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Bajo Arboles Mojados

Personal

Alucinaciones del Calor

La otra noche, en medio de los calores del verano que no me dejaban dormir, tuve una especie de sueño o alucinación.

Me veía a mí mismo desde fuera, acostado en la cama y sudoroso. Y de momento aparecían una especie de hadas pequeñitas y haladas (creo que fue el día que vi de nuevo "El sueño de una noche de verano"). Las hadas se acercaban a mi oído y me preguntaban por mi deseo más oculto, por el más intenso.

Tras mi contestación, ellas comenzaban a hacer de las suyas. Soplaban con polvo dorado en mi pelo, que creía extraordinariamente rápido. Introducían sus pequeños aguijones en mis labios y los hinchaban. Lo mismo ocurría con mis pechos. Arrancaban con suavidad el vello que crece en mis piernas y en la cara... En definitiva, estaban transformándome en una jovencita atractiva.

Y no es porque mi deseo más profundo fuera el de travestirme, para nada, estoy completamente contento y satisfecho de mi sexualidad.

Lo que provocó que las hadas realizaran esa transformación, fue mi petición de poder llegar a gustarte por encima de tus prejuicios...

(A)normalidad

Por fin de vuelta. Han sido 5 días de trabajo fuera de casa. Durmiendo y comiendo poco y mal. Extrañando cama y amigos. Echando en falta descanso y con la boca a punto de sangrar con cualquier sonrisa.

Pero también ha habido otra cara de estos días. He visto amanecer 4 días seguidos. Me ha despertado en mitad de la madrugada el sonido del tren pasando por el lado de donde dormíamos. Las tardes de playa o el café con media tostada de aceite en cualquier bar a la una del medio día.

Mañana, vuelta a la (a)normalidad...

Sólo es un supuesto

Imagine la situación: Usted llega tranquilamente al autobús, después de una mañana de trabajos y viajes interurbanos.

Sube al autobús y lo encuentra abarrotado. Pero por suerte hay, al fondo del mismo, un par de asientos libres. Decide usted sentarse allí. Se encuentra en uno de esos momentos en los que la asocialidad tiende casi a infinito y prefiere estar sólo, con la música de su disk-man y el libro que le ha prestado su hermano pequeño (La princesa prometida, ya que estamos imaginando, imaginen bien todo).

Entonces entra un chico. Joven. Mayor de edad. Desconocido. Y quedando aún sitios libres en el autobús (aunque teniendo que sentarse obligatoriamente al lado de alguien), decide, el susodicho, descansar plácidamente a su lado. Saca su reproductor musical. Lo enciende. Cierra los ojos. Y a los dos minutos ya duerme plácidamente (o eso parece). Hablamos aún del acompañante, el joven que entró después de usted.

Pero dos curvas después, y debido al tambaleo típico del transporte de masas, el joven recuesta suavemente la cabeza sobre su hombro. Sí, el de usted mismo/-a.

Deje de imaginar. Ahora plantéese la siguiente duda:

¿Debería besarle?

39'50 ºC

39,50 ºC. Imagino que en algún momento de la noche del lunes al martes aún me subiría algo más la fiebre...

Es divertido soñar con fiebre. Es decir, la mayor parte de las veces tienes pesadillas extrañas, pero son tan, tan reales, que cuando las analizas después no puedes más que reírte. La última vez que tuve fiebre coincidió con la preparación de mi insectario para una de las asignaturas de la carrera. Y me pasé toda la noche acurrucado en un rincón de la cama, sin a penas moverme, porque pensaba que estaba en medio de una tabla gigantesca de corcho llena de escarabajos y mariposas, y temía que al moverme pudiera estropear alguno de los bichos que estaban secándose para una gigantesca colección.

