Cansado
Puede que solo necesite dormir...
Por fin se sentía vivo. Y estudiante. No recordaba cuántos años hacía que un examen le quitaba el sueño. Pensar que no se llegaba, que debería estudiar toda la noche, que quizá podría dormir sólo un par de horas.
Imaginen la ciudad más bella del mundo. Sí esa es la ciudad más bella del mundo, lo siento, no necesito ver nada más para asegurarme.
Aún no acabo de comprender la extraña razón que tuvieron los sucesivos alcaldes de mi pueblo para no plantar (y talar los existentes) árboles de hoja caduca.Anoche cuando iba a caer dormido, justo en ese momento en el que la gente suele creer que cae o acaba de llorar tras un largo llanto, vi dos chicas.
Más bien eran dos señoras. Estaban en un espacio inexistente de mi habitación, y me miraban, vestidas tan solo con unas medias y unos zapatos de tacón negro.
Y sus labios pintados de pulcro rojo.
Miraban y sonreían y decían cosas sin voz mientras fumaban.
Y me dormí.
Hay momentos en los que el mundo parece converger para arrancarme una sonrisa.
En menos de 4 días consigo un disco más que esperado que me produce una extraña sensación, como un lifting facial momentáneo que afectara solo a la parte inferior de mi cara. Al mismo tiempo, recibo (o más bien reciben por mí) mis fotos Moo que encargué unos días atrás, para comprobar que el resultado es magnífico.
Y me escriben cosas que me dejan con la boca abierta y las lágrimas asomando.
Y claro, uno no puede dejar de sonreír. Y entonces se da cuenta de que el mundo por fin ha dado una vuelta, al menos en mi mundo...
Ayer, después de pasar media mañana enfrascado con la financiación del sistema nacional de salud, Doro decidió levantarse de la mesa que había sido su única compañera durante las 3 horas anteriores, para descubrir, entre asombrado y molesto, que tenía un dolor penetrante y agudo en la rodilla. En la izquierda. Muy fuerte.
Un dolor que se repetía cada vez que decidía mantener recta la pierna, y que le obligaba a cojear ligeramente.
Así que su caminar pasó a ser un ritmo asincopado que resonaba por encima de la música de Beirut que tenía puesta, a máximo volumen, en su iPod.
Durante su caminar cojeado encontró cosas que le agradaron (una madre jugando con su bebé en los jardines del campus), y se le cruzaron algunas otras que habían pasado al grupo de la indiferencia.
Hoy, Doro, continúa con dolor de rodilla. Muy fuerte. Molesto.
Y quiere abrazar a E. hasta quedarse dormido...
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El día ha comenzado gris para Doro. Llovía camino del coche que le bajaría a la universidad y ha continuado haciéndolo durante toda la mañana, periodo que el susodicho ha aprovechado (o desaprovechado, según se mire) para hacer un par de recados y comprarse un libro.
Ha tenido tiempo, también, de visitar a una amiga, la cual ha destacado en varias ocasiones su mala cara (de tan sólo 3 horas de sueño, aunque esto ella lo desconocía).
Mientras hacía estas cosas, escuchaba música, a veces alegre y otras triste, aunque en realidad incómodo con cualquier canción. Al final, por fin, ha descubierto que necesitaba el jazz suave y la voz de una borracha alcohólica negra que decidió (o no) morir hace como 50 años o casi.
Llegado a la universidad, a la que no ha asistido a ninguna clase, ha decidido tomar su primer café, quizá demasiado tarde, quizá demasiado amargo, quizá un poco quemado, mientras continuaba leyendo el libro que compró esta mañana, y deseando poder pasar el resto del día perdido entre sus hojas, y no teniendo que enfrentarse a un nuevo puesto de trabajo, a un nuevo centro de trabajo y a un nuevo grupo de compañeros de trabajo.
Demasiado trabajo, pensaréis. Él también lo ha pensado.
Así que en la actualidad, Doro espera a que un amigo le rescate del tedio de la sala de ordenadores en la que se ha instalado tras la taza de líquido negro que algunos consideran dios.
Antes de acabar de escribir este texto un tanto idiota, y pensar que esta noche lo grabará (para que nadie lo escuche), ha recordado que ha repetido su chacra mágico hoy (mi ex-jefa es una puta) como unas 5 veces... Aún le faltará alguna más antes de acabar el día, piensa y sonríe para sí mismo...
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Llevo desde ayer pensando acerca de la palabra desesperación.
Creo que es una de esas palabras que abarcan mucho más de lo que se intuye desde sus letras. Es una palabra inmensa.
