Una persona es, al fin y al cabo, las circunstancias que le rodean y las reacciones que toma frente a las mismas.
Así pues, no son válidos los juicios de valor sobre los demás, ya que nadie será capaz, por una parte, de encontrarse en la misma (idéntica) situación que otro, y por otra parte, de reaccionar de la misma manera.
Mis decisiones, en ciertas ocasiones, pueden parecer algo drásticas, algo exageradas o pasionales. Pero se tienen que analizar siempre dentro de un contexto muy claro. Fuera de este contexto, posiblemente, puedan resulta chocantes a la gente. Pero sólo si se analizan al menos alguno de los puntos en los que la decisión fue tomada, podrá llegar a hacerse uno una opinión al respecto de mi comportamiento.
Nunca un juicio.
Los juicios para los juzgados, donde se derrocha la injusticia...
Ayer tarde, después de una agotadora jornada en la granja (estamos acabando de montar calores, enseñamos a patos a graznar y a burros a rebuznar, le decimos a los frutales que después de verano esperamos sus frutos, y en un rincón de uno de los talleres, dejamos crecer, poco a poco, un montón de levadura que ayude al pan a subir)... Pues eso, que después del trabajo en la granja, fui a dar un largo circunloquio con "esa persona". En cierto momento creí que llegaríamos a rodear el planeta con nuestro paseo.
Fue un poco como siempre, es decir, como antes. Le conté mis problemas y en aquello en lo que creía que me había fallado.
Él, agachando la cabeza, afirmaba y explicaba sus carencias...
Creo que habrá segunda parte de la conversación (y tercera, y cuarta, y quinta), porque hay muchas cosas que explicar, muchos meses de requemores por apagar.
Pd.: Dormí, abrazado a Momo, como no lo había hecho nunca... El agotamiento físico es maravilloso, y produce unos sueños dignos de los mejores cuentistas.
Ayer noche, mientras ordenaba el caos dejado por los obreros en mi cueva, cayeron en mis manos los apuntes de Zoología. Qué casualidad, vaya por Dios.
Ojeé los primeros días de clase y leí lo que tenía en referencia a la selección natural. De nuevo, qué casualidad.
La supervivencia del más adaptado a su entorno, no siempre el mejor. Resulta una teoría muy aplicable también a las amistades. Implica que el tiempo (siempre el tiempo) ejercerá un factor de presión selectiva, junto con otras circunstancias externas, del entorno.
Tú puedes estar intentando cuidar constantemente tus amistades. Si ellas no se quieren adaptar a tu entorno, o si pasado el tiempo, deciden marcharse de tu lado (del tuo fianco)... No puedes hacer nada por evitarlo.
Ante las quejas de algún usuario de este espacio, he decidido cambiar el tono del mismo y pedir disculpas por mi reiteratividad (pero es que tenía demasiados sentimientos por sacar afuera; compréndanme, en mis 3 meses en Italia no he escrito a penas poesía...).
Así que voy a retomar el blog como alguna vez fue y ha sido (y sin ganas de destilar más miel de la necesaria).
Comencemos por el principio, luego continuaré por lo que continúa hasta llegar al final, momento en el que me pararé.
Pues esta mañana una bomba nuclear ha caído en mi cabeza justo en el momento en el que mi móvil/despertador ha comenzado a sonar. Tenía trabajo en la granja-escuela en la que voy a comenzar a trabajar, y a parte, una medio resaca (y eso que no bebí) por la fiesta (ójala) de anoche en el pueblo vecino.
Cristina, la cabra pesada ha estado cortejándome (aunque no me es nada fiel, lo hace con todos) y me ha parecido escuchar a los cabritillos burladose de mí, diciéndome que "esa persona" no se merece que continúe si quiera pensando en sus traiciones (si me lee, posiblemente tampoco se sienta identificado con estas palabras; así de irónicas son las cosas).
Luego he ido al local para comer un bocadillo (cuidando mi dieta, como ven) al tiempo que veía una película con mis amigos (he visto mejores, la verdad).
Vuelta a casa, ducha (que no ha quitado mis preocupaciones de la cabeza, y eso que he frotado y frotado... tendré que usar otro champú más fuerte) y café, completamente insuficiente para saciar mi sed de sueño.
