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Bajo Arboles Mojados

Cuentos de navidad

Aún se pregunta de dónde saqué las fuerzas para llamarle en mitad de la noche. Puede que aún no me hubiera derrumbado del todo, o quizá fue pura supervivencia.

Cuando llegó, me encontró babeando. Me había meado encima y lloraba como un bebé. Y a pesar de que hacía casi un año que no estábamos en contacto, me desnudó, me metió en la ducha y luego me llevó a su casa, donde pasaría los siguientes meses. 

Fue como enseñar a un recién nacido a vivir. Al principio me olvidaba hasta de respirar, y cuando comenzaba a amoratarme me cogía entre sus brazos, y yo torpe resbalaba, y él me oprimía los pulmones, y metía aire soplando. Luego comenzó con las lecciones de gateo, para pasar luego a caminar, hablar correctamente, escribir, y temer a la oscuridad.

Y todo esto sin que en ningún momento fuera consciente de que había sido el otro quien había roto todos los esquemas de mi cabeza para dejarme así…

Teoría (del miedo y las noches)

Cuando era pequeño siempre dormía con las sábanas y el edredón sobre la cabeza. Tenía muchas manías yo para dormir, la verdad. Me cubría hasta la cabeza, dejando un agujerito para respirar aire fresco. Además tenía que tener todo el cuerpo completamente recto, es decir, no podía tener un brazo flexionado o una pierna doblada. Ya he dicho que tenía muchas manías. Para dormir.

Y es que todas las noches, cuando era pequeño, tenía mucho miedo. Pánico, más bien. Escuchaba siempre ruidos, creía que los crujidos de los armarios viejos eran monstruos que me espiaban desde las esquinas de la habitación. Además, evitaba que mi pie sobresaliera del colchón por la parte de abajo, la parte que está más cercana a la puerta. Si alguna vez algo hubiera rozado mi pie y me hubiese despertado, me hubiera muerto del susto. 

Una vez mi prima me dijo que era ansiedad. Mi prima la psicóloga me dijo que era ansiedad. Porque yo dormía así, con la cabeza bajo las sábanas hasta pasados los 18. Y continuaba teniendo miedo.

Ahora, cuando tengo miedo, busco alguien a quien abrazarme.

Teoría (de la independencia y el mecenazgo)

Tras la vuelta de papá y mamá, se confirma la necesidad de un mutis por el foro lo antes posible. Pensé anoche en escaparme, pero veía muchísimos inconvenientes tales como las búsquedas y todo eso. Además, tras la desaparición de  una joven en mi pueblo, empapelaron cabinas telefónicas y postes de la luz de “se busca”s con la foto de la susodicha. No me gustaría pasear de incógnito por mi pueblo y encontrarme en cada rincón. Además, conociendo a mis padres, seguro que empapelaban también media ciudad. Y no. No tengo ganas.

La siguiente opción que pensé fue una salida algo más digna, en plan papá, mamá, he decidido irme de casa para poder continuar creciendo. Pero seguro que no lo comprendían. Y dado que mi sueldo ha disminuido drásticamente, pues necesitaría algo de apoyo económico, y no creo que me financiaran. 

Pensé también en la opción de un mecenas que subvencionara mi carrera. La de enfermería y la poética. Pero pensando en el tipo de compensaciones que debería dar a mi protector, y pensando en mi actual estado civil, pues decidí declinarlo.

Así que después de sopesar muchos pros y contras, me veo en la obligación de continuar aguantando, durante alguna temporada más, los vientos y mareas de casa…

Currículum

Los de alacalle me pidieron un currículum para colgar junto con mi poesía, así que he decidido mandarles esto:

Salvador Esteve Juan vino al mundo hace 23 años en Onil, un pueblecito de Alicante, con la clara intención de sumir a la humanidad en el caos más absoluto, pero pronto declinó la idea, cuando a la tierna edad de 1 año se vio sentado frente a un juego de construcción y olvidó sus ansias dictatoriales.

Creció más bien poco en estatura y sus aficiones se compartieron entre sentarse frente a la lavadora y bajar con su padre a ver el camión de la basura por las noches. De pequeño quería ser basurero. Luego arqueólogo.

