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Bajo Arboles Mojados

Personal

Sonrío que no es poco

Con los billetes para Parma en el zurrón... Del 20 al 26...

Ahora sí que sonrío...

Y con sus ganas de verme cada día aún más.

Sinrespuestas

Porque hay veces que una sonrisa es la mejor de las respuestas...

Rematrícula

6-VIII Rematrículas

He bajado a la universidad para hacer la matrícula y tomar un café con los amigos. O al revés. Y hacer una cruz en la casilla de las hojas de inscripción con la opción de Hospital General de Alicante.

Vuelvo al pueblo con una sensación agradable, al pensar que recomienzo con lo que me gusta. Y también con un libro en el zurrón, que decido en el acto devorar.

Ya en el pueblo, me dedico a vagabundear por casa evitando estudiar y más tarde, a trabajar.

Es extraño besar a alguien en el lugar de trabajo...

7-VIII Me gusta/No me gusta

Los labios, cuando se comienzan a acostumbrar a dar y recibir besos, se vuelven más carnosos, suaves y sensibles. Sin babear más de la cuenta, están algo más húmedos.

Tras mucho tiempo sin besar (aunque hay casos patológicos en los que no es necesario tanto tiempo), los labios se vuelven duros y resistentes. No se agrietan ni con el frío ni con la poesía. No me gusta pasarme mucho tiempo sin besar.

Me gustan los besos en la comisura de los labios, con las bocas a penas abiertas.

No me gustan los besos ventosa, de bocas anchas. No me gusta tener que limpiarme con disimulo la saliva de los carrillos.

Me gustan sus besos.

Entre tanto, estudio.

9-VIII Poco más

Hay pocas cosas que me gusten más que el picor que deja en las manos el jugo del tomate cuando lo estás cortando a trocitos...

Días II

Lo sé, la frecuencia de posteado ha descendido drásticamente, quizá debido a que mi vecino (y principal proveedor de internet) parece que se haya mudado de casa, pues nunca le encuentro allí. A pesar de todo, escribo casi todos los días, así que vayan acostumbrándose a mis posts recopilatorios.

30-VIII

Hay días en los que la letra, cuando escribo en la libreta donde anoto estas tonterías, me sale muy buena. Bonita, legible, limpia. Otras veces no. Y ya hace tiempo que me vengo preguntando la razón.
Imagino que grafólogo diría que varía por mi estado de ánimo, aunque estoy casi seguro de que también depende del boli que use y del grosor del papel.

Hoy la letra es buena. Ni muy buena, ni mala. Buena. Será porque no estoy mal.

Ayer E. me contó entre lágrimas un problema que estaba teniendo. Yo en un principio creí que me iba a contar otras cosas, aunque después intenté ayudarle, diciendo palabras que sé que no le hicieron ningún efecto. Es lo que tiene cuando te hablan y estás en estado de shock. Que no escuchas lo que te dicen.

Aunque después creo que sí le reconfortó saber que yo estaba ahí. Por eso hoy la letra es buena. Aunque ni muy buena ni mala tampoco.

31-VIII

Aunque ahora salgo de trabajar a las 11 de la noche, prefiero no privarme de mis "lujos".

Noche de charreta en el local, con unas cuantas velas encendidas y buena compañía.

Le escribí una poesía a E. Y se la di, aunque creo que no llegó a darse cuenta de que es para él.

Las poesías son un poco como el tango. Son las letras de los repudiados. Pero las putas tienen su función en el mundo. ¿Yo también?

1-IV

Otro verano sin hacer nada...

2-IV

Me he cortado el pelo. Pero los rizos siguen ahí. Y sin saber porqué, cuando el peluquero me preguntaba cómo lo quería, le dije: lo suficientemente largo para que la gente aún pueda jugar con él.

Obviamente, me miró con cara de extrañado, suponiendo que no estaba bien de la cabeza.

Tenía razón.

3-IV

Traje negro, camisa negra (de raya diplomática) y corbata verde intenso con brillos.

