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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2005.
Ella se despereza suavemente entre mis dudas y certezas.
Me trae el café por las mañanas y me roba el alma al caer el sol.
Me cuenta historias suavecito en la oreja y me quita horas de sueño de descanso de razón. No volvió hasta 8 años después. Yo había aguardado impaciente todos los años al comienzo del verano.
Cuando el grano comenzaba a amarillear y la gente del pueblo preparaba sus mercancías para canjearlas con la carabana. Cuando llegaban los más pequeños corriendo desde el río, con el agua aún cayendo de sus cabellos, y con los caramelos regalados en las bocas, que no se podían cerrar por la alegría.
Por siete años esperé sin encintrar nada más que simples palabras de consuelo. "Esta bien, ha crecido, es muy inteligente ahora" (te hecha de menos)...
Volvió. Llegó levísima. Pétrea. Recostada sobre unos tablones repletos de flores, con los dedos de ambas manos entrelazados y los ojos cerrados.
Volvió. Llegó muerta. Ella levísima.
Ella ... muerta. Se estaba ya haciendo tarde y ni debía dejar de correr. No faltaba tanto para alcanzar el bosque.
Los matojos de malas yerbas herían sus piernas, y minúsculas gotas de sangre comenzaban a caer, manchando de morado y rojo los calzetines y unas zapatillas desgatadas.
Por fin los primeros àrboles. Cada vez más espesura. Cada vez más difícil avanzar.
Y cuando alcanzó el claro de los lobos, con los últimos rallos de luna sobre su cabeza, con los primeros rayos de sol en el horizonte, cavó un gran hoyo, una sepultura. Y se enterró.
Hasta la próxima vez... —Line, ti amo. Ti amo veramente, Line, ma non ho tempo per pensarci, ci sono tante cose alle quali devo pensare, per esempio questo vento, adesso dovrei uscire e camminare nel vento. Non insieme a te, Line, non ti arrabbiare. Camminare nel vento è una cosa che non si può fare altro che da soli, perché c’è una tigre e un pianoforte la cui musica uccide gli uccelli, e la paura può essere dissolta solo dal vento, si sa, io è tanto che lo so. Agota Kristof – IeriGrazie, Alice...Otra vez TODA esta estúpida sensación para al final comprobar que estoy solo en mi pequeño planeta y que me cansé de esperar una bandada de golondrinas que me llevara a tu lado.
...y sin embargo tus labios... Una noche, mientras volvía, como siempre, borracho a casa, confundí (siempre me confundo) la puerta, la cama y el pecho al que abrazarme...  Entonces decidió aprender a tocar la tuba, el único instrumento que podía simular el dolor de una sirena en la niebla... Y el montón de ropa sucia de mi compañero de habitación continuó creciendo. Y creciendo. Y creciendo...
Y la otra noche, debido, posiblemente, a los gases que producían las bacterias descomponedoras, comenzó a flotar a un palmo del suelo mientras emitía una fluorescencia verdosa...
Y esta mañana, al pasar por su lado (dando, obviamente, un amplio rodeo), me ha saludado por mi nombre... Cansado de tanto caminar decido recostarme en el suelo en medio de ninguna parte. Me dejo morir.
La gente pasa, me mira. Un niño ha escupido en un ojo para ver si me movía.
Ahora llueve, yo no tengo frío. Por fin llegas. Sereno, me das un beso con sabor a café de desayuno. Me incorporo, a penas lo suficiente para tomar el lápiz que me ofreces y dibujar siluetas en las alas de los pájaros. Me levanto, te tomo de la mano des pa cio. Me levanto y me llevas de la mano. Ahora soy yo el que parte. Solo. Quédate. No llores, sabes que al final, más pronto o más tarde, siempre vuelvo para desmontar albas para que me lleves en tu Vespa justo donde termina el horizonte… Hasta no hace demasiado tiempo, aún conservaba la afición de ir al cementerio con mis amigos a escuchar recitar a los muertos. Poco después de que se pusiera el sol, y con el vigilante ya roncando frente a una pantalla que gritaba los últimos cotilleos, nos metíamos por el hueco que quedaba bajo la puerta nueva, siempre armados con una linterna y una manta para combatir el frío de las tumbas. Después cada uno elegía un muerto. Tenía amigos que preferían repetir, es decir, que siempre se quedaban con el mismo. Yo, sin embargo, me cansaba pronto, y me gustaba escuchar historias nuevas, por lo que rara vez elegía el mismo difunto. Así pues, una vez realizado el reparto, extendíamos la manta y nos recostábamos sobre ella, con la oreja atenta a las palabras de la persona que yacía bajo nosotros. Al princicio nada. El silencio. Pero poco a poco, cuando nos acostumbrábamos a los murmullos de los alrededores y al rechinar de los ataúdes, sus voces comenzaban a hacerse audibles. A penas susurros. Ellos, repitiendo, impertérritos, todos los recuerdos de los que disponían. Para no olvidar. Obviamente, cada vez que volvían a