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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2004.
 Aquella noche, el doctor volvió transformado de nuevo en aquel mortífero monstruo, como venía ocurriendo desde los últimos días. Había sembrado el pánico por el barrio, asesinando a varios vagabundos y policías, maltratado a las fulanas y robado en casas de algunos de sus amigos, que eran incapaces de reconocerle debido a la transformación que sufría al beber el brebaje. Ella había podido comprobar que la poción creaba una fuerte adicción en el doctor, pues a pesar de intentar no tomarla o pedir que se le encerrase en su cámara, parecía como si el monstruo se apoderara de su alma antes incluso de que tomarala, y rompía la puerta y corría ansioso hasta el laboratorio, donde tomaba de nuevo su elixir y salía a pasear por Londres su sed de sangre y caos. Por las mañanas, cansado y sufriendo en su cuerpo los excesos que había cometido la noche anterior, trabajaba afanoso en un antídoto, que le permitiera sobrevivir sin tomar la poción, pero ya a media tarde, el monstruo comenzaba a tomar el control de sus pensamientos y no podía continuar con su labor. Unos meses después, cuando el doctor salió sonriente y exaltado del laboratorio anunciando su éxito, ella tuvo que contener su tristeza. Ya de noche, en su habitación, lloró amargamente la pérdida de su salvaje amante... Era sencillo conseguir algo para meterse en la boca en aquel mundo. Adentrándose un poco en el bosque de caramelo podía encontrar millones de bayas rojas, rosadas, verdes, azules,... cada cual más sabrosa. De los árboles de algodón pendían, casi en cualquier época del año, frutos carnosos de muy diversos sabores. Además, con la mañana, se formaba sobre las hojas un rocío muy especial, azucarado y embriagador, del que no debía abusar, pues otros duendes sucumbían a su encanto y pronto pasaban la mayor parte del día borrachos. Si caminaba en dirección al desierto de colores, se cruzaba con pequeños animales y otras alimañas, cuya carne era deliciosa incluso cruda. Y si le apetecía calentar un poco su estómago, podía volar haciendo círculos sobre el lago y pescar alguno de los peces o ranas que allí vivían, aunque con cuidado de no hacerlo cerca del monstruo que dormía en el fondo, ya que si le despertara, podría enfurecerse mucho y su vida correría peligro. Pero si lo que realmente quería era degustar el mejor de los manjares, tenía que volar alto, muy alto, ir a las cumbres de las secuoyas milenarias, y allí, con suma delicadeza, robar algunos huevos de las libélulas, que hervidos con agua de lluvia de luna y sazonados con un poco de cuerno de unicornio rallado, podía alimentarle durante más de 4 lunas llenas, y aún sentiría el sabor del plato caliente en su boca... Anoche me quedé viendo una película. Una película de esas que te hacen llorar como una magdalena (lo hice) y que crean un vacío especial en tu cama, al comprobar que no hay nadie a tu lado que te dice “Tranqui, Doro, sólo es una peli, y además, me tienes a mí”, entre caricias, besos y sobre todo, abrazos...
Anoche te eché de menos como nunca... Seas quien seas, o quien vayas a ser... Esta mañana, al levantarme recordé por un instante que había olvidado olvidarte.
Olvidé olvidar tu pelo agitado, tus manos gigantes sobre la luna, sobre mi espalda.
Olvidé olvidar tu cara alargada, tus labios, tan finos sobre los míos sobre mi alma.
Olvidé olvidar las luciérnagas, cayendo de tus bolsillos sobre mi pecho sobre tus lágrimas.
Olvidé olvidar hablarte de espaldas, murmurar tu canciones sobre los amantes sobre tus mañanas.
