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Bajo Arboles Mojados

Personal

Teoría (del hogar)

Llevo una libretita de post-it’s en el bolso que tienen todos escritos la misma palabra. Una y otra vez. Cientos de hojitas amarillas con la palabra "Casa".

Porque tengo la manía de pegar estas hojas en los sitios donde me siento a gusto. Así, a las pocas semanas de llegar a Italia coloqué una de estas hojas debajo de mi cama. Y en la habitación de Violeta. Y también guardé una en algún lugar del cuarto de un amigo mío de Alicante, que me hospeda cada vez que me quedo allí. Y en el piso donde como todos los días que me quedo en la universidad.

Y desde hace un par de días, he descubierto que también puedo meter hojitas en el interior de los corazones.

Teoría (del azul)

Nunca se me había ocurrido pensar que detrás de las nubes de los días grises como hoy, el cielo, siempre está azul.

Posible guión de cine II

Hay otra historia que comienza con una chica que cruza por delante de mí con un paraguas.

Llueve.

Y yo estoy dentro de un coche.

Quizá luego decida si la chica conoce a un chico, o a mí, o si muere, o si no. Aún no lo he decidido.

Pero quédense con la chica.

Y el paraguas.

Y no olviden la lluvia.

¿A que es bonita?

Posible guión de cine I

La cosa fue más o menos así. Bueno, no lo recuerdo bien del todo. Pero creo que primero hubo caricias, y luego pasamos a temas más interesantes. Tardamos aún algún tiempo en besarnos. Quizá meses. Tampoco lo recuerdo bien del todo. Sólo sé que tuviste que inventar una excusa sobre un juego tonto para besarme sin asustarte. Y aunque aquella noche besamos a más gente, sé que sólo nos besamos tú y yo.

Es extraño. Creo que nunca hasta ahora había escrito túyyo siendo tú tú y yo yo.

Bueno, la historia continúa a lo largo de un tiempo en el que nos decimos muchas mentiras y te escribo muchas tonterías. Y alguna poesía. O más. Esto también lo recuerdo. Y que me volviste a besar, pero esta vez lo disfrazaste con mucha ginebra. Era de noche. Y caminábamos por lo oscuro.

Desde entonces el guión quedó en Stand-by.

Hay veces que es mejor no acabar las películas. Podrían llegar a tener finales de lo más surrealistas.

Teoría (de muchas cosas)

Veamos como comienzo. Hay muchas cosas de las que hablar, y poco tiempo para hacerlo. Podría comenzar hablando de los jersés, y de lo abrigados que son y de cómo me hacen subir los colores en clase, puesto que siempre llevo ropa de más en clase. Otro tema de interés serían los helados en invierno, que tengo unas ganas locas de que se me pase esta gripe para poder volver a atacar alguna tarrina de esas de medio litro o de litro y medio de Tiramissú. No dejar pasar la oportunidad de hablar sobre las lucecitas que hay estos días en las calle, que le hacen a uno sentir vivo. Independientemente de si se celebran las navidades, o la Pascua judía, o el medio año chino. Que lo importante son las lucecitas blancas que cuelgan de todos los sitios.

A parte, es extraño esto de las caricias y las cosquillas. Me encantaría que alguien me hiciera llegar algún artículo científico que explicara la razón de que sólo tengo cosquillas cuando voy a hacer el amor. Seguro que es algo que le ocurre a un porcentaje de la población elevado y seguro que algún científico aburrido (o no tanto) se decidió a estudiarlo y a experimentarlo.

Y los turrones, y polvorones, que siempre me saben algo iguales, aunque sean de almendra o de chocolate o de canela. Quizá sea por esa extraña afición que tengo de meterme en la boca todos los polvorones al mismo tiempo, junto con cachitos de todos los turrones que tengo a mi alcance, algún Ferrero y otras delicias varias, mientras trago un trago del herbero de la boda de mi prima.

Bueno, creo que ya he hablado de muchas cosas hoy. Y que me duele la garganta.

Punto. Y final. Por hoy.

Teoría (del dolor)

Teoría (del dolor)

Me duele mucho la garganta.