Esta vez mis sueños (o mis pesadillas) han tenido algo más de contenido analizable. El lunes por la noche soñé que estaba aprendiendo alemán, y que mis profesores no paraban de decirme que esta lengua era muy especial porque era capaz de transmitir sentimientos directamente, pudiendo llegar a manipular a la gente. Era extraño. Dormí con la luz encendida, y si tenía los ojos abiertos veía mi cama, mis sábanas, mi manta (sí, es verano pero yo tiritaba de frío),... Pero al cerrar los ojos, todo cambiaba, la percepción de todo mi alrededor cambiaba y ya no estaba en la cama sino rodeado de una amiga mía que es alemana y de una conocida que también lo es. Ellas hablándome alemán y yo las entendía, pero no era capaz ni de transmitir sentimientos ni de resistirme a sus manipulaciones.

Esta noche la cosa ha sido más tranquila. En algún momento de la noche he soñado que la banda de mi pueblo, conmigo incluido, hacíamos un concierto en la universidad, en una de las clases grandes. El director se colocaba en la tarima desde donde imparten las clases los profesores, y los músicos nos sentábamos en las primeras filas de mesas. El público, que eran mis propios compañeros de clase, justo detrás, en las últimas filas de asientos. Pero yo no. Debido a no sé cuál extraña razón, yo me recostaba en una cama y tocaba el saxo. Y la verdad es que lo hacía bastante mal (sobre todo si tengo en cuenta de que yo toco el oboe y de que la única vez que había tocado el saxo era en otro sueño que tuve hace ya tiempo). La imagen de yo en la cama con el saxo puede hacer las delicias de cualquier interpretador de sueños bastante freudiano... Yo, la verdad, aún no lo he llegado a interpretar.

Ahora ya parece que estoy algo mejor. La fiebre aún no me abandona, aunque ya ha bajado algo. Aún tengo la garganta fastidiada. Y parece que se haya colocado un gran nubarrón negro entre mi hueso frontal de la cabeza y mi cerebro, que me impide pensar con claridad y hace que entorne ligeramente los ojos. Esperemos que mañana ya esté bien del todo...

39'50 ºC (y II)

También he soñado esta noche (antes se me había olvidado) que tenía el valor suficiente para preguntarte si después de haber ido al cine también con ella, y siguiendo el mismo patrón que seguiste conmigo, la ibas a dejar este fin de semana, como hiciste conmigo, para luego ir diciendo por ahí que ella te metía en situaciones comprometidas, buscando tu mano a escondidas bajo las butacas del cine...

La insoportable levedad del ser

La insoportable levedad del ser El amor y la filosofía no entran demasiado bien con resaca...

Menudo día

Llevo toda la mañana cruzándome con mis fantasmas por casa... Nada más despertarme, me he encontrado a la soledad abrazada a mí en la cama. Tras un beso de buenos días y algún que otro abrazo, me he levantado y he ido a la cocina, donde he desayunado con el miedo al compromiso.

Mientras me duchaba, ha entrado la confusión y me ha frotado concienzudamente la espalda. Y ahora, cuando volvía de comprar el pan y el periódico, la melancolía me ha ayudado a acarrear con las bolsas con la compra.

Ahora no hago nada más que buscar a la tristeza, porque tras tus palabras de ayer no puedo más que echarme a llorar, pero creo que se ha ido a tomar café con los juegos de amor.

Si alguien los ve que me avise, por favor...

Anorexia

No me acabo de acostumbrar. Aún me doy comilonas y luego me entran los retortijones y las ganas de vomitar. Y no me doy cuenta de que mi estómago se ha encogido. De que mi interior se ha encogido.

Hay que dejar lugar al corazón que se ensancha contigo dentro...

Malditos sueños

Esta noche he soñado, por tercera vez, que te enseñaba a hacerme el amor...

Hasta del CSIC

Hasta del CSIC Consultando mi contador de visitas, veo que me visita con cierta frecuencia alguien del CSIC de Madrid. Tengo un par de mensajes para esa persona:

1. Soy biólogo en paro... Enchúfame en el trabajo.
2. No andarás haciendo un estudio sobre la (poca) psicología de algunos bloggeros?

