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Bajo Arboles Mojados

Cuento de navidad

   El turrón se ha quedado duro. Aún queda en la bandeja de la despensa, junto con los polvorones y un bombón a medio comer que ella dejó.
 
   Él continúa en el sofá. Los niños con las panderetas se cansaron de llamar al timbre.  En la tele hablan de ministros y cantantes. Y él mira la pantalla sin ver nada.
 
   El grifo gotea. Se dijo hace un mes que lo arreglaría, aunque no ha tenido ni ganas ni fuerzas.
 
   Él continuará en el sofá. Quizá se levante esta noche a la cama. Quizá.
 
   Sobre la mesa del comedor una nota escrita 5 días atrás.
 
   Estas navidades ya no las pasamos juntos.

Por adelantado

    Quería hacer un llamamiento a todas aquellas personas que tenían pensado...
    
    ...fastidiarme, dejarme, joderme, romperme el corazón o las gafas o la nariz, hundirme, humillarme, dejarme tirado, dejarme plantado, intentar envenenarme...
    
    ... que por favor, que lo hagan ya.
    
    A partir de mediados de enero comenzaré con una vorágine de exámenes y entregas para culminar mi (espero, por mucho tiempo) último año de estudios. Y me gustaría estar en paz conmigo mismo y con todos los demás.
    
    Así que ya saben, hagan todas las cosas anteriormente mentadas por adelantado.

Vanidades

    Esta mañana
parece que ha vuelto a amanecer
si mí.
    
    Debo haberme quedado
en algún resquicio
de la noche con frío,
escondido en los restos
de la última hoguera
encendida
con las vanidades ajenas.
    
    Esta noche
volveré a encenderte
otra hoguera.

Cambios importantísimos en mi vida

    Sí. He cambiado.

    Esta mañana cuando esperaba el bus he caído en la cuenta.

    3 años atrás mis manos sentían aversión por los bolsillos, y tendían a esconderse discretamente en los puños de las chaquetas o de los jersés y polos ligeramente largos.

    Ahora se meten sin ningún pudor en los bolsillos.

    Malditos bolsillos.



    Creo que también han cambiado algunas cosas más a lo largo de estos 3 años. Pero posiblemente no sean más que consecuencias de lo que acabo de contar...

Don't

    Boys don't cry sólo en las canciones de los Smiths...

Neurastenia

    Hoy me encuentro neurasténico. No suicida. Ese era el pez de Amelie.
    
    Quizá lo que nos diferencie sea, a parte de razones obvias, las dos cajas de chucherías que tengo en mi habitación para momentos de emergencia...

Versos

    Hay algo que se está rompiendo. No sé exactamente qué. Algo. Rompiéndose.
    
    Creo que comenzó antesdeayer. Escuchaba música y leía poesía. Y entonces se resquebrajó. Algo. Y claro, acabé llorando.
    
    Ayer pasé todo el día como caminando como de puntillas, por miedo a que un sonido agudo o un movimiento brusco causaran la catástrofe.
    
    Y hoy continúo con esa suerte de miedo y excitación previa a la rotura.
    
    No sé qué habrá dentro, pero ya no puedo retener más tiempo estos versos...

Dolores y más sueños

    Me duele la base del pie derecho. Bueno, en realidad tengo más dolores, aunque no todos tan acuciantes ni punzantes como el que tengo ahora en el pie. Derecho.
    
    Anoche volví a tener un sueño. Terrorífico, éste.
    
    Soñaba que vivía una vida normal, que paseaba por una ciudad que no era la mía y que vivía y sonreía. Entonces, se acercaba una enfermera (creo que era enfermera a pesar de que llevara una minifalda blanca y una cofia con una cruz roja) y me decía que había olvidado tomar mi medicación.
    
    Yo lloraba y pataleaba, y entonces ella, a la fuerza, con la ayuda de dos personajes siniestros, enormes y musculosos, me daba la medicación.
    
    Y entonces me he despertado y he notado una caricia en el pelo y una voz que decía "tranquilo, ¿ves? ya están haciendo efecto".
    
    Y no he conseguido volver a dormir...

Cansado

    Hoy se siente especialmente turbio. Cuando esta mañana se miró en el espejo se vio a contraluz.
    
    Puede que solo necesite dormir...

El sabor del café

El sabor del café

    Por fin se sentía vivo. Y estudiante. No recordaba cuántos años hacía que un examen le quitaba el sueño. Pensar que no se llegaba, que debería estudiar toda la noche, que quizá podría dormir sólo un par de horas.

    Saber que pasaría la noche acompañado de música suave y un termo repleto de café.

    Hay gente que aborrece esto. Posiblemente Doro también lo odiaría si tuviera que repetirlo constantemente. Pero no era el caso.

