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Bajo Arboles Mojados

Tapetes (fragmento)

Una noche,
mientras volvía, como siempre,
borracho a casa,
confundí (siempre me confundo)
la puerta, la cama
y el pecho al que abrazarme...

Otra vez (fragmento)

Otra vez TODA esta estúpida sensación
para al final comprobar
que estoy solo en mi pequeño planeta
y que me cansé de esperar
una bandada de golondrinas
que me llevara a tu lado.

...y sin embargo
tus labios...

Enterrado

Se estaba ya haciendo tarde y ni debía dejar de correr. No faltaba tanto para alcanzar el bosque.

Los matojos de malas yerbas herían sus piernas, y minúsculas gotas de sangre comenzaban a caer, manchando de morado y rojo los calzetines y unas zapatillas desgatadas.

Por fin los primeros àrboles. Cada vez más espesura. Cada vez más difícil avanzar.

Y cuando alcanzó el claro de los lobos, con los últimos rallos de luna sobre su cabeza, con los primeros rayos de sol en el horizonte, cavó un gran hoyo, una sepultura. Y se enterró.

Hasta la próxima vez...

Ella (I)

La última vez que la vi, salía corriendo tras la carabana de viajantes. No había dicho nada, así que esperó hasta el último momento, cuando ya estaban girando la última esquina visible desde la ciudad.

Salió corriendo, cubierta con una capa negra y se metió en el último carro. Aún creo escuchar sus plegarias a los dioses para que ninguno de los grandes la viera. Y yo me quedé allí, esperándola, comenzando a pensar qué haría durante aquel interminable invierno. Esperando a que ella volviera.

Solo.

Ella (y V)

Ella levísima.

Ella
...
muerta.

Ella (IV)

No volvió hasta 8 años después. Yo había aguardado impaciente todos los años al comienzo del verano.

Cuando el grano comenzaba a amarillear y la gente del pueblo preparaba sus mercancías para canjearlas con la carabana. Cuando llegaban los más pequeños corriendo desde el río, con el agua aún cayendo de sus cabellos, y con los caramelos regalados en las bocas, que no se podían cerrar por la alegría.

Por siete años esperé sin encintrar nada más que simples palabras de consuelo. "Esta bien, ha crecido, es muy inteligente ahora" (te hecha de menos)...

Volvió. Llegó levísima. Pétrea. Recostada sobre unos tablones repletos de flores, con los dedos de ambas manos entrelazados y los ojos cerrados.

Volvió. Llegó muerta.

Ella (III)

Ella

pétrea...

Ella (II)

Ella
se despereza suavemente
entre mis dudas y certezas.

Me trae el café
por las mañanas
y me roba el alma
al caer el sol.

Me cuenta historias
suavecito en la oreja
y me quita horas
de sueño
de descanso
de razón.

Oceania

Every boy, is a snake is a lily
Every pearl is a lynx, is a girl
Sweet like harmony made into flesh
You dance by my side
Children sublime
You show me continents
I see islands
You count the centuries
I blink my eyes

Bjork - Oceania

Fantasías

Soy la noche vestida de rojo;
la mañana con traje gris...

el gris de las penas
que exhalan los poros
de los seres que habitan
en las fantasías
en las que me sueñas...

Segundos

Esta mañana, como casi todas las mañanas, recién levantado, me he preparado mi café con leche. He tomado un poco del que sobró anoche y con un chorro de leche, lo he metido en el microondas.

He notado, desde hace unos días, que el susodicho electrodoméstico hace un ruido extraño, que he atribuido a algún roce con el plato que hace girar los alimentos.

Pues hoy no ha sido menos escandaloso, hasta el punto de que he debido sacar mi vaso (frío!) porque al no girar el plato, el microondas se paraba.

Y ahí han comenzado las cosas raras. Porque al mirar el reloj, como había hecho solo cinco minutos atrás, he comprobado que volvían a ser las 8'26...

Bueno, se habrá roto mi reloj, he pensado.

Pero cuando he decidido salir, ya con la bici en la mano, he notado que no se escuchaba el típico tráfico al final de la calle. Porque de hecho, estaban todos los coches parados en mitad de la carretera, con sus ocupantes cabreados, incluso dando girtos, dentro, incapaces de hacerlo arrancar o de abrir las puertas.

Llegado a este punto, he subido corriendo a casa otra vez y he comprobado mis sospechas.

Y al levantar el plato del microondas, me he encontrado un segundo que no había dejado correr...

Chist...

Exhausta, apoyó la cabeza en mi regazo y nos envolvimos en una manta gruesa y peluda que alguien nos dio, pues soplaba un viento frío; en la superficie del río flotaban las grises hojas secas.

-Esta llegando el invierno -dije yo.
-No -dijo ella, soñolienta-. No está llegando.
-Alguna vez tiene que llegar.
-No.
Bueno, si el invierno...
-Chist... -dijo ella.

