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Bajo Arboles Mojados

Cuentos

Intrusos (La intimidad robada)

Intrusos (La intimidad robada) No necesitó ver nada para saber que habían profanado su habitáculo. El frío, que se le metía por la punta de los dedos de los pies y alcanzaba todos y cada uno de sus huesos, se lo indicaba. Le indicaba que una presencia ajena había atravesado el umbral y había hurgado en su montón de botones (perdón, digo, besos). Además, las letras, escondidas en el baúl, habían sido pronunciadas, llenando el espacio vacío de sentimientos que, al no encontrar corazón en el sacrílego que había entrado en su morada, habían helado el ambiente.

Ahora, ni las lágrimas de libélulas que tenía almacenadas en discretas botellitas (también manoseadas por el intruso) podrían restaurar el ambiente de paz que antaño llenaba la habitación

Suicidio

Junto al cuerpo encontraron una nota de suicidio que decía:

-Desde que te has ido, ya no puedo dormir. Desde que me dejaron tus caricias, desde que no escucho tus susurros y arrullos, no puedo conciliar el sueño. Desde que te fuiste, la realidad se volvió más dura, y los días eran oscuros. Y las noches eran soleadas. Sin ti. Y ya necesitaba descansar.

De concierto

De concierto Dentro de un igloo multicolor, con la música resonando en el hielo de las paredes, ellos nos extirparon los corazones eléctricos...

Y un chico con una piruleta de fresa. Y una cámara de fotos digital eterna. Y una flor naciendo de entre el hielo. Y un mundo a parte sólo para nosotros, los de dentro...

"Preguntas, si queda poquito,
sólo sé contestar, emitiendo un gemido.
Sin rumbo, hacia el infinito,
nos dejamos llevar,
no sé a dónde dirigirnos...

...Y esta vez te lo suplico,
no me tientes que repito..."

--Ellos--

Quizás

Le pidió que contara lo primero que le pasara por la cabeza. Y comenzó así:

- Cuando era más joven, me gustaba nadar en el mar de tu rostro. Subía tus montañas hasta coronarlas con mis sonrisas. Y no podía dormir a tu lado. Porque necesitaba saberte mío. Porque tenía miedo de que todo fuera un sueño, un ardid de los monstruos que habitan debajo de la cama, dentro del armario, detrás de la puerta... Entonces envejecí, y tu rostro me parecía arrugado. Y tus montes eran demasiado habituales, y mis sonrisas muy pocas. Y aprendí que a tu lado se podía dormir apagando el deseo con otras personas. Y hasta fantaseaba con despertar una mañana y no encontrarte a mi lado.

-Quizás, los monstruos ganaron esta vez, ¿no cree?

-Quizás...

Lati[2]

Aquella noche, por fin, escuchaba los latidos de un corazón. Y no eran los del suyo. Acostado bajo sábanas blancas, con un cielo amaneciendo fuera, un cuerpo desnudo a su lado. Y unas velas que marcaban el camino a aquel santuario...

Y su pecho, desnudo, suave, firme... Y él apoyado, mientras dormía, escuchando cómo el mundo giraba alrededor de aquel latido. Escuchando como sus latidos, los suyos propios, sólo ocurrían porque estos que ahora escuchaba no paraban...

Salto

Salto Por fin había alcanzado el 21º piso. Subir a pie por las escaleras era cansado. Se asomó al borde y miró hacia abajo. Y luego hacia arriba.

Las estrellas le estaban marcando el camino. Tan solo tenía que enlazar Polaris con Arturo y el trayecto estaría hecho. Ese era el recorrido que le habían susurrado las hadas en la almohada

Cogió impulso y saltó.

Y aunque al día siguiente no fue para el mundo más que otro suicidio bajo los efectos de los psicoestimulantes, su alma continuó recorriendo la línea recta marcada por las dos estrellas.

Olvidos

Olvidos Subió a casa de la vecina de arriba para decirle que se le estaba saliendo el agua de la lavadora. Dado que era una mujer ya mayor, decidió ayudarla a limpiar el estropicio. Y cuando entró en el cuarto de lavar, lo encontró lleno de botellas de plástico de refrescos vacías. En un rincón se acumulaban 30 o 40 palos de escobas. Y los montones de periódicos, revistas y propaganda crecían aquí y allí, en cualquier lugar en que tuvieran espacio para desarrollarse.

-Muchas gracias, buena mujer, muchas gracias. No sé que hubiera hecho sin usted, sin su ayuda. Además, me alegro de conocerla por fin, ¿dice usted que vive abajo? ¿Es mi vecina? ¿Hace poco que se han mudado a este inmueble?

Ella asintió, con el corazón en un puño. Hacía ya 25 años que eran vecinas...

