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Bajo Arboles Mojados

Traía dos velas

Traía dos velas
en el zurrón, junto esta libreta,
para encenderlas bajo tu cama deshecha,
para que se consumieran mientras
me besas, te beso
me abrazas, te rodeo
me tomas, te bebo...

Te bebo entero, de un trago.

Las paredes del cuarto me han contado,
justo en el momento en que has entrado al baño
que me querías.
Y que entre videoclip y canción,
entre "juguemos a mentirnos" y
"seamos sinceros",
te he visto el corazón galopando
en tu garganta...

Te galopo entero, de un trote.

¿Sabes? Frente al bus,
al lado de las amigas de mi madre
cuando te decía que me sentía culpable
por hacerte esperar una hora,
esperando la madrugada,
esperando ver bandadas de estorninos
me he quedado con ganas
de robarte, como no,
un beso.

Te beso entero, en solo abrazo.

Estresado

Levantarme, vestirme, desayunar, lavarme, peinarme...

pensar en ti

...subir, sentarme, leer, escuchar, bajar, atender, copiar, pasar, dibujar...

pensar en ti

...salir, hablar, comer, beber, tomar, descansar, sestear, acudir...

pensar en ti

...practicar, centrifugar, teñir, correr, precipitar, contar, muestrear, irradiar, cultivar, diseccionar, coser, rellenar, suplementar, extender, filtrar, infectar, alinear, purificar, insertar, mutar, clonar, esterilizar, cortar, añadir, mezclar, agitar, ajustar, medir, calcular, probar, buscar, encontrar, descubrir, publicar, intentar, replantear, hipotetizar, comprobar, intuir, simular...

pensar en ti

...volver, cenar, discutir, ensayar, tocar, enfadarme, abrazar, besar, acostarme, soñar...

pensar en ti

Como ves, mis días son un tanto estresantes últimamente, pero...

pienso en ti.

Chimeneas

Se acercó a la chimenea y la examinó. Era igual que cualquiera de las anteriores. Entonces, sin saber cómo, se metió por ella.

Comenzó a descender y a descender y cada vez el ambiente estaba más caliente. Habría jurado desde fuera que la chimenea estaba apagada. De todas maneras, las capas de grasa de su trasero impedirían que notara el calor.

Pero continuaba bajando. Demasiado. Se sentía intrigado por conocer el propietario de aquella chimenea.

Cuando por fin llegó al fondo, no se sorprendió nada al reconocer, dormido en un sofá junto a la lumbre, al mismísimo hijo de Satanás.

Nocturnidad

-Me levanté en mitad de la noche, no recuerdo exactamente qué hora era, serían sobre las tres y media. Cogí el bisturí y fui a su habitación. No tuve mucho cuidado, pues estaban todos dormidos bajo los efectos del anestésico que había echado en la cena. Pero cuando llegué al lado de su cama, ella tenía los ojos abiertos. Y sin necesidad de abrir la boca, comenzó a decirme "Tú tienes la culpa, y no estoy dispuesta a tolerar esto en mi casa...". Se lo juro, doctor, ella me estaba acusando de nuevo, y me miraba con esos ojos que aún están grabados en mi mente. Fue por eso por lo que le abrí la gargata, para que se callara. Los ojos creo que también se los rajé, no podía continuar soportando su mirada. Y en algún momento, entre la sangre que salía a borbotones de su garganta, llegó a pronunciar un "Lo siento".

Sueña por los 2

Sueña por los 2

Aquella noche el cielo se encendió. Él dormía tranquilo en su cama, bajo su cielo particular de tres estrellas, cuando, de momento, recibió el encargo de ella de soñar por los dos. Y era una responsabilidad muy grande.

Al principio, ambos sueños se entrelazaban como una amalgama de diferentes chocolates. Los sueños de ella eran de miles de colores y olores, y los de él poseían una carga melancólica demasiado elevada, además de una profundidad fuera de lo habitual.

Pero poco a poco, se fueron contagiando los unos de los otros. Y en unos meses, era capaz de escribir las historias más bonitas. Esto no sorprendió a los sabios, al fin y al cabo, nunca antes se habían unido los sueños de los dos cuentistas principales del reino...

"Hay tanta niebla que jugar a que aparezcas por el fondo vence a la distancia del me faltas. En noches así se escriben cuentos para tu huequecito en mi equipaje de huida. Sueña por los dos hasta que vuelva."

- Te espero...

Mi niño... perdona...

Mi niño... perdona...

