Cosas horribles
Para eso, mejor no escribir.
Espero que se me pase rápido.
Las hogueras cansan. Tú vas con la intención de ver arder toneladas de cartón-piedra y acabas metido en un local de ambiente, con música house que no te gusta especialmente pero que no dejas de bailar porque, al cabo de 20 minutos, sólo escuchas los bajos subir y bajar, y entonces piensas, no está tan mal esta música house, aunque en realidad no te gusta especialmente.
Y claro, sin quererlo se te hacen las 7 de la mañana y ya te tienes que ir, aunque te apetezca continuar moviéndote (aquello no es bailar, es moverse) en la pista de baile sin parar. Creo que es un poco adictiva, esta música extraña...
Luego llegas a casa y duermes poco. Y cuando te levantas, te bañas en la piscina y comes poco, luego dices, ahora una siesta y luego a estudiar.
Aunque al final, nunca acabas estudiando. O sí.
Hoy me toca anatomía.
No es un chiste. Espero hacerlo.
Estudiar.
Anatomía.
El otro día estuve pensando en crear alguna máquina del tiempo que consiguiera adelantar el tiempo en el interior de la habitación de mi local donde a veces duermo o hago el amor.
La cuestión sería más o menos la siguiente: si consiguiera crear un desfase de 6 meses entre el interior y el exterior de la habitación, simplemente con dejar las ventanas al exterior abiertas, la temperatura dentro sería siempre perfecta.
Cuando en el mundo fuera verano, abriendo las ventanas entraría el calor en una habitación bastante fría en la que se necesita manta o pijama para dormir (y otras cosas).
Al contrario, cuando el exterior fuera invierno, la habitación estaría calentita, y entornando ligeramente la puerta se alcanzaría una temperatura más que ideal.
Así no se sudaría demasiado en verano. Al hacer el amor.
Ni se llegaría a coger fríos.
Dormir en la playa. Aunque fuera una cabezada de 10 minutos.
Ducha y secarme al aire, casi desnudo.
Poco más.
Pido poco más.
Quizá, repetirlo...
sabes, siempre se me queda esta sensación de desesperanza cuando te vas
como
si se fuera un trozo de aire de mi alrededor
y me costara respirar de nuevo
Es malo tener siempre suerte en los exámenes. Luego no tienes en uno y se te cae un poco el mundo encima. Aunque a mí no me suele pasar. Casi siempre tengo suerte en los exámenes.
Sólo en los exámenes.
Y en los amigos.
Y basta.
Tengo un extraño tic en el ojo izquierdo. Igual que la madre de Amelie. En ciertas situaciones, noto como me tiembla ligeramente. Creo que mis interlocutores no son capaces de percibirlo. Yo sí.
Apareció una tarde. Casi de improvisto. De momento los nervios me fallaron, y no quise explotar, pero el tic se manifestó.
Desde entonces, se repite en situaciones muy concretas. En charlas trascendentales. O mientras hago el amor. O cuando noto que hay mentiras en una conversación. Lo voy a convertir en mi detector de mentiras, je!
Hay días en los que me sobresaturo de sensaciones. Y el sol cae justo con esa inclinación un tanto peculiar, las charlas en el bus son especialmente agradables y los cafés saben a gloria en ese intento de simulación de capuccinos que han inventado los del chiringuito de ciencias.
Pero me sobresaturo fácil, así que esta tarde, antes del trabajo, me tendré que desconectar, para que el cerebro acomule lo que sea necesario, y que descansen mis pupilas y mi pobre corazón enfermo.
Tengo el corazón cada vez más enfermo. Jeje.
Uno de los primeros pasos para convertirse en poesta a jornada completa, además de vestir raro, es comprar al menos dos libros de poesía al mes.
Y no parar de leerlos hasta que salgan versos por las ojeras.
Tras los últimos posts, ha ocurrido una semana en la que no ha sucedido básicamente nada. O no he sido de captarlo.
El cansancio se había ido acomulando sobre mi espalda y poco a poco me he ido desgastando, hasta quedar completamente sepultado.
En estas condiciones, el mundo ha sucedido a mi alrededor, pero yo no he sucedido casi nada.
Y poco a poco comienzo a salir de hoyo.
Quizá necesite leer más.
Vuelta a casa tras otro día de playa. A este ritmo, este será el primer año, después de 5, que no luzco el moreno-flexo.
Hay una sensación extrañá, casi sacrílega, en sentirse así de bien con tan poco... Creo que soy adorador del dios de las pequeñas cosas.
Esta noche, quizá, cene pizza en honor a los primos napolitanos.
Hazme el favor de sonreir mucho.
La vida es una mierda. El trabajo sólo da dinero, y el dinero no es la felicidad.
La felicidad está en algún punto entre tus labios y tu ombligo.
Las sonrisas, un poco más abajo