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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2005.
—Me gustaba más cuando tenías el pelo largo. —Ya, a mí también me gusta tener el pelo algo más largo. —Así no se puede jugar con él. Siempre hay que tener algo de pelo para poder jugar con él. —Sí, yo pienso lo mismo, pero las caricias se van acumulando, y se enredan en los pelos rizados. Y llega un momento en el que no puedes pensar con claridad. Por eso, me gusta cortármelo de vez en cuando, para dejar paso a nuevas caricias... Pedías que dejara de amarte como aquel que pide a una persona querida que dejara de fumar.
Como si tu amor contaminara mis pulmones, mi cerebro, mi sangre. Como si llenara de brea y anegara en forma de marea negra los rincones más oscuros de mi corazón.
Lo peor, lo que más temo es llegar a conseguirlo un día. Ganar los cinco kilos de rigor con tu olvido, curarme en salud de tus sonrisas y pasarme el resto de la vida esperando acercarte a mis labios tras la comida o después de hacer el amor... Está claro que los edredones nórdicos son la gran prueba. Por más de 5 años he tenido que pedir ayuda a quien fuera para que me ayudaran a embutirlos dentro de su correspondiente funda. Cuando estaba en casa reclamaba a mis padres o hermanos, y durante mi estancia en Italia, he pedido la ayuda de mis compañeros de piso. En más de una ocasión han sido el centro de nuestras conversaciones. Que son casi imposibles de poner sin ayuda, sin compañía. Así que cuando me pensaba en mi futuro no tan lejano, siempre rehuía colocar uno de estos instrumentos del diablo en mi cama imaginaria. Porque solo iba a ser incapaz de colocarlo. Sin embargo hoy, después de cerca de un cuarto de hora, he conseguido meterlo. Solo. Creo que el destino me está dando pistas de algo que no quiero acabar de aceptar... Etiquetas: Edredón, Nórdico Ahora comprendo dónde estaba mi error. No sé cómo no me di cuenta antes. Que la canción era la equivocada. Que no te debía pensar con los arpegios de una guitarra pidiendo una oración pagana, sino con los acordes de un piano que acompañan a un sabio declamando lo loco que anda el mundo... Que de verdad me estoy convirtiendo en una persona seria. La otra noche me mandaron un sms donde me decían que tenía una sonrisa bonita, aunque la mostrara poco. La verdad es que no lo sé, porque a penas la practico, y tengo miedo de acabar perdiéndola (sobretodo si es cierto eso del atractivo de mi sonrisa... no quiero dejar escapar armas de seducción así como así). Recién llegado a Parma escribí una poesía que se llamaba " Añil Inundado", en la que había un verso que decía: Sonrisas escasas y un abrazo que me canso de recordar Pues parece que desde entonces, y a pesar de que no he dejado de tener momentos felices, no he ejercido mi derecho (debería ser mi obligación) de sonreír. Y ahora comienzo a ser consciente de ello. Quizá, con aquella independencia que fui a buscar, encontré también algo de seriedad que me ha medio-esclavizado... Psicólogos del mundo (aunque más bien debería decir, psicólogos que leen estas líneas): Les propongo un trato. Es un juego sencillo, de verdad, no se asusten. Yo ahora les enumero un caso que le sucede a un amigo mío. Es una persona muy allegada, por ello me preocupo de esta forma por su salud mental. Ustedes me dan consejo (para él, está claro), y así ganamos todos, ustedes en satisfacción personal, mi amigo en autoestima y yo en ahorro de problemas... Les expongo. Pues resulta que desde hace una semana aproximadamente, mi amigo siente una ansiedad ansiosa. Sí, es el mismo sentimiento que le provoca un hambre desbocada en cuanto ve comida (aunque en realidad haya comido a penas una hora atrás). La misma ansiedad que no le permite conciliar el sueño con tranquilidad. O que le causa esta sensación de malestar que a veces le llega a postrar media hora con la mirada perdida en el infinito. Como condicionantes ambientales, cabría destacar una situación familiar hostil que no le ayuda en lo más mínimo a recuperarse de estos achaques del alma que no es la primera vez que sufro... digo, sufre. Y poco más que sea capaz de recordar. Si ustedes son capaces de darme una solución de lo que me le pasa, les agradecería mucho su ayuda... Esta mañana vino la vida a levantarme con gritos y exhortaciones diciendo que no era pecado haberte querido contando que no era culpable de continuar amándote.
Me dijo con sinónimos sordomudos entrec trec trecortados que abriera ventanas y apartara los lazos negros de los ojos, que no es luto lo que tengo que debiera vestirme de blanco por tu recuerdo.
La vida, al despertarme, apartó sueños de obispos que condenaban a monotonías forzadas. Insistía en que llenara los huecos que habías dejado en mi cuerpo con otros sudores trasnochados y que dejara fluir las palabras que había encadenado a las rocas de tus fotos.