"El verano del pequeño San John", de John Crowley.

Tensa espera

Allí sentado, no podía más que esperar.

Mientras, los fantásmas y espíritus de formas atroces entraban tras la puerta gris inmensa. Siempre después de que la foz pronunciara aquello que no podían ser más que sus nombres.

Nombres latinos; nombres con consonantes inpronunciables por mi boca; nombres extraños y conocidos a la vez...

Entonces, el ángel de alas negras salió por la puerta. Desnudo.

Y pronunció mi nombre.

Entonces, entré.

Marchito

Marchito...
Las hojas cayeron aquí hace ya tiempo...
Lástima que no esté en primavera... Siempre me pierdo los renaceres...
...hasta los míos...

Sal

Echaste sal sobre mí,
para deshacer el hielo
que junto con las heridas
me recubrían.

Ahora pican...

Acabado

Soy un Doro que se acaba.
Un Doro acabado.

Cada día más pequeño,
me sobra la ropa y
me cae el pantalón.

No me veo en los espejos.
Ni aún subido en taburetes.
No reflejo (ya leí esto
una vez, en algún rincón);
no me reflejo, decía
y me he convertido
en un egoísta de palabras.
Las quiero todas
para mí.

Avaricioso de sentimientos
celoso de razón.
La tengo. Lo sabes.
Si no, no te hablo.

Un Doro acabado.

Soñé (V)

De nuevo eran Navidades. Y la gente comenzaba a felicitarse.

Se daban dos besos. Incluso ella venía y me repetía aquello de "Menos mal que al final sí has venido... Tenía tantas ganas de verte, y abrazarte, y besarte, y hablarte". Aunque al final no hablásemos...

Entonces venía. El. Siempre él. Me felicitaba las navidades. Y no sé porqué nos encontrábamos solos (me encantan los sueños por esto) en el mismo sitio donde antes estábamos todos.

Me felicitaba las navidades y me besaba. Primero un ligero y suave beso en la mejilla.

Apártate ya, pensaba, como no te apartes no voy a poder responder de mis actos... Entonces no se apartaba. Más bien ladeaba ligeramente la cara y se quedaba con sus ojos (con sus labios) en frente de los míos.

Tú te lo has buscado, pensaba (o lo llegaba a decir?). Entonces me acercaba, acortaba esa pequeña distancia que nos separaba. Pero ya era demasiado tarde. El se me había adelantado. Ya me estaba besando desde hacía un par de milisegundos...

Entonces el sueño volvía a moverse. Estábamos todos durmiendo sobre colchones, como cuando nos vamos a dormir en Pascua. Y él estaba a mi lado, otra vez, con los ojos abiertos, mirándome.

Yo pensaba que lo que había sucedido antes era un sueño. Pero entonces él, como para decirme, sí, era un sueño, pero aún no ha terminado, me volvía a besar.

Me he despertado, agitado. Creo que dormía sobre la oreja izquierda. La que ahora duele...

Malditos (putos) sueños...

Adiós

Nos vamos.
Yo y mis fantasmas.
Pero no te preocupes,
que en algún momento
de este sueño
volvemos.

Para susurrarte estrellas...

Nuevo Photolog

Bueno, bueno, bueno, amiguitos...

Mientras me aclaro con esto de mi pluripersonalidad (ver post anterior), os doy el enlace a mi nuevo Photolog...

...en algún rincón de tu espalda...

Es posible que vaya sufriendo cambios... O que lo tenga abandonado durante temporadas (todo dependerá de la disponibilidad de cámara digital/ordenadores que tenga...).

Mientras, os voy enseñando un poco de mi último mes en Parma...

Que lo disfruten!!

Manifiesto de mi Caótica Pluripersonalidad

Soy, luego existo.

Más o menos, y con cierto margen de error, comienzo a existir junto con los primeros rayos de sol. Esto no excluye una mía existencia nocturna, pero creo poder atribuir todos mis actos en la oscuridad a otra vida. Ahora explico.

Soy. Y he sido muchos. Y aún puede que sea alguno más.

Soy, junto con el frío y la niebla de Parma. Uno, aquí y ahora.

Fui. Otro. De marzo a mayo, con el calor de un verano incipiente. En mi universidad. Allí y entonces.

También creo recordar una existencia que terminó en un adiós y un beso apresurado frente a un tren, un día después de un amanecer frío. En Madrid. Hace tanto.

Y aún otros más. Tan lejos que me cuestan de recordar.

El yo de ahora está por terminar. Y los finales siempre son difíciles y dolorosos. Pero lo que no puedo pretender es tomar fragmentos del hoy para crearme un hoy-mañana.

Quizá esté siendo algo críptico. No es lo que pretendo, lo siento. Pero seguro que si cierras los ojos y escuchas el sonido que hace tu corazón entre latido y latido, me entiendes. Me escuchas...