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Bajo Arboles Mojados

Comienzo para un cuento (que no continuaré)

    Se sienta a mi lado y comienza a hablar. Sabe que no le escucho. Ya me sé sus historias de memoria. Sabe que no le presto atención alguna. Yo voy para fumarme mi cigarro durante el trabajo. Él siempre llega y comienza a hablar. Como siempre. Como el primer día.
    
    No fuimos extraños el uno para el otro, simplemente llegó y comenzó a hablar. Al principio sí le contestaba, y le escuchaba, pero a los pocos días comprobé que siempre me contaba las mismas historias.
    
    Un día habló de algo nuevo. Pasó más de media hora fabulando. Estoy seguro de que aquello no lo había escuchado a nadie. Salió todo de su cabeza. Lo escribí y a los pocos días había ganado un premio de cuentos.
    
    Es por eso que continúo escuchándole. La segunda vez que vario la conversación habitual me sorprendió con una poesía. Busqué en todos los lados, consulté millones de páginas en internet y acabé por concluir que aquello también era inédito. Como el cuento.
    
    Al tiempo tenía una colección de versos y prosas que dieron forma a un libro con mi nombre y apellidos. Yo ganaba el dinero. Y continuaba escuchándole cada tarde.

Nada

Hoy tengo ganas de escribir que no tengo ganas de decir nada.

No tengo ganas de decir nada.

Dicho. 

Teoría (de la vida secreta de las palabras)

    Las palabras tienen una vida secreta en nuestro interior. Siempre he querido imaginar que se bañan constantemente en una gran marmita, como aquellas de las brujas, y que el temperamento de la gente es la llama que hay bajo el caldero. Así, una persona pasiva tiene una llamita que a penas hace burbujear el agua en la que nadan las palabras; y en cambio, las personas agitadas o con una gran inspiración tienen un gran fuego que hace hervir fuerte al agua, y con las burbujas, las palabras saltan fuera.
    
    Las palabras se asocian en las cabezas/marmitas de las personas, y crean pensamientos. Los pensamientos son inofensivos. No matan. Hay personas que nunca pasarán de los pensamientos.
    
    Hay gente que no se atreve a sacar las palabras. Porque saben que una palabra fuera de la marmita y fuera de la cabeza y fuera de la boca se convierte en verdad. Pensar te quiero no es lo mismo que decir te quiero.
    
    Escribir una palabra es un acto intermedio entre pensarla y decirla. O posterior. No lo tengo muy claro.

Teoría (de la nariz y las nanas)

    Hoy quería hablar de dos cosas.
    
    La primera es mi nariz. Parece ser que es un centro, un monolito, un cetro per se. He recibido ya tres proposiciones indecentes en las que intermediaba mi nariz. Me han preguntado  cinco personas diferentes si me la he operado. Nariz. Recta, descendente, corta. M. dice que tengo una nariz griega. No sé cómo tenían la nariz los griegos, aunque sí cómo tenían el pelo. Rizado, como yo. Aunque si fue una cultura que acabó viniendo a menos, no sé si es un buen piropo eso de la nariz griega.
    
    La otra cosa sobre la que quería hablar son las noches. Compruebo que me falta alguien que me cante una nana o me lea un cuento antes de dormirme. O mejor, mientras me duermo. Tampoco pido que sea muy afinado, o que invente los cuentos. Simplemente con que me lea o me tararee podré alcanzar mejor el sueño.
    
    Últimamente duermo mal y sueño mucho. Y sueño mal.

Teoría (del sol)

    Sí, la nieve será incómoda para ir en coche y para salir, y las probabilidades de resbalar aumentarán exponencialmente en una calle llena de nieve. Y después de un tiempo con nieve y frío, se creará hielo, que es aún más frío y no deja abrazar bien a los corazones.
    
    Pero luego llega el sol y en una mañana derrite todo. Y un paisaje que no costaba mirar, de puro sencillo y puro blanco, vuelve a ganar la cromatidad.
    
    Y a pesar de todo, preferiría reservarme el sol para los abrazos. Y ser yo el que quite el frío en los corazones ajenos. En su corazón. Ajeno.
    
    Prefiero la nieve. Y mis abrazos. Al sol.
    