empezar habían olvidado alguna cosa. Espero que no fueran conscientes de que al final, como a todos, les alcanzaba el silencio... El partido de los miopes resultó vencedor de las elecciones. A los pocos días, impusieron el uso obligatorio de las gafas a todos los habitantes del país. Se habían cansado de tantos años de burlas por sus lentes. Cuatro-ojos pasó a ser un adjetivo loable. Debido al abuso de poder que quedó más que patente, los daltónicos impulsaron una moción de censura, que ante las dificultades e irregularidades que sufrió, se transformó rápidamente en un golpe de estado, con el apoyo de los sordos y tartamudos. Con el nuevo gobierno, las cosas no fueron mucho mejores. Se suprimieron los colores en el país y la comunicación pasó a ser exclusivamente mediante el lenguaje de signos. Y entonces llegaron los albinos. Con una astucia nunca imaginada, crearon una religión en la que ellos mismos se alzaban como representantes de los dioses sobre la tierra. El populacho, receloso y temeroso, comenzó a alabarles con ofrendas desorbitadas, por lo que los dioses-blancos (como se hacían llamar), pasaron a ser uno de los sectores más ricos e influyentes. No tardó demasiado en aparecer la primera casa real del país, elegida por la coalición de homosexuales y transexuales que poco tiempo atrás se habían hecho con el poder mediante una manipulación de las urnas. Como no podía ser de otra manera, el rey era un bisexual bien dotado que eligió como acompañante al trono a un poeta loco (aunque las últimas habladurías comentaban la existencia de un harén de mujeres y hombres que saciaban sus instintos más salvajes). Y por último, llegó la república... How difficult is to say goodbye to my lover when he's so far away from me...
Andrea R. Le vi salir del agua. Desnudo. Las gotas de su cabello húmedo derramándose sobre la arena. La luna golpeándole en los ojos. Solo. Llorando. Yo había ido a la playa acompañado por una botella de ron. Necesitaba olvidar mi último fracaso. Amoroso, familiar, en el trabajo... Por aquellos días mi vida era un fracaso. Al principio no supe si era parte de mis delirios etílicos. Sin embargo, no creo que algo formado por mi imaginación fuera capaz de besarme como él lo hizo. O de hacerme el amor con esa suavidad, casi pereza. Los gemidos parecían salidos de las gargantas de un león marino. Su tacto, algas sutiles abrazando mis piernas... ...su adiós, millones de medusas envenenando mi corazón... alguien sopló una vez en mi cuello en la cama y no me dejaba dormir cansado, decidí darme la vuelta y abrazar otras madrugadas, pero no encontré más que manchas de sangre y musgo que recorrían mis venas. salí sólo por un instante a la calle para comprobar que también me había cansado de ser la rubia del traje rojo el loco, el asesino, el causante de todos los problemas, el único que tenía valor de decirlos y el poeta enamorado. así que, lentamente me dejé caer en tu veneno... Ayer, mientras leía, lo comprendí. Que este amor no tiene cabida en este mundo.
Tan sólo en unos lugares muy concretos, lugares que no existen, entiéndase,
como los claros en los bosques donde la luna es a penas una sombra que se deslice por tus hombros desnudos
como los atrios de los templetes con columnas romanas medio derruidas, que son testigos de besos escondidos aunque no sean verdaderos (ni los templetes ni los besos)
como el espacio que queda entre las mareas; ese espacio donde quedan marcadas las pisadas de los que pasean y al día siguiente las olas las han hecho desaparecer (como harían desaparecer el rastro de nuestra pasión)
como en medio de un sueño...
Sólo en esos lugares, que al fin y al cabo no existen
sólo en estos lugares te podré amar sin ligaduras de la gravedad, la realidad o del tiempo, que a cada momento me quita segundos de tu ausencia... Nadie en toda la comunidad científica pudo suponer aquel efecto secundario cuando lanzaron el segundo satélite artificial.
Sólo algún curioso de poca monda había advertido de las extrañas radiaciones que emitía.
Cuando amanecí aquella mañana de domingo, resacoso y con dolor de cabeza, no pude contener el grito que llegó a mi garganta al ver la maraña que crecía en el patio de luces... Los geranios de la viejecita del segundo habían florecido sobre mi cabeza, más allá del sexto, y las gruesas ramas de la enredadera del solterón del 4º (cuya sexualidad era la comidilla del resto de las vecinas) tenían un grosor aproximado de medio metro de diámetro...
El panorama que contemplé desde el balcón no era menos desolador... Al parecer, la exposición a las extrañas radiaciones emitidas por Luna2 habían producido un sobrecrecimiento del reino vegetal, que ahora, se vengaba de la colonización de los animales...
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