Liendre
Tomar
cada uno de tus cristales
que guardaste dentro mío.
Cogerlos
como si fueran liendres.
Ponerlos
sobre una uña y aplastarlos.
A los cristales.
A los recuerdos.
A ti.
Tomar
cada uno de tus cristales
que guardaste dentro mío.
Cogerlos
como si fueran liendres.
Ponerlos
sobre una uña y aplastarlos.
A los cristales.
A los recuerdos.
A ti.
A Kaveri , recién salido de su bosque fantasma...

Sin saber muy bien como, te encontrabas ya dentro. No lo veías, pero notabas el frescor de las yerbas, que crecían a los pies de los árboles invisibles.
En algún lugar se escuchaba el reclamo de alguna rapaz. Quizá esta noche vuelvan a cazar musarañas inexistentes.
El bosque no estaba pero acababas perdido en su interior. Era curioso caminar por en medio de la nada del desierto, apartando con una mano los arbustos, evitando chocar con baobabs, gigantes, transparentes, con cuidado de no meter el pie en un charco que quedó de la lluvia de anoche, aquella que no sucedió.

Una bolsa llena de chucherías, golosinas y otras guarradas del estilo...
(Imagen robada, sin consentimiento expreso, del fondo fotográfico personal de Aldeana)
No costó. Simplemente me daba respeto el bisturí.
Dos cortes. Pequeños. Hacia dentro y desde dentro. Con la hoja más pequeña de las que tenía en casa.
Me cansé de esta nariz.
Necesitaba hacerlo.
Ahora, ya no me gusta ni a mí.
Me gusta cuando la gente que deja comentarios dice quién es... No me va el rollo de la gente que se esconde... Si continúan produciéndose me tendré que ver obligado a prohibir los anónimos...
¿Quién le ha puesto una sardina con cianuro a tu perro?
Creo que lloverá hoy. Me he levantado tarde y he desayunado como no lo hago nunca. Me he duchado.
Cuando iba a comprar el pan y dos tonterías más había un cielo gris. Mientras ojeaba el periódico, sentado en el sofá, la luz entraba por la ventana gris.
Así que he decidido ponerme yo mismo un poco gris. A pesar de ir vestido de amarillo. Me he mentalizado y me he vuelto un poco gris por fuera y por dentro.
Por eso no he sonreído ni he hablado lo más mínimo mientras me cortaban los rizos, pese a las insistencias e intentos del peluquero.
Y he continuado gris hasta ahora mismo.
Puede que me vaya a tomar un tazón de chocolate. Lo que no sé es si deberé ponerme negro, tras la taza...
Llegué a casa. Había muchos paquetes en la escalera del edificio.
Todos tenían mi nombre en el apartado de destinatario.
Había paquetes con libros y paquetes con películas. Discos de música. A. enviaba muchas cosas desde Parma.
Al final, debajo de todo, como si el cartero supiera qué contenía, había un paquete pequeño con un anillo y una nota que decía "Vuoi matrimonio?"
No me gusta escuchar gritos de buena mañana, mamá. Aunque yo no sea el destinatario.
No me gusta ver que le dices a Carles lo mismo que me decías a mí hace 12 años. No disfruto viendo como haces que pierda toda la confianza en ti, mamá. No me gusta.
No me gusta que él salga camino del instituto y que cierre la puerta de casa a punto de llorar y sin decir nada. Ni un beso. Ni un simple adiós.
No me gusta. Mamá.
1. Preparar alguna bolsa para el viaje. Se pueden meter elementos varios en la bolsa, tales como pijama, cepillo de dientes, mudas de ropa, calzoncillos y calcetines, libros y libretas para escribir, bolis, lápices, ordenador portátil, e incluso algo para comer.
2. Comprar el billete. Esta parte, aunque no lo parezca, es de las más importantes.
3. Acudir a la estación antes del horario de llegada. Intentar adelantarse unos 20 minutos. Es mejor esperar un tren. Él nunca te esperará a ti.
4. Una vez llegue, subir en el vagón que te indique tu pasaje y sentarse en el asiento correspondiente. Dejar la bolsa para el viaje en la parte superior, no sin antes haber tomado todo lo que será necesario durante el trayecto.
5. Comenzar a disfrutar.
Cosas que se pueden hacer en un tren:
Leer, dormir, mirar por la ventana, soñar, dormir, llorar, reír, pensar, escribir, ver películas...
Cosas que no se pueden hacer en un tren:
Hacer el amor (los cuartos de baño son excesivamente pequeños), marearse, correr, fumar...
Por eso necesito saber que ya no vas a volver. Por eso me lo digo y me lo repito en la cabeza. Y te cierro las puertas en cada recuerdo o en cada momento que sé que compartimos pero que está dejando de existir. Y te entierro y te lloro.
Prefiero cruzarme contigo, agachar la cabeza y dibujar un adiós, que no pronuncié, antes de mirarte a la cara y no saber qué hacer.
Adiós. Ahora lo digo.
Ayer fue uno de esos días. Una amiga me preguntó si me había bajado la regla.
Posiblemente.
En cierto momento, comencé a caminar. Hay veces en las que hago solo eso. Caminar.
No me gustó hacia dónde me dirigía, por lo que di media vuelta y lancé un Mayday, que fue consecuentemente escuchado.
