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Bajo Arboles Mojados

Gran Problema

Hemos decidido echar al director de nuestra banda. Después de 30 años dirigiéndonos, y recién cumplidos los 65, hemos creído que era lo mejor. Y a decir verdad, en los últimos años, la banda ha tenido un declive artístico. Muchos resentimientos por parte de los músicos más veteranos. Y la gente joven, que no se adapta a los viejos métodos.

De todas maneras, la principal causa de la situación fue el encontrar al director desnudo, entre dos enormes bajos metálicos, y con un helicón alrededor de su ancho vientre. La música ya no le estaba haciendo ningún bien...

Ahora, el problema es encontrar un nuevo director. Yo he propuesto poner carteles en los supermercados, de esos con trocitos cortados al final con un número de teléfono apuntado. Así, las madres de los directores los cogerán, y se los llevarán a sus hijos directores. Pero y no sé muy bien a qué supermercados van a comprar las madres de los directores. Gran problema.

Conversaciones telefónicas

Conversaciones telefónicas

-Después de hablar con mi secretaria y consultar la agenda, he encontrado un hueco para ti en mi corazón desde el lunes hasta la eternidad...

Entonces

Confundo el amanecer con tus promesas;
mientras, el cielo llueve
millones de corcheas aladas,
salidas de algún clavicordio.

Entonces,
al abrir los ojos
te descubro besándome.

Entonces,
al abrir los ojos,
me descubro queriéndote.

Cúmulo

Hasta ahora, mi vida ha sido un cúmulo de casualidades y equivocaciones...

My love

My love

My love is soft when he whispers
my love is tough when he cries
my love is small as a baby
my love shines like rain.

My love walks like a soldier
my love holds like a girl
my love's voice is broken
my love's hands are soft an strong

I am as small as a snail
I am as soft as a drop
I am lost and crawl
but I'll climb
only up to you.

I am hungry as thunder
I am strong as blood
I am as cloudy and clear
as all the skies
that pass through your eyes.

We'll be as happy as children
we'll be as jumpy as queens
we'll fight and fuss for hours
only to rest in each other's arms.

Marlango

La coleccionista de momentos

La coleccionista de momentos

De nuevo, con todos ustedes. Último Hombre Feliz con otra de sus colaboraciones

Desde la ventana de su habitación espiaba lo que hacían los otros. Las paredes estaban atiborradas de notas, fotos, dibujos y recuerdos de emociones intensas. Era su colección de momentos. Se dedicaba a esperar a los demás, a estudiar sus sentimientos, a recoger sus pensamientos y guardarlos para que nunca se perdiesen esos instantes. Los contemplaba sin que nadie la percibiese, como un fantasma, etéreo e insustancial.

Un mal día, su ventana se rompió y no pudo ver a través de ella más que negrura. Pero en ese cristal negro pudo apreciar su propio rostro, agrietado por la erosión, pálido por la falta de sangre. Esa vez más que nunca se sintió un espectro, vacío y translúcido.

Comprendió. Arrancó todas sus fotos, quemó todas sus notas, tiró todos sus dibujos. Salió a la calle a vivir su propia vida, para llenar su pared de los momentos especiales que viviría...

P.D. (pensamiento del día): “Imagínate algo en 15 segundos... Si no lo consigues, deberías ver menos televisión.”

Invisible

Hay días en los que me levanto completamente invisible. Normalmente no me doy cuenta hasta después de almorzar, cuando me meto en el cuarto de baño a asearme y frente al espejo descubro que no existo. Antes, me habré vestido, pero estoy tan acostumbrado a mi cuerpo (o tan dormido aún) que ni me doy cuenta de que soy completamente transparente.

El bus es una de las partes peores de esto de la invisibilidad, ya que de pronto se te sienta encima alguien, y al notar la resistencia del aire, se acuerdan de mí:
-Uy, ¡estás aquí!, es que como no te había visto...

Si no me encuentro con demasiadas ganas, me siento por el fondo de clase cuando llego a la universidad. Así, puedo pasar completamente inadvertido. Yo, mis libros, mis cuentos y mis fantasmas.

Pero esta mañana, que ha sido uno de esos días que me levanto invisible, me he quedado anonadado al ver, allá al final de la cafetería de la facultad, a un chico invisible como yo...

Cansado

Esperar de pie a que regreses;
buscar tus ojos en la oscuridad,
tus susurros en la música.
Ver tu rostro en cada objeto,
en cada mirada, en cada rostro.

Aún acostado, me canso, ¿sabes?
De no ver más que fantasmas de lo que fue.
De saber que cuando escribo, te escribo.
Y reconocer(te) en mis palabras,
saber que me contagiaste,
y no poder más que darte las gracias.

