Tormenta de Verano

Terminar de comer, preparar el café, y tener que correr a refugiarse...
Las tormentas de verano llegan. Y se van.
Ya no hay tormentas de verano en mi cabeza.

Terminar de comer, preparar el café, y tener que correr a refugiarse...
Las tormentas de verano llegan. Y se van.
Ya no hay tormentas de verano en mi cabeza.

Sé que lo dije en marzo , pero al final no pudo ser.
Ahora sí. En no más de 10 días (si las vacaciones no afectan al servicio de reparto Lomo), tendré esta cámara que reclama, ya en la distancia, ser usada.
No podía irme a Italia y no fotografiar, a través de estos peculiares objetivos, canales, torres inclinadas y besos.
Me pregunto cómo saldrán los besos vistos a través de una Smena 8mm.
Vuelve el patito feo y reclama su trono.
El día anuncia tormenta y mi cabeza reclama venganzas.
Mejor no dolerme más.
Hay polvo en mi escritorio. Crecen las montañas de trastos y propaganda, y regalos repetidos.
Odio los regalos repetidos.
Mañana, siempre me digo, recogeré la mierda. Mañana estudiaré. Mañana no lloraré. Mañana dejaré de quererte.
Digamos que no es mi mejor noche.
Supongamos que por diversas razones, al final me he quedado solo, con la posibilidad de ver mil películas y con mucha pereza.
Pensemos en el montón de platos por lavar que me espera en la cocina, o la cama, aún por hacer, prestada de mi hermano en su habitación, un poco más fresca que la mía en estos días.
Volvamos a la cama, aunque esta vez, a la mía, esa cama que esta noche volverá a ser tan ancha en su estrechez, tan fría aún a pesar del calor que continuará cayendo como niebla sobre este pueblo perdido de la mano de algún dios.
Quizá la causa de la pereza no sea otra más que la imposibilidad de poder estirar el brazo y encontrar un brazo ajeno, que se queja de mi pesadez aunque siempre acaba tendiendo una mano.
No me apetece ni cenar...
Compartir mesa, sofá, cama y desayuno (más tarde de las 7 de la mañana) en menos de 24 horas es todo un acontecimiento.
Celebrémoslo hoy con un bis.

Y claro, uno se acaba enganchando a los libros, aunque estén en inglés y sean las 2 de la madrugada. Y no se puede dejar de leerlo, y se piensa "sólo la primera página del nuevo capítulo", y se lee el capítulo entero sin quererlo...
Creo que comienzo a odiar, ligeramente, a J.K. Rowling ...
Odiémonos hoy todos. Sintámonos inútiles, imbéciles, patéticos, traidores y adúlteros, mezquinos... Que no nos atrevamos a mirarnos a la cara, que la vergüenza anide en nuestro rostro, en el lugar en el que antes había una sonrisa.
Quedémonos con las ganas de insultar a la gente que se cruza con nosotros en la calle, gritemos a los compañeros de trabajo, contengamos las ganas de enviar a la mierda a nuestras parejas.
Hoy tengo uno de esos días. No es que esté triste.
Estoy bien.
Pero es uno de esos días...

