|
Temas
Archivos
Enlaces
Webs o Blogs Personales
En mi MP3
En mi mesita de noche
Alter ego...
Enlázame!
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2004.
 Llevo unas semanas viendo de nuevo las películas que me llevaste a ver al cine. Más que nada para quitarle toda la magia con que las bañé al verlas contigo. Hoy le tocaba a Lost in translation. No me he podido resistir, y he ido directamente a la escena en la que ella pasea por los tempos de Kyoto. La fotografía en ese fragmento es maravillosa. Ahora, será quizá la mejor película que haya visto este año. Pero ya no tendrá nada que ver contigo. Además, esta tarde si tengo tiempo, la veré completa, que cuando fuimos juntos al cine no me dejaste ver ni la mitad... Tenía la extraña afición de fotografiar a todos los amantes que pasaban por su cama. Tomaba la cámara digital y se lo proponía a ellos. Algunos aceptaban gustosamente y posaban en posturas de lo más obscenas. Otros preferían cubrir delicadamente parte de su cuerpo con las sábanas e insinuar más de lo que mostraban. Un tercer grupo se negaba rotundamente, aunque caían víctimas del objetivo cuando, tras el sexo ardiente y descontrolado, quedaban dormidos. A la mañana siguiente, cuando el visitante ya se había ido (casi siempre algo avergonzado por el descaro mostrado la noche anterior), él analizaba las fotografías tomadas. Las miraba incluso con lupas, buscando rasgos concretos. Tomaba un fragmento de la espalda, una peca, un dedo o los nudillos de algún otro. Luego imprimía los trozos que habían resultado válidos y acudía a la habitación del fondo, la que permanecía cerrada la mayor parte del tiempo. Allí, con una barra de pegamento, reconstruía concienzudamente el cuerpo de aquel que, una noche, en sueños, le mostró el significado del amor... Me he levantado con los labios pegados. No puedo abrirlos, es como si alguien me los hubiera cosido fuertemente o los hubiera juntado eternamente con cola de contacto. Al despertarme y darme cuenta del extraño hecho me he asustado mucho. He corrido al cuarto de baño a comprobar el estado de mi cara, pero era aparentemente normal. Salvo que los labios no se abren. He acudido a mi madre, que al verme gesticular sin pronunciar palabra, se ha enfadado, atribuyendo toda aquella pantomima a alguna de mis excentricidades. Aunque cuando se iba a trabajar, he visto como me miraba de reojo y sonreía... Yo traiciono (o juego) Tú lloras (o te equivocas) Él/Ella gime (o suspira) Nosotros acabamos Vosotros odiáis Ellos hablan... Y esta vez no es una poética metáfora. No me refiero a que alguien haya aparecido en mi vida como venido del mismísimo cielo. Más bien estoy hablando de alguien que ocupaba el más alto de mis altares y que anoche cayó.
Es posible que fuera un simple comentario que hizo un amigo común sobre los nuevos vicios del idolatrado. O igual la intención era hacerme ver que ya no era aquel que conocí.
Pero anoche, tus versos, algunas de tus caricias, y algunas lágrimas mías, se fueron con la brisa que soplaba en el balcón de mi casa.
Y dejé de ser tu luna que duerme de espaldas... ¡¡Sáquenme de este verano!! Esta noche he tenido uno de los sueños más bonitos de mi vida. La verdad es que he tenido varios, y no todos eran agradables, ya que en uno de ellos encontraba a una amiga que había sufrido un accidente de coche. Pero poco después, paseando por las calles de una ciudad imaginada, me he metido en un extraño bar donde me ha atendido quizá el ser más peculiar que he conocido (o no que conocido, puesto que era un sueño). Era alto. Bueno, más alto que yo. Pelo rubio corto y ojos claros. Sí, alguien estará pensando ahora que también tendría los labios carnosos. Y sí, los tenía. Amablemente tomaba nota de lo que iba a tomar para más tarde traer mi pedido junto con su sonrisa y la promesa de que nos veríamos más tarde. Exactamente a las 6 de la tarde. He despertado algo confuso, puesto que el sueño ha sido muy intenso. Y llevo todo el día pensando que realmente tenía una cita a las seis de la tarde. Ya ha pasado esa hora, así que imagino que se habrá cansado de esperar y creerá que le he dado plantón. Para un chico guapo y agradable que conozco en meses...  Recién levantado de la siesta que me he dado en la casa de campo de mi amigo David El otro día recibí una extraña carta dirigida a la entidad oroD. Al leer el destinatario me extrañé bastante, pero conforme iba viendo lo que aquellas personas decían, comprendí el título. La carta había sido redactada por un conjunto de gente que leía con cierta frecuencia mis cuentos. Eran un grupo de sabios que habían creído encontrar ciertos elementos extraños entre las líneas que escribo. Debido a un continuo cambio de género, esta gente cree no soy, sino que somos muchos los que redactamos las historias y las poesías. Una psicóloga que también forma parte del grupo encargado de desenmascararme llegaba a proponer un desdoblamiento de personalidad. Por otra parte, un teólogo y un párroco de la asociación pensaban una posible relación entre yo (o nosotros) y el mismísimo anticristo, debida a alguna de las afirmaciones que he (o hemos) llegado a realizar y a un par de vaticinios que se han dado en estas páginas que ahora leen. Por último, un colectivo de amas de casa que se adscribió a la asociación en contra mi causa, me acusa de ser una de las peores influencias que andan por este mundo cibernético, y recomiendan al gobierno (pues hay hasta infiltrados gubernamentales en este ecléctico grupo) que me censuren y me internen lo más pronto posible. Yo (o nosotros) me (o nos) enorgullezco (o enorgullecemos) de contar con tan distinguidos lectores y les aseguro (o aseguramos) que continuaré (o continuaremos) dándoles material a analizar. Buenas noches... Si no dejas de regalarme mares de estrellas y cometas...
