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Bajo Arboles Mojados

Reiniciar/Promesas que no valen nada

    Hoy me perdí entre tres edificios. Quizá sea por mi estado psicológico actual. Pero me he perdido.
    
    No soy una persona dada a perderse. Siempre he tenido bastante desarrollado el sentido de la orientación. Siempre he sabido lo que quería y dónde encontrarlo.
    
    Continúo sabiendo lo que quiero, pero en estos momentos no es algo que dependa de mí, el alcanzarlo.
    
    Mientras tanto, y parafraseando el título de una canción que me gusta (que adoro, que me hace llorar, que me retuerce el estómago con cada acorde y que siento más actual en mi historia personal que nunca), no puedo hacer nada más que Reiniciar.
    
    Aunque, también parafraseando otra canción que me gusta (ídem del paréntesis anterior), pueden ser todo Promesas que no valen nada.
    
    Ambas de Los Piratas...

Quiero...

... apagar el grifo ya...

¿A qué sabe tu coño?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    Anoche me fui a la cama con pelucas rosas en la cabeza y con una conversación extravagante recién oída en una peli:

    -¿A qué sabe tu coño?
    -A gloria...


    Y también con la certeza de esta soledad que nadie puede solucionar.

    Y me he levantado envuelto en la posibilidad de una gran mentira. Las mentiras crecen, eso ya lo sabía. Crecen y te rodean y te circundan hasta clavarse por todos los poros de la piel. Y tú acabas por no darte ni cuenta.

    Quiero certezas y un abrazo y un helado de limón.

    Sólo tres cosas ahora...

Saber llorar

    Hasta el año pasado, justo en abril, había llorado bien contadas veces en 3 años.
    
    Cierta persona me hizo prometerle que no lo haría. No me llores nunca, decía.
    
    Claro, yo le hacía caso, y como le veía en todas las cinturas que acariciaba, en todos los labios que besaba, pues tampoco a ellos les lloraba.
    
    Hace un año, justo en abril, hice daño a alguien que no tenía los labios ni la cadera de aquel que me hizo prometer. Y lloré.
    
    Desde entonces he llorado más veces. Las primeras, no lo recordaba, y me ahogaba, porque no era capaz de coordinar el llanto y la respiración.
    
    Es difícil llorar si uno pierde la práctica.
    
    Creo que he acabado recordándolo a la perfección. No estoy diciendo que sea un llorón. Lo hago sólo si la situación lo requiere.
    
    Y es extraño estar escribiendo esto y manchar el teclado con ese líquido salubre al que me gustaría desacostumbrarme de nuevo...

Certezas

    Mañana es jueves y escribo raro.
    
    Son dos de las pocas cosas que tengo claras ahora mismo.
    
    Lo primero lo sé por un par de razones de peso. Una es que sé que hoy es miércoles, por lo cual mañana, a no ser que se dé un accidente espaciotemporal, tendrá que ser por obligación jueves. Aunque lo que realmente me confirma que mañana será jueves es esta seguridad que tengo en mi cabeza de que mañana no trabajo. Yo no trabajo ni lunes ni jueves. Ni domingos. Como ya tuve un lunes sin trabajar hace poco, el próximo día en que no voy al súper tiene que ser jueves, preciso.
    
    Los domingos huelen de modo diferente, incluso desde el sábado por la tarde.
    
    Sé que escribo raro porque me lo dice mucha gente. Mucha. Para mí no es raro escribir de estas cosas ni en este modo. Aunque si la gente, mucha, se empeña en decir que escribo de un modo poco habitual, pues tendré que darles la razón.
    
    Aunque la verdad, me da bastante igual.
    
    Y sigo esperando.

Caminando espero

    Ayer salí a pasear. Solo, con el iPod y sin ningún destino concreto.

    Caminé por el pueblo y cuando llegué a alguna de sus puntas, di media vuelta y continué caminando.

    Me sentó bien. Hacía una tarde de vicio, de esas para hacer el amor en las terrazas y no quedarse helado ni pasar calor.

    Así, caminando y escuchando música, espero. 

Quiero una cometa.

    Los regalos de cumpleaños son un tema difícil y a parte.

    Yo opino que soy una persona fácil de regalar. Me paso 11 meses del año diciendo lo que me gustaría tener. Y luego, en abril, callo.

    De este modo consigo que la gente que tiene algún interés en regalarme algo me preste atención el resto del año.

    Este año había querido muchas cosas. Muchas. Hace unos meses.

    Ahora sólo quiero una cometa y una promesa.

    Si no hay promesa, no quiero cometa.

    Pero me encantaría recibirla... 

Expectativas

Expectativas

    Hoy es mi cumpleaños.

    Hace un mes o así tenía ciertas expectativas para con este día.

    Las expectativas se pueden cumplir o no.

    En este caso, no.

No quiero

No quiero tener que pedir la vez de tu cama...

Alcohol trasnochado

    Pasan días y crecen incertidumbres. Tengo una incertidumbre, precisamente, anidando en mi barriga. Unos centímetros por debajo del ombligo.
    