Tenía la costumbre de prepararse la ropa para el día siguiente antes de ir a la cama, y la dejaba en la silla debajo del escritorio. Aquella noche, cuando la dejó apilada, comprobó que tocaba la cara inferior del tablero de la mesa, y pensó con satisfacción el calorcillo que le iba a proporcionar el jersé grueso de lana, los miles de capas y la bufanda.

Entonces cayó en la cuenta de que sólo faltaban 12 días para Nochebuena.

El primer pensamiento fue de repulsa y depresión, pero enseguida decidió que estas navidades iba a intentar disfrutar de verdad.

Iba a espantar los malos rollos y cultivaría y cuidaría las amistades. Evitaría las comidas copiosas y procuraría convocar el máximo número de cafés y tés en buena compañía. Gastaría poco dinero (entre otras cosas, porque no le quedaba) y procuraría hacer la mayor parte de los regalos él mismo.

Y sobretodo, gritaría menos y sonreiría más a su hermano pequeño, el cual, al fin y al cabo, era la única razón que le mantenía con vida y en casa.

Una de vampiros

Una de vampiros

Despertó del sueño diurno y abrió la tapa del ataúd. Quedó un poco extrañado por la claridad que ún quedaba. Siempre se había preguntado cómo era capaz de adivinar el momento en el que el sol se escondía... Y no quería ni pensar en lo que ocurriría si un día se despertaba antes de hora y aún quedaran rayos de luz del sol.

Voló hacia el poblado y se sorprendí al encontrarlo aún repleto de gente. Ya nadie le temía, por lo visto. Seleccionó su próxima vítima. Un joven castaño de pelo rizado, algo atractivo...

Pero en el momento en que iba a morderle el cuello, un dolor insoportable, una quemazón, comenzó en su frente.

Y mientras era reducido a un mar de cenizas, recordó que aquel día había eclipse de sol...

Como el protagonista...

Como el protagonista de algún libro,
busco mi pasado.
Rebusco entre la basura de mi cabeza
para construir frases,
palabras, cuentos.
Canciones.
Pero a veces no salen.

Como el protagonista de alguna película,
huyo de mi destino.
Corro por entre los monstruos
esquivando sus jaulas,
cuerdas, grilletes.
Ataduras.
Pero a veces no lo consigo.

Como el protagonista de alguna canción,
lloro por los rincones.
Recompongo los fragmentos de mi corazón
para volver a besar,
acariciar, sonreír.
Amar.
Pero a veces
...
(si tú no estás)
...
fracaso.

Vente si puedes

Le había mandando varios correos electrónicos en el último mes. Mails que no habían tenido respuesta. Y estaba empezando a cansarse de hablar con una pared, con una persona incapaz de dar señales de vida en semanas.

Aunque luego, con un sólo sms, fuera capaz de ablandarle el corazón, de apartar todos los pensamientos funestos que había albergado en su interior. Y hacerle volver a sentir, aunque no quisiera, una tormenta personal en su cabeza.

-Vente si puedes...

Vente si quieres...

Hacía ya días que no podía dejar de pensar en él. No comprendía, no entendía la razón de su absentismo.

-Vente si quieres...

Música

Música

Cuando se conocieron, el Arpista de las Tinieblas quedó fascinado por el Hacedor de Sonidos. En realidad, había escuchado hablar de él muchos eones atrás, más o menos en el momento en que el hombre nacía del fango y las criaturas mágicas se refugiaban en el otro lado del espejo.

Entonces fue cuando realizó su creación más sublime, la noche, pensando en la presencia del Hacedor, su maestro, aunque en realidad fuera desconocido.

Días después del primer encuentro, el Arpista aún rondaba, ansioso, por sus reinos, intentando conseguir la inspiración necesaria para expresar los sentimiento que el recuerdo del Hacedor le evocaba...

Vuelve, a casa vuelve...

Vuelve, a casa vuelve...

He decidido que no quiero volver a casa por navidad si sé que no es contigo cogido de la mano...

Intrusos (La intimidad robada)

Intrusos (La intimidad robada)

No necesitó ver nada para saber que habían profanado su habitáculo. El frío, que se le metía por la punta de los dedos de los pies y alcanzaba todos y cada uno de sus huesos, se lo indicaba. Le indicaba que una presencia ajena había atravesado el umbral y había hurgado en su montón de botones (perdón, digo, besos). Además, las letras, escondidas en el baúl, habían sido pronunciadas, llenando el espacio vacío de sentimientos que, al no encontrar corazón en el sacrílego que había entrado en su morada, habían helado el ambiente.