Si no dejas de llamarme o sorprenderme...
Si no comienzas a olvidarme o a ignorarme...
...no podré dejar de quererte. La misión resultó un fracaso. Cuando llevábamos 5 años luz de viaje, el módulo de sueño asistido quedó afectado por el choque con un pequeño asteroide (algo me hace pensar que era una partícula de basura espacial, que tanto abunda por el espacio desde los viajes interestelares humanos). Nos despertamos los 6 tripulantes a sabiendas de que ya no podríamos dormir nunca más. Las comprobaciones realizadas por el ingeniero así lo confirmaron. El sueño estático estropeado sin remedio. Y después vino lo de aquella masa de meteoritos... Tras la explosión de la nave, fuimos expulsados al exterior, dentro de nuestros trajes autónomos que nos permitían comunicación y supervivencia casi eterna, gracias a los equipos de reciclaje de aire, exudaciones y excrementos. Nos fuimos separando en el extenso universo. Ahora hace ya casi 2 años que estoy sólo. ¿O son dos meses? La verdad es que no hay diferencia. El único consuelo que encuentro son los sueños. Alguien dijo una vez, siglos atrás, que cuando un astronauta vaga por el espacio, a millones de kilómetros de nada, cuando todo a su alrededor es lo mismo, es constante; sus sueños, ricos en imágenes y recuerdos, pasan a ser tan reales, tan... lúcidos, que la vida real y el sueño se invierte. Quién sabe. Puede que ahora mismo seáis todos parte del sueño de un astronauta... Siempre he creído muy conveniente que la gente posea algún vicio. Es una muy buena manera de liberar tensiones. Hay gente que decide abusar (porque un vicio suele ser, al fin y al cabo, un abuso) del tabaco, y acaban fumando paquete y medio de fortuna al día. Otros, más osados prefieren la paz que infunden los porros o acaban necesitando cuatro rallas para aguantar toda la noche. Algunos otros tenemos vicios algo menos perjudiciales para la salud, como la música, la lectura o incluso la escritura. También hay quien es capaz de pasar horas jugando con la Play de su hermano pequeño. Yo, como buen humano, he sido siempre bastante prolífico en cuanto a vicios se refiere. Algunos los he nombrado antes (hablo de los saludables, por descontado), y han acompañado mis horas de tedio y desazón. Pero en marzo pasado descubrí, al comenzar mi última relación estable, un nuevo vicio, quizá el más placentero de cuantos había probado. Aquella relación terminó. Ahora abuso del café... Descubrí por primera vez a Borges en medio de una reseña de un libro de ciencia ficción que compré hace 3 años. Comparaban al autor del libro (Lem) con el escritor argentino y el mismísimo Lewis Caroll. Un día que me paseaba por la FNAC con parte de mi mísero presupuesto, decidí comprar un libro suyo, repleto de cuentos cortos. El Aleph. Me fascinó. Lo terminé pronto. Y lo olvidé. Pero desde hace unas semanas, paso las noches con una sed insaciable de fantasía. De hecho, comencé a releer una antigua trilogía fantástica que acabé hace años, olvidando por completo que aborrezco releer libros (salvo 2 excepciones). Entonces recordé que vagaba por las estanterías de casa una copia de Ficciones, y decidí que me acompañara a mi habitación. Allí descubrí un mundo tan real como el mío, pero que en realidad, contenía todas las ficciones posibles como para saciar mi sed. Decidido. De mayor, quiero ser Borges... Cada vez me cuesta más creer que esa manera de jugar conmigo con ella con los demás ... no es intencionada.
Cada vez me resulta más difícil asociar tu frialdad a tus dudas a tu edad a tu falta de experiencia.
