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Bajo Arboles Mojados

Últimas noticias

Sí, lo sé, hace un montón que no posteo y no tengo perdón de un dios.

Pero eso no es lo que me importa ahora mismo.

Lo que realmente me interesa contar es que me han seleccionado, junto otros treinta y pico participantes, entre un total de novecientos y pico, para leer mis poesías en la gala de la final de un concurso de poesía a nivel europeo. Estancia pagada.

Que acabo de encontrar un vuelo por 90 € (ida y vuelta, impuestos incluidos).

Y que me voy a hablar con mi jefa para decirle que no cuente conmigo el próximo fin de semana.

Y yo sin creérmelo...

Había dicho ya que odio a mi jefa?

El sábado estaba acostado y durmiendo a la 1 de la madrugada. Aún no consigo echar la culpa a alguien en concreto por ello.

Por un lado está el examen, que hizo que me levantara a las 5 para dar el último (o el primer) repaso.

También podría inculpar al trabajo. Se me acabaron las vacaciones precipitadamente, y se me acabaron las buenas caras para con mi jefa. No sonrío más con ella. No vuelvo a hacer el tonto. No me pierdo otro concierto (esta vez Jorge Drexler, con entradas pagadas) para hacerle un favor a una zorra como ella.

Por último, parte de la culpa también la tuvieron la pizza que me zampé o el calor que suelen coger las camas cuando se meten en ellas 2 personas.

El domingo me levanté sin ganas de levantarme. Esta vez, la culpa era exclusiva de mi trabajo. Quizá sea mejor dejarlo para estar bien conmigo mismo.

Ginebra y Pacharán

    Creo que nadie se sorprenderá si digo que odio a mi jefa. Y mi trabajo. Sólo que no tengo la suficiente cara dura como para simular una depresión y coger una baja por ella.

    También odio tener que estar siempre disponible para soportar sus gilipolleces (las de mi jefa y las de mi trabajo), y que ellos no estén dispuestos a aceptar que no tengo una dedicación exclusiva para con ellos.

    Ganas tengo de acabar enfermería y poder ir a comprar a las nueve menos diez de la noche de un sábado cuatro botellas de ginebra y alguna de pacharán... 

Chaquetas, instrucciones y botones

    La chaqueta que me compré hace un par de semanas tiene una cantidad de etiquetas tal, que si las arrancáramos y las encuadrenráramos en piel, cabría casi una novela corta.
    
    También tiene un botón cosido, por si pierdo alguno de los que ya tiene.
    
    A veces pienso que es inútil tener tanta cantidad de información sobre cómo está hecha una prenda, o cómo deberíamos lavarla, y en cambio, carecemos de instrucciones ante hechos o decisiones de la vida que trascenderán y marcarán nuestro carácter y futuro.
    
    Eso sí, la vida también tiene muchos botones cosidos...

Dibujando

    Hay un chico que está sentado en los asientos de al lado. Paso la mitad del viaje leyendo, por lo que no veo el momento en el que saca el bloc.
    
    Sí sé que de momento giro la cabeza y lo encuentro dibujando.
    
    Hay una chica un par de asientos delante de mí, y el chico que dibuja parece no tener ojos para nadie más. La mira y dibuja. Y yo lo miro como dibuja, pero él sólo tiene ojos para ella, y para nadie más.
    
    La dibuja de perfil. Ella no es especialmente guapa. Lleva unos pendientes grandes, como esos que están tan de moda entre ciertas tribus (chunda, chunda, pom, pom, pom).
    
    Luego... ya no pasa nada.

Mentir

No me gusta tener que decirle a mi abuela, tranquila abuela, que me voy a hacer un recado y vuelvo en un momento, aunque ella no lo recuerde 5 minutos después.

No me gusta dejarla sola.

No me gusta estar con ella. Me agobio pensando que no puedo hacer nada para que no se aburra. No puedo comenzar una partida de cartas porque olvida a mitad a qué estamos jugando. No puedo dejarle un libro porque olvida la trama a las dos páginas. No puedo dejar de quererla y de sentirme impotente.

Por no poder hacer más por ella.

Por eso no me gusta estar con ella.

Pintar, pintar, pintar sin parar...

    No sé por qué no lo conté. La verdad es que me jodió bastante, lo suficiente como para hacerle un hueco en este mi hueco.
    
    El domingo pasado, cuando volví de pasar el fin de semana pseudo-borrachil-risckero, encontré mi habitación desmontada y metida en bolsas. Todos mis libros. Mis discos. Mis apuntes y hojas varias, de anotaciones, tonterías, poesías...
    