"Doro, estás 100% mod". Y a mí se me subían los colores.

4-IV

Las resacas post-boda son de lo más desagradables. Todo el día con una sensación de cansancio extremo, con el estómago eternamente lleno y revuelto.

Me hubiera gustado no ir sólo a la boda.

La próxima en Madrid.

5-IV

Toda la mañana pensando excusas para que venga a mi casa y le pueda besar.

Sigo indeciso con respecto al destino de mis prácticas de enfermería. No sé si decidirme por la comodidad o en cambio por las apetencias...

Hace tiempo que no me doy un capricho.

Frase del día: No confíes en los chicos que besan con los ojos abiertos...

Fiesta

No lo conté y sin embargo el jueves por la noche estuve con M. tomando un helado. Y fue de lo más extraño hablar de cómo está intentando comenzar nuevas relaciones después de lo nuestro que no funcionó.

Me duele, no con rabia, pero sí me duele, cuando una persona que está enamorada de mí deja de estarlo. Es como saber que ha perdido el interés por uno mismo, aunque sea uno mismo el que lo ha querido. Pero cuando compruebo que finalmente es cierto, pues me duele.

Anoche hicimos fiesta en el local. Primó la decoración (a tramos exquisita, en otros casi sacada de museo), pero no bailamos.

Me apetece bailar.

Creo que E. se está enamorando de mí...

tizio

A las 4 en el tizio son pocas palabras para dos horas llenas. De movimiento en el coche. De dos cafeterías cerradas por vacaciones. De tu cerveza y mi cortado con hielo. De caricias en la mesa maldisimulando tus ganas de cogerme de la mano.

Estoy de muy mal humor y me duele la espalda. Será por las preocupaciones con las que tengo que cargar...

tizio

A las 4 en el tizio son pocas palabras para dos horas llenas. De movimiento en el coche. De dos cafeterías cerradas por vacaciones. De tu cerveza y mi cortado con hielo. De caricias en la mesa maldisimulando tus ganas de cogerme de la mano.

Estoy de muy mal humor y me duele la espalda. Será por las preocupaciones con las que tengo que cargar...

Paradigma

Continúo escuchando tangos. El tango era el baile que bailaban las putas en los lupanares argentinos para seducir a sus clientes. El tango es una sucesión de movimientos cada cual más sensual, cada cual más roto. Como el ritmo de la música. Roto.

Alguien me dijo hace unos días que quizá atrajera a los chicos jóvenes porque soy el paradigma del gay de pueblo. Discreto, nada loca, sensible... Que ellos me elegían para aclarar sus dudas, para salir de sus propios armarios. Jodidos jóvenes.

E. me compró un libro. Sin razón alguna.

He estado pensando en el mar. Cuando estaba "allí lejos", no me di cuenta de la morriña que tenía del mar hasta que no se planteó la posibilidad de ir a una ciudad con costa. "Aquí", en los días de universidad, lo vía todos los días, cuando bajaba con el bus. "Allí" tardé casi tres meses en verlo.

Durante este año aún no me he bañado en el mar. Creo que ya va siendo hora.

Ahora estudio.

Días

18-08: Tras un interminable día de trabajo, mis compañeros de universidad (sí, aquellos de la amistad supuesta según fuentes paternas) me rescatan para ver Charlie y la fábrica de chocolate. Con chocolate y gominolas.

19-08: Nada.

20-08: Tarde de piscina en casa de uno de mis amigos ricos. Noche de relax y pan con ingredietes horneados y cobrado a precio de pizza muy (muy) cara.

21-08: Guerra de agua. Acabo mojado. Veo Lucía y el sexo de nuevo por la tarde. Vuelvo a llorar un poco. Llego a la conclusión de que lo que me sucede es que no sé escribir las cosas que me pasan cuando no me pasa nada malo. Quiero que vuelva X...

Nota

Ver Charlie y la fábrica de chocolate cargados de gominolas y tabletas de chocolates. Variados.

