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Bajo Arboles Mojados

Club

Lo de ayer no era más que un simple ensayo... Hoy el post completo.

Quizá yo también forme parte de ese club raro de gente que pasa la mayor parte del día soñando y luego, por la noche, no puede dormir. De los que primero tiran la piedra y después esconden la mano. De los que primero tocan, besan y aman... y después esconden la mano.

Pertenezco al grupo de personas ancladas a los aniversarios de las batallas personales, aunque suelo olvidar todos los cumpleaños. Soy de los que ven fantasmas al girar cada esquina que se abalanzan sobre mí, y también de los que guardan hadas y conjuros en cajitas de madera.

Soy de los locos (aunque esto ya lo he dicho varias veces) y de los borrachos. Triste, escondido y pésimo poeta.

Si la nada fuera, sería algo parecida a mí.

Por favor, encuéntrame ya...

Sueño

Lo siento, pero también formo parte del club de los que tiran la piedra y esconden la mano. De los que se pasan todo el día soñando despiertos y al llegar la noche no consiguen conciliar el sueño...

Puff!!

Es este calor insoportable que no me deja pensar a penas...

Sólo me queda pasear descalzo por las casas, salir medio desnudo de las piscinas, y mancharme con tus helados de chocolate.

Definitivamente, prefiero el invierno.

Cayó

Cayó

Demasiadas personas habían jugado con ella.

Por voluntad propia, ayer tarde, tras una acalorada discusión, pidió ser ejecutada.

Sus familiares y amigos piden una horación por su descanso eterno...

Piraña

Con tan solo trece años era un experto en el arte de la disección de peces.

Todos los viernes por la tarde iba de la mano de su padre políticamente correcto a la tienda de animales de la esquina, y compraba un bonito ejemplar. Rojo, naranja, de colores, transparente... Una vez hasta se atrevió con una piraña.

Después pasaba horas delante de la mesa de disección que había improvisado en su cuarto, con el bisturí entre las manos y una pequeña mascarilla cubriendo su boca.

Sus padres estaban orgullosos de las aficiones de su único hijo.

Una noche se levantó sonámbulo.

Diseccionó a su padre.

Fin.

Desconexiones

Cuando mi médico de cabecera leyó el artículo según el cual el orgasmo suponía una pequeña pérdida de conciencia, me llamó de inmediato para comunicarme que conocía la razón de mis desconexiones y mi amnesia selectiva.

Era algo que pocos de mis amantes llegaron a descubrir. Que tras el clímax de una relación sexual, mi cerebro sufría una especie de reset, olvidando aproximadamente las últimas doce horas.

Así pues, con cada nuevo orgasmo, comenzaba una nueva vida siempre al lado de un desconocido...

Génesis

Al principio, la nada fue silencio:
una lengua extinguida antes del labio,
antes aún del aire. Fue, al principio,
la nada ese no ser quizá en lo oscuro
anterior a la vida; no era entonces
por el tiempo imposible de la espera,
cuando el vacío; no era todavía
reflejarse en el curso de un río seco.
Como el peso de un salto interrumpido
todo crecía innecesario y último
para la nada aquella imperturbable.
Había una quietud de piedra o de árbol
y un orden parecido al de la muerte.

Javier Cano, de El idioma de Adán.

Jo!

Lo jodido del tema, es que los cafés aún me huelen a ti...

Clavos

Cuando la bailarina de la caja de música dejó su relación con el marinero, nadie parecía muy convencido por su futuro.

Sin embargo, contra viento y marea siguió adelante hasta que su destino se cruzó con el fakir. La amistad se transformó rápidamente en amor, que materializaban sobre un lecho de afilados clavos.

Ella salía acomprar el pan todas las mañanas con un polo de cuello alto que disimulaba las cicatrices que quedaban tras los revolcones feroces...

Autoanálisis

Quizá caótico o puede que algo surrealista. Desde hace un par de días vuelvo a vivir en una situación de lo más peculiar. Y es que, analizándome como si de mi propio terapeuta me tratara (y perdón a mi propia terapeuta, no es que no confíe en ella, es que de vez en cuando me va eso del autoanálisis), he descubierto que siempre me encuentro así cuando las cosas que suceden a mi alrededor superan en irrealidad al contenido de mis sueños.

