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Bajo Arboles Mojados

Paciencia

— Debes de tener paciencia. Saber esperar.

— Pero si el problema es ese. Que no sé ni si quiera lo que significa la paciencia. Que cuando he querido algo, he luchado por ello durante poco tiempo antes de conseguirlo.

— Tener paciencia significa leer cada noche un capítulo de Seda. Uno y no más. Aunque sea de tres líneas. Paciencia es tener la certeza de que volverás. O de que volveré. Y no querer disminuir los lapsos de tiempo que nos separarán. Paciencia es un beso tuyo a media noche y no estresarme hasta la mañana siguiente...

Anoche, después de dos meses y medio de lectura, terminé mi edición en italiano de Seda, de Alessandro Baricco... Leyendo un capítulo cada día.

Papiroflexia

Científicos americanos descubrieron hace unos meses que cualquier figura del antiguo arte del Origami se puede realizar mediante simples doblados y un solo corte de tijera.

Ahora comprendo.

Con tu tijeretazo sobre nuestro papel diste forma a dos niños llorando.

Acondicionador

Esta mañana, cuando me he duchado, he vuelto a ponerme acondicionador para el pelo. Digo volver porque en Parma ya usaba aquel de Chris que olía mar. A agua salada y a salitre en la piel (me encantaba).
Lo uso porque el pelo ya comienza a rizarse y no quiero usar espumas. Las espumas (y gominas, ceras, lacas...) no dejan a segundas personas jugar bien con el pelo (Andrea dixit).

Mientras lo usaba, he pensado que sería agradable encontrar un acondicionador que, tomado por la mañana, suavizara el resto del día...

Voodoo

Ayer, por fin, cumplí un sueño que tenía desde hacía mucho tiempo.

Fuimos a un 24 horas, compramos helado (de panna cotta y frambuesa) y cucharas de plástico, y nos lo comimos en el coche.

Noche rara. El local llenísimo (Voodoo, casi como nunca) y música que incitaba a no parar en toda la noche...

... Y después hay gente que necesita adulterarse para no dejar de bailar...

Laura (qué grande)

-¿Sabes que lo que te están haciendo en casa es mobing de ese?

Moradas

La lluvia de hojas llegó desde el norte. Inexplicablemente, una tarde de junio comenzaron a caer. Moradas, incesantemente.

Desde el cielo.

Continuó durante tres días. Y cuando paró, los habitantes del pueblo ya se habían habituado. Los niños salieron y jugaban con ellas. Las niñas se imaginaban casándose bajo tan peculiar tormenta. Los adultos se apuraban en hacer grandes hogueras para quemar las hojas, pues impedían el normal funcionamiento del pueblo.

De aquellos días, de aquel magnífico año, sólo queda la tradición de encender las hogueras en la noche en que la tormenta escampó. Y un vino excelente que ayuda a los más desesperados a encontrar moza para dormir...

A mí

Visita relámpago a la uni. Napolitana de chocolate con Miguel (dos términos que muchas veces van juntos) y búsqueda infructuosa de profesores.

[Inciso: Hace un par de años me acerqué a la secretaría de uno de los departamentos preguntando por un profesor y me dijeron:
-¿Tú lo ves? Nosotros tampoco. Se mueve por aquí como si de un alma en pena se tratase.]

Ahora me bajaré a Alicante a acabar de gastarme parte del sueldo inexistente que me daban por planear el exterminio de las nuevas generaciones.

Comienzo etapa nueva (¿otra vez?).

Cambios, a mí.

Me avergüenzo

Acabo de aceptar un trabajo que, por una parte me da libertad (en cuanto a que tendré dinero y posibilidad de usarlo), y por otro me la resta (al estar en mi pueblo).

Abandono mi futuro como infanticida potencial y me paso al sector servicios.

Mejor no pregunten. Me avergüenzo.

Piercings y otras cosas

Anoche, mientras veía el nacimiento de Luke y Leia, comprendí parte de mi infancia. Es como si con la revelación, con el parto de dos de los personajes que marcaron mis primeros recuerdos, me alcanzara también un entendimiento que había permanecido escondido hasta ahora.

No pregunten qué es lo que entendí. No lo sé. Sólo me consta el ENTENDIMIENTO en general y mayúsculas.

También tuve momento de plantearme, de nuevo, la hipótesis sobre la acupuntura en la oreja y el impedimento, mediante piercings, del flujo de corrientes energéticas.