Ascendia

Ascendia De sobte, tots el sorolls del carrer emmudiren, deixaren de passar cotxes i sols els murmuris del vent s'escoltaven por damunt de la música que sonava als auriculars.

Llavors, es girà a dreta i esquerra i continuà caminant, però aquesta vegada ja no ho feia pel carrer, sinó que ascendia, lenta però inexorablement.

Al cap i a la fi, no era tant dolent ser mort...

Mierda

Un día, mientras hacía un agujero en la arena, jugando a los castillos con su hermano pequeño, el suelo comenzó a temblar.

De pronto comenzó a emanar un pestilente chorro de mierda de hasta 10 metros de altura...

Se llamaron a las autoridades pertinentes, acudieron curiosos de todas partes, se comprobó que no se había agujereado ningún depósito de materia orgánica del carbonífero ni se había perforado ningún conducto que contenía materias fecales de la ciudad.

El informe de los científicos fue muy claro y conciso: Por algún lugar tenía que salir la mierda escondida de los políticos del país...

Podrido

Era ya avanzada la noche cuando decidió abrirse para, como hacía de vez en cuando, estudiar las variaciones en su fauna y flora autóctona.

Cuando apartó el bisturí de la incisión y con la ayuda de las pinzas, fue apartando capa a capa de su interior, encontró sus fantasmas de siempre en sus lugares comunes. Su colonia de preocupaciones parecía haber crecido ligeramente desde la última vez. El carcinoma de melancolía se extendía con normalidad. Y la putrefacción avanzaba imparable su camino hacia el cerebro.

Lo que no comprendió fue la ausencia completa de materia viva en su cavidad cardiaca.

En mi hombro

En mi hombro Subido en el autobús, la chica que se le sentó al lado apoyó la cabeza en su hombro, sin decirle nada, sin mirarle. Y cuando ya hacía 5 minutos que ella no se movía, dijo, como entre uno de sus sueños:

-No te importa, ¿verdad?

Entonces, notando la cabeza de ella así, oliendo su perfume, sintiendo el calorcillo que desprendía y su pelo, suave, contra su cuello, recordó la última persona que había dormido en su hombro, en el asiento trasero de un taxi, camino de la madrugada más mágica que ninguno de los dos pudiera haber vivido nunca jamás.

Auroras Boreales

Auroras Boreales Cuando después de haber quitado el envoltorio, abrió el regalo, comenzó a emanar una oscuridad inmensa de aquella cajita. A pesar de haberla soltado, se quedó flotando en el aire, y continuó saliendo de ella una bruma negra, aunque de vez en cuando, se veían emerger también puntos blancos de luz.

La oscuridad llenó por completo la sala, y los puntos luminosos se distribuyeron por las partes altas de la habitación, para configurar constelaciones y cúmulos de estrellas.

Y cuando parecía que no iba a salir ya nada más de la cajita, borboteó un polvo blancoverdeamarillorojoazulado... Y formó una aurora boreal en aquel firmamento empaquetado en un regalo.

A cuerda

A cuerda -No te fijes demasiado en él, porque en realidad no es de verdad, está hecho de plástico y goma.

-¿Plástico y goma?¿Y cómo se mueve?

-Eso aún no lo sé, pero te lo juro. El pelo enmarañado es de hilo, como el que le ponen a las muñecas. Y las manos... Las manos se le notan mucho que no son de verdad. Tan frías, grandes,... Así que olvídate de él. ¡No lo mires más! Es posible que si le intentas besar o te acuestas con él, se desmonte o se quede sin cuerda.

-Pues si se le termina, yo le daré más.

-No conseguirás encontrar la llave para darle más cuerda...

El que escucha

Un día, a la salida de sus clases de teatro, se cruzó con una mujer llorando, y se sorprendió a sí mismo acercándose y preguntándole la causa de su llanto.

En un principio, la mujer parecía reticente a contarle nada, pero tras unos minutos de palabras llenas de confianza, le confesó que su marido le pegaba.

Tenía además dos niños que nada sabían de todo esto, en edad escolar. Y ellos eran la causa de que la mujer no dejara a su marido, pues carecía por completo de un sustento económico propio.

-¿Sabes? -dijo él-, es cierto que debes procurar lo mejor para tus hijos, pero si ellos te ven triste, no estarán mucho mejor que tú, porque aunque no lo parezca, se dan más cuenta de las cosas de lo que creemos.

Ella asintió resignada.

El joven le ofreció su número de teléfono móvil, aunque sólo fuera por si ella necesitara hablar; aunque la mujer rechazó la oferta algo alarmada, añadiendo que él no tenía porqué meterse en ese problema.

-Los martes y los jueves, a esta misma hora, termino mis clases de teatro, si me necesitas, sólo tienes que estar por aquí, y me encontrarás.

