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Bajo Arboles Mojados

Cuentos

Ladrón (3)

La primera vez que dormí abrazado a ti, a tu lado, me asaltó el temor de despertar desnudo y con los bolsillos vacíos. Temí despertar y comprobar que sólo habías jugado conmigo para robarme...

Efectivamente. Al abrir los ojos, noté que ninguna ropa cubría mi cuerpo frío, y caí en la cuenta de que me habías robado... el corazón.

Con holgazanería

Entramos en tu casa bastante tarde, serían sobre las cinco, y fuera la noche dejaba de ser oscura y se distinguía cierta claridad en el horizonte que marcaba el amanecer.

Entramos de puntillas y de la mano, y besándonos a cada dos pasos. Me metí en tu habitación mientras entrabas a decirles a tus padres que ya habías vuelto. Yo te esperaba ansioso y desnudo bajo el edredón nórdico que siempre terminaba manchado y guardando mi olor, como decías siempre, cuando ya me había ido de la cama...

Cuando apareciste por la puerta, me pediste que no hiciera ningún ruido acercando el índice a los labios y chistando suavemente.

Te desnudaste frente a mí, lentamente, recreándote en cada movimiento, deteniéndote en cada prenda. Y por fin te metiste en la cama a mi lado.

Jugamos a susurrarnos, a acariciarnos en silencio para que tus padres, que dormían en la habitación de al lado no nos oyeran. Jugamos a decirnos mentiras, tú diciendo que me querías; yo diciéndote que te amaba. Jugamos a olvidar el amanecer. Y jugamos a olvidar el resto del mundo.

Sólo tus caricias, mis besos, tú y yo.

Cuando tus padres se levantaron para ir a trabajar me escondiste bajo el edredón. Y cuando por fin salieron de casa, hicimos el amor. Despacito. Con holgazanería.

El de abajo

Dice el de abajo que no sabe controlarse, que ha perdido las ganas de estar con nosotros. Que no es que no nos quiera, sino simplemente que no encuentra el momento de pasar un rato con todos, y cuando lo tiene, decide irse. Yo no sé porqué, no soy un psicólogo para deducir sus razones.

Dice el de abajo que siente como se distancia, pero que no sabe cómo aferrarse a nosotros. Dice que ha dejado ir la confianza en todos, y que no sabe muy bien cómo recuperarla, y si aún está a tiempo. Yo no lo sé, no soy un terapeuta para deducir qué deberíamos hacer.

Pero dice el de arriba que quizá sean celos. O quizá se trate de un proceso natural, al fin y al cabo no es la primera vez que tiene que decir adiós a un amigo, dice. Y sin embargo, el de arriba aún sostiene que se ahogan confesiones en su garganta cada vez que caminan juntos en silencio. Dice que le echa tanto de menos...

Y de la oscuridad

Y de la oscuridad naciste tú, llena de luz y de sabiduría, preparada para abrazar a la humanidad.

Y de la oscuridad naciste tú, repleta de vida y de sentimientos, anhelando un nuevo amor.

Y de la oscuridad naciste tú. Aunque no tardaste en volver a sumirte en la negrura eterna...

Pequeño secreto

Y ahora, de nuevo, vuelta a la (sub)normalidad

Tengo un pequeño secreto que no he dicho nunca a nadie, y que espero que nunca nadie llegue a conocer.

Y es que cuando mis padres salen de casa por las tardes, cuando está atardeciendo y se queda por todas las habitaciones ese resplandor rojizo casi mortecino, puedo convertirme en fantasma. Sí, sólo con cerrar los ojos y desearlo fuertemente, mi cuerpo se desvanece y me vuelvo etéreo, prácticamente aire. Entonces me dedico a vagar como alma en pena por mi casa. El problema es que es bastante pequeña, y pronto termino de recorrer las habitaciones con mis ruidos de cadenas. Llego a resultar casi patético...

Cuando vuelven mis padres, regreso a mi estado normal. Y ellos me dan un beso en la frente y me voy a la cama como un chico bueno...

Al amanecer

Al amanecer Te lo prometo.

Normalmente, yo duermo de un tirón, toda la noche. Si acaso, me levanto sobre las tres para ir al cuarto de baño. Y en verano, para abrir la nevera y beber agua fresquita.

Pero esta noche, no podía evitar despertar cada 20 minutos, para asegurarme de que aún continuabas a mi lado.

Y si no paraba de moverme, sólo era para abrazarte más fuerte y que no te me escaparas, junto con la noche, al amanecer...

Hambre

Una semana después de que comenzaran su relación, tuvieron que ingresar a uno de los dos con una anemia que casi le quita la vida.

Puede que sus besos saciaran por completo el hambre...

... pero no llegaban al estómago.

Bucle temporal

Fue en el momento en que probó su máquina del tiempo cuando descubrió que no existía en el pasado... En su primer viaje quiso asistir a su propio crecimiento, espiar los momentos clave de su pasado. Así, intentó acudir a su nacimiento, pero no encontró en el hospital a su madre el día señalado.