Si me contestas a este mensaje íntimo y personal, prometo mi eterna amistad... Ya sabes mi mail (aparece al final de la página). Un abrazo!!

Imaginando

Para superar mi último fracaso amoroso, decidí inventar en mi cabeza una aventura con cualquier (des)conocido.

Todo fue muy bien. Le dedicaba mis poesías, pensaba en él por la noche cuando no podía dormir, y todas esas cosas que hacemos cuando estamos enamorados.

El problema es que ahora me he enamorado de verdad. De una historia inventada. Y para colmo, estoy seguro de que me está poniendo los cuernos...

Suspiros

Tengo un suspiro ahogado en la garganta que no me deja respirar...

Feliz Verano

Es una gozada poder bostezar traquilo, ya terminados los exámenes, y no sentirme culpable porque tenga algo que hacer.

Feliz verano...

Luna de Verano

Luna de Verano (01'15 am)

Había algo que me llamaba en el comedor de casa. Así que de puntilla, descalzo y casi desnudo he salido de la habitación. Era tarde, así que intentaba no hacer ningún ruido, aunque se han escapado algunos crujidos de mis pies.

Como he salido sin gafas, y soy bastante miope, no sabía qué era aquello que brillaba en el suelo, cerca de la mesita de cristal del comedor, así que he intentado apartarlo despacio con los dedos de los pies, para comprobar que no era más que Su brillo, que se filtraba por el resquicio de la ventana que aún estaba abierta,

Entonces me he asomado, sólo para asegurarme que estaba allí. Y para bañarme un poco en Su brillo plateado.

Más calmado, he vuelto a la cama y me he recostado sobre las sábanas verdes, sabiendo que Ella velará por mis sueños...

Llueve y no estudio

¿Cómo quiere Dios que estudie programando para el cielo una tormenta tan espectacular como la de ayer tarde?

Sí, soy de esa gente rara que se sienta frente a la ventana para ver llover... Siempre y cuando no puedo bajar a mojarme un rato...

Orgulloso III

El fin y al cabo, cuatro labios forman un beso... Sean los labios de quien sean...

Orgulloso II

Orgulloso II ... Lo recordé... Feliz día del Orgullo Gay...

Orgulloso

Orgulloso Hoy me siento especialmente orgulloso... Aunque no sé muy bien por qué...

Insomnio (1'46 am)

1'46 am. No consigo dormirme. Doy vueltas desnudo en esta cama que me queda ancha. Quizá no dejo de pensar en ti.

—Desde que lo dejasteis se te ve mucho mejor...
Sí, estoy mejor.
(a tu lado).

—...más feliz...
Creo que ahora vuelvo a sonreír. A esto es a lo que llamáis felicidad, ¿no?
(contigo)

—...te lo dice alguien que te quiere...
¿Me quieres?
(te quiero).

—...Twenty kisses.
Besos. Como el que aún no te he dado.
(en el corazón).

Simulacros

Que habíamos descubierto cómo dormir juntos sin que mis padres se enteraran.

El despertador sonaba y los dos nos quedábamos medio soñolientos en la cama, aún desnudos y abrazados. Había besos. Y caricias. Quizá algo más.

Luego nos levantábamos, e íbamos a la cocina. Habías comprado leche y cereales y pan para tostar y mantequilla para untar.

Cuando terminábamos, yo me dirigía a la puerta y tú me pedías que me quedara un poco más. En la puerta me dabas otro beso, y me intentabas arrastrar hasta el sofá del comedor. Yo me dejaba vencer.

Y luego, viendo la hora, te decía que me tenía que ir corriendo o llegaría tarde. Entonces sí me dabas otro beso en la puerta y me dejabas marchar.

Y yo llegaba a casa a las 4 de la madrugada, y me metía de nuevo en la cama. Y caía en el sueño sonriente sabiendo que había dormido ya contigo...