Tanto, que no me deja escribir a gusto…

Añadido a las 11:40:

Ayer tarde cuando fuimos a la tienda de chucherías, me quedé con las ganas de comprar aquella bolsa de indios y vaqueros de plástico, con sus pistolas y sus hachas de plástico, y quedarme toda la tarde jugando con ellos sobre tu barriga (aunque sea casi una ausencia, tu barriga).

Teoría (de la fiebre)

Ayer por la noche, cuando me fui a la cama, noté como de momento la fiebre subía incansable hacía mi cabeza. Era una sensación palpable, casi podía tocar como los grados de más ascendían desde el corazón a la parte más alta de la coronilla. Intenté infructuosamente pararla. Pedí a mis ayudantes que me abrazaran fuerte por encima del miocardio, para ver si un retraso en el ascenso de la fiebre conseguía cansarla, pero lejos de desanimarla la empujaba con más fuerza hacia arriba. 

Así que sin otras alternativas, volví pronto a casa, tomé un Frenadol y me fui a la cama.

Esta mañana mi vaso de leche llevaba miel…

Teoría (del aprendizaje)

La garganta duele con el frío.

Los besos calientan los labios (aunque pueden cortarlos si se muerde).

Tres meses después, he aprendido poco más.

Y que le quiero. 

Teoría (del miedo y las noches)

Cuando era pequeño siempre dormía con las sábanas y el edredón sobre la cabeza. Tenía muchas manías yo para dormir, la verdad. Me cubría hasta la cabeza, dejando un agujerito para respirar aire fresco. Además tenía que tener todo el cuerpo completamente recto, es decir, no podía tener un brazo flexionado o una pierna doblada. Ya he dicho que tenía muchas manías. Para dormir.

Y es que todas las noches, cuando era pequeño, tenía mucho miedo. Pánico, más bien. Escuchaba siempre ruidos, creía que los crujidos de los armarios viejos eran monstruos que me espiaban desde las esquinas de la habitación. Además, evitaba que mi pie sobresaliera del colchón por la parte de abajo, la parte que está más cercana a la puerta. Si alguna vez algo hubiera rozado mi pie y me hubiese despertado, me hubiera muerto del susto. 

Una vez mi prima me dijo que era ansiedad. Mi prima la psicóloga me dijo que era ansiedad. Porque yo dormía así, con la cabeza bajo las sábanas hasta pasados los 18. Y continuaba teniendo miedo.

Ahora, cuando tengo miedo, busco alguien a quien abrazarme.

Teoría (de la independencia y el mecenazgo)

Tras la vuelta de papá y mamá, se confirma la necesidad de un mutis por el foro lo antes posible. Pensé anoche en escaparme, pero veía muchísimos inconvenientes tales como las búsquedas y todo eso. Además, tras la desaparición de  una joven en mi pueblo, empapelaron cabinas telefónicas y postes de la luz de “se busca”s con la foto de la susodicha. No me gustaría pasear de incógnito por mi pueblo y encontrarme en cada rincón. Además, conociendo a mis padres, seguro que empapelaban también media ciudad. Y no. No tengo ganas.

La siguiente opción que pensé fue una salida algo más digna, en plan papá, mamá, he decidido irme de casa para poder continuar creciendo. Pero seguro que no lo comprendían. Y dado que mi sueldo ha disminuido drásticamente, pues necesitaría algo de apoyo económico, y no creo que me financiaran. 

Pensé también en la opción de un mecenas que subvencionara mi carrera. La de enfermería y la poética. Pero pensando en el tipo de compensaciones que debería dar a mi protector, y pensando en mi actual estado civil, pues decidí declinarlo.

Así que después de sopesar muchos pros y contras, me veo en la obligación de continuar aguantando, durante alguna temporada más, los vientos y mareas de casa…

Currículum

Los de alacalle me pidieron un currículum para colgar junto con mi poesía, así que he decidido mandarles esto:

Salvador Esteve Juan vino al mundo hace 23 años en Onil, un pueblecito de Alicante, con la clara intención de sumir a la humanidad en el caos más absoluto, pero pronto declinó la idea, cuando a la tierna edad de 1 año se vio sentado frente a un juego de construcción y olvidó sus ansias dictatoriales.

Creció más bien poco en estatura y sus aficiones se compartieron entre sentarse frente a la lavadora y bajar con su padre a ver el camión de la basura por las noches. De pequeño quería ser basurero. Luego arqueólogo.