    Jodido sol.

Instrucciones para no perderse IV

4. Los mapas se leen desde la cama. Como las cartas. Los sueños se interpretan frente al café. En los cafés y en los sueños siempre se ve el camino de regreso.
    
    Las camas son un buen lugar de reunión. A veces uno se pierde en ellas. O en los cuerpos que hay en ellas. Pero por regla general, son un sitio muy céntrico...

Teoría (de la nieve)

            La nieve, qué extraña planta. Uno se afana a cortar el más mínimo indicio de su existencia, pasando frío en invierno y calor en verano, podando cada ramita blanca, arrancando todos los sarmientos… Y un día de mucho frío va, y el pueblo amanece completamente blanco… Y enseguida pienso, andá, se me olvidó podar la semana pasada.

           Y es que ya se sabe que con la nieve pasa lo mismo que con los corazones... Que si no se va apartando poco a poco la escarcha, acaba todo helado...

            Y como esta planta, que sabe de su efímera existencia, es muy lista, pues nada más crecer (más o menos a razón de 5 centímetros la hora), florece y lanza esporas al viento, que migran y caen unos metros más allá dejándolo todo cubierto de un manto. Blanco.

            Jodida nieve.

            Qué frío que deja…

Teoría (del trabajo sin E.)

    La posibilidad de que E. deje de trabajar conmigo me ha asustado. Muy feliz por su evolución, aunque triste. Trabajaba bien con él. Y de vez en cuando, en el almacén, le daba besos y le robaba unos cuantos minutos de productividad.
    
    Mis compañeras de trabajo paran un par de veces durante su jornada para fumar.
    
    Yo prefería parar para besarle.

Teoría (de las enfermedades infecciosas)

    Las enfermedades infecciosas se transmiten por muchas vías. El sida y la hepatitis B a través de fluidos corporales. Las hay que llegan a pasar de unas personas a otras a través de las gotitas de saliva que salen de nuestras bocazas cada vez que estornudamos.
    
    El amor es una enfermedad infecciosa que se transmite, exclusivamente, a través de los besos.
    
    La melancolía se transmite a través de los ojos. Es muy fácil coger una crisis de melancolía. No vayan nunca a ver exposiciones sobre bonsáis. O sobre Italia si han estado viviendo en Italia. O sobre Inglaterra si su novia vive en Preston. La melancolía es muy jodida, dijo mi último paciente.

Teoría (de los hoyos)

    De vez en cuando vuelvo al hoyo... Y todo me vuelve a parecer oscuro, y tu pelo no me salva, y las lágrimas no llegan a ser suficientes. A veces, ni tan siquiera consigo que me lata el corazón.
    
    De vez en cuando decido bajar al hoyo, y acordarme que ni todo es bonito ni E. está siempre a mi lado. Imagino que es algo que hacemos todos.
    
    Y ni pensar que tengo amigos, y pareja, y una casa y un techo me animan. Y el chocolate no me sabe dulce y la lluvia me parece triste.
    
    Hoy estoy en el hoyo. No se asusten. Mañana sonreiré.

Instrucciones para no perderse III

3. Para no perderse no hay nada mejor que cerrar los ojos. Caminar por la calle desconocida con los ojos cerrados. Meterse en la cama con los ojos cerrados. Los corazones ajenos siempre se ven mejor con los ojos cerrados. Y las palomitas saben más y los besos se dan mejor. O eso se dice.

El efecto es similar si el entorno es oscuro y no vemos a dónde vamos.

Siempre se acaba llegando. Con los ojos cerrados. Pero siempre se llega. Y por regla general, a buen puerto.

Y si se tropieza y se cae uno, mejor. Siempre es bueno aprender a levantarse.

Teoría (de los gritos)

    Hay veces que en casa nos comunicamos mediante gritos. Es un mecanismo de comunicación un poco anticuado, pero funciona. El tono base de mamá debe ser de unos 80 o 90 decibelios. En la última mascletá que vi en la tele alcanzaron los 110.
    
    Es una forma de comunicación un poco precaria, ya que los gritos no permiten expresar otro sentimiento que rabia, odio o malestar. Así pues se pierde la mitad del mensaje. Y claro, saca el pan se convierte en una acusación de primer grado, y buenas noches en una venganza.
    