Me llevó de la mano a ver hombres disfrazados de marinero viejo que continuaban saliendo a pescar cada noche. Me dijo, como ellos ahógate en el mar de los Sargazos de los brazos de los desconocidos. Y amanece con el salitre de sus besos cubriendo cada centímetro de la piel y no te creas las leguas de mares y vidas que te separaron de tus ángeles... Anoche volví a decirlo mientras hablaba por teléfono... Que está claro que no estoy nada centrado desde mi vuelta. Y parece mentira, sobretodo teniendo en cuenta que están a punto de cumplirse los dos meses de mi llegada. Pero no acabo de aclimatarme. También dije que cuando después de Navidades volví a Parma para terminar mi Erasmus, mientras entraba en la ciudad, notaba ese sentimiento que se siente al volver a casa. Sentimiento que no tuve a mi regreso a España. Que quizá no quiera acabar de aclimatarme otra vez a esto. Porque cada vez está más claro que es una estación de paso. Sólo espero encontrar pronto mi próximo destino (aunque no sea el final). Me desperté por los ruidos que comencé a escuchar. Extrañado, alargué la mano para encender la lámpara que hay en mi mesita. Pero la lámpara ya no estaba allí. Ni la mesita. Con el miedo comenzando a crecer en mi cabeza, abrí los ojos para descubrirme en medio de un bar. La cama ocupaba el espacio que debería corresponder al de dos mesas. Un poco más allá, una pareja de ancianos tomaban con tranquilidad su café y sus tostadas de pan con mantequilla. Y en la barra, no demasiado lejos de mi cabezal, una cuadrilla de obreros discutían y leían la prensa deportiva. Lo más extraño era que para ellos, yo no me encontraba fuera de lugar. De hecho, una joven que entró con un carrito me pidió disculpas por los llantos de su hijo... Estimado V. Se acerca el día en el que se cumplirán los dos años de nuestro encuentro. Si tuviera que buscar alguna palabra para describirlo, no podría encontrar ninguna más apropiada que fortuito. Por dos razones: La primera hace referencia al elemento casual que comporta la palabra. Porque desde que nos separamos, la vida no ha dejado de ser para mí un cúmulo de casualidades que me han llevado a otras personas, a otras situaciones que me han ayudado a crecer, a evolucionar (a svilupparmi), y a darme cuenta de que nunca llegaré a alcanzar todo lo que me gustaría. Y esto no me deprime, porque pienso en un futuro lleno de nuevas búsquedas de lo desconocido, para intentar llenar al menos, parte de las estanterías que a mi muerte, continuarán casi vacías. Esto no me desanima, sino que me incita a continuar... La segunda razón está relacionada con la acepción de fortuna que se entrevé en la palabra fortuito. Porque fue una casualidad afortunada que aquella noche nos encontráramos, como intentando salvarnos de un mundo que nos ahogaba, y de allí, partiera lo que, hasta no hace ni dos meses, fue la relación que más me ha marcado. Porque tengo claro que aquella noche por Madrid, lancé la última cometa que me quedaba y logré pescar un ángel caído. Después tú mismo me enseñaste a construir más cometas. De ti nacieron millones de palabras que estaban atrapadas en mi cabeza, escondidas en algún rincón de mis circunvoluciones. Tú me enseñaste a darles forma y atarlas con hilos finos y livianos. Y me diste la paciencia de esperar. Porque me creí afortunado de haberte conocido (de haberte tenido), pensando que eras el único ángel caído sobre la faz de la tierra. Y hace a penas dos meses, la vida volvió a dar una vuelta y me mostró a otro como tú. Lo más extraño es que esta vez, al mirarle, me vi en un espejo. Así, ahora veo un futuro extraño, quizá triste (la vida es triste, es algo que he aprendido en estos dos años). Pero voy a intentar combatir esta tristeza con nuevas palabras y gemidos entrecortados al amanecer. Y continuaré buscando más como tú, como el otro, como yo (ahora lo sé). Porque me creí con suerte de haber conocido a uno, la vida me concedió un segundo, y ahora pienso esperar aún más...