Con 18 años comenzó una licenciatura en Biología que le haría crecer algo más (esta vez por dentro), al tiempo que comenzaba su extraña afición de crear mundos imaginarios, afición que mutaría pronto en una bitácora (http://blogia.com/arbolesmojados) donde colgaba diariamente fragmentos del mundo distorsionado que llegaba a sus retinas.

Escribió su primera poesía en la mecedora de casa de su abuela. Fue malísima. La segunda, 4 días después, nacía en un autobús de regreso de Madrid, marcando el que sería el inicio de la extraña relación entre sus musas y los medios de transporte. Esta poesía tampoco fue buena.

Actualmente estudia Enfermería en la Universidad de Alicante.

Nunca ha publicado nada.

Teoría (de los premios y ella)

Ya era hora de que me tocara algo así , porque al fin y al cabo lo escribí desde dentro, más o menos desde la altura del hígado, bueno, un poco más arriba, en anatomía creo que se le llamaría cavidad pericárdica, creo, no estoy seguro. 

De lo que estoy seguro es que ahora me tocará enseñárselo, porque lo prometí a alguien, y no sé cómo podrá reaccionar, no tengo ni idea, igual no le gusta que escriba de mí, y de ella, y de nosotros, la he visto pocas veces emocionada, a ella, y casi nunca por cosas buenas…

Sea como sea… Era todo por ella… Va todo por ti. Mamá.

Nada

Nada mejor para perder la tarde que ver una peli con mi mano perdida en algún rincón de tu barriga…

Teoría (de las calles de buena mañana)

Teoría (de las calles de buena mañana)

Hoy ando algo cansado. Anoche fuimos al cine y se nos volvieron a hacer las mil y media (hora arriba, hora abajo). Esta mañana cuando ha sonado el despertador no he sentido mucho sueño, pero en el bus, el sol me golpeaba en la cara directamente, tan horizontal, que le he tenido que pedir, por favor, que dejara de molestarme así.

G. dice que algunas mañanas, cuando sale a la calle camino de la parada del bus, el hombre que pone las calles aún no ha llegado a su zona. Yo imagino que caminará sobre las líneas-patrón cósmicas sobre las que el hombre se basa para montar las calles. Deberá ir con cuidado, porque si resbalara o perdiera el equilibrio, la caída sería considerable. Sería más bien cósmica.

Yo ya hace tiempo que no salgo a la calle cuando el hombre que pone las calles aún no le ha dado tiempo de montar la mía. Quizá sea porque al ser una avenida mi calle, pues es algo más principal, y la coloca antes.

Ahora, ya en la universidad, me dedicaré a atender si el sueño no me vence. Aunque la mayor tentación en la universidad, en invierno, no es el sueño, sino las cafeterías. Por lo pronto, yo ya he saciado mi “mono” por un ratito… Así pues, buena mañana pasen ustedes…

Teoría (del Tiramisú)

A veces es lo que tiene cenar con los amigos. Que el bocadillo puede ser pequeño, pero las tarrinas de litro de Tiramisú llenan que da gusto...

Teoría (de las leyes marciales)

Cuando los telediarios anuncian una ola de frío polar en el país, se debería decretar una ley marcial de abrazos obligatorios. Por ejemplo, 20 abrazos en público (15 a conocidos y cinco a desconocidos) y no menos de 30 en privado. 

Para ello inventaría unos sensores que se colocarían en el pecho, a la altura del corazón, y que emitirían un pitido cada vez que entraran en contacto con otra persona. Así se contabilizaría un abrazo. Y el sensor detectaría las personas conocidas de las desconocidas (según se ha dado antes un abrazo o no). 

Así, seguro que aumentaba la cordialidad entre los habitantes del país y además no tendríamos tanto frío por las calles.

¿Les ha dado alguna vez un abrazo un desconocido?

Teoría (de la emoción, C. y Coldplay)

Teoría (de la emoción, C. y Coldplay)

            Es una sensación extraña, esto de la emoción. Me pasa pocas veces. O menos de las que debería, creo.

