que es para acabar la carrera. Ambos sabemos que el paro es el mismo con o sin ella. Que te quedes, allá lejos, con ese chico del que he oído hablar. El que te robaba horas de sueño todas las noches. No dejes el trabajo de camarera mal pagada que a penas te dejaba llegar a fin de mes. Aquí no será mejor. Cristina, hazme el favor, quédate, sonríe, que si vuelves ya no habrá marcha atrás, y tus promesas de un retorno temprano no las podrás cumplir, y llegarás y te atarán, aunque tú no lo veas, y si pones un pie en este puto país verás que todo se acaba, tus esperanzas y tus sueños, que yo te continuaré queriendo mogollón y echándote de menos, y que prometo que iré a verte, de verdad. Pero en serio, Cristina, no vuelvas. Haz sólo lo que yo debería haber hecho...
Este es un relato que pensé hace unas semanas y sin embargo no llegué ni a escribir ni a colgar... Aunque ahora creo que es su momento. Quizá caótico o puede que algo surrealista. Desde hace un par de días vuelvo a vivir en una situación de lo más peculiar. Y es que, analizándome como si de mi propio terapeuta me tratara (y perdón a mi propia terapeuta, no es que no confíe en ella, es que de vez en cuando me va eso del autoanálisis), he descubierto que siempre me encuentro así cuando las cosas que suceden a mi alrededor superan en irrealidad al contenido de mis sueños. Ayer soñé que una profesora me aprobaba la última asignatura que me falta para conseguir la licenciatura al comprobar mis dotes como padre con un niño de a penas un año que me acompañaba en su despacho en la revisión del examen (disculpen la falta de signos de puntuación). Una situación del todo posible, como podrán comprobar, estimados lectores. En cambio, llevo tres días en los que la conversación más larga que consigo mantener con mi hermano es la siguiente: -Gilipollas -Vete a la mierda (Da igual quién sea el artífice de cada una de las oraciones). POr otro lado, la relación paterno/materno-filial tampoco está pasando por uno de sus mejores momentos... Y sin más novedades, me despido de ustedes estimados lectores (cada vez menos) hasta el próximo episodio de nuestro serial, "Vida de este chico (gilipollas)". Cuando la bailarina de la caja de música dejó su relación con el marinero, nadie parecía muy convencido por su futuro.
Sin embargo, contra viento y marea siguió adelante hasta que su destino se cruzó con el fakir. La amistad se transformó rápidamente en amor, que materializaban sobre un lecho de afilados clavos.
Ella salía acomprar el pan todas las mañanas con un polo de cuello alto que disimulaba las cicatrices que quedaban tras los revolcones feroces... Lo jodido del tema, es que los cafés aún me huelen a ti... Al principio, la nada fue silencio: una lengua extinguida antes del labio, antes aún del aire. Fue, al principio, la nada ese no ser quizá en lo oscuro anterior a la vida; no era entonces por el tiempo imposible de la espera, cuando el vacío; no era todavía reflejarse en el curso de un río seco. Como el peso de un salto interrumpido todo crecía innecesario y último para la nada aquella imperturbable. Había una quietud de piedra o de árbol y un orden parecido al de la muerte.
Javier Cano, de El idioma de Adán. Cuando mi médico de cabecera leyó el artículo según el cual el orgasmo suponía una pequeña pérdida de conciencia, me llamó de inmediato para comunicarme que conocía la razón de mis desconexiones y mi amnesia selectiva. Era algo que pocos de mis amantes llegaron a descubrir. Que tras el clímax de una relación sexual, mi cerebro sufría una especie de reset, olvidando aproximadamente las últimas doce horas. Así pues, con cada nuevo orgasmo, comenzaba una nueva vida siempre al lado de un desconocido... Con tan solo trece años era un experto en el arte de la disección de peces. Todos los viernes por la tarde iba de la mano de su padre políticamente correcto a la tienda de animales de la esquina, y compraba un bonito ejemplar. Rojo, naranja, de colores, transparente... Una vez hasta se atrevió con una piraña. Después pasaba horas delante de la mesa de disección que había improvisado en su cuarto, con el bisturí entre las manos y una pequeña mascarilla cubriendo su boca. Sus padres estaban orgullosos de las aficiones de su único hijo. Una noche se levantó sonámbulo. Diseccionó a su padre. Fin.  Demasiadas personas habían jugado con ella. Por voluntad propia, ayer tarde, tras una acalorada discusión, pidió ser ejecutada. Sus familiares y amigos piden una horación por su descanso eterno... Es este calor insoportable que no me deja pensar a penas...
Sólo me queda pasear descalzo por las casas, salir medio desnudo de las piscinas, y mancharme con tus helados de chocolate.
