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Bajo Arboles Mojados

Cuentos

El Fabricante de Espejos

El Fabricante de Espejos Reunidos el Fabricante de espejos y la niña de pelo rizado, decidieron caminar juntos a través del tiempo y de las circunstancias.

Ella le enseñó cómo diferenciar alces de renos, como bailar sobre auroras boreales y como preparar el mejor de los tiramusús con trozos de nimbos. Él, en cambio, la miró, y de una mirada le abarcó el mundo entero, lo envolvió en burbujas de vidrio y se lo regaló.

Entonces él construyó un espejo especial, o espacial, según se mire, y, entrelazados sus dedos, se introdujeron para llegar al mundo de mis sueños...

Mensajes Apocalípticos

—No se engañen, señoras y caballeros. El mundo está ya en sus últimos minutos. ¿No ven a la gente retozando en los rincones más inimaginables? ¿No escuchan los cánticos funestos que surgen de las bocas de los neonatos? ¿No sienten que la sangre se les espesa en sus venas, fluyendo con dificultad? Las estrellas comienzan a caer, aprecien cómo se aproximan, cada vez están más cerca de nuestras cabezas. Y las aguas hace ya tiempo que nos envenenan, debido a las emanaciones sulfurosas del centro de la tierra; intoxicando nuestras mentes y revelando mensajes apocalípticos a imbéciles como un servidor...

Aguinaldo

Aguinaldo Comenzaron a cantar villancicos antes de que les abriera la puerta. Cuando por fin les permitió entrar, encontraron un belén de tamaño natural hecho con figuras de cera. Todas muy reales.

Terminaron y el señor extraño les dio una bonita bolsa navideña repleta de caramelos y un paquete envuelto en papel de regalo.

En el momento en que los chavales comieron los dulces, descubrieron horrorizados que se trataba de sangre coagulada. Y del paquete sacaron un corazón humano recubierto de cera...

Cuentista

El cuentista nació muerto. A pesar de esto, consiguió arrancar un llanto de sus cuerdas vocales y engañó a sus padres y a los médicos.

Creció imitando a sus compañeros de clase, para que no notaran nada. Con cierta frecuencia, se ponía enfermo intencionadamente, copiando los síntomas típicos, para no llamar la atención de los demás. Incluso consiguió hacer latir de tanto en tanto su corazón, con mucho esfuerzo, e inventó una dolencia cardiaca, para dar mayor verosimilitud a su papel.

Por las noches, sobre la cama, o en el autobús, daba vida a pequeños relatos; aquella vida que le había sido negada, para vengarse del Creador por su crueldad.

A 10 metros de ti

Cuando entró en la sala, se fijó en ella. Llegaba un poco tarde, pero aún no habían comenzado a hablar. Llegó silenciosa y con la cabeza gacha. La falda larga le daba un aire aún más silencioso. Cuando caminaba era como si el viento soplara, y como una brisa ligera, se sentó en el círculo que habían formado.

Intervenía en la conversación con voz dulce, y todos parecían olvidar lo que acababa de decir enseguida que cerraba la boca. Sus palabras pasaban por entre las circunvoluciones cerebrales como un susurro, pero no permanecían mucho allí, pues nadie se atrevía a guardar algo tan bonito para sí sólo.

Una vez terminado todo, se levantó, y cuando estaba a diez metros, él pensó "Parece tímida, pero seguro que dentro de poco, cuando comience a conocerla, me sacará la lengua...”

Impostor

Cuando me dio tu número de teléfono, creí que me estaba gastando una broma, que en realidad era de algún amigo o amiga suyo, y que los mensajes que recibía firmados por ti aún formaban parte del juego

Por fin quedamos y comencé a pensar que eras realmente tú. Y la mañana que pasamos entre sábanas consiguió desorientar por completo mis razonamientos anteriores.

Pero esta mañana he llegado a la conclusión de que realmente no eres tú, no eres quien yo buscaba al principio. El problema es que creo que me estoy enamorando de quien te está sustituyendo...

El antropófago en la ciudad

El antropófago en la ciudad Ella se recuesta sobra un banco de la estación de autobuses. Ríe. Tiene los ojos pequeños, y apenas los abre, imagino que por el peso de los años y por el peso del cansancio.

