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Bajo Arboles Mojados

Finales tristes...

Donnie Darko

A la salida del cine, todo el mundo agachaba la cabeza y rehuía las miradas de los demás. No había parejas cogidas de la mano besándose, ni grupos de amigos desternillándose o chicos con pinta de intelectuales comentando aquellos puntos que no les habían quedado claros... Si alguien se hubiera aventurado a mirar a otra persona a la cara, hubiera encontrado un rostro blanco. Por el miedo.

La salida del cine estaba llena de gente pálida. Asustada.

Aterrorizada.

Nadie podía entender quièn había podido filmar el verdadero fin del mundo y luego había tenido la osadía de mostrárselo a gente inocente que, simplemente, no sabía que estaba muerta...

Arquitectura Efímera(fragmento)

...es trazar una tangente
que desde tus miradas
una dos mundos de ilusiones
y suspiros apelmazados
con el mármol duro de tus manos...

La vida secreta de las palabras

Las palabras, cuando nadie las ve o las lee, suelen juntarse alrededor de un gran FUEGO (y si està en mayùsculas, mejor, porque darà màs calorcito). Toman un MATE sacado de algùn libro sudamericano, y conversan sobre la decadencia de las letras actuales.

En un rincòn del mundo de las palabras, se hallan aquellas que se dejaron de usar. En realidad, parte de la culpa la tienen ellas mismas, que de tan sacras y exquisitas que se creìan, no querìan mezclarse con aquellas màs comunes o vulgares. Ahora, cada vez que algùn joven pedante las usa para impresionar a alguien, ellas se sienten hinchadas de orgullo. Y se apartan aùn màs de las otras.

Tambièn hay cìrculos de palabras màs usadas. Las conjunciones, los artìculos, las preposiciones... Que montan fiestas y se restriegan y forman frases sugerentes y orgìas lèxicas... Dicen que El Quijote saliò de uno de estos bailes.

La vida secreta de las palabras serà la nueva pelìcula de Isabel Coixet. Seguro que es magnìfica...

Vuelvo (oscuro)

Vuelvo (oscuro)

Corran despavoridos los animales ante mi presencia.
Griten los niños, lloren las mujeres,
hasta los hombres más robustos tiemblen en mi proximidad.

La leche se corte, las plantas se pudran
pierdan la cabeza sabios y eméritos.
Se vuelva negra el agua a mi alrededor
se aparte el aire y huela a azufre...

Porque he decidido volver,
oscuro y tenebroso
taciturno, triste y transnochado.
Vuelvo para daros
a cucharadas pequeñas
en cortos sorbos,
vuestras peores pesadillas...

Esa extraña sensación

Imaginen. 4 de la tarde (aunque por la luz parece que sean las 6 o las 7 de la tarde en España). Usted se encuentra sentado en medio de un parque, con sus cuatro mangas de abrigo, su bufanda de lana alrededor del cuello y sus guantes de dedos cortados enfundados.

A su alrededor, todo està lleno de àrboles de hoja caduca, en este momento color naranja-marròn claro (posiblemente, estas hojas no caigan hasta la primavera, cuando comiencen a salir las yemas verdes de las pròximas).

El sol, ya muy inclinado, tiene que atravesar cientos de estas momias de hojas antes de llegar a su rostro. Los rayos parece que se cansen de realizar este camino, por lo que deciden, en vez de golpearle en la cara, acariciarle suavemente, inentando, asì con el roce, causar el mismo calor.

En sus manos, un libro cualquiera que le atrapa entre sus pàginas. Quizà sea una novela. Puede que se trate de un tratado de cualquier de arte de cualquier pintor moderno.

Pero de momento, ajeno hasta ahora a todo el espectàculo que se està formando a su alrededor, un ligero murmullo le obliga a levantar la vista de las letras impresas.

Aquello que ve le sobrecoge. El aire no le alcanza a la garganta, como si hubiera decidido quedarse en el quicio de su boca, para observar con usted la magnificecncia que se ha conjurado en torno su figura.