¿Será debido al agujero que tengo ahora en mi apéndice auditivo izquierdo (parte superior) que he perdido parte del apetito sexual? ¿Se escarparán mis ansias libidinosas por ese pequeño orificio (1'2 mm aprox.)? Desde que lo hice he hecho el amor tan sólo 5 veces. Desde que me lo practiqué (el agujero, digo), sólo he gemido dos veces realmente.

Creo que mejor me tomo un té y me apunto a yoga...

Asco

Asco. Me doy asco cuando se está haciendo de día. Un viernes o un sábado en la madrugada, y yo aún medio borracho.

Entonces me acuerdo de mi padre, que se estará vistiendo para ir a trabajar.

Salgo corriendo del pub y levanto la vista. Arriba, el cielo clarea y la gente comienza a salir de los portales. Con el mono de trabajo y la mochila para el almuerzo. Intento huir hacia el metro, refugiarme en la esperanza de llegar a casa antes de cruzarme con 10 personas más con los ojos legañosos y las manos llenas de callos.

Imposible. Tan solo tu beso me rescata, casi cuando comenzaba a pensar en el suicidio público.

Sin fin

Busco (¿desesperadamente?) expendedor de popper para noche de risas sin fin...

Spiace

Necesito, aún, más tiempo de piernas cerradas para estabilizarme del todo.

No quiero ningún desliz.

Mi spiace.

(maldito) Luca

Que me despertaba
sobre un colchón
tirado en el suelo,
arrinconado en un ángulo
de tu habitación
grande,
y tú pintando
con los dedos negros
las sombras a mi cuerpo desnudo,
y tú vestido con tu camiseta
sucia de barnices
y unos calzoncillos
y tus piernas
sucias de pinturas.

Que venías caminando
descalzo
desde el otro lado
de la habitación
y del mundo,
y me besabas
[despacio]
en la frente.

Entonces
me he despertado.

Helado

Necesito tomar helado para alegrarme... Pero quiero adelgazar.

Ahogada

El árbol que apareció en la playa traía entre sus ramas una sorpresa.

La ahogada había quedado atrapada con su pelo entre el laberinto de ramificaciones. Los peces le habían comido la punta de los pies y de los dedos, y una estrella de mar decidió quedarse a vivir en su frente.

A pesar de los nuevos inquilinos que ahora habitaban su cuerpo, cuando la encontré me enamoré perdidamente, y no paré de pensar la razón por la que una chiquilla así, de no más de dieciséis años, se había podido quitar la vida en el acantilado.

La escondí en una gruta que el mar había creado en la ladera de la montaña, de nuevo dentro del agua, en el lago que no se vaciaba ni con la bajamar. Al pie del árbol sin hojas, con el pelo enredado, que se mecía con las ondas del mar, con la estrella de mar que asemejaba un bonito tocado y los pececillos, que continuaban buscando algo de carne en los tiernos piececillos.

Aún hoy, después de que el terremoto sellara la entrada de la cueva, no me la puedo quitar de la cabeza.

Reflexionando

Porque últimamente hay pocas cosas que tenga claras. Que no quiero que la gente me olvide y que me gusta amar con fuerza. Poco más.

Como que me gusta el frescor de las tardes de primavera en mis brazos sin mangas.

Y los helados de limón y panna cotta.

Los trenes y los aviones.

...

Esperando

Quizá no haga nada más que empeñarme (o más bien, engañarme) en creer
que los paquetes, desde Parma, tardan más tiempo en llegar.

Tensa espera

¿Qué es esto sino
otra tensa espera?

El tedio del infinito sin ti
que me abruma y me esconde
de las miradas de los más inútiles.

Y ahora no me queda
más que el sabor del café con sal
que tomo cada mañana
para olvidar la dulzura de esos
tus labios
que entre sueños no paran de besarme.

Malditos sueños.
Siempre me acaban jodiendo el día...

Ahogado

El ahogado salió a dar una vuelta por el fondo marino. La piedra que llevaba atada a una pierna impedía que la marcha fuera rápida. Y además, de vez en cuando se enredaba con algún resto de los naufragios, por lo que hacía constantes altos y quitaba aquello que se había enganchado.

Así, poco a poco, alcanzó la playa, y ya fuera del agua, se tendió al sol para secarse un poco.

Unos chavales que le encontraron un poco después no pudieron evitar muecas de asco ante la pestilencia que desprendía.

Vosotros

Cuando la cocinera acabó de preparar el magnífico manjar y lo sirvió en bandejas de plata, los comensales, algo desaprensivos y borrachos, decidieron hacer una guerra de comida.

Entonces ella, sin casi inmutarse, admitió el verdadero origen de la carne, momento en el cual, los allí presentes callaron y emblanquecieron.

Los próximos, continuó ella, podríais ser vosotros...