La desesperación causa que dos personas que se sienten solas acaben estando juntas, aún sin quererse.
Y claro, uno piensa aquello que le han hecho aprender, que el amor es el principal motor de la humanidad. Y entonces descubre que la desesperación es tan, pero tan potente... Y comienza a dudar cuál es el sentimiento que mueve realmente el mundo...
También pienso que a mí me gustaba estar solo.
No sé si lo hago para excusarme por tener pareja. El hecho de que te guste estar solo hace como que te inmunices de la desesperación. Es como si quisieras afirmarte a ti mismo: yo no acabé con mi novio/-a porque estaba desesperado.
Yo no estaba desesperado.
Yo estaba muy bien solo.
Aunque ahora estoy mejor.
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Doro salió de la ducha y se quedó quieto, desnudo, sobre la alfombrilla.
Allí permaneció cerca de 5 minutos.
Durante esos 5 minutos pasaron pocos pensamientos por su cabeza. Notaba las gotas de agua resbalar por su cuerpo. Su rodilla tembló en cierto momento y lo apreció.
Pensó en lo ridículo que sería si alguien le estuviera observando, desnudo, quieto y mojado. Luego pensó en lo absurdo que había sido pensar el pensamiento anterior.
También caviló acerca de la tristeza. Se estaba comenzando a cansar de la tristeza, pero no era capaz de ahogarla. Ni con gominolas.
La noche anterior había ido a un concierto muy especial. Alguien le cantó una canción, y Doro se abrazó a la persona que quería y le besó.
Sin embargo continuaba triste. Y quieto.
Y desnudo y frío sobre la alfombrilla. En el cuarto de baño.
Cerca de 5 minutos...
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Es cuanto menos extraño.
Un día te levantas con toda la normalidad del mundo y descubres que estás triste.
Comienzas a ahondar en ti mismo. Le preguntas a tu yo, a tu superyo y al resto de personalidades que te configuran cuál es la razón. Les interrogas sobre posibles conflictos que hayan podido causar ese descenso en el estado de ánimo.
Nada.
Piensas si no estarás consumiendo raciones inferiores de chocolate de las acostumbradas. Si los besos se mantendrán dentro de límites aceptables. Si gimes o gime con la misma intensidad, fuerza y pasión que antes.
Nada.
Te planteas si será la luz, más gris en estos días de otoño. Le das nombre a lo que te pasa. Neurastenia.
Y sin embargo, continúas sintiéndote triste.
Yo necesito más abrazos...
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Era una cosa que quería hacer desde tiempo atrás aunque no lo había acabado nunca de preparar bien.
Desde el post anterior, además de la posibilidad de leerlo, tenéis también la opción de escuchar lo que escribo. Soy nuevo en esto de los podcasts, así que no me exijáis maravillas.
Yo leo lo que escribo. Y punto.
Al mismo tiempo, os recomiendo que os suscribáis al feed del podcast, así podréis saber directamente cuándo actualizo y podréis descargas los archivos si así lo preferís.
Poco más. Disfruten.
Cuando era pequeño, mis padres nos compraban a mi hermano mayor y a mí una revista que se llamaba Don Mickey, repleta de historias cortas con personajes de la Disney.
Es posible que llegáramos a juntar cerca de 300 ejemplares, y tengo muchos recuerdos de muchos de ellos, aunque uno de los que más me marcó fue uno en el que un señor con un maletín llamaba a la puerta del pato Donald diciendo "Buenos días, soy su dolor de cabeza particular". A partir de ese momento, el señor pasaba todo el tiempo al lado del susodicho pato, causándole constantes e intensos dolores de cabeza. Ya no recuerdo cómo conseguía librarse de él.
Ahora mismo me encuentro en una tesitura similar, con una visitante a la que me gustaría echar de mi vida y sin encontrar un modo eficiente para hacerlo...
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A veces se disimula la existencia de un problema. Se hace como si no estuviera, se ignora, se salta... Así igual se soluciona sólo, o se olvida.
A veces se tiene que disimular entre dos o más personas. Porque puede haber un problema y que por razones muy diversas no se quiera afrontar. Disimular a dos o más bandas es más complicado. Uno se tiene que mostrar cordial y simpático en situaciones en las que realmente no le nace hacerlo, serlo o estarlo.
Y llega un momento en el que alguna de las personas implicadas lo olvida, que se está disimulando, y vuelve a saltar todo. Pero normalmente se vuelve a disimular.
En la foto, una prueba fehaciente de que mi nueva-vieja cámara fotográfica puede realizar a la perfección su trabajo...