Más él ya nunca la volvió a ver.

Sueños del Caminante (II. La Maldición)

Sueños del Caminante (II. La Maldición) Aquella mañana, tras las tristes palabras del sumo sacerdote, el sol no salió...

Era extraño; el cielo había ido aclarándose poco a poco, como cada amanecer. Pero llegado el momento en el que debería haber salido el astro rey, simplemente, no salió. Y el día se quedó en eso, un eterno amanecer...

No fue hasta 3 meses después (si se puede hablar de meses cuando no hay un sol que marque el correr de los días), no fue hasta tres meses después, decía, mientras una pareja de seres excelsos jugaban a ser mayores, cuando el sol decició volver a amanecer para ellos, transformando la maldición del sacerdote en un hechizo de amor entre estos dos entes de las estrellas.

Acciones desesperadas

Acciones desesperadas Cinco días después de que comenzara a llover, el agua había llegado a inundar las casas más viejas y bajas. Los vecinos que las habitaban, ya desde el segundo día habían pedido amparo bajo el techo de los que vivían en los pisos más altos, y ante su negativa de auxilio, habían roto sus puertas y les habían invadido.

Cuando la comida comenzó a escasear, se dieron las primeras muertes. Al principio parecían naturales, personas mayores, bebés enfermos, gente débil,... Pero luego comenzaron a morir personas completamente sanas. Mientras dormía. Por lo que la gente decidió intentar mantenerse despiertos para mantenerse con vida.

Y sin embargo, los cadáveres no se amontonaban, desaparecían...

Tiempo después, en el momento en que por fin escampó y el nivel del agua volvió a su nivel natural, los ciudadanos, avergonzados, continuaron sin salir a la calle, por miedo a ser juzgados por sus actos en los momentos más desesperados.

Un año después, todo lo que quedaba en la zona era una ciudad fantasma...

Sueños del Caminante (I. Deseos Oscuros)

Sueños del Caminante (I. Deseos Oscuros) Levantó la cara y vio una luna llena. Y aulló. Después encendió una gran hoguera con ramas de un olivo milenario, donde hirvió la sangre de un gallo castrado alimentado con polluelos, junto con unas ramas de verbena. Añadió unos trozos de setas. Y lo bebió...

Y vio el mundo alejarse a sus pies.
Y escuchó el sonido que hacía la luna al orbitar alrededor de la tierra.
Y olió el perfume de aquel otro ser amado.
Y degustó sus besos, como si estuviera presente.
Y notó contra sus piernas su duro sexo...

Cuando abrió los ojos, estaba junto a los sueños del caminante. Y se desataron en su cabeza los deseos más oscuros...

Encuentros Masivos en la Luna

Encuentros Masivos en la Luna Cerró los ojos e imaginó que de nuevo se iba a la luna, a su cara oculta, a compartir sus secretos más ocultos con un fabricante de neón...

Cuando por fin llegó, encontró la puerta de atrás cerrada, con llave...

Lloró y lloró, y el río de lágrimas de arco iris le llevó, en un velero de papel, hasta Júpiter, donde junto con los otros marcianos, emprendió el camino de regreso al centro del universo...

Asomado a la ventana

Aquella mañana, se pasó todo el tiempo asomándose a la ventana, a pesar de que su encargado ya le había llamado la atención por este hecho en alguna ocasión...

Un mensaje corto, al móvil: "Estoy en un bus camino de ..., espero que nos veamos en un par de horas. Un abrazo". Le había dejado inquieto. No creía que pudiera ser cierto. Y en el fondo, no sabía si quería que fuera cierto.

Habían pasado meses. Y personas... Pero le iba a poder ver de nuevo. Y parecía tan ilusionado...

Cuando a las 4 de la tarde le vio aparecer junto con una amiga, se puso a trabajar (cosa que no había hecho en toda la mañana) para disimular y hacer como que no le esperaba.

Desde entonces, ha dejado de mirar por la ventana.

Fantasmas

Fantasmas Aquella enfermedad que pasó de niño y que estuvo a poco de llevarle a la tumba le dejó a medio camino entre la vida y la muerte. En realidad no era un ser vivo completo, era una especie de fantasma. La gente le podía tocar, le podía ver y escuchar. Incluso podía tener relaciones sexuales con gente viva.

Pero nadie podría alcanzar nunca su corazón, ya que era la parte más transparente, la más fantasmal, la más intangible... Él podía hacerlo todo. Excepto amar.

Sólo otro ser etéreo, con la mente lo suficientemente libre como para alcanzar el centro de su mundo con un solo pensamiento podría atraparle en su red de arco iris, y salvarle de vagar eternamente por el mundo.

Ahora el problema estaba en cuándo la casualidad proporcionaría un momento para encontrarse...