    Así que ante la perspectiva de una noche de vigilia pre-examen, se sonreía y no dejaba de pensar en el café. El sabor del café...

La ciudad más bella del mundo

La ciudad más bella del mundo

    Imaginen la ciudad más bella del mundo. Sí esa es la ciudad más bella del mundo, lo siento, no necesito ver nada más para asegurarme.
    
    Bueno, lo dicho, la ciudad. E imaginen que usted y su pareja y un amigo acuden en un viaje a la susodicha ciudad.
    
    Pasean, callejonean, caminan, se sientan y toman caffè, se levantan y continúan caminando.    
    
    Entonces usted decide pararse, los cordones de las zapatillas que heredó de su hermano mayor... Se para y se ata los cordones, con ese lazo amorfo que le sale siempre, a pesar de haberlo practicado infinidad de veces.
    
    Levanta la cabeza, y está solo.
    
    Súbitamente es de noche. Y usted se encuentra solo en mitad de la ciudad más bella del mundo. De noche.
    
    Y en ese momento, aparecen por las esquinas; se le acercan...
    
    Y por fin se despierta, agitado, taquicárdico.
    
    Otro sueño extraño...

Caduco

Caduco

    Aún no acabo de comprender la extraña razón que tuvieron los sucesivos alcaldes de mi pueblo para no plantar (y talar los existentes) árboles de hoja caduca.

    Por eso ayer, llovía en la universidad y me quedé como 5 minutos parado, mojándome, delante de un granado, tan solo porque me pareció impresionante el modo en que se arremolinaban las hojas amarillentas a sus pies.

    U hoy, esperando el autobús a casa en el sitio en el que ahora trabajo, con la música atronando en mis orejas, no podía apartar la vista de las hojas que caían con el viento. Y el viento que arrastraba las hojas que habían caído unos metros calle arriba.

    Quiero caducos ya... ¿alguien me regala un bonsai de un arce?

En el borde de la piscina

    Parece que ando algo prolífico con los presueños últimamente.
    
    Ayer estaba en el borde de una piscina. La piscina estaba dentro de una casa. Y tenía un hilo de luz que rodeaba todo el borde inferior.
    
    Todo esto, estaba contemplándolo desde mi cama, aunque también me encontraba en el mismo quicio de la piscina, notando el agua rozar las puntas de los dedos de mis pies.
    
    Entonces, a pesar de continuar en la cama a punto de dormirme, me lanzaba al agua.
    
    Y el descenso desde el borde de la piscina hasta rozar el líquido fue eterno.
    
    Quizá porque estaba más lejos del agua de lo que creía. Quizá porque había saltado al agua desde mi cama...

Mujeres en mi habitación

    Anoche cuando iba a caer dormido, justo en ese momento en el que la gente suele creer que cae o acaba de llorar tras un largo llanto, vi dos chicas.

    Más bien eran dos señoras. Estaban en un espacio inexistente de mi habitación, y me miraban, vestidas tan solo con unas medias y unos zapatos de tacón negro.

    Y sus labios pintados de pulcro rojo.

    Miraban y sonreían y decían cosas sin voz mientras fumaban.

    Y me dormí.

To be or not to be

    Es como cuando iba a clases particulares de inglés y cada día tenía que repetir, en cuartillas, 4 o cinco veces los verbos que había aprendido.
    
    Esa es la razón por la que antes escribía tanto. Lo había olvidado y ayer, después de escribir el post, me quedé pensando hasta que lo recordé.
    
    Era cuestión de hacer ejercicios. Escribir mucho, para ir desechando lo malo y mejorando lo bueno.
    
    Ahora es tarde, es de noche y tengo la cama llena de las cosas que usaré a lo largo del día de mañana. Ropa, uniforme, apuntes.
    
    Aún me queda por estudiar un par de cosas. Y leer. Siempre leer.
    
    Quizá debería volver a escribir en la libreta...

Pocas cosas que decir...

    La verdad es que si no escribo más últimamente es porque quizá no tenga mucho que contar, y por fin he llegado a ese punto del conocimiento de mí mismo en el que me doy cuenta de que puedo aburrir a los demás volviendo a contar que odio mi trabajo o que quiero a mi chico.
    
    Por eso no lo repetiré. Al menos hoy. Aunque esas dos cosas continúen igual.

    Sin embargo, pasan cosas. Por ejemplo, un aniversario, por ejemplo, de este blog. 4 añitos y aún con ganas de decir cosas, aunque ya no me agobie como al principio con querer escribir todos los días.
    
    Además, he participado en algún concurso de fotografía raro, de esos en los que interesa más el café que te tomas a mitad o las calles que te encuentras que el concurso en sí. También me he comprado un libro.
    
