El Fabricante de Espejos
Reunidos el Fabricante de espejos y la niña de pelo rizado, decidieron caminar juntos a través del tiempo y de las circunstancias.Ella le enseñó cómo diferenciar alces de renos, como bailar sobre auroras boreales y como preparar el mejor de los tiramusús con trozos de nimbos. Él, en cambio, la miró, y de una mirada le abarcó el mundo entero, lo envolvió en burbujas de vidrio y se lo regaló.
Entonces él construyó un espejo especial, o espacial, según se mire, y, entrelazados sus dedos, se introdujeron para llegar al mundo de mis sueños...
Comenzaron a cantar villancicos antes de que les abriera la puerta. Cuando por fin les permitió entrar, encontraron un belén de tamaño natural hecho con figuras de cera. Todas muy reales.
Ella se recuesta sobra un banco de la estación de autobuses. Ríe. Tiene los ojos pequeños, y apenas los abre, imagino que por el peso de los años y por el peso del cansancio.
Tras la tormenta, el joven se acercó corriendo a la playa para buscar los tesoros que el temporal había acercado a la costa.
Cuando Alicia salió del espejo, nos encontramos frente a frente. Era ya anciana, en nada parecía a aquella chiquilla que unos 60 años atrás corriera tras un conejo blanco que llegaba tarde.
El faro les guiaba con su luz negra por entre las dunas del desierto de rocas mercúreas. Allá arriba, brillaba la luna roja desde el apocalipsis, momento en que la sangre de los condenados la había teñido.
Aquella noche el cielo se encendió. Él dormía tranquilo en su cama, bajo su cielo particular de tres estrellas, cuando, de momento, recibió el encargo de ella de soñar por los dos. Y era una responsabilidad muy grande.
Tenía la costumbre de prepararse la ropa para el día siguiente antes de ir a la cama, y la dejaba en la silla debajo del escritorio. Aquella noche, cuando la dejó apilada, comprobó que tocaba la cara inferior del tablero de la mesa, y pensó con satisfacción el calorcillo que le iba a proporcionar el jersé grueso de lana, los miles de capas y la bufanda.
Despertó del sueño diurno y abrió la tapa del ataúd. Quedó un poco extrañado por la claridad que ún quedaba. Siempre se había preguntado cómo era capaz de adivinar el momento en el que el sol se escondía... Y no quería ni pensar en lo que ocurriría si un día se despertaba antes de hora y aún quedaran rayos de luz del sol.
Cuando se conocieron, el Arpista de las Tinieblas quedó fascinado por el Hacedor de Sonidos. En realidad, había escuchado hablar de él muchos eones atrás, más o menos en el momento en que el hombre nacía del fango y las criaturas mágicas se refugiaban en el otro lado del espejo.