...

Quizà una ardilla, descendiendo del tronco de uno de los àrboles con una bellora entre los dientes rompa el hechizo al que estaba sometido. A pesar de ello, no se siente molesto con este diminuto animal.

Y entonces, cuando decido de nuevo fijar la vista en las pàginas del libro, una gota de agua-sal, que usted no recuerda haber producido, desciende, se precipita contra las letras impresasm estallando en una amalgama de decenas de colores càlidos y rompiendo asì la imagen que usted habìa intentado grabas en ella...

Ley de la gravedad

No me cuesta
el más mínimo esfuerzo
ni me supone
una complicación
desafiar la mismísima
ley de la gravedad
si ando buceando
entre tus brazos

El hombre que plantaba árboles

El hombre que plantaba árboles

Hayas

"(...)Tras cinco horas de andar, todavía no había hallado agua y no existía señal alguna que me diera esperanzas de encontrarla. En todo el derredor reinaban la misma sequedad, las mismas hierbas toscas. Me pareció vislumbrar en la distancia una pequeña silueta negra vertical, que parecía el tronco de un árbol solitario. De todas formas me dirigí hacia él. Era un pastor. Treinta ovejas estaban sentadas cerca de él sobre la ardiente tierra."

Jean Giono

Hace ya bastantes años, cayó en mi mano un CD con un audiocuento. Creo que la primera vez que lo escuché me pareció simplemente bonito. Tiempo después, antes de devolver el CD al amigo que me lo había prestado, lo volví a escuchar, y creo que lloré. No sabía que había un libro escrito hasta que antes-de-ayer, dando una vuelta por una librería de aquí, lo encontré. Me lo llevé, obviamente. En italiano. Espero que ahora lo disfruten ustedes...

-o-

-o-

Hay momentos
en los que me gusta recogerme.
Agacharme un poco y tomar
del suelo
cada una de las piezas que me componen.

Tomar una espalda recta
y poner
reconstruir
sobre ella, en orden,
de mayor a menor,
ideas y preocupaciones.

-o-

Hay dìas
en los que me miro hacia adentro
y busco razones y culpas
a esta cotidianidad de lo extraño.
Intento encontrar alguna explicación
al malhumor que me despierta
con los primeros arrullos del amanecer.

Y no encuentro màs que juegos
de niños
causando disputas...

Sinestesia

Sinestesia

Que esta manyana ha amanecido verde el cielo, y mi abrazo se habìa convertido en un mordisco en la punta de su nariz, que ha comenzado a sangrar azul.

Cansado de esta confusiòn de colores, he decidido nadar un poco a la cocina y comer algo de gris-cielo-nublado.

Màs tarde, he tomado la bicicleta para venir delante de este objeto extranyo que me escupe sabores y olores de los que escriben tan lejos.

Ahora, mejor, me voy a estudiar algo de italiano. Creo que asì se me pasarà esta sensaciòn siestèsica...

Tratado

Soy el tratado del inùtil (eterno) combate,
entre mi sensatez y mi sencillez.

Una me dice que me vaya.
La otra que le bese.

A la espera de una opciòn mejor
me quedo acurrucado en su regazo.

Se està calentito.
Tiene los brazos grandes
(para abrazarte mejor...),
y le gusta comer chocolate
a la taza,
tarde,
a las 2 de la madrugada,
espeso y sin azùcar.
El placer de lo cotidiano.

Asì espero. Descubrir
si la sensatez me salva
o la sencillez me convence...

Dìas de sol

Un sol que hacìa semanas que se resistìa a salir y una manyana amaneciendo en su cama (de nuevo). Tomar las curvas con la bici inclinando mucho el cuerpo y girando poco el manillar. Un buffet a medio-dìa con el rector y mogollòn de comida, que ahora llena mi estòmago. Una escapada, ràpida, al parco ducale para dejarme regar por los ùltimos rayos de este dìa soleado (a saber cuàndo es el pròximo...).