Extrañado, fue hasta aquel día en que cayó desde el tejado de su casa y pasó 3 meses en coma, hecho que le había marcado profundamente. Aunque esto, en la línea temporal que estaba viendo, tampoco pasó.

Con el buscador genético que había inventado tiempo atrás, intentó localizarse a sí mismo, pero los resultados eran claros... No existía.

Así, tras unos meses sumido en una profunda depresión, un día despertó con la solución. Se encerró en su laboratorio y perfeccionó la que sería su mejor obra: él mismo.

Tomó un par de sus células, y tras la extracción de los núcleos, se clonó a sí mismo. Aceleró su desarrollo lo detuvo a los 20 años. Entonces, con un potente programa informático, introdujo todos aquellos recuerdos que tan claros tenía en su mente y dejó al ser (¡a sí mismo!) durmiendo en su cama, en el pasado.

Entonces regresó a su tiempo y vivió tranquilo, sabiendo que por fin, volvía a existir...

El mago de Oz

El mago de Oz Cuando el león terminó de formular su deseo (pidió algo de valor, el muy estúpido) el viejo señor que se hacía llamar mago se me acercó:

—¿Y tú —preguntó acercando su rostro que olía a whisky y habanos— qué es lo que quieres? Pareces una persona normal... ¿acaso deseas regresar también a tu hogar?

Tuve que contener las ganas de escupirle que sentí en el momento en que noté como, disimulando, había rozado mi nalga derecha. Todo fuera por la causa justa que me había llevado allí.

—Yo, lo que realmente deseo, es que desaparezcan todos los farsantes y mentirosos.

Dicho esto, y con un sonido similar a un "pluf", desapareció el mago de nuestra vista...

La esfinge

La esfinge Entonces el hombre preguntó a la esfinge:

—Dime, oh, divinidad que todo lo sabe, ¿cómo puedo hacer para llegar a hallarle?

—Le verás —contesó la figura, recostada— y no serás capaz de reconocer en él tu salvación...

Dicho esto, volvió a convertirse en estatua de roca. Y el hombre lloró amargamente.

Carnaval

Carnaval El baile fue maravilloso. Todos estaban vestidos con sus mejores galas. Pomposos trajes de época, bonitos disfraces de arlequín. Incluso había alguna pareja de marineros comiéndose a besos por los rincones. Y todos con la máscara puesta, el único requisito que se había impuesto para poder asistir a la fiesta.

Pero cuando las campanadas sonaron anunciando la entrada del miércoles de ceniza, y las caretas comenzaron a caer, quedé horrorizado al comprobar que nadie en aquel salón tenía rostro. Ni tan solo yo...

El último...

Soy el último de mi clase. Todos los que fueron como yo antes, murieron ya hace siglos. Pero yo he conseguido alargar mi existencia. Soy el único que queda de los conocedores del secreto.

Hace ya casi eones, mi gente, los que eran como yo, descubrimos el secreto de la eternidad. Y desde entonces, fui por el mundo alimentándome de lo que vosotros, los humanos, me podíais administrar...

...la música...

...Normalmente, el proceso es siempre igual. Primero adopto la forma de un chico joven, algo desgarbado, tampoco demasiado atractivo. Y selecciono mi objetivo. Con mis artes, le atraigo a mi trampa. Y comienzo a alimentarme de su música. Absorbo toda la música que tienen. La almaceno en los compartimentos de mi intelecto. La saboreo lentamente. Y después, cuando ya sólo me pueden dar los latidos de su corazón, también me alimento de ellos... Y mueren.

Pero este, el nuevo, me está venciendo. Sospecho que descubrió mi secreto. Quizá susurré algo entre mis sueños. Quizá leyó las marcas de mi cintura. Puede que tradujera los signos de mis brazos. Pero sus ritmos, sus sonidos y músicas no se agotan nunca.

Y es que este chico, el nuevo, me ha atrapado para siempre...

Gran Problema

Hemos decidido echar al director de nuestra banda. Después de 30 años dirigiéndonos, y recién cumplidos los 65, hemos creído que era lo mejor. Y a decir verdad, en los últimos años, la banda ha tenido un declive artístico. Muchos resentimientos por parte de los músicos más veteranos. Y la gente joven, que no se adapta a los viejos métodos.

De todas maneras, la principal causa de la situación fue el encontrar al director desnudo, entre dos enormes bajos metálicos, y con un helicón alrededor de su ancho vientre. La música ya no le estaba haciendo ningún bien...

Ahora, el problema es encontrar un nuevo director. Yo he propuesto poner carteles en los supermercados, de esos con trocitos cortados al final con un número de teléfono apuntado. Así, las madres de los directores los cogerán, y se los llevarán a sus hijos directores. Pero y no sé muy bien a qué supermercados van a comprar las madres de los directores. Gran problema.