Y como continúes así en un par de días o en un par de ocasiones más no podré continuar excusándote y creeré que de verdad eres un poco cabrón. Sí, quizá sea cierto que estoy bastante más delgado. Aunque no me había dado cuenta hasta anoche, cuando recorrías mi cuerpo con tus manos mientras me besabas en aquel parque oscuro. Cuando tus dedos buscaban mi cintura, bajaban desde el pecho, despacio, como con miedo, y encontraban un escalón al acabar las costillas y comenzar el estómago. Y a la llegada de la cadera, se recreaban con los huesecillos que ahora se marcan. Anoche leí en braille, a través de tus caricias, las nuevas curvas de este cuerpo mío, extraño y delgado... Hacía tanto tiempo que estaba perdido que me confundiste con el mar. El sexo en la cocina puede llegar a alcanzar dimensiones extraordinarias. A pesar de intentar olvidar todo lo que ocurrió en mi última relación, la noche en que volvió del viaje por el norte quedó marcada a fuego en mi cabeza. Yo no esperaba que volviera tan pronto, así que me sorprendió acabando de preparar la cena. En el fuego, una cacerola con la salsa y el pescado en la sartén. En un pequeño cazo, hervía a fuego lento el dulce de leche, acabándose de preparar. Y sobre la mesa, en medio de la cocina, cortaba verduras para la ensalada. Me gustan las cenas bien surtidas. Entraste en silencio y me agarraste por detrás. Me subiste sobre la mesa y mientras con una mano intentabas apartar la tabla de madera para cortar, con la otra buscabas el botón del pantalón. El cuenco con el tomate, recién cortado y parcialmente picado, se derramó sobre mi pecho al tiempo que tu boca cataba manjares en mi boca y otras localizaciones de mi anatomía. Aquella noche fue inolvidable, aunque tuvimos que llamar a la pizzería.
Toda la cena se quemó. Desde el lunes por la mañana estoy trabajando en una fábrica del pueblo, en una cadena de montaje. Por un lado de la cinta corredera van apareciendo personas semiinconscientes que capturó la policía en alguna redada de la noche anterior. Allí, mis compañeros y yo les abrimos la cabeza y realizamos cortes precisos. Punzamos en ciertos puntos de la planta de los pies (que a veces huelen). Incluso extirpamos algún dedo a veces. Por el otro lado de la cinta, las personas caen a una sala de la que se despertarán convertidos en personas normales y corrientes. Sin aspiraciones. Sin ilusiones. Sin sueños. Vamos, políticamente correctos. Hago 11 horas diarias, así que vuelvo a casa cansado, aunque orgulloso de saber que hago bien mi trabajo... -Doro, eres super-frío en tus relaciones…
A 4 semanas de irme a Italia, me confirman que ya tengo la mitad del equipaje preparado. Ya sólo me falta ser calculador… Hay quien apuesta fuerte y decide quererte sabiendo lo fácil que resulta perderte...
Hay quien no tiene suerte y decide engañarte sabiendo lo fácil que resulta ganarte...
Fangoria - "Hombres" A E.
Me encanta [tropiezas conmigo]
habitar [me miras. te miro. no te reconozco]
tu indiferencia [continúas caminando. te reconozco. te giras]
y [me miras a través de los cristales de tus gafas. levanto la mano. me devuelves una mirada llena de odio]
tu olvido. [continúas caminando. contoneando las caderas. prepotente. me río] Temo cansarme algún día de esperar a que me cojas el teléfono. Vuelvo cada noche como el soplo de aire fresco que te eriza la piel en las noches de verano. Sostenía con las manos tu cara mientras apartaba las gotas de plata y vídrio que salían de tus ojos Hace tiempo que dejó de importarme lo que la gente decía de mí. Desde pequeño sabía que no era como los demás. En el colegio era el único que no pasaba los descansos en el patio jugando a fútbol. Odio el fútbol. Y el resto de mis compañeros se reían de mí. Creo que fue por aquel entonces cuando me llamaron por primera vez mariquita. Tampoco es que pasara los recreos leyendo en algún rincón sólo. No me gustó leer hasta que cumplí los 11 o 12 años. Aunque ahora pienso que el problema fue que no encontré “mi libro” hasta demasiado tarde.
Así pues. Estoy bastante acostumbrado a ser el rarito del pueblo. Un pueblo de 7.000 habitantes en el que destacar por algo es malo. Lo ideal es pasar desapercibido y yo nunca lo he hecho.
En el instituto fui el primero en llevar barba. Luego en usar zurrón (o bolsos). Y la gente se me quedaba mirando y comentaba cosas. Y algunos me llamaban mariquita. El instituto terminó, y la universidad fue una liberación. Allí conocí a gente interesante, sin prejuicios, que había crecido en ciudades donde se ignoraban los unos a los otros. Allí pude enamorarme. Allí comencé a vivir.
Y no estoy dispuesto a amargarme la vida por personas que se avergüenzan de caminar a mi lado por lo que puedan decir de ellos. No estoy dispuesto a esconder nada, ni a esconderme yo mismo. Tampoco me gusta el exhibicionismo. Pero no voy a reprimirme por culpa de un grupo de gente que no me importa lo más mínimo. Y quién no esté dispuesto a aceptar esto, que cierro los ojos o mire a otro lado. Yo estoy aquí. Anoche recogí cuatro retales de tu sonrisa Intérprete de roces furtivos para descubrir intenciones ocultas... No querías caminar al lado de la medusa. Temías. Convertirte en piedra. Comenzar a amarla. Convertirte en ella. Perdiste millones de historias por escuchar, millones de conocimientos por aprender.
No querías oír el canto de la sirena. Te espantaba. Disfrutar y perderte y ahogarte en el mar de su amistad. Perdiste personas, amigos, compañías parejas. Por vergüenza. Sinvergüenza.
|