Viste cualquier ropa desconjuntada que habrá conseguido en cualquier tienda de segunda mano. Bajo el banco, una bolsa grande de viaje y un carro de la compra.

Pero ríe. Habla con otro vagabundo que fuma sentado a su lado. Le da algo de dinero. Puede que sea su marido o un simple compañero de fatigas.

Y quiero insistir en que, a pesar de todo, ríe. Creo que se me agotan los argumentos para justificar mi melancolía después de verla...

El que busca

El que busca Tras la tormenta, el joven se acercó corriendo a la playa para buscar los tesoros que el temporal había acercado a la costa.

Rebuscó por entre las algas, apartó varias sirenas muertas y escarbó en los bolsillos de los náufragos. Pero nada había allí de valor.

Volvió a casa apenado y cabizbajo, y su padre le volvió a azotar por no traer nada con lo que poder comprar su licor hasta la nueva tormenta.

Alicia

Alicia Cuando Alicia salió del espejo, nos encontramos frente a frente. Era ya anciana, en nada parecía a aquella chiquilla que unos 60 años atrás corriera tras un conejo blanco que llegaba tarde.

-Que le corten... -comenzó a decir, pero de momento se detuvo.

Se dio cuenta de que estaba comenzando a comportarse como aquella otra mujer que había odiado con tanta intensidad tiempo atrás, aquella reina que había conseguido desbancar con sus artes de persuasión.

Entonces, dio media vuelta, se introdujo de nuevo en el espejo con dos pasitos cortos, y desde allí me tiró un pastel que decía "Cómeme"...

Inocència

- I què passaria si jo fora ric i tu pobre?

- Res, perquè tu em donaries diners, no?

- Clar, i si tu fores molt pobre, et convidaria a tu i a la teva família a vindre a viure a ma casa. I viuríem tots junts allí.

- I a tu no t'importaria que jo no fera feina i tu tingueres que pagar-ho tot?

- No, perquè eres el meu germà. I si vos canseu de viure allí, et donaria molts diners per a que pogueres viure fins que trobares feina...

Fly me to the Moon

Por qué le pidió que le llevara a la luna si con un suspiro, dos susurros y un te quiero había sido capaz de hacerle nadar por el éter de la vía láctea...

¡

¡ El faro les guiaba con su luz negra por entre las dunas del desierto de rocas mercúreas. Allá arriba, brillaba la luna roja desde el apocalipsis, momento en que la sangre de los condenados la había teñido.

La caravana avanzaba bajo un frío polar. El creador había dicho "Y a los indiferentes, a los agnósticos, a los ateos, y a todos los imbéciles que dudaron, los condeno a buscar, a seguir la luz negra...". Y los hombres habían acatado su destino.

Cuando por fin alcanzaron el faro, sólo encontraron un puerto de sal, un pueblo abandonado y un joven, loco, que contaba historias en un parque en ruínas...

Chimeneas

Se acercó a la chimenea y la examinó. Era igual que cualquiera de las anteriores. Entonces, sin saber cómo, se metió por ella.

Comenzó a descender y a descender y cada vez el ambiente estaba más caliente. Habría jurado desde fuera que la chimenea estaba apagada. De todas maneras, las capas de grasa de su trasero impedirían que notara el calor.

Pero continuaba bajando. Demasiado. Se sentía intrigado por conocer el propietario de aquella chimenea.

Cuando por fin llegó al fondo, no se sorprendió nada al reconocer, dormido en un sofá junto a la lumbre, al mismísimo hijo de Satanás.

Nocturnidad

-Me levanté en mitad de la noche, no recuerdo exactamente qué hora era, serían sobre las tres y media. Cogí el bisturí y fui a su habitación. No tuve mucho cuidado, pues estaban todos dormidos bajo los efectos del anestésico que había echado en la cena. Pero cuando llegué al lado de su cama, ella tenía los ojos abiertos. Y sin necesidad de abrir la boca, comenzó a decirme "Tú tienes la culpa, y no estoy dispuesta a tolerar esto en mi casa...". Se lo juro, doctor, ella me estaba acusando de nuevo, y me miraba con esos ojos que aún están grabados en mi mente. Fue por eso por lo que le abrí la gargata, para que se callara. Los ojos creo que también se los rajé, no podía continuar soportando su mirada. Y en algún momento, entre la sangre que salía a borbotones de su garganta, llegó a pronunciar un "Lo siento".