Escrito el 4 de Abril de 2mil5 A la salida de los primeros rumores, con el difunto aún caliente en el ataud, las autoridades de la comunidad se encerraron en una especie de cónclave y las primeras declaraciones fueron negaciones rotundas de los hechos. Por otro lado la prensa del corazón, tan expandida en el país de residencia de la "viuda", cercó su residencia y la de sus más allegados. No era mucho lo que se sabía, y nadie era capaz de entender dónde se habían producido las flitraciones de información, por ello, en los primeros días, todo fue un continuo aparecer ante las pantallas de desconocidos que querían aprovecharse de la ocasión. Cómo no, los habituales de la prensa rosa pronto comenzaron a admitir relaciones con la "conspiración", pues no querían quedarse fuera del terreno de juego. A su vez, la principal afectada se encerró a cal y canto en su estancia y al tiempo, con los focos de las cámaras de televisión y fotografía aún apuntando a su alrededor, consiguió escaparse, y desapareció de la faz de la tierra. Una de sus hijas, en unas declaraciones que realizó a la prensa no hace demasiado, admitió que al hacerse público el testamento del anciano, su madre creía entrever su persona en varios párrafos del texto, y se abrazaba a una copia impresa del mismo mientras deliraba y creía verle en cada rincón de su habitación. Anteayer volví a discutir con mis padres. La verdad es que todo surgió de una situación muy tonta. Pero como siempre, comenzaron las recriminaciones por su parte, recriminaciones sobre cosas que en parte, no tenían sentido ni razón. Desde entonces, la situación en casa es de ficticia tranquilidad. Andamos todos como sobre nubes, es una irrealidad que a veces me llena de hastío, me cansa y me da dolor de cabeza. Es como estar viviendo en una de las historias que escribo. Creo que por fin he cumplido el sueño que he tenido desde pequeño, el de convertirme en protagonista de un cuento. Sólo que ahora me doy cuenta de que no me gusta lo más mínimo... Sobreviví a mi primer campamento como monitor, a pesar de haber pensado en algún momento las siguientes palabras: "Reunido el comité de monitores en la mañana después de vuestra primera noche aquí, hemos decidido, y sin que cree precedente, ahorcar a un par de vosotros, elegidos azarosamente a dedo, con la intención de ejercer ejemplo de lo que vamos a ser capaces de hacer de ahora en adelante en caso de que no se acaten nuestras órdenes. La ejecución será a primera hora de la tarde y se realizará en la viga metálica que atraviesa el salón de recepción. La gente que, deseosa de más sangre, quiera acudir al evento con piedras para aumentar la agonía de los allí ejecutados, será autorizada a llevar tan solo dos de estos objetos..." Volví el domingo por la tarde y algo tarde, para volver a sumirme en mi cuento personal, en esa aureola de fantasía que se encuentra situada ahora mismo sobre mi casa. Abrí la puerta y me recibieron a gritos... "Nada como volver a casa", pensé. El concierto no fue mal. No me equivoqué en los solos, aunque al principio el oboe estaba excesivamente bajo. He dormido como un tronco. Abrazado a Momo (como hacía un mes que no lo hacía). Creo que comienzo a tener ciertas carencias afectivas... Al subir al autobús, un señor mayor en el fondo pasó la hoja de su enorme libreta, y con un carboncillo en la mano, comenzó a trazar líneas frenéticas. Levantaba la vista para observarle, aunque no se dio cuenta hasta pasados casi diez minutos, cuando ya le faltaba poco tiempo para llegar al instituto. Cuando ya por fin iba a apearse, el señor se levantó rápido, mostrando una agilidad que había escondido en un cuerpo de viejo y le tendió el boceto. Se trataba de un diseño casi exclusivamente negro, y al primer golpe de vista no fue capaz de adivinar ninguna forma conocida. Aunque con un par de segundos más de análisis comenzó a entrever unos ojos oscuros y tristes. Y un pelo que caía sobre su frente y sus orejas. Incluso se veía el fino cable que conectaba los auriculares con el reproductor de música que llevaba escondido en el bolsillo. Levantó la cabeza del dibujo para agradecer el presente al señor desconocido, aunque éste ya no se encontraba en los alrededores. Volvió a posar su vista y sus pensamientos en el papel y se preguntó, por fin, si valía la pena continuar mostrando su tristeza al mundo... Creo que para seguir con los posts que están realizando el resto de bloggeros, deberé hacer una breve reflexión sobre el nuevo Papa... Comencemos por el nombre. La verdad, es que no me impone demasiado un jefe de iglesia que se llama casi igual que el robot protagonista de una serie de dibujos que todos tenemos en la cabeza... Eso, a parte de saber que es (o era, no sé si las responsabilidades son compatibles) el mayor representante de una organización que en un tiempo fue la perseguidora de brujas y magos (véase Santo Oficio). Continuando con el análisis papal, creo que no sabrá adaptarse a los nuevos tiempos; y si nuestro querido (o no tanto) Juan Pablo II ya fue algo drástico en cuanto a la política