Definitivamente, prefiero el invierno. Lo siento, pero también formo parte del club de los que tiran la piedra y esconden la mano. De los que se pasan todo el día soñando despiertos y al llegar la noche no consiguen conciliar el sueño... Lo de ayer no era más que un simple ensayo... Hoy el post completo.
Quizá yo también forme parte de ese club raro de gente que pasa la mayor parte del día soñando y luego, por la noche, no puede dormir. De los que primero tiran la piedra y después esconden la mano. De los que primero tocan, besan y aman... y después esconden la mano. Pertenezco al grupo de personas ancladas a los aniversarios de las batallas personales, aunque suelo olvidar todos los cumpleaños. Soy de los que ven fantasmas al girar cada esquina que se abalanzan sobre mí, y también de los que guardan hadas y conjuros en cajitas de madera. Soy de los locos (aunque esto ya lo he dicho varias veces) y de los borrachos. Triste, escondido y pésimo poeta. Si la nada fuera, sería algo parecida a mí. Por favor, encuéntrame ya... Esta mañana, cuando cogía precisamente la libreta donde escribo estas cosas, se ha caído y se ha roto la foto de mi prima que tenía justo delante. En un principio no he prestado mucha atención al hecho, aunque poco a poco he ido pensando que quizá, sólo tal vez, pudiera tratarse de una señal. Puede ser que deba convertirlo todo, comenzando por mi habitación, desde su actual estado de panteón perpetuo a maceta, de la que puedan crecer cosas nuevas. Cosas nuevas, esto excluye también muchos elementos que me rondan últimamente por la cabeza.
Creo que debo hacer caso al 100% a Aldeana y cambiar de aires, evitar esta endogámica a la que parezco encadenado y abrirme a nuevas experiencias. Aunque sé que necesitaré muchas ayudas... Ayer vino a comprar una chica rumana, clienta habitual de la tienda en la que trabajo. Yo estaba cobrando en las cajas, y cuando tenía que devolverle el cambio, ella cogió rápido mi mano llena de monedas, le dio la vuelta, y tomándolas todas excepto una de cinco céntimos, leyó los surcos de mi palma izquierda, sin que me diera tiempo a protestar. Cuando levantó la cabeza, tenía una lágrima en los ojos y no dijo nada más que un Lo siento, con un duro acento. Guardo la moneda de cinco céntimos como si fuera un amuleto contra el destino que vio... Era casi violencia lo que llevó tus dientes a chocar contra mis labios. Ansia cuando tomabas mi cabeza por detrás para dirigirla a tu boca...
Como si justo después del beso fuera a acabarse el mundo. Ci sono creature assegnate che non riescono a incontrarsi mai e s'aggiustano ad amare un'altra persona per rammendare l'assenza. Sono sagge.
Hay criaturas asignadas que no consiguen encontrarse nunca y se adaptan amando a otra persona para remendar esta ausencia. Son sabias.
Erri de Luca - Tre cavalli Desde hace ya casi tres años miro diariamente las esquelas del periódico, esperando. Es siempre igual, aunque no lo haga con ansia, sí lo hago con continuidad. Con alevosía. Esperando ver una mañana tu esquela de muerto, para poder llorarte a gusto en los rincones que me abundan. Oliendo desde aquí el olor de las flores marchitas sobre tu tumba, imaginando las de plástico que sustituirán las muchas coronas que te pondrán. ¿Te mando yo otra? ¿Qué debería poner en la cinta? Nadie le quiso más que yo. D. Sé que viniste mientras dormía y me susurrabas en el oído las excusas que nunca te pedí y que siempre esperé.
Tocabas con violencia mi sexo también dormido, y me besabas la boca, los labios, las orejas el pecho también desnudo. Me besabas hasta los pies y las sombras bajo mi cuerpo también desnudo. También sé que cuando te fuiste llorabas, me lo dijo la tercera estrella que cuelga sobre mi cama... Después de un par de días de nuevo ante los fogones me reitero en mi opinión de que hay pocas cosas más sensuales que cocinar. Creo que ahora comprendo la manía de alguno de mis ex-amantes de querer hacerme un plato de pasta o de poner ante mí un elaborado plato japonés. Es extraño decir la razón. En realidad, no hay nada que lo explique. Sólo que el tener la sartén al fuego, con los ingredientes dorándose lentamente, o los hervores de los caldos y los pucheros en la cacerola, a mí, me evocan pensamientos de lo más lascivos. Mejor ni hablar de la elaboración de postres... Quiero una cabeza en mi regazo mientras recito algún cuento leído de alguno de mis libros de cuentos, en mi cama, en mi casa. Tengo, justo, algo más de dos semanas y media para encontrar el destinatario de mis cuentos. Será en el momento en el que mis padres hayan caído en esa conjunción de días de vacaciones que les habrá llevado lejos (sin rumbo aún conocido, pero lejos), y que me dará a mí tres o cuatro días para incluso matar en mi casa. Así pues, busco...
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