Sueña por los 2

Sueña por los 2 Aquella noche el cielo se encendió. Él dormía tranquilo en su cama, bajo su cielo particular de tres estrellas, cuando, de momento, recibió el encargo de ella de soñar por los dos. Y era una responsabilidad muy grande.

Al principio, ambos sueños se entrelazaban como una amalgama de diferentes chocolates. Los sueños de ella eran de miles de colores y olores, y los de él poseían una carga melancólica demasiado elevada, además de una profundidad fuera de lo habitual.

Pero poco a poco, se fueron contagiando los unos de los otros. Y en unos meses, era capaz de escribir las historias más bonitas. Esto no sorprendió a los sabios, al fin y al cabo, nunca antes se habían unido los sueños de los dos cuentistas principales del reino...

"Hay tanta niebla que jugar a que aparezcas por el fondo vence a la distancia del me faltas. En noches así se escriben cuentos para tu huequecito en mi equipaje de huida. Sueña por los dos hasta que vuelva."

- Te espero...

Mi niño... perdona...

Mi niño... perdona... Tenía la costumbre de prepararse la ropa para el día siguiente antes de ir a la cama, y la dejaba en la silla debajo del escritorio. Aquella noche, cuando la dejó apilada, comprobó que tocaba la cara inferior del tablero de la mesa, y pensó con satisfacción el calorcillo que le iba a proporcionar el jersé grueso de lana, los miles de capas y la bufanda.

Entonces cayó en la cuenta de que sólo faltaban 12 días para Nochebuena.

El primer pensamiento fue de repulsa y depresión, pero enseguida decidió que estas navidades iba a intentar disfrutar de verdad.

Iba a espantar los malos rollos y cultivaría y cuidaría las amistades. Evitaría las comidas copiosas y procuraría convocar el máximo número de cafés y tés en buena compañía. Gastaría poco dinero (entre otras cosas, porque no le quedaba) y procuraría hacer la mayor parte de los regalos él mismo.

Y sobretodo, gritaría menos y sonreiría más a su hermano pequeño, el cual, al fin y al cabo, era la única razón que le mantenía con vida y en casa.

Una de vampiros

Una de vampiros Despertó del sueño diurno y abrió la tapa del ataúd. Quedó un poco extrañado por la claridad que ún quedaba. Siempre se había preguntado cómo era capaz de adivinar el momento en el que el sol se escondía... Y no quería ni pensar en lo que ocurriría si un día se despertaba antes de hora y aún quedaran rayos de luz del sol.

Voló hacia el poblado y se sorprendí al encontrarlo aún repleto de gente. Ya nadie le temía, por lo visto. Seleccionó su próxima vítima. Un joven castaño de pelo rizado, algo atractivo...

Pero en el momento en que iba a morderle el cuello, un dolor insoportable, una quemazón, comenzó en su frente.

Y mientras era reducido a un mar de cenizas, recordó que aquel día había eclipse de sol...

Vente si puedes

Le había mandando varios correos electrónicos en el último mes. Mails que no habían tenido respuesta. Y estaba empezando a cansarse de hablar con una pared, con una persona incapaz de dar señales de vida en semanas.

Aunque luego, con un sólo sms, fuera capaz de ablandarle el corazón, de apartar todos los pensamientos funestos que había albergado en su interior. Y hacerle volver a sentir, aunque no quisiera, una tormenta personal en su cabeza.

-Vente si puedes...

Vente si quieres...

Hacía ya días que no podía dejar de pensar en él. No comprendía, no entendía la razón de su absentismo.

-Vente si quieres...

Música

Música Cuando se conocieron, el Arpista de las Tinieblas quedó fascinado por el Hacedor de Sonidos. En realidad, había escuchado hablar de él muchos eones atrás, más o menos en el momento en que el hombre nacía del fango y las criaturas mágicas se refugiaban en el otro lado del espejo.

Entonces fue cuando realizó su creación más sublime, la noche, pensando en la presencia del Hacedor, su maestro, aunque en realidad fuera desconocido.

Días después del primer encuentro, el Arpista aún rondaba, ansioso, por sus reinos, intentando conseguir la inspiración necesaria para expresar los sentimiento que el recuerdo del Hacedor le evocaba...