Olvidé olvidar que por fin, tras veinte años amanecíamos siameses. Amanecíamos. Aunque tú no lo sepas, aunque tú ya no estabas. Juan se ha levantado esta mañana un poco extraño... De hecho, a media mañana ha llegado a la conclusión de que al sonar el despertador, sólo una mitad de él ha vuelto del mundo de los sueños, mientras que la otra mitad se ha quedado volando entre libélulas y caballos alados. Se ha sentado a estudiar, y sin embargo, no ha podido concentrarse, pues detrás del papel, era capaz de ver aquellos labios que continuaba besando en sueños; aquel cuerpo extraño pero a la vez conocido que acariciaba más en el otro mundo que en este. La tarde ha sido bastante poco productiva, debido a que en ese momento, el otro Juan intentaba abrirse paso entre la niebla que se había formado en su ciudad soñada, y huía de cualquier monstruo que le perseguía. Por fin de noche, no ha conseguido leer nada, se le iba la cabeza con otros pensamientos. Y al cerrar los ojos, se han juntado las dos mitades de Juan, ha vuelto a ser uno, y ha descansado tranquilo.  Esta tarde, cuando me he vuelto a sentar a estudiar después de descansar unos minutos, me encontrado un charco de sangre, de tamaño considerable, justo en medio de la habitación. La verdad es que me ha molestado bastante, ya que yo no la había derramado, y sin embargo, la he tenido que limpiar concienzudamente, pues estaba algo reseca ya. Y eso que estoy seguro de que antes de levantarme a despejarme, el charco de sangre no estaba allí. Ahora, en la cama, no puedo dejar de pensar en quién habrá sido el desconsiderado capaz de hacerme una mala pasada así. Dicen que cuando morimos, nuestro cadáver disminuye su peso en 21 gramos debido a que nuestra alma se escapa del cuerpo. La última vez que yo morí, mis restos perdieron cerca de un kilogramo y medio. De todo ese peso, 21 gramos correspondían al peso de mi alma, mientras que el resto era el peso de todos los besos tuyos que guardé y almacené, como si de un tesoro se tratase, y que quedaron libres en el momento en que expiré... Existe un banco mágico, cerca de un Palacio de Cristal, en medio de un parque gigantesco de una ciudad con rascacielos, desde donde se pueden vislumbrar fragmentos de otros mundos.
Si alguien se sienta en él y entrecierra sus ojos, podrá ver cómo el unicornio se deja acariciar por la joven virgen allá delante. Sentirá cómo las enredaderas de cristal trepan por sus piernas y notará el olor sulfuroso del dragón, que duerme en la colina en la que se encuentra el otro palacio, el del pintor loco.
Pero si aquel que se sienta en el banco, es justo la persona indicada, la causante de todo este mundo que surgió en una madrugada inolvidable en la que el cielo enrojeció, entonces conseguirá, en un instante, convertirse en un pequeño cuento...
No sé exactamente la gente que lee las cosas que escribo en este blog. Ni tampoco sé hasta qué punto se puede comprometer... Así que os propongo una especie de juego o concurso. Si me mandáis fotos del paisaje que se ve desde vuestro banco o rincón mágico, prometo crear un enlace desde este blog a una página en html donde colgaré vuestras fotos junto con un pequeño cuento que os regalaré... La verdad, tengo miedo de que nadie responda a este juego, pero me arriesgaré. Espero vuestras fotos en mi correo electrónico: nochesboreales@yahoo.es Pd: Si alguien descubre cuál es mi banco, y me manda una foto desde él, prometo un regalo especial... Os doy un mes de tiempo para que lo adivinéis. En los días con mucha niebla, aquellos en los que los contornos de los objetos