Cansado de utilizar siempre
libélulas, susurros, pelos agitados
y noches amaneciendo
y de fondo siempre Madrid
(en rojo).
Y sin embargo, continuar ahogando
un te quiero en el fondo de la garganta.

Cuando despertó...

Cuando despertó, el diablo aún estaba allí.

—¿Aún no te has ido? —pregunté algo molesto.
—No puedo dejar de pensar en lo que dijiste anoche. No termino de comprender tus razones para no querer venderme tu alma. Te lo ofrezco todo, riquezas, amor, sexo, fama... Todo aquello que más desees... Y sin embargo, ¡tú prefieres tu pequeña libreta y tu bolígrafo!

Arte Efímero - ARCO'04

Arte Efímero - ARCO'04

Anteayer, leyendo en el periódico cualquier noticia sobre el recién inaugurado ARCO, me vino a la cabeza la idea de una escultura preciosa y completamente original.

Pero como no sé esculpir, decidí olvidarla.

Ahora no recuerdo ni en qué consistía...

El Último Viaje

Presentando a Último Hombre Feliz

Añadió las uñas de vampiro (Desmondus rotundus) y las escamas de quimera (Chimera monstruosa) y la pócima estuvo completada.

Pronunció las palabras sin escritura de la perdida lengua de los hombres altos y arrojó el vial a la hierba. El portal se materializó

Abrió los ojos y contempló, con pesar, su última obra, su último mundo. Él había creado aquel paisaje. Creó los desiertos de cristal y los mares dorados. Dio vida a los bosques de Marn y muerte a los basiliscos del este.

Era, sin duda, el mejor de todos los mundos que formó, lo echaría de menos. Pero no lloraría. No lloró cuando tuvo que derrumbar las estatuas de bronce de Kram-Ann. Ni se mojó su rustro cuando los trasgos blancos arrasaron su querida Nairim. No lloraría por la más bella de sus hazañas.

Ahora marcharía a arreglar otro de los mundos en desorden. Tan solo un planeta, al que llamaban vulgarmente "Tierra".

—Adiós, Brauk. Te invocaré al otro lado. —Dejó a su dragón justo antes de penetrar en el vórtice. Optimista. Sin saber que ésta vez sí nacerían lágrimas en sus ojos grises.

Libros...

Libros...

Cuando se dio cuenta de que no había nadie en el planeta capaz de devolverle todo el cariño que necesitaba, se refugió en las novelas de grandes romances y pasiones. Así, suplió sus carencias de amor, besos y sexo.

Pronto dejó de hacer deporte, pues le bastaba con abrir cualquier novela de viajes o aventuras para comenzar a sudar, respirar aceleradamente y sentirse mejor.

Con los libros de cocina llenó su estómago; con cuentos pobló sus noches de sueños, y de vez en cuando, leía alguna historia de terror para saciar su hambre de pesadillas.

Un tiempo después, sólo apartaba la vista de sus libros para ir al cuarto de baño...

Distracción (VI)

Distracción (VI)

Una de sus mayores diversiones era salir a cazar. Cuando ya hacía unas cuantas horas que había anochecido, se echaba encima las membranas de las alas de algún dragón muerto tiempo atrás y encendía una vela y la introducía en un recipiente de ámbar casi opaco, pues no quería espantar a sus presas. Con esto, y con una gran sábana de seda negra tejida por las arañas del bosque milenario, se adentraba en las grandes praderas que se extendían más allá del lago.

Se movía sigiloso por entre la hierba. Había descubierto que el ligero zumbido de sus alas espantaba a los bichejos, por lo que tenía que practicar sus artes andando. Con mucha cautela, se arrastraba intentando ocultarse entre la espesura de las briznas. Y cuando detectaba un grupo importante de presas... ¡zas! Lanzaba la sábana al aire, que caía sobre los insectos y los atrapaba.

Ya de vuelta en casa, antes de que amaneciera, cerraba cuidadosamente todas las ventanas y orificios de la estancia. Y las dejaba libres. Una a una, las luciérnagas se desperdigaban por el techo, primero con sus luces apagadas, y conforme iban adaptándose al nuevo ambiente, iban recuperando el fulgor de sus abdómenes. Así, con un cielo propio dentro de casa, podía dormir tranquilo hasta pasado el medio día.

Aquella tarde

Aquella tarde fue al parque, como solía hacer cada tarde, a la salida del trabajo. Se acercaba ya la primavera, y el sol aún le regalaba unas cuantas horas de luz y calor, por lo que se quitó la chaqueta y se sentó en el banco del rincón a leer.

Aquella tarde, como cada tarde, abrió el grueso libro que estaba leyendo, más para disimular que para leer. Y con el libro entre las manos, comenzó a observarla de nuevo.

