-Continúa -me dijo...
Belcebú acaba de decirme que continúe así...
Belcebú acaba de decirme que continúe así...
Esta mañana, mientras caminaba por una de las calles peatonales de la universidad para ir de una clase a otra, se me ha caído, en un momento de descuido, una nube del pelo...
Menos mal que un chico amable, que iba justo detrás de mí, la ha recogido y me la ha devuelto enseguida.
Lástima que ya no se quiera quedar entre mis rizos. Ahora tendré que guardarla en la botella de cristal grande, de las que antes utilizaba mamá para poner las conservas, junto con otras nubes, alguna que otra lágrima y dos o tres estrellas pequeñas a punto de apagarse...
A veces creo mundos. Cojo boli y papel y creo espacios infinitos donde amar. Las cataratas dejan de caer hacia abajo y los peces revolotean alegres con gorriones y colibrís.
A veces creo personas. Transformo amigos en duendes. Hadas en madres. Padres intransigentes en asesinos mentales. Chicos en chicas, y al revés, y vuelta a empezar. Me nacen hermanos y paso a ser el último de ellos... o el primero.
A veces creo situaciones. Tomo realidades y las exagero. Las agrando y empequeñezco. Les doy colores, sabores, profundidades. Tomo verdades y las vuelvo mentiras. O verdades a medias.
A veces creo discusiones. Y la gente se acerca alrededor del gran árbol mojado que preside mi colina; y habla. Comenta opiniones, debaten verdades que creen ciertas. Se reprochan insultos, contradicciones. Y yo les escucho y me alegro de hacer amigos. Aquí, bajo árboles mojados.
Y es que a veces, simplemente, escribo cuentos... GRACIAS.
... Porque a veces el gozo y el dolor son dos gotas del mismo frasco...
Pequeña colaboración de J'adore, un enanito que me visita (el corazón) con cierta frecuencia...
Ayer descubrí el secreto de mi hermano mayor. Fue sin querer. A media tarde, cuando terminé de utilizar el ordenador, salí al comedor a decirle que ya podía volver a su habitación. Y entonces le sorprendí...
No sé si es que no tuvo tiempo para esconderse. O si yo había sido sigiloso y él no me había escuchado acercarme. O si simplemente estaba cansado de esconder su secreto en el armario... Pero la cuestión es que lo pillé...
...viendo capítulos grabados de "Los Serrano"...
Al principio se puso rojo como un tomate. Yo le pregunté, como si no me hubiera dado cuenta de nada, qué era lo que estaba haciendo, y él, tropezando, intentó apagar el vídeo. Pero no le dejé.
Mi primera reacción fue de intransigencia. ¡Mi propio hermano era de "esa clase de personas"! No sé, la situación me sobrepasó y me puse nervioso, todo eran recriminaciones. Y él se derrumbó, comenzó a llorar y me lo confesó todo.
Pero luego me di cuenta de que, al fin y al cabo, no era tan malo. De hecho, hay muchas personas con su misma condición. Le di mi apoyo y él, más tranquilo, se alegró por mi aceptación.
Le he dicho que si lo necesita, puedo pedirle cita en mi psicólogo, para que se acepte más a sí mismo y que pueda vivir feliz con su desviación. Y le he dicho también que si algún día quiere, le ayudaré a contárselo a nuestros padres, intentaré que se lo tomen lo mejor que puedan.
...
... Lo que no acaba de parecerme bien es que él y su novia (que es de su misma "inclinación"), adopten un niño... A saber cómo podría terminar el pobre chaval viviendo con unos padres así de degenerados...
you're a painting with symbols deep, symphony
soft as it shifts from dark beneath
a poem that flows, caressing my skin
in all of these things you reside and I
want you flow from the pen, bow and brush
with paper and string, and canvas tight
with ink in the air, to dust your light?
from morning to the black of night
Chorus
this is my call I belong to You
this is my call to sing the melodies of You
this is my call I can do nothing else
I can do nothing else
you're the scent of an unfound bloom
a simple tune
I only write variations to sooth the mood
a drink that will knock me down to the floor
a key that will unlock the door
where I hear a voice sing familiar themes
then beckons me weave notes in between
a bow and a string, a tap and a glass
you pour me till the day has passed....
- Chorus -
Sixpence non the Richer
Sin querer, comencé a quererte...
Corriendo
de lado a lado de la pared
te ando buscando...
...
...desesperadamente.
Me duele, no soporto
notar tu voz entrecortada,
tus lágrimas asomando por tus ventanas,
tu mundo de colores
volviéndose gris...