Y la promesa de una noche en la que, ya descansados, podremos volver a amanecer a media noche...

Tramonto

Ogni tuo sguardo ha un senso,
un profumo e l’intensita’
de un tramonto
sull’oceano...

sei l’uomo
della mia
dolce follia...

Aunque me cueste un poco de traducir... Pocas personas me han dicho cosas tan bonitas...

San Alberto

miguelin

Hoy mucha gente celebrarà al Santo Patròn de mi facultad, allà en el lejano Alicante.

Espero que se note nuestra ausencia...

Cuentos

En mi país, Blanca Nieves no escapó del cazador, que le arrancó el corazón y lo comió luego, cocinado a fuego lento, en una orgía con la madrastra.

Cenicienta olvidó el reloj y, medio borracha, no escuchó las 12 campanadas, quedando como una pordiosera en los brazos del príncipe.

Pinocho mintió y mintió y ahora trabaja de chapero en alguna esquina del reino de Nunca Jamàs, junto con un Peter Pan ya crecido, su proxeneta, que le da palizas si no quiere aceptar algún cliente.

Caperucita mató al lobo sólo para hacerse un abrigo con su piel, que no puede lucir ya nunca porque debe cuidar a los 9 niños que tuvo con el leñador.

Y yo, bajo la luz de una vela, continúo escribiendo estas historias en la eterna noche, encerrado en un faro, en medio de una isla perdida en el océano.

Una de rubias platino...

La rubia entrò por la puerta envuelta en un halo de humo. Fuera, la lluvia incesante impedìa a los parroquianos borrachos cambiar de local para consumir sus dos consumiciones permitidas.

Yo me encontraba sentado en un rincòn, con mi Gin-limòn, frìo y agitado. Verla fue como una apariciòn. Se me cortò por completo la respiraciòn y notè como el trago se quedaba atrapado en mi garganta.

A punto ya de comenzar a toser, porque el trago continuaba sin querer descender, vi que se me acercaba. Entonces sì traguè. No sabìa la que se me avecinaba...

Entonces me he despertado, y he encontrado a la profesora de Genètica de los Microorganismos enfrente de mì, pregunàndome si me traìa un vaso de agua, que estaba completamente morado y que tenìa una cara de muerto impresionante.

Debo dormir algo màs...

Otro

No lo saben, pero en parte tengo miedo de haber encontrado otro àngel caìdo...

Confundidas

Subir. Y bajar. Con tus ojos
llenos de làgrimas.
Con tus manos llenas
de abrazos.

Pensar
y no hacerme caso.
Volar
en ti, empezando a amanecer
en tus labios
en los mìos
(a veces los confundo).

Canciones que me gustarìa escribirte.
Poesìas
que se me quedan en esta sensaciòn
agitada
que habita ahora un trozo muy grande
de mi pecho.

Tù.
Desnudo.

Y nuestras piernas,
tan lejanas (troppo lontani)
enredadas. Confundidas
como nuestros labios.

Aunque yo, hoy, no me confundo...

Igual

Por suerte o por desgracia, los besos se dan igual en espanyol y en italiano...

El Cuento de la Isla Desconocida (II)

isladesconocida

El marinero se sentò de nuevo en la cubierta, como hiciera hace ya un anyo, y vislumbrò un nuevo ocèano por explorar, repleto de nuevas islas y sorpresas.

Atràs, como el canto de una sirena, le llamaban millones de libèlulas, almuerzos y extranyos habitantes de la luna; incontables suenyos y lluvias; montones de làgrimas cristalizadas y demàs, que le intentaban tentar.

Pero èl decidiò no girarse. Y continuar siempre hacia delante.

Buscando. Una nueva isla desconocida.

Adelante...

Hoy hace justo un anyo y un dìa que comenzaron mis andaduras en esta pàgina. Muchos me han acompanyado. Otros sòlo estaban de paso. A todos, gracias...

El sendero de los nidos de aranya

Es una gozada ir con la bici al campus, de buena manyana, y ver las telas de aranya empapadas con el rocìo...