Aquella tarde, como ocurría normalmente, ella hacía punto en un banco alejado que se encontraba lejos de dónde se hallaba el señor que simulaba leer. Hacía punto y vigilaba a su hijo, que jugaba apaciblemente con sus amigos, disfrutando del calor de la primavera que se acercaba, pero además, fijaba su atención en el misterioso señor, que cada tarde acudía a su cita nunca pactada, aunque respetada por ambos.

Pero aquella tarde, sorprendentemente, el señor se levantó del banco, dejó su libro, y para el asombro de todos, echó a volar...

Profesora y alumno

La profesora abraza al alumno, al amparo de una sábana negra de seda, que más que esconder, remarca aún más la desnudez de ambos.

Ella es algo más mayor que él, pero la barba de dos semanas que luce el joven le hace parecer casi un adulto, por lo que las respetables señoras no se escandalizan al verles caminar juntos de la mano cuando salen a la calle de la ciudad.

Ahora él susurra la letra de alguna canción que suena, siempre en inglés, mientras ella no puede dejar de sonreír al imaginarse, unas horas atrás, uno en el pupitre y otra impartiendo cualquier lección de gramática.

Se dormirán, juntos y unidos, unos minutos antes de que salga el sol, mientras en el ordenador encendido suena cualquier melodía africana, que hará que confundan los tambores primitivos, con sus propios latidos del corazón...

A Ana, por Enseñarme a ser persona, y por enseñarme a aprender...

Pd.: Si tenéis eMule, y queréis disfrutar de mis ya típicos discos de San Valentín, pinchad el enlace que hay en la parte de arriba de la barra de la derecha...

Distracción (V)

Distracción (V)

La cuatro brujas se arremolinaban en torno de la marmita. Por turnos, iban añadiendo ingredientes para la preparación del brebaje:

-Lengua de sapo, para que la elocuencia nunca le falte.
-Alas de buho gris, para que la libertad siempre esté presente en él.
-Espinas de rosa, para que, aunque bello, mantenga las distancias con los que le rodean.
-Estaño fundido, para que se fuerte y robusto...

Removieron y agitaron la poción, y avivaron el fuego, para que el caldo fuera consumiéndose lentamente a lo largo de la noche, que pasaron danzando y cantando bajo la luz rojada y blanca de las dos lunas llenas...

Cuando ya sólo quedaban unas gotas en la gran marmita, las tomaron con cuidado y las untaron sobre la figura de barro que habían construido la tarde anterior. Después de recitar unas palabras mágicas, el ser comenzó a tomar vida...

Nota Roja

Hay un baúl en el armario de la buhardilla, bajo un tul de seda de miles de colores, que esconde millones de secretos.

Hay un libro viejo, de tapas de piel, dentro del baúl, que cuando es abierto al azar (¡sólo cuando se abre al azar!) muestra cómo se está escribiendo la Historia.

Hay una nota roja en el libro guardado en el baúl del armario de la buhardilla, que indica el momento justo en que me besaste por primera vez...

Gilipolleces tales como... / Efecto Mariposa

Gilipolleces tales como... / Efecto Mariposa

Hay noches en las que me gusta hacer gilipolleces, tales como:

- Quedarme hasta las mil viendo series de la tele.
- Escribir (mala) prosa poética:

[Una mariposa batió suavemente sus alas en el centro de Lavapiés. Mientras, a cientos de kilómetros de allí, en un pueblecito de Alicante, un huracán arrasaba mi cabeza...]

- Asomarme a las rendijas de la persiana para ver la luna.
- Llorar por volver a acostarme solo.
- Leer hasta las dos mil y media.
- Dormirme y volver a soñar contigo.

Hacía tiempo

Hacía tiempo

Hacía tanto tiempo
que no dejaba que nadie me besara,
que había niebla alrededor de mis labios...

Hacía tanto tiempo
que no dejabas que nadie te abrazara,
que tenías escarcha en la paredes del corazón.

Cometas

En los días con mucha niebla, aquellos en los que los contornos de los objetos no estaban bien definidos y no se veía a penas lo que había dos pasos más allá de uno mismo, en esos días tristes le gustaba salir con sus viejas cometas y lanzarlas al aire, intentar hacerlas volar.

Tenía muchos tipos de cometas, unas más grandes y alargadas, en forma de alas de pájaro. Otras eran romboidales, más típicas. Tenía algunas incluso circulares, que no paraban de girar en el viento. Cuando conseguía establecer el vuelo en alguna de ellas, ataba el hilo a una barra de metal que había anclada al suelo y comenzaba a volar otra. Así, al final del día podía tener treinta o cuarenta en el aire simultáneamente.

Si alguien se le acercaba a preguntar por qué hacía eso, él contestaría sonriente:
-Trato de pescar algún ángel...