no estaban bien definidos y no se veía a penas lo que había dos pasos más allá de uno mismo, en esos días tristes le gustaba salir con sus viejas cometas y lanzarlas al aire, intentar hacerlas volar. Tenía muchos tipos de cometas, unas más grandes y alargadas, en forma de alas de pájaro. Otras eran romboidales, más típicas. Tenía algunas incluso circulares, que no paraban de girar en el viento. Cuando conseguía establecer el vuelo en alguna de ellas, ataba el hilo a una barra de metal que había anclada al suelo y comenzaba a volar otra. Así, al final del día podía tener treinta o cuarenta en el aire simultáneamente. Si alguien se le acercaba a preguntar por qué hacía eso, él contestaría sonriente: -Trato de pescar algún ángel...  Hacía tanto tiempo que no dejaba que nadie me besara, que había niebla alrededor de mis labios... Hacía tanto tiempo que no dejabas que nadie te abrazara, que tenías escarcha en la paredes del corazón.  Hay noches en las que me gusta hacer gilipolleces, tales como: - Quedarme hasta las mil viendo series de la tele. - Escribir (mala) prosa poética: [Una mariposa batió suavemente sus alas en el centro de Lavapiés. Mientras, a cientos de kilómetros de allí, en un pueblecito de Alicante, un huracán arrasaba mi cabeza...] - Asomarme a las rendijas de la persiana para ver la luna. - Llorar por volver a acostarme solo. - Leer hasta las dos mil y media. - Dormirme y volver a soñar contigo. Hay un baúl en el armario de la buhardilla, bajo un tul de seda de miles de colores, que esconde millones de secretos. Hay un libro viejo, de tapas de piel, dentro del baúl, que cuando es abierto al azar (¡sólo cuando se abre al azar!) muestra cómo se está escribiendo la Historia. Hay una nota roja en el libro guardado en el baúl del armario de la buhardilla, que indica el momento justo en que me besaste por primera vez...  La cuatro brujas se arremolinaban en torno de la marmita. Por turnos, iban añadiendo ingredientes para la preparación del brebaje: -Lengua de sapo, para que la elocuencia nunca le falte. -Alas de buho gris, para que la libertad siempre esté presente en él. -Espinas de rosa, para que, aunque bello, mantenga las distancias con los que le rodean. -Estaño fundido, para que se fuerte y robusto... Removieron y agitaron la poción, y avivaron el fuego, para que el caldo fuera consumiéndose lentamente a lo largo de la noche, que pasaron danzando y cantando bajo la luz rojada y blanca de las dos lunas llenas... Cuando ya sólo quedaban unas gotas en la gran marmita, las tomaron con cuidado y las untaron sobre la figura de barro que habían construido la tarde anterior. Después de recitar unas palabras mágicas, el ser comenzó a tomar vida... La profesora abraza al alumno, al amparo de una sábana negra de seda, que más que esconder, remarca aún más la desnudez de ambos. Ella es algo más mayor que él, pero la barba de dos semanas que luce el joven le hace parecer casi un adulto, por lo que las respetables señoras no se escandalizan al verles caminar juntos de la mano cuando salen a la calle de la ciudad. Ahora él susurra la letra de alguna canción que suena, siempre en inglés, mientras ella no puede dejar de sonreír al imaginarse, unas horas atrás, uno en el pupitre y otra impartiendo cualquier lección de gramática. Se dormirán, juntos y unidos, unos minutos antes de que salga el sol, mientras en el ordenador encendido suena cualquier melodía africana, que hará que confundan los tambores primitivos, con sus propios latidos del corazón...
A Ana, por Enseñarme a ser persona, y por enseñarme a aprender...