Es lo que tienen las siestas en los sofás de las casas de las abuelas cuando los sofás tienen una trama y yo algo de sueño...
Arrancaré tu
tu corazón
y lo guardaré en una pajarera
de cristal.
Y daré golpecitos
a los barrotes.
Y esperaré cada mañana
que me vuelva a decir
que me quieres.
Basándome, por ejemplo, en que Bush es presidente de los Estados Unidos, no me gusta ni me creo la frase "El tiempo dejará a cada cuál en su sitio".
Hay días en los que parece que se va a desmoronar todo, y entonces, ups, acabo tomando una cerveza tras el trabajo y hasta las 12 de la noche...
¿Sonará frívolo si digo que me encantaría compartir hasta la hipoteca contigo?
A lo largo de mi vida he colocado varios paquetes bomba en varias situaciones. Han sido explosiones controladas mediante temporizador. Es decir, cuando algo ha comenzado a no agradarme y no he podido solucionarlo, le he puesto un contador para que desapareciera.
Me gusta tener mi karma limpio y tranquilo.
Me siento autodestructivo, lo admito. Coloco goma-dos bajo asientos de relaciones perjudiciales o cerca de personas dolorosas.
Hay algunas de estas explosiones que me han hecho bien. Todos los terroristas piensan en el bien común que puedan obtener de sus actos.
A pesar de todo, me gustaría aclarar que mis artefactos, caseros, obviamente, se caracterizan por una cosa. Me duelen a mí y ya está. Siempre he evitado causar el menor daño a los destinatarios de mis atentados.
Así que hay situaciones que no comprendo, y de las que, de verdad, no quiero ningún tipo de respuestas. Lo siento. Ya no me importan...
A veces me siento como si estuviera viviendo en un final perpetuo de temporada.
Todas las noches el chico me deja.
Llueve fuera aunque sea verano.
La madre me grita y me echa de casa.
Soy uno de los que creen matar al malo.
Me ahogo, exploto, desaparezco, estoy al borde de la muerte, no me llaman (el teléfono nunca suena al final de las temporadas)...
Hoy quizá necesite alguna dosis extra de optimismo.
Es extremadamente sencillo habituarse a dormir acompañado. Se necesita tan sólo una noche. Una noche de no dormir a solas. Sólo.
Si por añadidura el hecho se repite, no es preciso que sea de modo constante, basta con un par de noches en unos cuantos días. Si por añadidura el hecho se repite, decía, se cae en el error de crear una norma. Una norma en la cabeza, claro, nunca escrita (a no ser que ustedes sean tan estúpidos como yo y decidan ponerla por escrito, como éste es el caso).
Y si una norma se establece en la cabeza de uno, el no cumplimiento de la norma supone una decepción.
Es tan fácil habituarse, comenzaba, a dormir compartiendo calor y sudor, y uy! perdona, quería pero no quería rozarte la espalda (pecho, pierna, mano, nariz, polla, rodilla, ...).
No creen normas. No creen momentos a los que habituarse. Luego se van y claro, uno se siente triste...
¿Te acuerdas cuando creíamos que podíamos ser felices?
El calor es tan fuerte que el más mínimo movimiento se convierte en un esfuerzo que como consecuencia causa calor.
Me refugio en un sofá con mi iPod en la mano, cargado con muchos capítulos de muchas series. No me muevo.
De vez en cuando hago un esfuerzo sobrehumano, voy a la cocina y preparo un té frío en 5 minutos. Cojo el vaso y vuelvo al sofá.
iPod. Té. Serie.
Menos mal que los lunes no trabajo...
...y hay días en los que pides otra noche más sin dormir solo...
...otro día más de no trabajar...
...otra tarde más de café y helado y siesta y piscina...
...otra llamada más de los amigos que, simplemente, quieren hablar...
...y querer todo esto en el mismo día y no tener nada...
El fin de semana a penas existió. El sábado se redujo a una siesta mal dada en un sofá de una casa de una amiga. En la tele una peli que quería ver y que no vi.
El domingo esperé.
Y así llegamos a un lunes con sabor a chaparrón de café con leche. O cortado.
Los lunes son malos aunque no tenga que estudiar. Creo que en una nueva vida futura como presidente de algún gobierno o dios los prohibiré. Los lunes.
Estoy indeciso entre decidir dejar ya de estudiar hoy o continuar con este sufrimiento innecesario y estúpido (mañana voy a suspender seguro).
Siempre nos quedará septiembre.
Mientras tanto, sueño despierto con bodas en la playa e invitados vestidos de blanco.
E inspecciono la despensa y fijo mi atención en la batidora que regalamos a mamá por navidad... Creo que voy a hacer unos granizados riquísimos en el momento en el que mis padres abandonen, como cada 5 meses, esta casa para ira cuidar de mi abuela.
Granizados. Batidos. ¿Alguien se apunta?