Con 18 años comenzó una licenciatura en Biología que le haría crecer algo más (esta vez por dentro), al tiempo que comenzaba su extraña afición de crear mundos imaginarios, afición que mutaría pronto en una bitácora (http://blogia.com/arbolesmojados) donde colgaba diariamente fragmentos del mundo distorsionado que llegaba a sus retinas.

Escribió su primera poesía en la mecedora de casa de su abuela. Fue malísima. La segunda, 4 días después, nacía en un autobús de regreso de Madrid, marcando el que sería el inicio de la extraña relación entre sus musas y los medios de transporte. Esta poesía tampoco fue buena.

Actualmente estudia Enfermería en la Universidad de Alicante.

Nunca ha publicado nada.

Teoría (de los premios y ella)

Ya era hora de que me tocara algo así , porque al fin y al cabo lo escribí desde dentro, más o menos desde la altura del hígado, bueno, un poco más arriba, en anatomía creo que se le llamaría cavidad pericárdica, creo, no estoy seguro. 

De lo que estoy seguro es que ahora me tocará enseñárselo, porque lo prometí a alguien, y no sé cómo podrá reaccionar, no tengo ni idea, igual no le gusta que escriba de mí, y de ella, y de nosotros, la he visto pocas veces emocionada, a ella, y casi nunca por cosas buenas…

Sea como sea… Era todo por ella… Va todo por ti. Mamá.

Nada

Nada mejor para perder la tarde que ver una peli con mi mano perdida en algún rincón de tu barriga…

Teoría (de las calles de buena mañana)

Teoría (de las calles de buena mañana)

Hoy ando algo cansado. Anoche fuimos al cine y se nos volvieron a hacer las mil y media (hora arriba, hora abajo). Esta mañana cuando ha sonado el despertador no he sentido mucho sueño, pero en el bus, el sol me golpeaba en la cara directamente, tan horizontal, que le he tenido que pedir, por favor, que dejara de molestarme así.

G. dice que algunas mañanas, cuando sale a la calle camino de la parada del bus, el hombre que pone las calles aún no ha llegado a su zona. Yo imagino que caminará sobre las líneas-patrón cósmicas sobre las que el hombre se basa para montar las calles. Deberá ir con cuidado, porque si resbalara o perdiera el equilibrio, la caída sería considerable. Sería más bien cósmica.

Yo ya hace tiempo que no salgo a la calle cuando el hombre que pone las calles aún no le ha dado tiempo de montar la mía. Quizá sea porque al ser una avenida mi calle, pues es algo más principal, y la coloca antes.

Ahora, ya en la universidad, me dedicaré a atender si el sueño no me vence. Aunque la mayor tentación en la universidad, en invierno, no es el sueño, sino las cafeterías. Por lo pronto, yo ya he saciado mi “mono” por un ratito… Así pues, buena mañana pasen ustedes…

Teoría (del Tiramisú)

A veces es lo que tiene cenar con los amigos. Que el bocadillo puede ser pequeño, pero las tarrinas de litro de Tiramisú llenan que da gusto...

Teoría (de las leyes marciales)

Cuando los telediarios anuncian una ola de frío polar en el país, se debería decretar una ley marcial de abrazos obligatorios. Por ejemplo, 20 abrazos en público (15 a conocidos y cinco a desconocidos) y no menos de 30 en privado. 

Para ello inventaría unos sensores que se colocarían en el pecho, a la altura del corazón, y que emitirían un pitido cada vez que entraran en contacto con otra persona. Así se contabilizaría un abrazo. Y el sensor detectaría las personas conocidas de las desconocidas (según se ha dado antes un abrazo o no). 

Así, seguro que aumentaba la cordialidad entre los habitantes del país y además no tendríamos tanto frío por las calles.

¿Les ha dado alguna vez un abrazo un desconocido?

Teoría (de la emoción, C. y Coldplay)

Teoría (de la emoción, C. y Coldplay)

            Es una sensación extraña, esto de la emoción. Me pasa pocas veces. O menos de las que debería, creo.

            Me pasé todo el concierto pensando en C., quizá, la persona a la que más quiero. Fue muy divertido cuando me llamó y me dijo: Es que antes estaba en la bañera y no he podido escucharlo... Y en ese momento, en ese preciso instante, como si Chris Martin supiera que mi hermano pequeño de 11 años estaba al teléfono, comienzan a sonar los acordes de Clocks...

