Cuentos de navidad
Aún se pregunta de dónde saqué las fuerzas para llamarle en mitad de la noche. Puede que aún no me hubiera derrumbado del todo, o quizá fue pura supervivencia.
Cuando llegó, me encontró babeando. Me había meado encima y lloraba como un bebé. Y a pesar de que hacía casi un año que no estábamos en contacto, me desnudó, me metió en la ducha y luego me llevó a su casa, donde pasaría los siguientes meses.
Fue como enseñar a un recién nacido a vivir. Al principio me olvidaba hasta de respirar, y cuando comenzaba a amoratarme me cogía entre sus brazos, y yo torpe resbalaba, y él me oprimía los pulmones, y metía aire soplando. Luego comenzó con las lecciones de gateo, para pasar luego a caminar, hablar correctamente, escribir, y temer a la oscuridad.
Y todo esto sin que en ningún momento fuera consciente de que había sido el otro quien había roto todos los esquemas de mi cabeza para dejarme así…