Pd.: Si tenéis eMule, y queréis disfrutar de mis ya típicos discos de San Valentín, pinchad el enlace que hay en la parte de arriba de la barra de la derecha... Aquella tarde fue al parque, como solía hacer cada tarde, a la salida del trabajo. Se acercaba ya la primavera, y el sol aún le regalaba unas cuantas horas de luz y calor, por lo que se quitó la chaqueta y se sentó en el banco del rincón a leer. Aquella tarde, como cada tarde, abrió el grueso libro que estaba leyendo, más para disimular que para leer. Y con el libro entre las manos, comenzó a observarla de nuevo. Aquella tarde, como ocurría normalmente, ella hacía punto en un banco alejado que se encontraba lejos de dónde se hallaba el señor que simulaba leer. Hacía punto y vigilaba a su hijo, que jugaba apaciblemente con sus amigos, disfrutando del calor de la primavera que se acercaba, pero además, fijaba su atención en el misterioso señor, que cada tarde acudía a su cita nunca pactada, aunque respetada por ambos. Pero aquella tarde, sorprendentemente, el señor se levantó del banco, dejó su libro, y para el asombro de todos, echó a volar...  Una de sus mayores diversiones era salir a cazar. Cuando ya hacía unas cuantas horas que había anochecido, se echaba encima las membranas de las alas de algún dragón muerto tiempo atrás y encendía una vela y la introducía en un recipiente de ámbar casi opaco, pues no quería espantar a sus presas. Con esto, y con una gran sábana de seda negra tejida por las arañas del bosque milenario, se adentraba en las grandes praderas que se extendían más allá del lago. Se movía sigiloso por entre la hierba. Había descubierto que el ligero zumbido de sus alas espantaba a los bichejos, por lo que tenía que practicar sus artes andando. Con mucha cautela, se arrastraba intentando ocultarse entre la espesura de las briznas. Y cuando detectaba un grupo importante de presas... ¡zas! Lanzaba la sábana al aire, que caía sobre los insectos y los atrapaba. Ya de vuelta en casa, antes de que amaneciera, cerraba cuidadosamente todas las ventanas y orificios de la estancia. Y las dejaba libres. Una a una, las luciérnagas se desperdigaban por el techo, primero con sus luces apagadas, y conforme iban adaptándose al nuevo ambiente, iban recuperando el fulgor de sus abdómenes. Así, con un cielo propio dentro de casa, podía dormir tranquilo hasta pasado el medio día.  Cuando se dio cuenta de que no había nadie en el planeta capaz de devolverle todo el cariño que necesitaba, se refugió en las novelas de grandes romances y pasiones. Así, suplió sus carencias de amor, besos y sexo. Pronto dejó de hacer deporte, pues le bastaba con abrir cualquier novela de viajes o aventuras para comenzar a sudar, respirar aceleradamente y sentirse mejor. Con los libros de cocina llenó su estómago; con cuentos pobló sus noches de sueños, y de vez en cuando, leía alguna historia de terror para saciar su hambre de pesadillas. Un tiempo después, sólo apartaba la vista de sus libros para ir al cuarto de baño... Presentando a Último Hombre Feliz
Añadió las uñas de vampiro (Desmondus rotundus) y las escamas de quimera (Chimera monstruosa) y la pócima estuvo completada. Pronunció las palabras sin escritura de la perdida lengua de los hombres altos y arrojó el vial a la hierba. El portal se materializó Abrió los ojos y contempló, con pesar, su última obra, su último mundo. Él había creado aquel paisaje. Creó los desiertos de cristal y los mares dorados. Dio vida a los bosques de Marn y muerte a los basiliscos del este. Era, sin duda, el mejor de todos los mundos que formó, lo echaría de menos. Pero no lloraría. No lloró cuando tuvo que derrumbar las estatuas de bronce de Kram-Ann. Ni se mojó su rustro cuando los trasgos blancos arrasaron su querida Nairim. No lloraría por la más bella de sus hazañas. Ahora marcharía a arreglar otro de los mundos en desorden. Tan solo un planeta, al que llamaban vulgarmente "Tierra". —Adiós, Brauk. Te invocaré al otro lado. —Dejó a su dragón justo antes de penetrar en el vórtice. Optimista. Sin saber que ésta vez sí nacerían lágrimas en sus ojos grises.  Anteayer, leyendo en el periódico cualquier noticia sobre el recién inaugurado ARCO, me vino a la cabeza la idea de una escultura preciosa y completamente original. Pero como no sé esculpir, decidí olvidarla. Ahora no recuerdo ni en qué consistía... Cuando despertó, el diablo aún estaba allí. —¿Aún no te has ido? —pregunté algo molesto. —No puedo dejar de pensar en lo que dijiste anoche. No termino de comprender tus razones para no querer venderme tu alma. Te lo ofrezco todo, riquezas, amor, sexo, fama... Todo aquello que más desees... Y sin embargo, ¡tú prefieres tu pequeña libreta y tu bolígrafo! Esperar de pie a que regreses; buscar tus ojos en la oscuridad, tus susurros en la música. Ver tu rostro en cada objeto, en cada mirada, en cada rostro.