            -¿Lo estás escuchando?

            -Sí... Se oye muy bien.

            -¿Sabes cuál es?

            -¡Sí! Me encanta esa canción...

            Y yo levantaba el móvil para que se oyera mejor. Y cada veinte segundos lo bajaba y le preguntaba ¿Lo oyes bien?

            Y me imagino que sería en ese momento, más o menos, cuando comencé a llorar. Por nada, la verdad.

            Quizá sólo me gustaba que a C. y a mí nos gustara la misma música, y que estuviera disfrutando conmigo del concierto.

            Quizá simplemente me emocioné...

Teoría (de las ciudades endógenas)

Son extrañas las ciudades como Madrid. Hay muchas ciudades dentro de ciudades como Madrid. Ayer me dediqué a buscar estas ciudades endógenas. Y encontré unas cuantas.

Me encanta pasear por las ciudades en invierno. Y me encanta perderme en las líneas del metro. Y luego llamar a alguien y quedar para tomar algo. Imaginé por un momento cómo sería vivir exclusivamente en el metro. No sería algo tan difícil, la verdad. Esa es una de las ciudades que encontré. 

Otra estaba formada de trocitos… Imaginé vivir de café en café, de bar en bar, y acabar dormido en los sofás de algún cuarto oscuro de algún pub oscuro de Chueca. Sería algo incómodo, pero llegaría a formar otra ciudad endógena.

Ayer también encontré el reducto de los ángeles caídos. Estos no llegan a tener una ciudad, pero caminan como almas perdidas por una ciudad demasiado grande y a veces demasiado triste. El frío y la tristeza crecen por las esquinas de Madrid.

Teoría (de las ventanas fantasma)

            Anoche vimos una ventana fantasma. M. y Yo. Estoy seguro.
           
            Eran sobre las dos y media de la madrugada y estábamos sentados sobre un colchón en el suelo, viendo una serie en su portátil. En Madrid. Hay una ventana en la habitación que da a un bloque de edificios, de lado. Pero en este lateral también hay ventanas. Aunque la de anoche no. Acabo de mirarlo ahora mismo y ya no está.
           
            Fue como si me llamara. Me giré y allí estaba. Sé que era fantasma porque tenía dos luces; dos lámparas juntas, una azul y la otra roja. Quién, a parte de los fantasmas, necesitan dos lámparas juntas en casa. Los fantasmas, como son un poco tenues, necesitan mucha luz para ver con normalidad. Es por eso que había dos lámparas en la ventana fantasma. La ventana que ahora no está.

            Sé que esta noche, cuando vuelva a acostarme, se encenderán las dos luces. Sólo espero que no se asome nadie. Uff! qué susto... No gracias, tengamos el viaje en paz.

Teoría (de Madrid)

            Imagino que Madrid tendrá esto. Que hace frío y eso, pero la buena compañía te lo apaga un poco, ¿no? Y los miedos a los reencuentros son menos con la palestina enrollada en el cuello. Las chapas me las dejé en casa, menos mal dice G., pero yo sin las chapas siento a veces que me falta algo, y cuando mañana vea a V. notaré eso, que me falta una barrera más para soportar los dos años y medio sin verle y el miedo que tengo de hacerlo. 

            Anoche se me cerraban los ojos aunque sonara Fangoria y amara el peligro, así que terminamos pronto y nos volvimos a casa, y dormí al lado de M., que no ronca pero parece mi osito de peluche, bueno, mi burrito de peluche, aunque sin querer ser despectivo. No le abracé ni nada, al igual que tampoco lo hago con Momo el burro, porque simplemente me gusta que estén ahí. Los peluches son un poco como los amigos.

            Y que también estoy echando de menos a E. Es raro, porque le echo mucho de menos, más que cuando me fui a Italia, pero creo que es normal, porque la relación va a más y le echo de menos más, pero creo que es normal, no? aunque no esté muy acostumbrado a esto de estar enamorado más de dos meses seguidos.

            Pero eso es otra historia que será contada en otro momento...

Teoría (de las antologías y otros odios)

Me gustaría conseguir escribir un libro. Aún no he pensado sobre qué trataría mi libro. No me acabo de decidir. La poesía podría ser un tema interesante, es decir, podría ser un poemario. Pero también me ha gustado siempre escribir cuentos, así que podría ser una antología de cuentos. Pero odio las antologías.