Ayer soñé que una profesora me aprobaba la última asignatura que me falta para conseguir la licenciatura al comprobar mis dotes como padre con un niño de a penas un año que me acompañaba en su despacho en la revisión del examen (disculpen la falta de signos de puntuación). Una situación del todo posible, como podrán comprobar, estimados lectores.

En cambio, llevo tres días en los que la conversación más larga que consigo mantener con mi hermano es la siguiente:

-Gilipollas
-Vete a la mierda
(Da igual quién sea el artífice de cada una de las oraciones).

POr otro lado, la relación paterno/materno-filial tampoco está pasando por uno de sus mejores momentos...

Y sin más novedades, me despido de ustedes estimados lectores (cada vez menos) hasta el próximo episodio de nuestro serial, "Vida de este chico (gilipollas)".

Cristina, no vuelvas

No, Cristina, no vuelvas, de verdad que no sabes qué es lo que te vas a encontrar aquí. De verdad que, aunque no lo creas, no echas de menos a nadie. Tus padres siguen siendo tus padres y tus hermanas no han cambiado. Ni para peor ni para mejor.

No hay aquí más oportunidades, y no hace falta que me digas que es para acabar la carrera. Ambos sabemos que el paro es el mismo con o sin ella.

Que te quedes, allá lejos, con ese chico del que he oído hablar. El que te robaba horas de sueño todas las noches. No dejes el trabajo de camarera mal pagada que a penas te dejaba llegar a fin de mes. Aquí no será mejor.

Cristina, hazme el favor, quédate, sonríe, que si vuelves ya no habrá marcha atrás, y tus promesas de un retorno temprano no las podrás cumplir, y llegarás y te atarán, aunque tú no lo veas, y si pones un pie en este puto país verás que todo se acaba, tus esperanzas y tus sueños, que yo te continuaré queriendo mogollón y echándote de menos, y que prometo que iré a verte, de verdad.

Pero en serio, Cristina, no vuelvas. Haz sólo lo que yo debería haber hecho...

Este es un relato que pensé hace unas semanas y sin embargo no llegué ni a escribir ni a colgar... Aunque ahora creo que es su momento.

Sin ir más lejos

El otro día hablaba con un amigo sobre Venecia y le confesé que, entre otras muchas sorpresas, la ciudad me descubrió un loco.

Un loco de verdad, de los que gritan por el medio de la calle. Desquiciado.

Vestía harapos. Andrea y yo nos preguntábamos si sería un actor, aunque desechamos la idea. La interpretación era magnífica y no extendía la gorra para pedir compensación por su actuación.

Pienso que hay mucha gente que no se atreve a exteriorizar sus locuras y sin embargo, no están menos locos que aquel que encontramos entre los canales y las góndolas. Estoy seguro de que hay gente mucho menos cuerda que camina por el mundo sin ningún tipo de control psicológico.

Como yo, sin ir más lejos.

Comenzar de nuevo...

Que estoy tonto, loco o que me voy a cansar enseguida. Todo el mundo (bueno, casi todo el mundo) se empeña en criticar mi intención de comenzar en octubre enfermería.

Incluso una profesora del instituto me hizo llegar un recado: No se te ocurra. Te arrepentirás.

Yo no paro de debatirme entre mil dudas. Con miedo a mandar currículos y que me los acepten.

Quería volver a España sólo como un tránsito, y se está alargando todo más de la cuenta. Ahora el temor me gana al pensar que tengo más cerca que nunca la posibilidad de irme.

De casa. Del país.

Comenzar de nuevo…

What if

Quizá existió otro futuro que dejó de ser nuestro en el momento en el que, interrumpiendo mis sollozos, te levantaste de la cama y te fuiste.

No lo sé, nunca me ha gustado profetizar y además, creo que carece de sentido (nadie sabe el desenlace de cosas que no han sucedido, los what if de los tebeos o los libros de ciencia ficción no se dan en la realidad).