Aún acostado, me canso, ¿sabes? De no ver más que fantasmas de lo que fue. De saber que cuando escribo, te escribo. Y reconocer(te) en mis palabras, saber que me contagiaste, y no poder más que darte las gracias.
Cansado de utilizar siempre libélulas, susurros, pelos agitados y noches amaneciendo y de fondo siempre Madrid (en rojo). Y sin embargo, continuar ahogando un te quiero en el fondo de la garganta. Hay días en los que me levanto completamente invisible. Normalmente no me doy cuenta hasta después de almorzar, cuando me meto en el cuarto de baño a asearme y frente al espejo descubro que no existo. Antes, me habré vestido, pero estoy tan acostumbrado a mi cuerpo (o tan dormido aún) que ni me doy cuenta de que soy completamente transparente. El bus es una de las partes peores de esto de la invisibilidad, ya que de pronto se te sienta encima alguien, y al notar la resistencia del aire, se acuerdan de mí: -Uy, ¡estás aquí!, es que como no te había visto... Si no me encuentro con demasiadas ganas, me siento por el fondo de clase cuando llego a la universidad. Así, puedo pasar completamente inadvertido. Yo, mis libros, mis cuentos y mis fantasmas. Pero esta mañana, que ha sido uno de esos días que me levanto invisible, me he quedado anonadado al ver, allá al final de la cafetería de la facultad, a un chico invisible como yo... De nuevo, con todos ustedes. Último Hombre Feliz con otra de sus colaboracionesDesde la ventana de su habitación espiaba lo que hacían los otros. Las paredes estaban atiborradas de notas, fotos, dibujos y recuerdos de emociones intensas. Era su colección de momentos. Se dedicaba a esperar a los demás, a estudiar sus sentimientos, a recoger sus pensamientos y guardarlos para que nunca se perdiesen esos instantes. Los contemplaba sin que nadie la percibiese, como un fantasma, etéreo e insustancial. Un mal día, su ventana se rompió y no pudo ver a través de ella más que negrura. Pero en ese cristal negro pudo apreciar su propio rostro, agrietado por la erosión, pálido por la falta de sangre. Esa vez más que nunca se sintió un espectro, vacío y translúcido. Comprendió. Arrancó todas sus fotos, quemó todas sus notas, tiró todos sus dibujos. Salió a la calle a vivir su propia vida, para llenar su pared de los momentos especiales que viviría... P.D. (pensamiento del día): “Imagínate algo en 15 segundos... Si no lo consigues, deberías ver menos televisión.”  My love is soft when he whispers my love is tough when he cries my love is small as a baby my love shines like rain. My love walks like a soldier my love holds like a girl my love's voice is broken my love's hands are soft an strong I am as small as a snail I am as soft as a drop I am lost and crawl but I'll climb only up to you. I am hungry as thunder I am strong as blood I am as cloudy and clear as all the skies that pass through your eyes. We'll be as happy as children we'll be as jumpy as queens we'll fight and fuss for hours only to rest in each other's arms. MarlangoHasta ahora, mi vida ha sido un cúmulo de casualidades y equivocaciones... Confundo el amanecer con tus promesas; mientras, el cielo llueve millones de corcheas aladas, salidas de algún clavicordio.
Entonces, al abrir los ojos te descubro besándome.