Y no poder más que ser
tu refugio de palabras,
tu refugio al otro lado
de los kilómetros de la línea.
Y no poder ser mis brazos
o mis abrazos,
tu refugio de invierno
o para las tempestades...
En la torre del astrónomo loco, todas las noches se oyen gritos desgarradores. Y la luz de cientos de velas alumbra con un resplandor dorado el resto de tejados del pueblo.
En la torre del astrónomo loco, hace años, murió una joven bella, esposa del astrónomo, que por aquel entonces aún estaba cuerdo. Murió en circunstancias extrañas, una noche de luna nueva en la que ni el alcalde ni el alguacil pudieron ser localizados hasta las 8 de la madrugada, hora en la que aparecieron con el gesto serio y las caras blancas, como si hubieran visto al mismísimo demonio.
En la torre del astrónomo loco, de vez en cuando, se cuela algún niño sin miedo, y vuelve tiritando de pánico. Confiesa, después de haberse recuperado de las zurras de su madre, que hay allí un cuerpo de una señora, blanco, áureo, sobre una repisa con cientos de velas. Cuenta también que el astrónomo loco, dormido sobre su escritorio, habla entre sueños, en voz apenas audible, y en un idioma que nadie ha escuchado antes, con sonidos guturales y violentos, y chasquidos de garganta...
En la torre del astrónomo loco pasan cosas muy, muy extrañas...
Parecía como si la nieve que había caído durante la noche se hubiera depositado en una capa sobre el pueblo, y el calor del día estuviera derritiéndola poco a poco, creando una llovizna que no mojaba, pero que acababa calando al cabo de unos minutos...
Me levanté, junto con el sol que se desperezaba, cuando los primeros indicios de claridad aparecían en el horizonte. Sudoroso y desnudo fui directamente a la terraza del ático, desde donde pude ver una gran luna llena, repleta de cráteres, que aún conservaba su resplandor argéntico a pesar de la luz del ambiente.
Y entonces la escuché claramente...
Una voz de mujer, sensual, deliciosa, acompañada de violines suaves que me envolvían, de trompetas que rebotaban en mi torso, y la batería, que tranquilamente marcaba el ritmo de la canción y de mi corazón.
Comencé a caminar sobre los tejados de las casas vecinas, siempre en línea recta, sobre la urbe que se alzaba bajo mis pies. Perseguía, cegado, esa voz que erizaba cada uno de mis pelos.
Completamente excitado, la encontré en el centro de la ciudad, en un jardín sobre un edificio, rodeada de velas que ya de nada servían, regando las orquídeas. Y esperándome...
No había caído en la cuenta de que por fin había llegado la primavera hasta ayer, cuando paseando por el campus me invadió el olor a azahar, la flor de los naranjos que crecen por todos los rincones de la universidad...
Espero que disfrutéis al máximo de esta estación, llena de sensaciones y emociones...
Había humo en el ambiente. Las mesas redondas, repartidas ordenadamente por toda la sala, dejaban un espacio rectangular en el centro de la estancia; la zona de baile, donde parejas se movían rítmicamente al son de la música. Y un poco elevados respecto al resto de los asistentes, sobre un pequeño escenario, la banda tocaba jazz.
Nos despojamos de todo resto de color en la entrada, junto con nuestros abrigos y gabardinas. Y todo esto fue almacenado en el guardarropa. Así pues, éramos todos figuras en blanco y negro e infinitas tonalidades de gris.
Sentados, frente a frente, sólo una mesa con una vela torcida en un vaso se interponía entre nosotros.
Y entonces, Billie salió a cantar...
Despertó agitado en mitad de la noche, sudoroso y respirando aceleradamente. Y entonces lo vio...
Un gran ojo le vigilaba a través de la ventana de la habitación. Aunque al sentirse descubierto, se apartó rápidamente.
Desde entonces tiene miedo...
No sé cómo ha comenzado a pasar, pero desde hace unas semanas, han tomado ellos el control, y no puedo hacer nada para evitar que digan cosas obscenas, o que adulen, o que lloren, o que rían oque griten.
Hablo de mis cuentos...
Al principio todo era fácil. Sólo tenía que sentarme con la libreta en una mano y el boli en la otra, y pensar en un tema. Casi cualquier tema rea bueno. Una frase escuchada en medio de una película, sacada de un libro o rescatada de alguna canción eran una buena excusa para comenzar un nuevo cuento.