Y ahora, por último, vuelta a casa cabizbajo, pensando de nuevo en "esa persona" (que si me lee, posiblemente tampoco se sienta identificado con estas palabras; así de irónicas continúan siendo las cosas), en cómo he perdido el tiempo con él (que no ha sido poco); pensando también en cómo de vigilado me siento desde que he vuelto de aquél paraíso italiano; pensando también en que Javi tiene razón al decir que estoy algo obsesionado con el amor; pensando también que tengo muy abandonados a mis amigos de la uni, aunque no puedo solucionarlo; pensando también en que echo de menos a Violeta y María (y a más gente de allí); pensando en que...
Deja de mirarme con esa cara y reacciona. Al fin y al cabo, nada era imposible cuando comenzó todo.
Sabías que podía llegar a ocurrir, sabías que había sus riesgos. No eres así de ignorante, aunque a veces te guste hacerme parecer que sí.
Vuelve a acercar la cabeza, justo como has hecho hace cinco segundos. ¿Qué te ha llevado a hacerlo antes? ¿Habrán sido las lágrimas, mis palabras o ese brillo que he captado en tus ojos?
Sea lo que haya sido, deja ya de mirarme con esa cara, sabías que mi reacción iba a ser esta y no otra, que no te iba a apartar, que iba a morderte justo cuando comenzaras a apartare.
Porque todo el mundo sabe que me gusta morder los labios para terminar los besos...
Y el montón de ropa sucia de mi compañero de habitación continuó creciendo. Y creciendo. Y creciendo...
Y la otra noche, debido, posiblemente, a los gases que producían las bacterias descomponedoras, comenzó a flotar a un palmo del suelo mientras emitía una fluorescencia verdosa...
Y esta mañana, al pasar por su lado (dando, obviamente, un amplio rodeo), me ha saludado por mi nombre...
De nuevo eran Navidades. Y la gente comenzaba a felicitarse.
Se daban dos besos. Incluso ella venía y me repetía aquello de "Menos mal que al final sí has venido... Tenía tantas ganas de verte, y abrazarte, y besarte, y hablarte". Aunque al final no hablásemos...
Entonces venía. El. Siempre él. Me felicitaba las navidades. Y no sé porqué nos encontrábamos solos (me encantan los sueños por esto) en el mismo sitio donde antes estábamos todos.
Me felicitaba las navidades y me besaba. Primero un ligero y suave beso en la mejilla.
Apártate ya, pensaba, como no te apartes no voy a poder responder de mis actos... Entonces no se apartaba. Más bien ladeaba ligeramente la cara y se quedaba con sus ojos (con sus labios) en frente de los míos.
Tú te lo has buscado, pensaba (o lo llegaba a decir?). Entonces me acercaba, acortaba esa pequeña distancia que nos separaba. Pero ya era demasiado tarde. El se me había adelantado. Ya me estaba besando desde hacía un par de milisegundos...
Entonces el sueño volvía a moverse. Estábamos todos durmiendo sobre colchones, como cuando nos vamos a dormir en Pascua. Y él estaba a mi lado, otra vez, con los ojos abiertos, mirándome.
Yo pensaba que lo que había sucedido antes era un sueño. Pero entonces él, como para decirme, sí, era un sueño, pero aún no ha terminado, me volvía a besar.
Me he despertado, agitado. Creo que dormía sobre la oreja izquierda. La que ahora duele...
Es posible que vaya sufriendo cambios... O que lo tenga abandonado durante temporadas (todo dependerá de la disponibilidad de cámara digital/ordenadores que tenga...).
Mientras, os voy enseñando un poco de mi último mes en Parma...
Más o menos, y con cierto margen de error, comienzo a existir junto con los primeros rayos de sol. Esto no excluye una mía existencia nocturna, pero creo poder atribuir todos mis actos en la oscuridad a otra vida. Ahora explico.
Soy. Y he sido muchos. Y aún puede que sea alguno más.
Soy, junto con el frío y la niebla de Parma. Uno, aquí y ahora.
Fui. Otro. De marzo a mayo, con el calor de un verano incipiente. En mi universidad. Allí y entonces.