    Sentí como si hubieran abierto mi cabeza, hubieran removido las circunvoluciones de mi cerebro, los girus, las fisuras... Así me sentía.
    
    Papá y mamá habían decidido pintar mi habitación de (un asqueroso) color crema. En mi ausencia.
    
    Ahora aún ando recomponiendo(me). No sé cómo voy a apañármelas para llenar todo el espacio con todos mis trastos (que ahora son menos, mamá tiró cosas mientras desmontaba. Los necesito para escribir, mamá.
    
    Los necesito para vivir.

En los hospitales

En tan solo dos semanas da tiempo de coger cariño a la gente, perfectos desconocidos meses antes.

Y te entristece saber que vas a dejar de verles todos los días, a pesar de que estén a un pasillo de donde estás.

Se crean relaciones afectivas extrañas. En los hospitales.

Pasan cosas extrañas.

En los hospitales.

San Valentín

    No tuve regalos por San Valentín. No los quería.

    Me conformé con no dormir solo. 

Alcoleja

    Alcoleja es un pueblo pequeñito donde las casas pueden tener una carnicería en la entrada y las señoras pelan almendras con un pañuelo puesto en la cabeza, a la puerta de sus casas.
    
    Las casas de Alcoleja tienen siempre las puertas abiertas.
    
    Las borracheras en Alcoleja se sienten mejor. Las manos frías y las partidas de risk pueden ser un denominador común.
    
    Las mantas nunca sobran. Se duerme soñando en carreras con los pies quietos.
    
    Hacía mucho tiempo que necesitaba esto. Y nada pudo jodérmelo.
    
    Hoy es lunes, y me siento descansado y feliz. Por estar donde estoy y con quien estoy, por la gente que me rodea y por los chocolates.

Semana en el hospital

Comencé las prácticas en el hopital. Por eso actualizo poco o nada.

Sé que me sienta bien escribir. Me prometo a mí mismo constantemente escribir en una libreta y luego colgar, aunque sea semanalmente, post con un montón de días. Pero luego acabo demasiado cansado para ponerme a escribir.

Así, en resumidas cuentas, la semana ha pasado bien. Comí mucho helado en una feria de helado, besé un montón, dudé sobre si me querían, dormí acompañado y sin acompañar, leí a raudales y vi muchos capítulos de esa serie de médicos residentes que me encanta (que no se llama MIR).

Poco más. O mucho más. No sé.

Inteligencia artifical

    Cuando todo vuelve a pinchar alrededor y yo estoy casi-a-punto-de-romperme, parece que el mundo confabule para arroparme.

    De momento enciendo el iPod y suena esa canción (Go Cain) que parece hecha para días de carreteras mojadas/caras mojadas. Y la universidad me regala un banco de niebla para perderme a las 8 de la mañana.

    Es como si se fuera creando una inteligencia artificial en este cacharro que determinaba mi vida, y ya, por fin, comience a reconocer mis gustos y apetencias y a regalármelos/-as.

    O eso, o es que por fin voy por el buen camino.

    Aunque no sé si eso es bueno o malo.

Varios días

28-01-07 No, no y no

No me gusta nada decir aquello de "ya te lo dije"... aunque lo pienso.

Por la misma regla de tres, no soporto que me lo digan.

 

29-01-07 Y aún más frío

Ayer tuve que sacar otra vez la gorra. Aquella comunista (eso dicen) que me trajeron el año pasado desde Nueva York.

Hace mucho frío por estas latitudes. Los chocolates ya comenzaron a causar estragos en mi estómago (más bien un poco más abajo).

Ahora combato el frío a base de tés. Quizá alguna cosa más me ayude a no tener frío, pero estas líneas pueden caer en manos de menores. Mejor me las ahorro.

 

30-01-07 DEA

Mi amigo Kaveri ha leído hoy el DEA (diploma de estudios avanzados).

Le ha salido genial. 

Me da envidia (de la sanota).

Yo también quiero invesitgar.

¿Alguien se presta como sujeto de mis experimentos?

Creo que sería un tema curioso, como "efecto de la siesta sobre el comportamiento humano" o "número de cervezas necesarias para hablar diciendo la verdad". Pero creo que no podré encontrar financiación para mis investigaciones. Y con la media de mi expediente, no me cogen en ningún departamento de ninguna universidad.

¿Alguien dispuesto a subvencionarme?

Llueve fuera

    Llueve fuera.
    
    La gente agacha la cabeza y mira a los apuntes que tiene sobre la mesa.
    
    A mí me apetece salir fuera y saltar y bailar un poco. Lo hice sólo una vez. Eso de saltar y bailar mientras llovía.
    