            Me pasé todo el concierto pensando en C., quizá, la persona a la que más quiero. Fue muy divertido cuando me llamó y me dijo: Es que antes estaba en la bañera y no he podido escucharlo... Y en ese momento, en ese preciso instante, como si Chris Martin supiera que mi hermano pequeño de 11 años estaba al teléfono, comienzan a sonar los acordes de Clocks...

            -¿Lo estás escuchando?

            -Sí... Se oye muy bien.

            -¿Sabes cuál es?

            -¡Sí! Me encanta esa canción...

            Y yo levantaba el móvil para que se oyera mejor. Y cada veinte segundos lo bajaba y le preguntaba ¿Lo oyes bien?

            Y me imagino que sería en ese momento, más o menos, cuando comencé a llorar. Por nada, la verdad.

            Quizá sólo me gustaba que a C. y a mí nos gustara la misma música, y que estuviera disfrutando conmigo del concierto.

            Quizá simplemente me emocioné...

Teoría (de las ciudades endógenas)

Son extrañas las ciudades como Madrid. Hay muchas ciudades dentro de ciudades como Madrid. Ayer me dediqué a buscar estas ciudades endógenas. Y encontré unas cuantas.

Me encanta pasear por las ciudades en invierno. Y me encanta perderme en las líneas del metro. Y luego llamar a alguien y quedar para tomar algo. Imaginé por un momento cómo sería vivir exclusivamente en el metro. No sería algo tan difícil, la verdad. Esa es una de las ciudades que encontré. 

Otra estaba formada de trocitos… Imaginé vivir de café en café, de bar en bar, y acabar dormido en los sofás de algún cuarto oscuro de algún pub oscuro de Chueca. Sería algo incómodo, pero llegaría a formar otra ciudad endógena.

Ayer también encontré el reducto de los ángeles caídos. Estos no llegan a tener una ciudad, pero caminan como almas perdidas por una ciudad demasiado grande y a veces demasiado triste. El frío y la tristeza crecen por las esquinas de Madrid.

Teoría (de las ventanas fantasma)

            Anoche vimos una ventana fantasma. M. y Yo. Estoy seguro.
           
            Eran sobre las dos y media de la madrugada y estábamos sentados sobre un colchón en el suelo, viendo una serie en su portátil. En Madrid. Hay una ventana en la habitación que da a un bloque de edificios, de lado. Pero en este lateral también hay ventanas. Aunque la de anoche no. Acabo de mirarlo ahora mismo y ya no está.
           
            Fue como si me llamara. Me giré y allí estaba. Sé que era fantasma porque tenía dos luces; dos lámparas juntas, una azul y la otra roja. Quién, a parte de los fantasmas, necesitan dos lámparas juntas en casa. Los fantasmas, como son un poco tenues, necesitan mucha luz para ver con normalidad. Es por eso que había dos lámparas en la ventana fantasma. La ventana que ahora no está.

            Sé que esta noche, cuando vuelva a acostarme, se encenderán las dos luces. Sólo espero que no se asome nadie. Uff! qué susto... No gracias, tengamos el viaje en paz.

Teoría (de Madrid)

            Imagino que Madrid tendrá esto. Que hace frío y eso, pero la buena compañía te lo apaga un poco, ¿no? Y los miedos a los reencuentros son menos con la palestina enrollada en el cuello. Las chapas me las dejé en casa, menos mal dice G., pero yo sin las chapas siento a veces que me falta algo, y cuando mañana vea a V. notaré eso, que me falta una barrera más para soportar los dos años y medio sin verle y el miedo que tengo de hacerlo. 

            Anoche se me cerraban los ojos aunque sonara Fangoria y amara el peligro, así que terminamos pronto y nos volvimos a casa, y dormí al lado de M., que no ronca pero parece mi osito de peluche, bueno, mi burrito de peluche, aunque sin querer ser despectivo. No le abracé ni nada, al igual que tampoco lo hago con Momo el burro, porque simplemente me gusta que estén ahí. Los peluches son un poco como los amigos.

            Y que también estoy echando de menos a E. Es raro, porque le echo mucho de menos, más que cuando me fui a Italia, pero creo que es normal, porque la relación va a más y le echo de menos más, pero creo que es normal, no? aunque no esté muy acostumbrado a esto de estar enamorado más de dos meses seguidos.

            Pero eso es otra historia que será contada en otro momento...