    Susurra frases lapidarias y sentencias suicidas. Procuro no hacerle caso.
    
    El alcohol trasnochado fluye por mi cuerpo, ahora.
    
    Necesito seguridades. Y que me abrace.

Un poco solo

    Sé que son las 7 de la mañana. Lo sé.

    Aún así, no puedo evitar recalcar ese halo de desgracia que tienen para mí las fiestas de Moros y Cristianos que comienzan mañana.

    Desgracia que se ceba y toma forma de nubecita negra de tormenta sobre mi cabeza. Parezco el tonto de una serie de dibujos animados.

   

   

    Un poco más solo, ahora. Un poco que va desde bastante solo a infinitamente solo. 

En mi cabeza

    Había un niño llorando. Enfrente de mi casa. Llorando.

    Gritaba "Papá papá". No sabía muy bien si era porque le había castigado y le había dejado en la calle o porque se había perdido.

 

    Podría haberme acercado a preguntar, aunque he temido que apareciera el susodicho padre y me mandara a la mierda por metomentodo.

    Al final, no sé por qué extraña razón, me he metido en mi portal y he cerrado rápido para dejar de escucharle llorar.

    Aunque ahora no dejo de escucharle en mi cabeza... 

Os aburro

    E dice que dese que tengo internet y cuelgo posts casi todos los días, cuento cosas poco interesantes. Que él prefería que escribiera menos y contara cosas con más contenido, con más sustancia.
    
    Creo que tiene bastante razón. Podéis pensar que no os importa lo más mínimo si he quedado con alguien o si me he duchado y he llorado. Aunque a mí a veces me apetezca contarlo.
    
    Así que a partir de ahora voy a intentar contar cosas algo más interesantes.
    
    Hoy es el día de las hogueras en mi pueblo. Quemamos montones de leña. Se supone que también se queman las cosas malas que almacenamos en nuestras estanterías interiores. Sacar todo lo podrido y tirarlo a la hoguera.
        
    Tengo muchas cosas podridas últimamente. Dentro. Habrá que ir haciendo sitio a libros nuevos...

Quizá lo intente

    El insomnio hoy ha querido darme una noche de tregua. La pactamos ayer tras largas horas de negociación. Salí ganando yo. Creo.
    
    Más descansado, me enfrento a un día de trabajo agobiante, la soledad, y una cena con una amiga que deparará muchas sonrisas y quizá (sólo quizá) una borrachera.
    
    Sería divertido emborracharme esta noche. Quizá lo intente.

Imberbe

 

 

    Me obligaron. En la tienda.

    Ahora sólo raspo un poco...

(Por cierto, estoy actualizando de nuevo mi fotolog, el enlace está en el lateral izquierdo, "en algún rincón de tu espalda"... que lo sepan). 

Bastante bien

    El día comenzó bastante bien. Escuché un apelativo cariñoso a las 3 de la madrugada que me hizo dormir mejor de lo que en un principio hubiera previsto.
    
    Me desperté cansado, tanto como puede estarlo una persona que duerme menos de 6 horas durante 4 días. Y estuve atento a las cosas que me rodeaban y me explicaban.
    
    El café me supo a gloria y estaba, además, acompañado.
    
    Pero, entonces, llegó la comida...





(y aquí me quedo)

En mi butaca

    Me despierto en mitad de la noche y miro ese lado de la cama que has ocupado eventualmente.
    
    No me gustan las eventualidades.
    
    Doy vueltas y más vueltas. Creo que me estoy convirtiendo en un huracán o que han puesto la lavadora en el programa de centrifugado.
    
    Siento que te fugas y te vas.
    
    No me queda más que esperar, sentado en mi butaca, los títulos de crédito.

Ducha

    La ducha caliente.
    
    Me acurruco en una esquina, denudo, y dejo caer el agua. Hirviendo.
    
    Lloro.
    
    El baño se llena de vaho. El vaho nace en mi piel y se deposita en las paredes, el espejo, la ropa.
    
    Parezco un grifo de vaho.
    
    Calmado, me seco. Hoy, decido, continúo...

La matrona

    Lo bueno de volver al "cole" es poder hacerlo al lado de una matrona. Imagino que habrá de todas, pero la que me ha tocado a mí es de lo más interesante.
    
    Podemos pasar horas hablando de sexo adulto, comentar historias y casos, tomar un café con tostadas y aceite, o simplemente, tocar las barrigas de las embarazadas.
    
    Es interesante y emocionante estar con la matrona.
    
    Imagino que deben sentirse inmensamente responsables, pues la educación primera que reciba un recién nacido procederá de la matrona. Así pues, son como unas madres, pero en la distancia. Las matronas.

Tristón (sin Leoncio)

    Ando algo tristón, yo. Esta mañana he aplazado levantarme de la cama como tres veces.
    
    Necesito piscina, y cansarme de verdad, y pasar por lo menos 24 horas con mi chico, a solas y sin aburrirnos.
    
    Quiero chocolate y cine con mis amigos, y salir de fiesta y emborracharnos todos casi sin querer.