del uso de preservativos, creo que este nuevo personaje lo será aún más. No se extrañen si en estos años de pontificado el SIDA aumenta aún más sus porcentajes en los países con un índice de desarrollo menor al que nos encontramos. Por no hablar de los millones de pre-adolescentes embarazadas... Podría alargarme discutiendo sobre el celibato, la presencia de la mujer en la iglesia, la relación con los más pobres, y un largo etc., pero creo que ya le he dedicado demasiadas líneas a un personaje que ahora, después de muchos años de análisis interior y pérdida de la fe, ni me va ni me viene. Así que sólo me queda desearle lo mejor en sus años de pontificio. ¡¡Larga (o no tanta) vida a Mazinguer XVI!! Háblame niño de tus robos inocentes, de los asaltos que cometías cuando entrabas de improvisto en las tiendas y corazones y desvalijabas cajas y gente cuerda. Háblame de tus ensoñaciones, de cuando salías del agua medio desnudo y mirabas, mordiéndote un labio, a los que observaban ansiosos devorándote con esos ojos con esos rostros viejos y feos. Cuéntame cómo los provocabas cómo provocabas sus derrumbamientos y hacías que olvidaran sus promesas identidades, éticas (impuestas)... Háblame, niño de esos otros niños con los que jugabas. Dime qué fue del último, cómo causaste su caída y poco a poco lo volviste loco. Cuéntame los velos negros que le colocaste, las manos gruesas que ahora tapan su mirada. Háblame, mi niño, cuéntame y sal del espejo... Parecía un banquete real. Y presidiendo la comitiva, la señora Lo tomaba su ginebra barata en una taza de loza. El resto de los comensales comían con prisa un puchero, directamente de la gran olla que ocupaba el centro de la mesa. Puchero que había sido preparado con un hueso gigantesco cien veces hervido. En cierto momento, comenzaron los gritos a uno de los laterales de la mesa. Un señor mugriento había metido su mano en la falda roída de la señora de al lado, que sintiéndose acosada, había derramado el contenido caliente de su plato sobre la cabeza del primero. Entonces comenzó a sonar la música, proveniente de la vieja gramola del fondo de la estancia. Un niño cojo hacía girar la manivela, y los que hasta el momento habían permanecido sentados al rededor de la mesa, se levantaron de inmediato, como hipnotizados, y se agarraron entre ellos, para formar parejas de lo más extravagantes y moverse al ritmo de vals... Los días pasan en esta cárcel postiza, sin barrotes en las ventanas pero con grandes limitaciones. Los gritos quizá se hayan escondido en alguna esquina, o bajo la cama, o dentro de algún armario (temidos armarios). Sin embargo, durante estos días en los que quizá he descuidado un poco más mis aficiones bloggeras, ha aparecido un nuevo miedo, una nueva limitación que se suma a las que pueda tener ya de por sí. Durante estas jornadas he bailado y he bebido y he abrazado y besado a los que siempre están cerca, y he echado de menos a los que andan a miles de kilómetros. Y las lágrimas han continuado atrapadas sin poder derramarse. Y me he visto a mí mismo creándome nuevos muros, altos, duros e inaccesibles. Muros y torres para esconder y guardar sentimientos y besos. Me he sorprendido también al comprobar mis inestabilidades, al reconocer mis miedos y admitir mi incapacidad para sustentar el ánimo y las sonrisas de terceros... Está claro que si yo mismo no soy capaz de asegurarme una cuenta fija de felicidad, no puedo soportar con la carga de saberme propietario de nada ni de nadie. Ahora sólo espero que el próximo disco de Coldplay salga pronto y sea capaz de animarme algo... Cavaron mi tumba en medio de la plaza mayor del pueblo. En plena noche, y sólo en presencia de tres personas; el párroco, el alcalde y el alguacil, que fue el que empuñó la pala. A la mañana siguiente, nadie se percató de la tierra removida, y aunque los rumores sobre mi desaparición no se extinguieron hasta tiempo después, pronto no fui más que una leyenda. El tiempo pasó y después de que una gruesa capa de asfalto cubriera mi lecho, una cuadrilla de obreros construyó sobre mí un bloque de edificios. Aquellos que me condenaron se salían con la suya, ya que millones de personas anónimas me pisotearon y bailaron sobre mi tumba. Pero ahora estoy dispuesto a volver... Vuelvo a abrirme en canal y no veo más que tus mentiras ensuciando mi sangre. Hace ya tiempo que Dios me condenó, no esperaba una salvación fortuita pero a veces me canso de tanta tortura; a veces, me lleno de desesperanza y las ganas de acabar con todo vuelven insistentes a mi cabeza, a mis manos. Tengo el poder para acabar. Y sin embargo, son algunos pequeños gestos los que aún me encadenan a este paisaje lunar. Así, sin llorar continuaré vagando por este mundo lleno de almas en pena repleto de fantasmas que me atraviesan y no me ven. Con la esperanza de volver a encontrarte. Ayer comenzaron oficialmente las fiestas de Moros y Cristianos en mi pueblo.
Conseguí sonreír un par de veces.
Sinceramente.
Pero aún estoy lejos de la salvación...
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