    Cuando he llegado a casa, he encontrado la habitación limpiada. Y no por mí. Eso quiere decir que han alterado el desorden preestablecido que reinaba hasta que he salido de casa esta mañana. Eso quiere decir que ahora no encuentro nada, porque las cosas están en su sitio, es decir, en el sitio que mi madre (o mi padre) opinan, distintamente de mí, que deberían ocupar.
    
    Me conformaré con abrazar el peluche esta noche de nuevo, a falta de otras seguridades...

Estrés

    Comenzó a subir su ritmo de vida. Pasó de dormir sus ansiadas 8 horas a las ya típicas 6 horas y media.

    Comía más chocolate del que debería. Asaltaba su tarro de gominolas tras cada cabreo. El tarro se acabó. Y se volvió a llenar y se volvió a vaciar demasiado rápido.

    Decide tomarse un descanso muy a menudo, aunque luego se siente culpable de no hacer nada.

    Tan solo, a veces, una canción le saca del estrés en el que se está convirtiendo su vida.

    Tan solo, a veces, un beso, una caricia, un libro, su chico, un té, un abrazo, unos amigos...

    Lee menos, la poesía a penas la toca. Una lástima... Doro necesita acabar pronto la carrera y comenzar a vivir.

    Y no tener que sentirse culpable por acudir a un concierto al que hacía tanto tiempo que quería ir...

Planes mundiales

    Hay momentos en los que el mundo parece converger para arrancarme una sonrisa.

    En menos de 4 días consigo un disco más que esperado que me produce una extraña sensación, como un lifting facial momentáneo que afectara solo a la parte inferior de mi cara. Al mismo tiempo, recibo (o más bien reciben por mí) mis fotos Moo que encargué unos días atrás, para comprobar que el resultado es magnífico.

    Y me escriben cosas que me dejan con la boca abierta y las lágrimas asomando.

    Y claro, uno no puede dejar de sonreír. Y entonces se da cuenta de que el mundo por fin ha dado una vuelta, al menos en mi mundo...

Rodilla

    Ayer, después de pasar media mañana enfrascado con la financiación del sistema nacional de salud, Doro decidió levantarse de la mesa que había sido su única compañera durante las 3 horas anteriores, para descubrir, entre asombrado y molesto, que tenía un dolor penetrante y agudo en la rodilla. En la izquierda. Muy fuerte.

    Un dolor que se repetía cada vez que decidía mantener recta la pierna, y que le obligaba a cojear ligeramente.

    Así que su caminar pasó a ser un ritmo asincopado que resonaba por encima de la música de Beirut que tenía puesta, a máximo volumen, en su iPod.

    Durante su caminar cojeado encontró cosas que le agradaron (una madre jugando con su bebé en los jardines del campus), y se le cruzaron algunas otras que habían pasado al grupo de la indiferencia.


    Hoy, Doro, continúa con dolor de rodilla. Muy fuerte. Molesto.

    Y quiere abrazar a E. hasta quedarse dormido...

 

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Mi ex-jefa es...

    El día ha comenzado gris para Doro. Llovía camino del coche que le bajaría a la universidad y ha continuado haciéndolo durante toda la mañana, periodo que el susodicho ha aprovechado (o desaprovechado, según se mire) para hacer un par de recados y comprarse un libro.

    Ha tenido tiempo, también, de visitar a una amiga, la cual ha destacado en varias ocasiones su mala cara (de tan sólo 3 horas de sueño, aunque esto ella lo desconocía).

    Mientras hacía estas cosas, escuchaba música, a veces alegre y otras triste, aunque en realidad incómodo con cualquier canción. Al final, por fin, ha descubierto que necesitaba el jazz suave y la voz de una borracha alcohólica negra que decidió (o no) morir hace como 50 años o casi.

    Llegado a la universidad, a la que no ha asistido a ninguna clase, ha decidido tomar su primer café, quizá demasiado tarde, quizá demasiado amargo, quizá un poco quemado, mientras continuaba leyendo el libro que compró esta mañana, y deseando poder pasar el resto del día perdido entre sus hojas, y no teniendo que enfrentarse a un nuevo puesto de trabajo, a un nuevo centro de trabajo y a un nuevo grupo de compañeros de trabajo.

    Demasiado trabajo, pensaréis. Él también lo ha pensado.

    Así que en la actualidad, Doro espera a que un amigo le rescate del tedio de la sala de ordenadores en la que se ha instalado tras la taza de líquido negro que algunos consideran dios.

    Antes de acabar de escribir este texto un tanto idiota, y pensar que esta noche lo grabará (para que nadie lo escuche), ha recordado que ha repetido su chacra mágico hoy (mi ex-jefa es una puta) como unas 5 veces... Aún le faltará alguna más antes de acabar el día, piensa y sonríe para sí mismo...

 

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