    Yo impondría más bien la máxima de algunas cafeterías que estan abriendo en Nueva York (cuánto nos sacan de ventaja estos americanos), en donde no se puede hablar, sino susurrar. Son las llamadas wispper coffes. Las hay incluso con libretitas y bolis por todos los rincones para comunicarse, pues se llegan a prohibir incluso los susurros.
    
    Yo, la verdad, me conformaría con los susurros que a veces me dicen en la cama, justo al lado de la oreja.

Razones para huir de una ciudad con frío

A M. Con cariño y porque sabe que le quiero. 

 
Una ciudad con frío es un paraíso cerrado.
Un invernadero sin puerta con flores
que comenzaron a marchitarse.

Un corazón helado es un mundo;
tus abrazos la salvación.
Una razón para quererte tu pelo
y la consecuencia del beso
esta melancolía.

Un recuerdo aprende a matar
y le crecen brazos para asestar golpes
en los pechos de cristal.
Tus sonrisas han causado
y prevenido más de un naufragio.

Una ciudad con frío no merece tus pasos.
Un edificio derrumbado sueña
albergar tus restos.
Una lluvia inesperada no consigue borrar
las huellas de tus pies
calzados con unas botas
que no creen llegar al final del camino.

No tengo tiempo

Hoy no tengo tiempo y no me pienso meter ni siquiera en el editor, porque ahora me voy a tomar un café (que la barriga se queja, y eso que tiene material para ir tirando) y luego he quedado con una persona que es lo más parecido y cercano a Parma que tengo aquí y se me va lejos y tengo que darle muchos abrazos para el camino.

Quizá luego cuente algo más.

O no.

Modificación (14.07): Me encanta la palabra Coccole del italiano... Significa carantoñas, caricias... Es más o menos recostarse en un sofá, tras haber leído un par de horas (o minutos, es más o menos lo mismo), y comenzar a hacerse cosquillas, meter la mano por debajo de la camisera y buscar el costado, pasar el dedo suave por la espalda, jugar con el pelo... Como veís, tiene muchos significados, aunque no sé con cuál me quedaría...

Teoría (de las otras camas a dos)

            Anoche, como muchas otras noches, C. se metió en la cama conmigo para leer un rato antes de dormir. Es una costumbre que empezamos hace dos años, cuando él tenía 9 años y no ocupaba casi ni un cuarto de la cama. Lo repetimos todos los inviernos. En verano no podemos estar los dos en una cama tan pequeña.

            Sólo que C. va creciendo y cada vez se nos hace más difícil compartir las sábanas. Cualquier día ya ni cabemos los dos. Las sábanas y el edredón nos los vamos arrancando el uno al otro. Y se confunden las lecturas, claro. Como la cama es pequeñita...

            Yo anoche leía una novela policíaca y de vez en cuando veía asomar la cola de un dragón de los del libro de mi hermano. Y yo, porfa, C., hazte un poco hacia allá, y él, jo!, es que me quedo en el borde y me sube el frío.

            Creo que si continúa creciendo deberé pedir a mis padres una cama de cuerpo y medio. Porque a estos rituales me niego a renegar...

Teoría (de los calcetines en la cama)

    Los pueblos como Alcoleja tienen mucho frío acumulado. Mucho odio. Como en todos los pueblos. Las vecinas siempre asomándose a la ventana para ver a quién criticar luego en la peluquería. Los abuelos que te miran con mala cara al cruzarse contigo. Eres nuevo.
    
    El frío se acumula en las casas viejas. Ya lo he dicho más de una vez. Y ha aprendido una extraña costumbre. El frío. Le gusta jugar por en medio de los rizos de mi cabeza. Y claro, el frío me enfría. Para evitar eso están las mantas, pero millones de mantas pesan mucho y dan calor, que es casi tan malo como el frío.
    
    Es imposible dormir con tres millones cuatrocientas seseintaicinco mil trescientas veinte mantas y encima los calcetines puestos. Por eso, a las 6 de la madrugada no pude más que comenzar una incursión espeleológica hacia el fondo de la cama con mis manos para quitarme los calcetines. Y ya pude dormir.
    