Entonces, al abrir los ojos, me descubro queriéndote.  -Después de hablar con mi secretaria y consultar la agenda, he encontrado un hueco para ti en mi corazón desde el lunes hasta la eternidad... Hemos decidido echar al director de nuestra banda. Después de 30 años dirigiéndonos, y recién cumplidos los 65, hemos creído que era lo mejor. Y a decir verdad, en los últimos años, la banda ha tenido un declive artístico. Muchos resentimientos por parte de los músicos más veteranos. Y la gente joven, que no se adapta a los viejos métodos. De todas maneras, la principal causa de la situación fue el encontrar al director desnudo, entre dos enormes bajos metálicos, y con un helicón alrededor de su ancho vientre. La música ya no le estaba haciendo ningún bien... Ahora, el problema es encontrar un nuevo director. Yo he propuesto poner carteles en los supermercados, de esos con trocitos cortados al final con un número de teléfono apuntado. Así, las madres de los directores los cogerán, y se los llevarán a sus hijos directores. Pero y no sé muy bien a qué supermercados van a comprar las madres de los directores. Gran problema.  Esta mañana, cuando me he levantado y he mirado el móvil, he descubierto que no tenía cobertura. En un principio he achacado el problema a la red telefónica, ya que anoche hubo una fuerte tormenta y podría haberse estropeado algún repetidor de señales. Pero conforme me he ido moviendo, y no cogía cobertura me he asustado. Y aún más asustado he quedado al ver que una amiga de mi misma compañía sí tenía cobertura. La verdad es que me queda poco dinero en la cuenta del banco, pero no creía que me quitaran la línea así, de golpe y sin avisar. Y de momento me ha entrado un agobio inmenso... Que he asociado pronto a la adicción al móvil que creía no tenía. Aunque, al cabo de cinco minutos, me he dado cuenta de que lo que me agobiaba no era carecer de móvil... Lo que más temía era no poder escuchar hoy su voz... Soy el último de mi clase. Todos los que fueron como yo antes, murieron ya hace siglos. Pero yo he conseguido alargar mi existencia. Soy el único que queda de los conocedores del secreto. Hace ya casi eones, mi gente, los que eran como yo, descubrimos el secreto de la eternidad. Y desde entonces, fui por el mundo alimentándome de lo que vosotros, los humanos, me podíais administrar... ...la música...
...Normalmente, el proceso es siempre igual. Primero adopto la forma de un chico joven, algo desgarbado, tampoco demasiado atractivo. Y selecciono mi objetivo. Con mis artes, le atraigo a mi trampa. Y comienzo a alimentarme de su música. Absorbo toda la música que tienen. La almaceno en los compartimentos de mi intelecto. La saboreo lentamente. Y después, cuando ya sólo me pueden dar los latidos de su corazón, también me alimento de ellos... Y mueren. Pero este, el nuevo, me está venciendo. Sospecho que descubrió mi secreto. Quizá susurré algo entre mis sueños. Quizá leyó las marcas de mi cintura. Puede que tradujera los signos de mis brazos. Pero sus ritmos, sus sonidos y músicas no se agotan nunca. Y es que este chico, el nuevo, me ha atrapado para siempre...  El baile fue maravilloso. Todos estaban vestidos con sus mejores galas. Pomposos trajes de época, bonitos disfraces de arlequín. Incluso había alguna pareja de marineros comiéndose a besos por los rincones. Y todos con la máscara puesta, el único requisito que se había impuesto para poder asistir a la fiesta. Pero cuando las campanadas sonaron anunciando la entrada del miércoles de ceniza, y las caretas comenzaron a caer, quedé horrorizado al comprobar que nadie en aquel salón tenía rostro. Ni tan solo yo... La piscina hace ya tiempo que comenzó a verdear. Las hojas de los árboles no es que hayan caído, es que ya comienzan a asomar nuevos brotes. Y el tiempo es frío. Los sentimientos que albergué este verano quedaron pronto hechos trizas. Y yo los enterré. Hondos. Añadí alguna capa de mentiras, sexo, y otras relaciones fracasadas. Y todo aquello comenzó a fermentar. Ahora, los nuevos brotes utilizan los elementos de aquellos restos. Y están ayudando a crecer un nuevo árbol, que rama a rama, está invadiendo mi corazón, aferrando sus raíces en el fondo de mis sentimientos...
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