De nada...

Tango

El otro día, mi madre y yo llegamos a un común acuerdo según el cual ver Dawson Crece estaba acabando con mi pensamiento crítico y con la mayor parte de mis 5 horas libres que me quedan entre trabajar y dormir.

Y el resto del tiempo lo pasaba perdido intentando visitar a personas que me empeño en llamar amigos de la universidad. Qué loco estoy, si las relaciones se terminan con la carrera (como muy bien me dio a entender).

Por lo cual, no fui al cine con mis conocidos.

Sorpresas de la vida, mis amigos del pueblo (estos sí tienen derecho a serlo, aunque por comentarios maternos también, debo añadirles el apelativo de "raros"), de visita turística el martes de autos, decidieron a su vuelta ir a ver la única película por la que mataría para ir a ver. Obviamente, ni se lo pensaron a la hora de no avisarme. No se lo recrimino.

Cada vez, incluso yo mismo pienso poco en mí mismo.

Ahora escucho tangos...

Repudiado

Estimado X:
Ya hace tiempo que no te dedico unas palabras, aunque en realidad esto es discutible, pues hay quien piensa que no he dejado de hacerlo.

Te he escrito ya todo tipo de mensajes. A veces me declaraba o decía cómo me gustaban tus dudas cuando era yo el que las causaba. Otras me compadecía de mí mismo por haberte hecho el más mínimo caso. Las más veces, me prometía no volver a escribirte ninguna palabra, aunque gracias a dios, no he cumplido lo dicho.

Esta vez no es diferente a todas aquellas otras veces. Esta vez te escribo lo que sé que no seré capaz de decirte mirándote a los ojos. O puede que sí, quién sabe, desde que he vuelto del viaje me he vuelto mucho más sincero y atrevido.

Desde que he vuelto me he vuelto incluso un poco adivino, y sé lo que se me avecina, a veces a tiempo de poder evitarlo, otras esperándolo con los brazos abiertos.
Este momento lo vi venir hace ya tiempo...

Sólo quería decirte que como siempre me toca tomar el papel del repudiado. Alguno de los que me conocen no lo creerán, pues creen que despacho con facilidad sueños y recuerdos.
En parte no están equivocados. Lo hago. Si no se trata de ti.

Poco más. Me quedaré aún con los brazos cruzados y la eterna lágrima de payaso pintada en la mejilla. Aunque esta vez ya no dueles tanto.

¿Será cierto eso de que uno se acostumbra a todo? Sólo una última cosa: piensa un poco en las cosas que haces, ya no sólo por ti mismo, sino por lo que puedan implicar en los demás.

Lunes que es como domingo

Esta mañana he estado barriendo el comedor. Será la única cosa que habrás hecho en toda la mañana, me ha gritado mi madre. Cuánta razón tienen las madres algunas veces.

Mientras barría, he encontrado un vilano. Un vilano es un abuelo, esas cosas blancas que hacen algunas plantas que vuelan cuando eres niño y les soplas para pedirles un deseo. Es una de las pocas cosas que recuerdo de toda la carrera de biología. Que los abuelos se llaman vilanos.

He empujado varías veces al vilano con la escoba, y de repente, me he sentido muy culpable y muy mal. Así que lo he cogido y he salido al balcón y he soplado para que se fuera lejos.

Me da algo de vergüenza admitir que mientras soplaba he pedido un deseo, como hacía siempre que era niño.

Me gusta este lunes que es como si fuera un domingo pero justo después de otro domingo.

Mañana quiero ir al cine con mis amigos de la universidad.

Cayéndome (de nuevo)

El hecho de que la primera persona a la que quise se haya convertido en un oso-travestí (con mi total respeto hacia los osos y los travestidos); que la segunda persona a la que he amado me mande mails casi a diario y sea capaz de no decirme nada; que me sienta cada vez más agobiado y metido en un agujero sin luz y sin salida (me refiero al pueblo, no a mí mismo); que la gente de mi alrededor me mire y no me vea la mayor parte de las veces...