    Me parece extraño acabar acostumbrándome a dormir acompañado. Nunca lo pensé. Siempre creí que no llegaría ese momento. El llegar a conocer las pecas de una espalda de memoria.

Instrucciones para no perderse II

2. Tomar agua enjabonada y mojar con ella algún tubo o circunferencia o círculo. Soplar a su través y crear burbujas de tamaño gigantesco.
    
    Siempre llevan a casa. Las burbujas.
    
    Cerca.
    
    A mi regazo.

Teoría (del desorden y las letras)

    No comprendo la extraña manía que comparten mis padres sobre que recoja mi habitación.
    
    Mi habitación es pequeña. Bastante. Además debo compartirla con una cama, una mesita (demasiado pequeña para acumular libros), una mesa larga, un armario y ya está.
    
    En medio de esta vorágine de compañeros de habitación, debemos repartir nuestro espacio con montañas de libros. Se acumulan por todos los rincones. Como las pelusas. Junto con las pelusas.
    
    Libros leídos y por leer y algún que otro cómic (porque me gusta leer cómics y no creo que sean de freaks).
    
    Algo que ellos aún no consiguen entender es que todo esto que luego escribo aquí. Y allí, y en las libretas y millones de blogs que escribo... Todo lo que sale de mi cabeza ha nacido en mi habitación. Posiblemente aquel verso acertado de mi última poesía está situado en medio del montón de libros al pie de la cama, entre "La vieja sirena" y "Cómo huir de una ciudad con frío". Y los trozos de irrealidad que me invaden frente al teclado sean culpa de Millás sobre mi armario.
    
    Por eso no quiero recoger la habitación. Porque si no las palabras se ordenan, se quedan en colocadas siguiendo es estúpido orden alfabético, y ya no tienen sentido.

Teoría (de la odiosa sensibilidad)

    Ayer, durante unas prácticas en las que aprendimos a dar malas noticias, hicimos una simulación donde yo tenía que hacer de coordinador de enfermería en hospital y debía despedir a un trabajador (un compañero de clase) cuyo rendimiento era excelente pero que, debido a un reajuste económico de Consellería, perdía su trabajo.
    
    Tras la simulación el profesor me dio la enhorabuena y dijo que tenía mucha capacidad de empatizar con los demás, además de una gran sensibilidad.
    
    Y yo comencé a cabrearme, porque todo el mundo usa siempre la misma frase, la misma expresión... "Tienes muchísima sensibilidad, y eso se ve en lo que escribes" o "La sensibilidad que demuestras es particularmente grande" o historias por el estilo.
    
    Yo no quiero ser sensible. Siendo sensible uno no puede dominar el mundo.
    
    En las clases de dictador universal que todos recibimos de pequeños se nos enseñaba a mirar las cosas con cierta distancia; a analizar y racionalizarlo todo, ser frío y calculador...
    
    Siendo sensible no conseguiré alcanzar mis planes dictatoriales. ¡¡¡Que alguien me extirpe la sensibilidad!!!

Teoría (de las vacanciones sin E.)

    Es extraño repartir las vacaciones en el trabajo sin saber si quiera si en unos meses continuaré trabajando en el mismo sitio. Es casi utópico, como pensar que en unos meses ya estará descubierta la vacuna contra el SIDA o que los coches volarán con reactores de antimateria a dos palmos sobre el suelo.
    
    Así que allí estaba yo, de pie, viendo como me asignaban unas vacaciones que no sé si quiera si disfrutaré. Aunque la verdad, sin poder coincidir en mis vacaciones con E., el modo de disfrutarlas será diferente.
    
    Quiero viajar con E. Pero viajar de verdad, no los simulacros que creamos bajo los colchones. Cojer una maleta y un tren, y saber que no volveré a pisar el suelo bajo mis pies en unos días. Y dormir en camas ajenas y extrañas. Y comer comida rápida o entrar en los supermercados para comprar pan y embutido que meter dentro.
    
    Y pasear por las calles de una ciudad que sea casi de mentira, con canales y puentes. Y campanarios inmesos y teatros de piedra antigua.
    
    Quiero llevarme a E. a Venecia.
    
    Siempre Venecia.