    También besé una vez mientras llovía. Llevábamos un paraguas enorme, pero decidí que prefería cerrarlo y dar un beso. Mojándome.
    
    Ahora llueve fuera, y la gente agacha la cabeza y mira los apuntes que tiene sobre la mesa. Aunque en realidad les gustaría, tanto como a mí, salir fuera y mojarse un poco...

Fríos

No mentiría si dijera que nadie esperaba ya el frío. Los del tiempo llevaban amenazando desde hace una semana, pero el sábado, día en el que supuestamente bajaban drásticamente las temperaturas, se podía andar por Alicante en manga corta.

Y claro, nos cogió desprevenidos.

El domingo ya se comenzó a notar. Hacer el amor en el coche es incómodo, y además puede ser frío. Aunque se llene todo de vaho.

Y ya por fin, ayer, llegó de verdad. Nos cogió desprevenidos a muchos. El frío. Desprevenidos.

Saca las camisas interiores de manga corta. Esas blancas calentitas, como de abuelo. Baja del altillo los jerséis más gruesos, esconde los sueters. Y cuidado de bajar a la calle recién salido de la ducha.

Pon un par de mantas más en la cama o acostúmbrate a dormir acompañado/a.

Los chocolates calientes, que vuelven a apetecer. Y comer helado bajo mantitas. Y las pelis malas en las tardes de domingo.

Y yo, que comienzo mis vacaciones de invierno el sábado, dispuesto a disfrutar al máximo del frío.

Creo que Alcoletja, el fin de semana que viene, tendrá otro color con el mercurio bajando...

Hay...

            Hay días en los que te levantas, como tiempo atrás, deshaciéndote por las esquinas, necesitando un rollo de celo enorme para sujetarte y no derrumbarte.

            Hay días en los que cuatro palabras duelen más de la cuenta. Cuatro palabras y la ausencia de otras mil, que no reclamas pero que crees necesarias y obvias.

            Hay días y noches en los que las miradas matan más de la cuenta, y los silencios predeterminados, incomprendidos al mismo tiempo, no te dejan dormir muy bien.

            Hay fines de semana en los que te cambia de golpe todo. La concepción de la palabra felicidad, amor, amigo. Hay momentos que son un instante y segundos que son una eternidad.

            Hay vasos que contienen ron y tú les añades muchas connotaciones, y hay sorpresas escondidas en más de una sonrisa.

            Hay lugares nuevos para hacer el amor, donde el brillo de un pueblo lejano te recuerdan que estás vivo, que las lágrimas que no se ven con la luz apagada tienen un sentido, y que el pecho sobre el que te recuestas podría ser tu almohada para toda una vida.

Suicidios

    Realicé suicidios durante toda la tarde, con un éxito aparente.

    Por la noche, ya muerto, no conseguía conciliar el sueño debido al frío. Es cierto eso de que los muertos nos enfríamos rápido.

    Decidí tragar una cerilla para hacer una pequeña hoguera en mi estómago.

    Dormí de un tirón soñando con ballenas en la bañera y pajaritas de papel que visitaban la ventana de mi cárcel de cristal.

Esquela

    He concertado con el periódico mi propia esquela. Es más bien escueta, y como andamos en un momento un poco delicado en cuanto a finanzas se refiere, la he elegido de las pequeñas.

Sr. oroD (y apellidos)
Murió por cuarta vez ayer, de un infarto de felicidad.
Sus últimas palabras en la agonía fueron "lo acabo de comprender todo", dirigidas claramente a sus herederos.

    Rogamos un brindis (ginebra/güisqui/ron) por su descanso eterno. Sonreirá entre los vivos. Plantará de nuevo a la Parca.

Problemas y soluciones

    El problema surgió cuando propusiste una pausa.
    
    Con el tiempo yo me di cuenta de que no te echaba de menos. Y tú, que te podías enamorar.
    
    No queda mucho más por decir...

No sin mi iPod

    Anita me preguntó ayer si no era más feliz desde que tengo el iPod. Dice que ahora sale a la calle con el cacharrito sonando y que sonríe más.
    
    Yo también sonrío mucho últimamente, a los conocidos y a los desconocidos. Últimamente compruebo que muchos de los que creía de una categoría lo son en realidad de la otra.
    
    El iPod me trae muchas preocupaciones, más que otra cosa. Antes tenía muy poco espacio en el reproductor viejo, por lo que llevaba 4 o 5 discos diferentes, y siempre sabía qué canciones me apetecía más escuchar. Ahora tengo que elegir entre 1283 canciones diferentes.
    
    Es un poco complicado.