Todo esto y algún beso más que no quiero contar aquí están volviendo a provocar que me caiga.

Poco a poco pero cayéndome...

Escurridizo

Mientras a mí me crecían los rizos, parece que en ti se iban los años, o la madurez. Pareces más que nunca un niño asustado y escurridizo.

Y no porque te esté intentando alcanzar y no lo consiga, sino más bien porque te estás intentando escapar de la vida por los rincones más difíciles y pequeños.

En cuanto a mí, hace tiempo que dejé de buscarte.

Tr3s cosas

Hoy quiero hablar de tres cosas; de las siestas, de las motos y de los besos.

Desde hace cosa de un mes estoy intentando aprender a dormir la siesta. Me gustan las mediashoras de inconsciencia/ventana, me abro fresquito y desnudo, me dejo alcanzar por pensamientos que me matan un poco. Las más de las veces ni duermo.

El sábado volví a montar/soñar en moto, de paquete. Esta vez no podía apretar tanto las piernas al conductor, como cuando subía las piernas y me apretaba y le metía las manos en el bolsillo de la chaqueta y él me acariciaba desde fuera. Pero a pesar de todo, la sensación era la misma, con el viento en la cara y la inclinación del cuerpo al tomar las curvas. Añadido al miedo de no saber si cogerme de atrás a la moto o adelante al propio piloto.

Los besos son difíciles cuando sabes que no se deben dar y sin embargo los quieres dar y sin embargo los quiere dar pero sabes que no debes. Creo que voy a comenzar a pensar menos y a actuar más.

Busco (III)

Quiero una cabeza en mi regazo mientras recito algún cuento leído de alguno de mis libros de cuentos, en mi cama, en mi casa.

Tengo, justo, algo más de dos semanas y media para encontrar el destinatario de mis cuentos. Será en el momento en el que mis padres hayan caído en esa conjunción de días de vacaciones que les habrá llevado lejos (sin rumbo aún conocido, pero lejos), y que me dará a mí tres o cuatro días para incluso matar en mi casa.

Así pues, busco...

Con las manos en la masa

Después de un par de días de nuevo ante los fogones me reitero en mi opinión de que hay pocas cosas más sensuales que cocinar. Creo que ahora comprendo la manía de alguno de mis ex-amantes de querer hacerme un plato de pasta o de poner ante mí un elaborado plato japonés.

Es extraño decir la razón. En realidad, no hay nada que lo explique. Sólo que el tener la sartén al fuego, con los ingredientes dorándose lentamente, o los hervores de los caldos y los pucheros en la cacerola, a mí, me evocan pensamientos de lo más lascivos.

Mejor ni hablar de la elaboración de postres...

Esquela

Desde hace ya casi tres años miro diariamente las esquelas del periódico, esperando.

Es siempre igual, aunque no lo haga con ansia, sí lo hago con continuidad. Con alevosía.

Esperando ver una mañana tu esquela de muerto, para poder llorarte a gusto en los rincones que me abundan. Oliendo desde aquí el olor de las flores marchitas sobre tu tumba, imaginando las de plástico que sustituirán las muchas coronas que te pondrán.

¿Te mando yo otra? ¿Qué debería poner en la cinta?

Nadie le quiso más que yo. D.

Basado en hechos reales

Ayer vino a comprar una chica rumana, clienta habitual de la tienda en la que trabajo. Yo estaba cobrando en las cajas, y cuando tenía que devolverle el cambio, ella cogió rápido mi mano llena de monedas, le dio la vuelta, y tomándolas todas excepto una de cinco céntimos, leyó los surcos de mi palma izquierda, sin que me diera tiempo a protestar.

Cuando levantó la cabeza, tenía una lágrima en los ojos y no dijo nada más que un Lo siento, con un duro acento.

Guardo la moneda de cinco céntimos como si fuera un amuleto contra el destino que vio...