También creo recordar una existencia que terminó en un adiós y un beso apresurado frente a un tren, un día después de un amanecer frío. En Madrid. Hace tanto.
Y aún otros más. Tan lejos que me cuestan de recordar.
El yo de ahora está por terminar. Y los finales siempre son difíciles y dolorosos. Pero lo que no puedo pretender es tomar fragmentos del hoy para crearme un hoy-mañana.
Quizá esté siendo algo críptico. No es lo que pretendo, lo siento. Pero seguro que si cierras los ojos y escuchas el sonido que hace tu corazón entre latido y latido, me entiendes. Me escuchas...
Jejeje... Otro año consigo engañar a los Reyes... Y es que como me escondo cuando hago las cosas malas... Pues no se enteran y luego llegan cargados...
Hubo un tiempo en el que con sólo mirarte a los ojos sabía aquello en lo que estabas pensando ¿Y ahora? ¿Qué ves ahora? Veo que decidiste, hace meses, entornar un poco las puertas Ahora sólo veo mi reflejo en tus pupilas. ¡Entonces aún eres capaz de saber en lo que estoy pensando!
De nuevo gotas ligeras que se mecen con el viento. Si hiela un poco más comenzará a nevar. Sí, hace un frío considerable. Tres mangas, jersé de lana, bufanda y guantes de dedos cortados (no los de rayas, que me los perdieron). Gorro, también de lana, para engañar a mi cuerpo y hacerle creer que está más abrigado.
Salgo a la calle. Paseo. Mucha gente me saluda. Gente que antes ni me miraba. ¿Qué tal? Ya has vuelto Qué bueno verte por aquí de nuevo. Yo sonrío. A muchos ni les contesto.
Luces por las calles. En los escaparates. Parma era más bonita. Y una canción en la cabeza, incesante, recordándome la cama que me llama cada noche. No ésta, no la de aquí.
La suya.
Es Navidad. De nuevo. El segundo año que os la felicito desde aquí. Feliz Navidad.
De un tiempo a esta parte me siento el Emperador de la nada más bonita y triste que ha existido nunca. Es una sensación que me llena, aunque en realidad no esté causada por ninguna cosa en concreto.
No sé, quizá sea porque sonrìo la mayor parte del día...
Pd.: Después de la gripe gastro-intestinal/intoxicación alimenticia del fin de semana, me siento aún más liviano...
Imaginen. 4 de la tarde (aunque por la luz parece que sean las 6 o las 7 de la tarde en España). Usted se encuentra sentado en medio de un parque, con sus cuatro mangas de abrigo, su bufanda de lana alrededor del cuello y sus guantes de dedos cortados enfundados.
A su alrededor, todo està lleno de àrboles de hoja caduca, en este momento color naranja-marròn claro (posiblemente, estas hojas no caigan hasta la primavera, cuando comiencen a salir las yemas verdes de las pròximas).
El sol, ya muy inclinado, tiene que atravesar cientos de estas momias de hojas antes de llegar a su rostro. Los rayos parece que se cansen de realizar este camino, por lo que deciden, en vez de golpearle en la cara, acariciarle suavemente, inentando, asì con el roce, causar el mismo calor.
En sus manos, un libro cualquiera que le atrapa entre sus pàginas. Quizà sea una novela. Puede que se trate de un tratado de cualquier de arte de cualquier pintor moderno.
Pero de momento, ajeno hasta ahora a todo el espectàculo que se està formando a su alrededor, un ligero murmullo le obliga a levantar la vista de las letras impresas.
Aquello que ve le sobrecoge. El aire no le alcanza a la garganta, como si hubiera decidido quedarse en el quicio de su boca, para observar con usted la magnificecncia que se ha conjurado en torno su figura.
...
Quizà una ardilla, descendiendo del tronco de uno de los àrboles con una bellora entre los dientes rompa el hechizo al que estaba sometido. A pesar de ello, no se siente molesto con este diminuto animal.
Y entonces, cuando decido de nuevo fijar la vista en las pàginas del libro, una gota de agua-sal, que usted no recuerda haber producido, desciende, se precipita contra las letras impresasm estallando en una amalgama de decenas de colores càlidos y rompiendo asì la imagen que usted habìa intentado grabas en ella...