Nunca había necesitado tanto una Diet-Coke...
-o-
M: hay veces en las que comienzas a caminar sin ningún destino prefijado.
D: Ya, y cuando llevas un rato caminando...
M: ... cuando llevas un rato caminando descubres que te diriges a un sitio. Y es entonces cuando decides si continúas o no.
D: Yo he decidido dar media vuelta.
He comenzado a escribir un post insulso sobre dos conversaciones que podrían haber ocurrido ayer, pero he decidido borrarlo.
Ayer en realidad pasó poco o nada. Como la mayoría de los días. El truco de hacer un post interesante es conseguir que la nada que nos rodea parezca novedosa.
Aunque para mí no fue nada novedoso pasar una tarde de mierda en el trabajo con una jefa a la que cada vez aborrezco más. Blogs con gente quejándose de sus jefes también hay a patadas.
Sólo destacaría la llegada de un paquete de correos. Con un regalo envuelto. Que contenía un libro. Que no tenía.
Eso, y una cena en los chinos, consiguieron que sonriera en la cama antes de dormirme.
Quizá el resto de la vida sea una mierda.
Es sorprendente cómo pueden llegar a subir la moral cuatro letras bien dichas.
En realidad, creo que soy un chico fácil. Con 4 palabras bien dichas se me tiene ganado.
Pero hay que saber utilizar bien las 4 palabras, en el orden correcto...
Saqué el edredón nórdico.
Esta ha sido
mi primera noche de algodón.
Abracé el peluche.
Un burro. Como yo.
Soñé con maniquíes
que sonreían
desde los escaparates sucios
y me ofrecían sus cuerpos.
Entré en una tienda
de segunda mano
de calores y dolores de cabeza.
No compraron nada
de lo que les ofrecía
con las manos llenas
y el corazón medio abierto.
Esta mañana desperté
bajo el nórdico.
Las migrañas volvieron.
Sudaba.
12-XI-06 - Escupo
Fui al cine. Scoop es una película de reírse y no parar. Había una pareja de señores adultos a mi lado que me miraban por haber ido sólo al cine. Y por reírme como lo hacía. Plegué los pies sobre el asiento y me preparé para reír. A penas tuve ganas de ir al baño, creo que tengo la vejiga pequeñita.
En otra sala, quizá, mis amigos veían sangre, mucha sangre. Yo en cambio vi algún mago espléndido y esos labios que consiguen hacerme temblar.
El fin de semana deparó poco más. Quizá unos spaghetti que me zampé en un plis, unos spaghetti con nata y con bacón que se deshacían en la boca... También hubo besos y jadeos. Algún abrazo.
Me compré una camiseta con una batidora dibujada. Como mi cabeza. Una batidora sin tapa. A veces escupo y mancho y ensucio a lo que tengo alrededor...
10-XI-06 - Mierda
Eso, simplemente eso, es lo que soy y me siento en estos momentos. Una persona que anda por el mundo con la simple intención de doler. A veces me duelo hasta a mí mismo...
Hace días que no cojo mi Lomo... Me apetece hacer fotos.
Es una lástima que no salgan las que tomo en interiores. Os enseñaría muchas cosas.
Creo que mi cámara tiene un superpoder también, pero como es un objeto inanimado, carece de responsabilidades. Su superpoder consiste en sacar verdades. He revisado fotos de abril y de marzo y se ven cosas que no me gustan.
En las del último carrete ya tengo otra cara.
Ando algo liado con las responsabilidades últimamente.
Tengo en la cabeza la responsabilidad de olvidar a alguien. Es una cosa difícil. Tengo que borrar cualquier idea de futuro para él en mi cabeza. Tengo que convertirle en un desconocido más, uno de esos que se cruza conmigo por la calle y desaparece en el momento en el que dejo de verlo.
Así tiene que ser A.
Uno más. O uno menos.
oroD dixit.
Edit 13-XI-06: Este post fue colgado el viernes 10. Luego, por consejo de un amigo, decidí esconderlo. Sin embargo, llevo pensando sobre el tema todo el fin de semana. Y pienso que no tengo por qué autocensurarme, y menos en un blog. La intención del post no es ofender a nadie. A. asumía las consecuencias de tomar ciertas decisiones. Yo asumo las mías al escribir esto. Pienso que no tiene ningún sentido para mí escribirlo y dejarlo escondido en algún rincón de mi ordenador. Ya hay demasiadas cosas escondidas en mi ordenador. Prefiero tener que arrepentirme en unos meses por haber escrito y colgado esto antes de no colgarlo y que el tema me de vueltas en la cabeza... Tengo otras preocupaciones mayores y mejores.
Ella no lo sabe. Desconoce aún la presencia de sus poderes. Abre con normalidad los paraguas, que se destruyen en unos minutos en sus manos. Todos.
Quizá debiera comenzar a usar un chubasquero…
Si fuera huérfana, su tío le diría que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, aunque en este caso, es difícil suponer la responsabilidad que debería tenerse frente al poder de romper paraguas. Todos.
Alguien me dijo una vez (no hace demasiado) que tengo un gran poder. Y por ello, debería asumir la gran responsabilidad que supone el usarlo. Y no hacerlo con fines maléficos.
Ni siquiera cuando me enfado.
Creo que puedo hacer mucho daño cuando lo uso…