Pero algo dentro de mí me dice que con tu ida, se iban también las esperanzas de días más claros y alegres...

Edén 2

Adán besando a Abel después de que Eva le dejara por la serpiente.

Caín asesinado por una manzana gigante.

Fin de una civilización...

Pasado

Inmersos en una época en la que una noche de fiesta podía durar medio año, los humanos comenzaron a practicar la recién descubierta amputación de recuerdos pasados para conseguir no saturarse de las vivencias de sus momentos de ocio.

Aunque en un principio se realizaba de forma muy controlada, pronto florecieron las clínicas ilegales en las que prometían borrones de infancia traumática o adolescencias tormentosas.

Algunos de los más intrépidos se aventuraban incluso en la extirpación tardía, en la que se eliminaba todo recuerdo almacenado hasta la noche anterior.

Y en medio de esta hecatombe histórica, nació una nueva profesión de la que me considero el profesional más adelantado.

Por un módico precio, paso tardes con mis clientes con la simple compañía de un té. Las charlas son más bien monólogos, puesto que me dedico a contar datos del pasado de aquel que se encuentra enfrente de mí.

Obviamente, su pasado lo desconozco, al igual que ellos, pero paso horas inventando aquellas vacaciones que pasamos juntos en la playa o la noche en que coincidimos en el bar de la esquina y le acompañaba una rubia despampanante o un fornido mocetón.

El secreto de mi éxito es no contar nunca dos veces la misma historia...

Una mirada tuya

Estoy seguro de que si prohibieran el uso de gafas de sol en el interior del transporte urbano, el número de parejas crecería exponencialmente...

Sorpresas

Anoche me sucedió un hecho de lo más extraño. Desarrollaba mis funciones con fantasma profesional a tiempo parcial en el caserón de la colina, trabajo con el que gano un sobresueldo para mis caprichos (véase mi extensa galería donde acumulo huesos de colección), que ya se sabe, que con la pensión de defunción uno no puede sobrevivir -esta frase no pretendía ser un chiste-, cuando de pronto entró, intrépido, un niño.

Horas antes había espantado a una pareja de jóvenes que querían convertir mi morada en su nidito de amor, y aún quedaban repartidas por el suelo las velas que no llegaron a ser testigo de su pasión.

Bajo aquella tenue luz, el niño entró y acercándose a mí, me dijo:
-Hola, fantasma, ¿sabes? Yo soy tú...

Efervescentes

El sábado noche, se me olvidó contarlo, debí realizar una visita de urgencia al supermercado nocturno de los besos.

Compré una caja de roces encapsulados y unos cuantos besos dulces, que aunque ya no estaban de oferta no me salieron demasiado caros.

Ójala hubiera supermercados 24 horas donde encontrara algo de motivación en sobres efervescentes, porque a este paso no me siento a estudiar ni a la de 3...

Largo domingo de vagancia

Comienzo el sábado pensando que debo estudiar y a medio día del domingo compruebo que no he hecho prácticamente nada (son bienvenidos los reproches de Aldeana al respecto, me los merezco).

Me empeño en echar las culpas a la falta de costumbres y hábito que tengo tras mi Erasmus. Que no es que allí no hiciera nada (o sí), pero es que llevo tres meses sin tocar un subrayador, y ahora lo único que me apetece hacer son dibujitos con el amarillo fosforescente, y rellenar los espacios de las letras en las frases escritas sobre los apuntes (que a penas he leído).

Lateralmente, me descubro en mis continuas despedidas. De gente que se atreve a emprender el viaje que tanto miedo me da. De otras personas que parten a unas vacaciones merecidas y a las que voy a echar de menos.

Entonces abro los libros y no encuentro el consuelo necesario porque todos me dicen aquello que debería estar haciendo.

Frustrante.

Esta mañana, cuando ha sonado el despertador y lo he vuelto a poner para una hora después (ayer me pasé; pensaba volver a casa tres horas y media antes de lo que lo hice), el montón de apuntes sobre el escritorio se me ha echado encima para recriminarme mi falta de responsabilidades.

Tiene razón.

No valgo ni para basurero (y con un gran respeto hacia los basureros)