Conversaciones telefónicas

Conversaciones telefónicas -Después de hablar con mi secretaria y consultar la agenda, he encontrado un hueco para ti en mi corazón desde el lunes hasta la eternidad...

La coleccionista de momentos

La coleccionista de momentos De nuevo, con todos ustedes. Último Hombre Feliz con otra de sus colaboraciones

Desde la ventana de su habitación espiaba lo que hacían los otros. Las paredes estaban atiborradas de notas, fotos, dibujos y recuerdos de emociones intensas. Era su colección de momentos. Se dedicaba a esperar a los demás, a estudiar sus sentimientos, a recoger sus pensamientos y guardarlos para que nunca se perdiesen esos instantes. Los contemplaba sin que nadie la percibiese, como un fantasma, etéreo e insustancial.

Un mal día, su ventana se rompió y no pudo ver a través de ella más que negrura. Pero en ese cristal negro pudo apreciar su propio rostro, agrietado por la erosión, pálido por la falta de sangre. Esa vez más que nunca se sintió un espectro, vacío y translúcido.

Comprendió. Arrancó todas sus fotos, quemó todas sus notas, tiró todos sus dibujos. Salió a la calle a vivir su propia vida, para llenar su pared de los momentos especiales que viviría...

P.D. (pensamiento del día): “Imagínate algo en 15 segundos... Si no lo consigues, deberías ver menos televisión.”

Invisible

Hay días en los que me levanto completamente invisible. Normalmente no me doy cuenta hasta después de almorzar, cuando me meto en el cuarto de baño a asearme y frente al espejo descubro que no existo. Antes, me habré vestido, pero estoy tan acostumbrado a mi cuerpo (o tan dormido aún) que ni me doy cuenta de que soy completamente transparente.

El bus es una de las partes peores de esto de la invisibilidad, ya que de pronto se te sienta encima alguien, y al notar la resistencia del aire, se acuerdan de mí:
-Uy, ¡estás aquí!, es que como no te había visto...

Si no me encuentro con demasiadas ganas, me siento por el fondo de clase cuando llego a la universidad. Así, puedo pasar completamente inadvertido. Yo, mis libros, mis cuentos y mis fantasmas.

Pero esta mañana, que ha sido uno de esos días que me levanto invisible, me he quedado anonadado al ver, allá al final de la cafetería de la facultad, a un chico invisible como yo...

Cuando despertó...

Cuando despertó, el diablo aún estaba allí.

—¿Aún no te has ido? —pregunté algo molesto.
—No puedo dejar de pensar en lo que dijiste anoche. No termino de comprender tus razones para no querer venderme tu alma. Te lo ofrezco todo, riquezas, amor, sexo, fama... Todo aquello que más desees... Y sin embargo, ¡tú prefieres tu pequeña libreta y tu bolígrafo!

Arte Efímero - ARCO'04

Arte Efímero - ARCO'04 Anteayer, leyendo en el periódico cualquier noticia sobre el recién inaugurado ARCO, me vino a la cabeza la idea de una escultura preciosa y completamente original.

Pero como no sé esculpir, decidí olvidarla.

Ahora no recuerdo ni en qué consistía...

El Último Viaje

Presentando a Último Hombre Feliz

Añadió las uñas de vampiro (Desmondus rotundus) y las escamas de quimera (Chimera monstruosa) y la pócima estuvo completada.

Pronunció las palabras sin escritura de la perdida lengua de los hombres altos y arrojó el vial a la hierba. El portal se materializó

Abrió los ojos y contempló, con pesar, su última obra, su último mundo. Él había creado aquel paisaje. Creó los desiertos de cristal y los mares dorados. Dio vida a los bosques de Marn y muerte a los basiliscos del este.

Era, sin duda, el mejor de todos los mundos que formó, lo echaría de menos. Pero no lloraría. No lloró cuando tuvo que derrumbar las estatuas de bronce de Kram-Ann. Ni se mojó su rustro cuando los trasgos blancos arrasaron su querida Nairim. No lloraría por la más bella de sus hazañas.

Ahora marcharía a arreglar otro de los mundos en desorden. Tan solo un planeta, al que llamaban vulgarmente "Tierra".

—Adiós, Brauk. Te invocaré al otro lado. —Dejó a su dragón justo antes de penetrar en el vórtice. Optimista. Sin saber que ésta vez sí nacerían lágrimas en sus ojos grises.

Libros...

Libros... Cuando se dio cuenta de que no había nadie en el planeta capaz de devolverle todo el cariño que necesitaba, se refugió en las novelas de grandes romances y pasiones. Así, suplió sus carencias de amor, besos y sexo.

Pronto dejó de hacer deporte, pues le bastaba con abrir cualquier novela de viajes o aventuras para comenzar a sudar, respirar aceleradamente y sentirse mejor.

Con los libros de cocina llenó su estómago; con cuentos pobló sus noches de sueños, y de vez en cuando, leía alguna historia de terror para saciar su hambre de pesadillas.

Un tiempo después, sólo apartaba la vista de sus libros para ir al cuarto de baño...