Hay dos cosas que odio sobre todas las cosas. Y aún más en poesía. Las antologías y los versos rimados. Llamadme reaccionario o como queráis. No me gusta la rima. Me gusta el ritmo, pero no la rima. En cuanto a las antologías… Prefiero con diferencia los poemarios, que tienen una coherencia. 

Una antología es como si para enseñar un árbol a un niño tomáramos una hoja, un trozo de corteza y un trozo de raíz y le dijéramos: esto es una encina.

Yo no sé vosotros, pero yo no me lo creería. Pues me pasa lo mismo con las antologías. Que no me las creo.

Teoría (del [jodido] destino)

Anoche sucedió. Ni yo quería evitarlo ni lo causé. 

Simplemente sucedió.

Hay actos que parece que se realicen solos. Una compañera de prácticas decía ayer que el destino te evita hacer ciertas cosas. Llegas tarde a la subasta de una carrera por un accidente en la autopista. Llueve el día que tenías que presentarte a una entrevista de trabajo… Tantas cosas que parece que estén preparadas para fastidiarnos, y que al final, siempre, tienen un efecto.

Teoría (del italiano para la prosa)

 

 

 

Il freddo si attaca nel cuore...

C’è un giorno in cui i sogni ritornano nella realtà e si scioglono...

E la realtà diventa più brutta e cattiva...

(El frío se pega en el corazón...

Hay una mañana en la que los sueños vuelven a la realidad y se deshacen...

Y la realidad se vuelve fea y mala...)

Teoría (de las sábanas y los faros)

Odio las sábanas. Son un organismo pérfido, traicionero y siempre hambriento. Hay pocas cosas más fáciles que perderse entre unas sábanas. 

Cuando se duerme solo, las sábanas tienden a enroscarse entre las piernas de uno. Entre los brazos también. Y a veces se ajustan incluso en el cuello. Son como boas constrictores las sábanas.

Si se acuesta uno acompañado, la sábana se vuelve celosa, y se empeña en separar a la pareja. Y cuando comprueba que es difícil, casi imposible, se aparta. Al menos que se constipen, pensará. 

Yo intenté mandar una petición al gobierno para que instalaran faros en todas las camas. Para no perderse entre las sábanas. Un faro siempre encendido al final de la cama. En la pata izquierda. Aún no me han respondido los del gobierno…

Teoría (de los polvorones)

    Estos días de mantitas y cafés calientes sólo consiguen entristecerme un poco. No, tranquilos, no vuelvo a la melancolía. Imagino que será la tristeza típica de los noruegos en invierno, la que se da por falta de luz.
    
    No apetece más que ir al local con una peli y taparse con la mantita. Y abrazarse.
    
    Hay que tener cuidado a quién te abrazas. Es recomendable que el nivel de confianza sea lo suficientemente alto. He conocido casos de relaciones que han nacido tras un abrazo. También he conocido el caso contrario.
    
    Otro peligro muy grande de este tiempo y estas fechas son los polvorones. Uno corre el riesgo de verse transformado en un polvorón si el consumo es excesivo. Cuídense de los polvorones, nadie sabe nunca en qué momento les van a atacar, y una noche te levantas y zas!, ya te has convertido en uno...

Teoría (de las tiendas de muebles y el futuro)

Las tiendas de muebles son sorprendentes. Metros y metros cuadrados de cocinas, comedores, habitaciones… Me pasaría horas viendo alguna de estas tiendas. He estado alguna vez en un Ikea y fue toda una experiencia.

En las tiendas de muebles uno va a imaginar su vida futura. Imagina qué cocina elegirá para su casa, en qué cama pasará sus mejores noches, sobre qué sofá ser recostará para leer, acurrucado. A veces, incluso con qué manta se cubrirá en las noches de invierno con lluvia y frío (como ayer)… 

Así pues, las tiendas de muebles son como un anticipo de una vida mejor. Anticipo de madrugadas frente a la tele con tarrinas de un litro de helado.

¿Alguien se apunta?

Llueve

Hoy llueve.

Cualquier cosa más que quiera añadir no será ni la mitad de bonita que el día.

Llueve, que no es poco. Es bastante.