Pero hace poco comenzó a pasar algo extraño. Los cuentos salían cuando ellos lo deseaban, y no cuando yo quería. De pie, en el bus, camino del centro, sentía unas irrefrenables ansias de escribir. Y tenía que sacar la libreta o coger el móvil y comenzar a escribir. O paseando por la universidad. O justo antes de acostarme. O mientras comía... Y comenzaba a garabatear una nueva historia, con urgencia, como si tuviera prisa por salir de mi cerebro; como si temiera enredarse entre mis dedos.
Y mejor no hablar de la poesía... De vez en cuando, los textos que escribo toman forma por sí solos, y se separan en párrafos cortos, y me descubro a mí mismo intentando encontrar un ritmo a las frases, una cadencia...
Así que desde aquí lanzo un mensaje de auxilio, para que me rescatéis del dominio de estos cuentos, que sólo de vez en cuando, me dejan momentos de lucidez como este...
Caminó hasta lo alto de un monte que había apartado de la ciudad. Subió, cargado solamente con una pala y una botella llena de agua cristalina, atados ambos elementos a la espalda para no molestar a la hora de subir los peñascos.
Cuando llegó a lo alto, justo en el punto en que dominaba todo el valle, comenzó a cavar un pequeño hoyo. Cuando lo hubo terminado, se desnudó por completo, metió sus pies en el hoyo, y los enterró con la tierra que quedaba del agujero. Y vació el contenido de la botella sobre la tierra removida.
Poco a poco, su piel comenzó a agrietarse y oscurecerse. Poco a poco, sus cabellos se ensanchaban y adquirían tonalidades verdosas. Poco a poco, sus brazos se fueron ramificando, y de pronto tenía 4 brazos, y unos minutos más tarde, tenía 32.
Cuando salió la luna llena, en lo alto de la colina se podía apreciar una preciosa encina recortada contra el horizonte
La primera vez que dormí abrazado a ti, a tu lado, me asaltó el temor de despertar desnudo y con los bolsillos vacíos. Temí despertar y comprobar que sólo habías jugado conmigo para robarme...
Efectivamente. Al abrir los ojos, noté que ninguna ropa cubría mi cuerpo frío, y caí en la cuenta de que me habías robado... el corazón.
Entramos en tu casa bastante tarde, serían sobre las cinco, y fuera la noche dejaba de ser oscura y se distinguía cierta claridad en el horizonte que marcaba el amanecer.
Entramos de puntillas y de la mano, y besándonos a cada dos pasos. Me metí en tu habitación mientras entrabas a decirles a tus padres que ya habías vuelto. Yo te esperaba ansioso y desnudo bajo el edredón nórdico que siempre terminaba manchado y guardando mi olor, como decías siempre, cuando ya me había ido de la cama...
Cuando apareciste por la puerta, me pediste que no hiciera ningún ruido acercando el índice a los labios y chistando suavemente.
Te desnudaste frente a mí, lentamente, recreándote en cada movimiento, deteniéndote en cada prenda. Y por fin te metiste en la cama a mi lado.
Jugamos a susurrarnos, a acariciarnos en silencio para que tus padres, que dormían en la habitación de al lado no nos oyeran. Jugamos a decirnos mentiras, tú diciendo que me querías; yo diciéndote que te amaba. Jugamos a olvidar el amanecer. Y jugamos a olvidar el resto del mundo.
Sólo tus caricias, mis besos, tú y yo.
Cuando tus padres se levantaron para ir a trabajar me escondiste bajo el edredón. Y cuando por fin salieron de casa, hicimos el amor. Despacito. Con holgazanería.
Dice el de abajo que no sabe controlarse, que ha perdido las ganas de estar con nosotros. Que no es que no nos quiera, sino simplemente que no encuentra el momento de pasar un rato con todos, y cuando lo tiene, decide irse. Yo no sé porqué, no soy un psicólogo para deducir sus razones.
Dice el de abajo que siente como se distancia, pero que no sabe cómo aferrarse a nosotros. Dice que ha dejado ir la confianza en todos, y que no sabe muy bien cómo recuperarla, y si aún está a tiempo. Yo no lo sé, no soy un terapeuta para deducir qué deberíamos hacer.
Pero dice el de arriba que quizá sean celos. O quizá se trate de un proceso natural, al fin y al cabo no es la primera vez que tiene que decir adiós a un amigo, dice. Y sin embargo, el de arriba aún sostiene que se ahogan confesiones en su garganta cada vez que caminan juntos en silencio. Dice que le echa tanto de menos...