Ahora, ni las lágrimas de libélulas que tenía almacenadas en discretas botellitas (también manoseadas por el intruso) podrían restaurar el ambiente de paz que antaño llenaba la habitación

Suicidio

Junto al cuerpo encontraron una nota de suicidio que decía:

-Desde que te has ido, ya no puedo dormir. Desde que me dejaron tus caricias, desde que no escucho tus susurros y arrullos, no puedo conciliar el sueño. Desde que te fuiste, la realidad se volvió más dura, y los días eran oscuros. Y las noches eran soleadas. Sin ti. Y ya necesitaba descansar.

De concierto

De concierto

Dentro de un igloo multicolor, con la música resonando en el hielo de las paredes, ellos nos extirparon los corazones eléctricos...

Y un chico con una piruleta de fresa. Y una cámara de fotos digital eterna. Y una flor naciendo de entre el hielo. Y un mundo a parte sólo para nosotros, los de dentro...

"Preguntas, si queda poquito,
sólo sé contestar, emitiendo un gemido.
Sin rumbo, hacia el infinito,
nos dejamos llevar,
no sé a dónde dirigirnos...

...Y esta vez te lo suplico,
no me tientes que repito..."

--Ellos--

Quizás

Le pidió que contara lo primero que le pasara por la cabeza. Y comenzó así:

- Cuando era más joven, me gustaba nadar en el mar de tu rostro. Subía tus montañas hasta coronarlas con mis sonrisas. Y no podía dormir a tu lado. Porque necesitaba saberte mío. Porque tenía miedo de que todo fuera un sueño, un ardid de los monstruos que habitan debajo de la cama, dentro del armario, detrás de la puerta... Entonces envejecí, y tu rostro me parecía arrugado. Y tus montes eran demasiado habituales, y mis sonrisas muy pocas. Y aprendí que a tu lado se podía dormir apagando el deseo con otras personas. Y hasta fantaseaba con despertar una mañana y no encontrarte a mi lado.

-Quizás, los monstruos ganaron esta vez, ¿no cree?

-Quizás...

Lati[2]

Aquella noche, por fin, escuchaba los latidos de un corazón. Y no eran los del suyo. Acostado bajo sábanas blancas, con un cielo amaneciendo fuera, un cuerpo desnudo a su lado. Y unas velas que marcaban el camino a aquel santuario...

Y su pecho, desnudo, suave, firme... Y él apoyado, mientras dormía, escuchando cómo el mundo giraba alrededor de aquel latido. Escuchando como sus latidos, los suyos propios, sólo ocurrían porque estos que ahora escuchaba no paraban...

Salto

Salto

Por fin había alcanzado el 21º piso. Subir a pie por las escaleras era cansado. Se asomó al borde y miró hacia abajo. Y luego hacia arriba.

Las estrellas le estaban marcando el camino. Tan solo tenía que enlazar Polaris con Arturo y el trayecto estaría hecho. Ese era el recorrido que le habían susurrado las hadas en la almohada

Cogió impulso y saltó.

Y aunque al día siguiente no fue para el mundo más que otro suicidio bajo los efectos de los psicoestimulantes, su alma continuó recorriendo la línea recta marcada por las dos estrellas.

Perdona

Perdona que te aborde así,
pero es que estoy cansado,
tan cansado de conocer imbéciles,
que cuando encuentro a alguien sincero,
la cabeza se desconecta y me comporto
de una manera un tanto lanzada.

Perdona, digo, que te asedie como lo hago,
pero el desengaño me ha llenado tanto,
las mentiras y las falsedades,
que al ver un persona sencilla
el corazón se me acelera y actúo
como un loco inconsciente.

Perdona por último la impaciencia,
la responsabilidad de saberte quizás
la última persona que pueda mantenerme a flote,
la última persona que me haga sonreír,
la última persona en quien confíe,
a ciegas,
antes de renegar de esta maldita humanidad.

Olvidos

Olvidos

Subió a casa de la vecina de arriba para decirle que se le estaba saliendo el agua de la lavadora. Dado que era una mujer ya mayor, decidió ayudarla a limpiar el estropicio. Y cuando entró en el cuarto de lavar, lo encontró lleno de botellas de plástico de refrescos vacías. En un rincón se acumulaban 30 o 40 palos de escobas. Y los montones de periódicos, revistas y propaganda crecían aquí y allí, en cualquier lugar en que tuvieran espacio para desarrollarse.

-Muchas gracias, buena mujer, muchas gracias. No sé que hubiera hecho sin usted, sin su ayuda. Además, me alegro de conocerla por fin, ¿dice usted que vive abajo? ¿Es mi vecina? ¿Hace poco que se han mudado a este inmueble?

Ella asintió, con el corazón en un puño. Hacía ya 25 años que eran vecinas...